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jueves, noviembre 27, 2025

ADVIENTO

 

ADVIENTO 

En este tiempo de Adviento

Sí, la liturgia no es un adorno en la monotonía de nuestra existencia. Hemos de reconocer que, por el contrario, en ella encontramos el agua viva que da sentido a todo lo que somos.

El año litúrgico ha de ser para nosotros, cristianos, un camino que educa nuestra mirada y nuestro corazón. Nos vamos a detener en unas pequeñas notas sobre el tiempo de  Adviento que comienza este 30 de noviembre.

Si algo necesitamos con urgencia, nuestro mundo es mantener viva la esperanza, frente a la monotonía del tiempo y el desencanto de la rutina del  espacio que nos cerca. Permanentemente hemos de encontrar motivos y razones que reanimen nuestra esperanza en lo mejor de nosotros y de la vida. Para ello necesitamos esperar a Dios y orientar el corazón hacia su presencia.

No se puede llegar a Dios sin descubrir cómo Él nos ama; desde ahí alcanzamos la extraordinaria certeza de que existimos porque Él nos ama. Contemplar la manera en que Dios quiso venir al mundo, en pobreza y obediencia real, nos orienta en descubrir el origen de lo que somos y tenemos.

¿Desde qué pobreza nos reconocemos amados y llamados? Nuestras circunstancias, debilidades y fortalezas, limitaciones e incertidumbres. Es precisamente ahí, asumiendo en obediencia nuestra propia realidad, donde Dios quiere encontrarse con nosotros.

El Adviento no puede ser solo recordar, eso sería una traición a la bondad que Dios a través de la liturgia nos ofrece. Debemos revivir lo que creemos y esperamos. Durante las tres primeras semanas de adviento se nos recuerda la segunda venida del Señor y en la última nos invita a centrarnos en la espera del Redentor.

Para nosotros, vivir el adviento es acercarnos a la presencia de Dios, que continuamente viene a nosotros en los pequeños gestos de la vida ordinaria y en los acontecimientos que nos empujan a salir de nuestras seguridades y zonas de confort, y así celebramos mejor su venida en la historia y al final de los tiempos.

Todos somos de alguna manera profetas; por nuestro Bautismo, estamos llamados a descubrir en nuestras propias faltas y en las de la sociedad en que vivimos,  poder vernos desde la mirada de Dios cercana, interpretar los signos de los tiempos y proclamar la voluntad del que nos ama para construir su Reinado.

Necesitamos una actitud de apertura; Juan Bautista y María, obediencia como José y la sencillez, alegría y acogida de los pastores.

 


sábado, noviembre 22, 2025

 

Queridos hermanos: En este último domingo del año litúrgico, celebremos con profunda  alegría la gloria de Cristo Jesús, presencia del Reino de Dios entre nosotros.

El motivo por el que condenaron a Jesús decía: “JESÚS NAZARENO REY DE LOS JUDÍOS”. ¿Por qué este rótulo? La mayoría de los contemporáneos de Jesús, como muchos de nosotros, no entendieron el sentido del Reino de Dios del que hablaba Jesús de Nazaret. Se aferraron a las ideas sobre un rey temporal, que recrearía la grandeza de Israel.

Las personas: mujeres, hombres y niños... que habían escuchado su mensaje y habían visto sus signos, tenían una opinión diferente, no lo llamaban Rey. Pero sorprendentemente fue un «ladrón» crucificado, al lado, con Jesús, el que recibe la gracia de entender qué era el Reino de Jesús. Por eso le pidió que intercediera. Jesús le dijo: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Está claro que muchos seguimos sin entender a Jesús. Su reinado no se parece en nada a lo que sueña mucha gente. Él, eligió una vida despojada, sencilla, servicial y obediente. Su reinado se llama solidaridad, justicia, fraternidad, amor desbordante, comunión ... En su proyecto no caben términos como: poder, egoísmo, orgullo, envidia, hedonismo... Su autoridad no es otra que el servicio, sobre todo a los más vulnerables: pobres y necesitados.

Él habla de: «un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz». Un reinado que busca la restauración de la vida, de la creación entera, un reino con relaciones fraternas y no autoritarias, donde cada quien goce de una auténtica paz con justicia y libertad.

Hay quien considera, dentro de la Iglesia, que este título de Rey del Universo puede llevar a confusión. La verdad es que Él no lo buscó. La Iglesia se lo ha dado. El vino para hacer la voluntad del Padre, para que llegara a nosotros el Reino del Padre. No vino a ser servido, sino a servir.



Por todo ello, es un rey distinto. Reina desde la cruz, ofreciendo misericordia, redención, verdad. Reina desde el silencio, sin ruido ni gestos espectaculares. Reina en compañía de Dios Padre, con presencia del Espíritu nuevo y santidad misericordiosa. Es un rey frágil, sin escolta, sin ejército, al que fácilmente se le puede atrapar y crucificar. Su fuerza está en nuestra debilidad. Su pasión es construir el Reino entre los últimos, los sin voz.

Resumiendo; celebrar la realeza de Jesús es confirmar el compromiso por el Reino de Dios, un Reino que primero fragua en el corazón y después se irradia por el testimonio de una vida de disponibilidad y servicio.

El Próximo domingo comenzamos el tiempo de Adviento, a prepararnos para celebrar la vida de Dios a nosotros, la encarnación de su Hijo, nacido de una mujer por obra del Espíritu Santo. Aprovechemos este tiempo litúrgico para crecer en fidelidad, alegría y compromiso con Cristo en la construcción del Reino del Padre. Es momento de dar gracias y responder con generosidad a este llamado de Dios. “Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad. Amén 


miércoles, noviembre 19, 2025

 


MADRE DEL PUEBLO FIEL 

1.      Introducción: contexto y propósito del documento

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publica la Nota Doctrinal "Mater Populi fidelis" (Madre   del   Pueblo   fiel)  como   respuesta   a   numerosas   consultas,   propuestas, publicaciones y, en ocasiones, presuntos fenómenos sobrenaturales (a veces difundidos por redes sociales) relacionados con la devoción y los títulos marianos.

El documento busca clarificar la aceptabilidad y el sentido correcto de ciertos títulos, ya que se observa que, junto a la genuina "piedad del Pueblo fiel", existen propuestas que generan confusión, sugieren nuevos desarrollos dogmáticos o reinterpretan términos pasados. El texto se enmarca en un doble objetivo:

a.   Mantener la fidelidad a la identidad católica.                                                      b   Sostener un "particular esfuerzo ecuménico", reconociendo que ciertos títulos pueden ser problemáticos y crear dificultades en el diálogo.

 El desafío que aborda el documento es comprender adecuadamente la cooperación de María en la obra  de  Cristo,  evitando  problemas  terminológicos  y  doctrinales  que puedan tener repercusiones cristológicas, eclesiológicas o antropológicas erróneas.

2. El eje central: única mediación de Cristo y maternidad de María             

  a. El punto de partida y eje central de toda la reflexión es la absoluta y única mediación                                                                                                                    b. El eje central: única mediación de Cristo y maternidad de María El punto de partida y eje central de toda la reflexión es la absoluta y única mediación de Cristo (1 Tim 2,5) como único Mediador y Redentor.

La cooperación de  María  se  presenta  siempre  a  la  luz  de  este  misterio,  y  el  hilo conductor del documento para entender esta cooperación es la maternidad espiritual de María hacia los creyentes. Toda cooperación de las criaturas, incluida la singular de María, es siempre participada, subordinada y dependiente de la única fuente de Cristo; nunca es paralela, competitiva ni un complemento necesario.

3. Fundamentos de la cooperación mariana

  • Fundamento Bíblico: Se remite a la "Mujer" de Génesis 3,15 y del Calvario (Jn 19,26). En la Cruz, Jesús la entrega como "Madre", y el discípulo la "acogió" (Jn 19,27) con un verbo de fe.
  •     Visión Patrística: Los Padres se centraron en títulos como Theotokos (Madre de Dios) y María como la "Nueva Eva". San Agustín la llama "cooperadora" en la Redención,  pero  subordinada  a  Cristo.  La  tradición  oriental  (iconografía Odēgētria) la muestra como quien señala el Camino (Cristo). 
  • Magisterio (Vaticano II): El Concilio, en la Lumen Gentium 56, afirma que María no fue  un "instrumento puramente pasivo", sino que "colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres".

Se insiste en que la cooperación de María es de orden maternal, no sacerdotal, y proviene siempre de la iniciativa de Cristo resucitado, que incorpora a las criaturas en su obra.



4. Clarificación de títulos

El documento aborda títulos que, aunque usados en el pasado, hoy requieren una clarificación precisa debido a su ambigüedad teológica.

  • ·      Sobre "Corredentora" (Co-Redemptrix):

ü  Origen: Aparece en el siglo XV (como corrección al término "Redentora", que nunca fue aceptado dogmáticamente).

ü  Uso: Aunque algunos Pontífices (Pío XI, Juan Pablo II) lo usaron, siempre clarificaron que no es en un plano de igualdad. El Concilio Vaticano II evitó el término por razones dogmáticas, pastorales y ecuménicas.

ü   El   Problema:   El   prefijo   "Co-"   se   presta   a   equívocos.   Puede   ser malinterpretado como si pusiera a María "en paridad" o igualdad con Cristo, oscureciendo la mediación única y fontal de Jesús o sugiriendo un poder salvífico autónomo.

ü  Conclusión: El documento califica el título de "siempre inoportuno" y desaconseja su uso.

 ·        Sobre "Mediadora" (Mediatrix):

 

ü  Uso:  El  Vaticano  II  usó  el  título,  pero  lo  equilibró  inmediatamente afirmando que "hay un solo Mediador" (1 Tim 2,5), y optó por no definir este título como dogma.

ü  El Problema: El riesgo es atribuirle "funciones activas paralelas" a las de Cristo.

Clarificación: La mediación de María es participada y subordinada. Es una mediación maternal,  ejercida  en  la  intercesión  y  la  cercanía espiritual, pero nunca como una uente paralela de mediación.

·        Sobre "Madre de la Gracia" / "Mediadora de todas las gracias":

 ü  Clarificación: Ninguna criatura, ni siquiera María, puede "producir" la gracia o infundirla en el alma ("illabitur"). Solo Dios es la fuente e infunde la gracia.

ü  El papel de María: Su papel no es el de "dispensadora universal" de gracias.    Su acción  es  "principalmente  dispositiva":  ayuda  a  "abrir  el corazón" a la acción del Espíritu Santo mediante su intercesión materna y su acompañamiento.

5. La vía segura: La mediación maternal

El documento reenfoca la discusión hacia la mediación maternal como la forma más adecuada de entender la cooperación de María.

Se concluye que el título más sólido, adecuado y que recoge la tradición y la piedad popular sin ambigüedades teológicas es el de "Madre":

·             Madre de los creyentes: Título con profundo fundamento bíblico (Jn 19,27) y patrístico.

·            Madre del Pueblo fiel (Mater Populi fidelis): Título que da nombre a la Nota y expresa su cercanía al pueblo de Dios.

·             Madre de la Iglesia.

 Estos títulos expresan de forma segura su relación con nosotros, sin competir con la centralidad de Cristo.

 6. Criterios doctrinales y conclusiones

La Nota Doctrinal reafirma con contundencia la única mediación de Cristo y ofrece criterios claros para la devoción:

1.   Favorecer siempre nuestra unión inmediata con Cristo.
2.   Subrayar que la cooperación de María es materna, no sacerdotal.
3.   Evitar atribuirle a María poderes de causalidad perfecta o la función técnica de "distribuidora de gracias".

 Conclusiones clave:

·          Los títulos "Corredentora" y "Mediadora" (de todas las gracias) se desaconsejan por  ser  teológicamente  ambiguos,  generar  confusión  y  crear  dificultades ecuménicas.

·          Se subraya que estos títulos no son dogmas de fe definidos y, por lo tanto, "los fieles no están obligados a darles un asentimiento de fe".

·         El Código de Derecho Canónico, en el canon 752, afirma que “Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio  auténtico,  enseñan  acerca  de  la  fe  y  de  las costumbres, aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio; por tanto, los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente con la misma”.

·        El documento valora la piedad popular (peregrinaciones, devociones) como un "tesoro   eclesial"   y   un   lugar   teológico   donde   el   Pueblo   fiel   reconoce espontáneamente   María como Madre. Busca acompañar esta piedad con claridad doctrinal, no restringirla.

·        La verdadera grandeza y belleza de María no consiste en atribuirle funciones que oscurecen a Cristo, sino en su transparencia absoluta a la gracia y en ser la primera discípula.

sábado, noviembre 15, 2025

Con esperanza

 

En este último domingo del tiempo ordinario, el Evangelio, con un lenguaje especial, apocalíptico, nos invita a ir más allá de las emociones que nos despierta este mundo donde hay tanto desprecio contra el hombre inocente y tantas víctimas escondidas, descartadas como escoria de la sociedad moderna. Un mundo de tantas catástrofes, guerras, migraciones y convulsiones sociales y eclesiales de todo tipo.



Parece que todo se desmorona, al mismo tiempo, en medio de una contradicción que ensalza la vida y la naturaleza. Por un lado, banaliza la vida del inocente, con el aborto y el hambre, e intenta destruir valores que son origen de vida y dignidad, como la familia.
Es importante que mantengamos la capacidad de escucha en el actuar de Dios, en los signos de los tiempos. Veamos la dura realidad desde una presencia activa, desde un actuar esperanzado. No son amenazas que paralizan; es sabiduría de Dios que nos lanzan un grito de confianza y valentía.
Las palabras de Jesús no debemos interpretarlas como un final catastrófico, sino como una llamada a algo verdaderamente nuevo. Siendo conscientes de nuestros problemas, dificultades e inquietudes, busquemos en Jesús de Nazaret la luz y fuerza necesarias para que el momento histórico que nos ha tocado vivir lo afrontemos de manera lúcida y sensata.



La paciencia activa no se agota en la realidad, en la limitación presente. Es la señal, la buena noticia de que el cielo nuevo y la tierra nueva están por venir. Y de ninguna manera la esperanza no se agota en la espera pasiva, ni victimista y mucho menos resignada, sino que urge al compromiso activo.
La historia hay que vivirla con dignidad y fe. El día de Yahvé, de Malaquías, no es el fin de la historia, el final para los que han vivido en la arrogancia, en la injusticia, en la ceguera del poder y la corrupción. Más bien expresa el grito reivindicativo de los que han soportado la injusticia y el oprobio.
No tengamos miedo al futuro; vigilemos.
 

En la segunda lectura, la invitación de Pablo al trabajo refleja una realidad de ciertos grupos en la comunidad primitiva que, desde la fiebre apocalíptica, esperaban el fin del mundo con obsesión, se cruzaban los brazos y se aprovechaban de los sensatos que trabajan con dignidad y responsabilidad. Esto sigue hoy presente en grupos sectarios que, más allá del religioso, embaucan a muchos por nada para su beneficio personal.



El trabajo es participación y colaboración en la actividad creadora de Dios, que ha entregado su obra al hombre para que la continúe en provecho de la humanidad. El trabajo se ordena al servicio del hombre que vive en sociedad. Por mucha riqueza material y progreso técnico que acumulemos, lo más importante es adelantar en la solidaridad, la unión fraterna, la paz y la auténtica libertad. El anhelo de un mundo mejor es lo radicalmente cristiano. Recordemos que Dios es el amigo de la vida y no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta.

De una manera simbólica, el descanso y el ocio semanales de cada domingo adelantan ya el gozo final de la resurrección con Cristo, y anuncian una vida plena y sin fatiga. El descanso es necesario para reponer las fuerzas, fomentar las relaciones familiares, practicar los deberes religiosos y la convivencia. Hemos de saber combinar el trabajo con la oración.


Así podremos ofrecer a Dios, en la Eucaristía, nuestro pan y nuestro
vino, «fruto de la tierra y del trabajo del hombre». Amén. 

viernes, noviembre 14, 2025

TIEMPO LITURGICO

 


Estamos concluyendo un año litúrgico. 

La Iglesia nos invita, siguiendo la Palabra de Jesús de Nazaret, a dirigir una mirada de esperanza a este mundo de tantas catástrofes, guerras, migraciones, hambrunas y convulsiones sociales y eclesiales. 

Frente a una realidad que pareciera que nos invita a pensar en el fin del mundo, como expresión reivindicativa contra los que favorecen tanta injusticia y oprobio, la Iglesia nos llama a mantener la capacidad de escucha en el actuar de Dios, en los signos de los tiempos.



Una mirada desde una presencia activa, desde un actuar esperanzado. La Palabra nos recuerda que Dios hace todas las cosas nuevas.

Siendo conscientes de nuestros problemas, dificultades e inquietudes, busquemos en Jesús la luz y la fuerza necesarias para que el momento histórico que nos toca vivir lo afrontemos de manera lúcida y sensata.

Vivamos con dignidad y fe, como verdaderos discípulos de quien entregó su vida por nosotros y nos reveló el inmenso amor de Dios por este mundo, obra de su amor y providencia. 



martes, noviembre 11, 2025

Lucas

LA EUCARISTÍA EN LA VIDA DEL CRISTIANO

 


LA EUCARISTÍA EN LA VIDA DEL CRISTIANO

“La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona” Presbyterorum Ordinis, 5

Tomado del artículo: La misa, celebración y experiencia para aprender a ser. De Rufino Meana Peón S. en la Revista Sal Terrae de Noviembre del 2025

La celebración, tanto por su contenido como por su forma, va modelando y modulando, casi inadvertidamente, a quienes participan de ella asidua y conscientemente.

Tenemos presente la afirmación de que el cristianismo “No es mera doctrina, ni sólo ética, sino que remite a hechos fundantes: a la persona de Cristo, a su muerte y resurrección y a la experiencia originaria del Espíritu; por tanto, a Dios en tiempo, mundo y cuerpo”. (González Cardinal)

Por eso, se puede decir que el sacramento no es algo que ocurre “fuera de uno mismo”, sino una relación que transforma. Así, participar en la Eucaristía es entrar en la historia misma de Cristo que se entrelaza con la propia historia personal; una relación que transforma la existencia concreta de la persona que participa conscientemente del rito.

Para ello, los participantes deben permitir que la narrativa divina les conforme, algo sólo posible en una celebración participativa donde los fieles se sientan implicados y asistiendo a un acto y asistiendo a un ‘acto performativo’ en donde los valores del Reino de Dios (amor, entrega, comunidad, esperanza) se actualizan en el altar y en los presentes.


Un drama existencial vivido en comunidad

               La dimensión esencialmente comunitaria del cristianismo nos recuerda el incuestionable carácter relacional de la persona; somos individuos interdependientes. Esto significa que, desde el mismo momento de la gestación, vamos siendo un organismo que sólo puede llegar a ser maduro y pleno si lo hace vinculado a otros: con presencia social significativa, sentimiento de pertenencia y con férreos vínculos personales.

Esto quiere decir que el simple “estar juntos con otros [“togetherness”] es suficiente para amplificar incluso la intensidad de sensaciones físicas; sin amigos o familia, incluso las más extraordinarias experiencias físicas o psicológicas resultan decepcionantes.

El mensaje evangélico se sostiene sobre esta realidad humana. No sólo ofrece una constante invitación a descentrar la mirada de uno mismo para focalizar la atención en el otro en cuanto necesitado; además, ser cristiano sólo se puede en comunidad, en Iglesia. 

Cada individuo se inserta en una historia de relación con Dios compartida a lo largo de los siglos y en el presente; comunidad a través de la cual, con la ayuda del Espíritu, se va desvelando el plan de Dios para el ser humano.

La celebración de la Eucaristía reúne la imprescindible experiencia individual de Dios con la dimensión colectiva donde se comparte esa experiencia; otorga a los demás la capacidad de ser interlocutores válidos para discernir la propia vida y la vida de la Iglesia.

La comunidad eclesial es el lugar del discernimiento, una piedra angular de la espiritualidad cristiana. Discernir supone ser capaces de sospechar que lo que parece de Dios y bueno, tal vez no sea ni bueno ni de Dios.

La celebración comunitaria no rebaja la experiencia personal del Espíritu, la cuida no la sustituye. Es importante insistir en esto último porque las celebraciones grupales que se vuelven   indispensables ‘para encontrar a Dios’ suelen terminar en sectarismos donde el síntoma principal es la anulación del sujeto, abducido por el grupo, con sensaciones y emociones inoculadas que no provienen de su personal relación con Dios; un simple contagio emocional colectivo un simple contagio emocional colectivo aupado en gestos, cantos y recitación de textos. La Iglesia tiene claro el peligro de manipulación emocional, alienación y sectarismo de algunas malas prácticas.

Que oportuna la observación que nos dice que los cambios en los individuos siempre se presentan de modo gradual, inadvertido pero significativo y permanente. Los giros de personalidad radicales y sorprendentes siempre son sospechosos de ser meras apariencias, impostaciones poco duraderas y profundas.

La fuerza de un buen relato

               El relato evangélico sobre el modo de ser y estar de Jesús de Nazaret formula aspectos que el oyente descubre como propios, para los que no había encontrado palabras; gestos y modos de ser que uno capta en sí mismo, anhelos personales que no había sabido formular.

Acudir a misa modela y modula nuestro modo de vivir en el mundo no sólo por la acción de la Gracia, también por acudir a esa experiencia individual y comunitaria en disposición de resonar armónicamente con el relato y su protagonista para descubrirse a uno mismo en Él.



Una relación presencial

               La Eucaristía no es una acción que realiza un lejano sacerdote a la que un grupo de fieles asiste pasivamente, como oyentes. Lo que se propone en la celebración es una auténtica experiencia existencial para todos los presentes en la que se produce una irrupción del tiempo sagrado en el tiempo profano que deja afectado a este segundo.

Esto sólo puede ser si los participantes lo hacen con plena conciencia de lo que están haciendo en las oraciones, en los gestos, en la escucha activa de la Palabra, etc. El reto pastoral, por tanto, está en lograr un ambiente celebrativo donde todos tengan un compromiso psicoespiritual profundo con lo que ocurre.

 Ofrecer una celebración bonita y alegre sin más o un rito formal y teológicamente perfecto, pero sin eco en los asistentes, no sería suficiente.

En el transcurso de la Eucaristía uno ensaya cómo ser ‘alter Christus’ para poder ir siéndolo en la vida en la medida de las propias posibilidades hasta, tal vez, poder afirmar como San Pablo: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi” (Gal. 2,20).

Esto es un camino de conversión que sólo puede andarse conscientemente con constancia y paciencia con uno mismo.

El Papa Ratzinger es muy claro al subrayar la importancia de la dimensn participativa de la Celebración Eucarística y alerta del peligro de mecanizar el rito convirtiéndolo en algo alejado de la existencia de los participantes, cayendo incluso en un intento de manipulación de Dios: “la adoración de Dios se convierte en un girar sobre uno mismo (...) un culto que se busca a sí mismo, convirtiéndose en una especie de autosatisfacción insustancial.

Sólo desde un encuentro personal con Cristo en contexto litúrgico se pueden producir los movimientos internos necesarios para que se den cambios humanos tangibles.

No podemos olvidar que la muestra de que la vivencia religiosa es auténtica es que el sujeto va estando en el mundo de modo diferente, más al estilo de Jesús, colaborando con la Obra de la Redención en donde trabajar en favor del ser humano en cuanto necesitado se va volviendo prioritario.

Acoger incondicionalmente, perdonar, escuchar, ofrecerse, compartirse o apoyarse mutuamente son actitudes humanas posibles para todos que Jesús de Nazaret vivió hasta el límite y aparecen en la Eucaristía.

En este punto es importante En este punto es importante insistir en que la transformación personal es un largo camino cargado de fracasos y de setenta veces siete nuevas oportunidades para el que es indispensable asumir la propia impotencia y pecado24; conviene ser muy consciente de uno mismo cuando hablamos de buscar alcanzar ideales antropológicos. Siempre estará acechando la tentación de verse a uno mismo perfecto y ‘limpio’ por asistir a misa (Lc 18,19-14); uno nunca cambia por el mero hecho de desearlo, el cambio lleva tiempo, esfuerzo y la verificación que da la realidad: ‘Por sus frutos los conoceréis’ (Lc 6, 20).

Hay personas que se sienten perfectos cristianos, satisfechos de sí mismos, merecedores de la más alta recompensa; no es extraño que sean despiadadamente duros con los fracasos e impotencias de otros.

“Lo importante no es la ausencia de imperfecciones, sino la pasión, la generosidad, la comprensión y la simpatía hacia el prójimo, la aceptación de nosotros mismos con nuestros errores, nuestras debilidades, nuestros defectos y virtudes, tan semejantes a los de nuestros antecesores y descendientes” (Rita Levi-Montalchini).

 Poseer un ideal humano como el que plantea Jesús, con conciencia de impotencia y de recibir constantemente una nueva oportunidad, ayuda a vivir en tensión, en camino, sin estancarse, pero sin engañarse por pensar que uno ha llegado; además nos vuelve humildes, solidarios y compasivos ante el fracaso ajeno.  Esto es el testimonio de Jesús en la Eucaristía que se convierte para nosotros en un instrumento privilegiado para un camino personal de conversión.

Algunos aprendizajes

“Necesitamos una amplia alianza humana, fundada no en el poder, sino en el cuidado; no en el lucro, sino en la generosidad; no en la sospecha, sino en la confianza”. León XIV

               Con demasiada frecuencia, nuestra religión ha sido instrumentalizada perversamente dando como resultado el efecto contrario al enunciado: maltrato y división frente a compasión y unidad.

Los ritos, los dogmas y la moral pueden ser utilizados indebidamente como vectores que definen una identidad grupal que habría que asumir para ser ‘uno de los nuestros.

Un uso perverso de la religión de Jesús de Nazaret por utilizar un ámbito sagrado, palabras de concordia y benevolencia, al servicio de todo lo contrario; un claro ejercicio de tomar el nombre de Dios en vano, al servicio de propio poder personal y colectivo, ideológico y material.

Para los cristianos, la singularidad de cada individuo humano es incuestionable e inviolable, ahí reside su dignidad, el gran valor innegociable que proclama el Evangelio. Generar un mundo sin divisiones no es generar un mundo uniforme; la primacía del amor en las relaciones interpersonales y sociales está al servicio de respetar la singularidad de cada persona que, sin embargo, es percibida como semejante. Es la base de la catolicidad (universalidad) de la Iglesia de Jesucristo.

Para promover una cultura del encuentro y del cuidado debemos aprender a mirar al otro como semejante, por tanto, más desde lo que nos une que desde lo que nos separa. “Que el Señor esté con vosotros”.

La iglesia no se reserva el derecho de rechazar a ningún ser humano, como no lo hace el Dios de Jesús de Nazaret. La primera enseñanza de ir a la iglesia se encuentra en la puerta abierta y en el banco compartido.  Formar parte de una inimaginable diversidad de circunstancias humanas y de personalidades a la que llamamos Pueblo de Dios.

Cada individuo es criatura amada y, por tanto, absolutamente respetable, templo del Espíritu Santo (1Cor. 6, 19). Entrar en la iglesia es entrar en un contexto de equidad, amor y paz; eso marca un modus operandi para quien entra que está llamado a exportarlo al salir de la celebración.

Pedir perdón, perdonarse, reconciliarse para caminar hacia una cultura del encuentro y el apoyo mutuo desde la compasión. Lo primero que hace un sujeto en la Celebración Eucarística es reconocerse imperfecto, pecador; todos, en voz alta para que todo el mundo lo sepa, para que caigamos en la cuenta de nuestra solidaridad en la impotencia. “Yo confieso ante Dios… y ante vosotros, hermanos”.

Podemos destacar el esfuerzo por reconocer nuestro pecado de omisión. No basta con no haber hecho algo malo, malas obras o malos pensamientos, sino que es importante considerar cuánto bueno podríamos haber hecho y no hicimos. La gran parábola del pecado de omisión es la parábola del buen samaritano (Lc 10:25-37) donde se muestra que lo propio de ‘los de Jesús’ es actuar impulsivamente desde la compasión; no hacerlo es pecar por omisión.

‘Por mi culpa’. Se trata de un acto de reconocimiento de estar en posesión de libertad suficiente como para tratar de ser dueños de los propios actos, para poner los medios y vivir al estilo de Jesús de Nazaret; al menos, de la voluntad de volver a intentarlo setenta veces siete.

Termina el momento penitencial con un importante ‘que roguéis por mí ante Dios”. Rogar los unos por los otros es un primer paso de responsabilización, buscar y desear lo mejor para ellos; custodiar al otro diferente como si fuera uno mismo, nos convierte en sacramentales para ellos, una extensión del amor misericordioso del Creador.

Escuchar a la Palabra de Dios. No somos autosuficientes que interpretan el vínculo con Dios y con los demás a nuestra manera. Hemos sido recibidos de Dios, en Dios está el criterio último sobre el modo de ser humano y en Jesús su respuesta encarnada. Jesús es la Palabra última y definitiva de Dios para el ser humano y, por tanto, una invitación a seguir avanzando, es decir, a cambiar. Si escuchar el evangelio en cada misa no interroga al propio modo de proceder, se está escuchando mal, sin la atención o la disposición debida.

Del Ofertorio al ofrecimiento. Los frutos del trabajo y del esfuerzo, se reciben con agradecimiento, no con sensación de merecimiento. Uno no es propietario de la realidad creada ni de su finalidad.

‘Por Cristo, con Él y en Él’.  Toda materia está en adelante encarnada... desde la encarnación del Hijo...en la encarnación, lo Divino penetra tan bien nuestras energías de criaturas, que para encontrarlo y abrazarlo no podríamos hallar mejor medio que nuestra propia acción... en la acción me adhiero al poder creador de Dios... me convierto no sólo en su instrumento sino en su prolongación viviente”.

La Eucaristía invita a caer en la cuenta de que todo lo creado sea visto como huella de Dios y a que toda acción humana sea instrumento de la irrupción de lo trascendente en la realidad. Esto descentra la mirada del propio ego focalizando el sentido de la propia existencia en el querer e interés de Dios; exorciza cualquier tentación de protagonismo.

Comunión, bendición y envío Tras la comunión, el gran gesto de la unión

fraterna en Cristo viene la consecuencia: el envío en misión. La despedida podéis ir en paz se contrapone directamente con toda posible narrativa de confrontación.

¿Quieres honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies cuando anda desnudo. No lo vayas a honrar aquí dentro con paños de seda, mientras allá fuera lo olvidas a Él, afligido del frío y la desnudez (...) Aprendamos a ser sabios y a honrar a Cristo en la forma que él quiere.

San Juan Crisóstomo



lunes, noviembre 10, 2025

TE HE AMADO

 


BREVES NOTAS DE LA CARTA APOSTÓLICA


DILEXI TE

1. «Te he amado» (Ap 3,9), dice el Señor a una comunidad cristiana que, a diferencia de otras, no tenía ninguna relevancia ni recursos y estaba expuesta a la violencia y al desprecio:

 CAPÍTULO PRIMERO

ALGUNAS PALABRAS INDISPENSABLES

«A los pobres los tendrán siempre con ustedes» (Mt 26,11) expresa el mismo concepto que cuando promete a los discípulos: «Yo estaré siempre con ustedes» (Mt 28,20).

El grito de los pobres

«Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo […]. Ahora ve, yo te envío» ( Ex 3,7-8.10)

 Existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad.<

Prejuicios ideológicos

núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico.

CAPÍTULO SEGUNDO

DIOS OPTA POR LOS POBRES

La opción por los pobres

Opción preferencial de Dios por los pobres, una expresión nacida en el contexto del continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia sucesivo. [12]Esta “preferencia” no indica nunca un exclusivismo o una discriminación hacia otros grupos, que en Dios serían imposibles; esta desea subrayar la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad y, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles.      Antiguo Testamento  (cf. Sal 34,7).

Jesús, Mesías pobre

Él «se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano» ( Flp 2,7), «Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» ( 2 Co 8,9).

Los signos que acompañan la predicación de Jesús son manifestación del amor y de la compasión con la que Dios mira a los enfermos, a los pobres y a los pecadores que, en virtud de su condición, eran marginados por la sociedad, pero también por la religión. «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!» (Lc 6,20).

 Muchas veces me pregunto por qué, aun cuando las Sagradas Escrituras son tan precisas a propósito de los pobres, muchos continúan pensando que pueden excluir a los pobres de sus atenciones.

La misericordia hacia los pobres en la Biblia

«¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?» (1 Jn 4,20).

(Ex 23,4-5). De todo esto se trasluce el valor intrínseco del respeto a la persona: cualquiera, incluso el enemigo, si se encuentra en dificultad, merece siempre nuestra ayuda.

«Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. […] Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él» (1 Jn 4,12.16). «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).

«Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte!» (Lc 14,12-14).   

¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: “Vayan en paz, caliéntense y coman”, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta» (St 2,14-17).

 «Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?» (1 Jn 3,17).

CAPÍTULO TERCERO

UNA IGLESIA PARA LOS POBRES

«¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!». [19]

Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres». [21] Los pobres: La verdadera riqueza de la Iglesia

42. Así pues, la caridad no es una vía opcional, sino el criterio del verdadero culto.

49. La compasión cristiana se ha manifestado de manera peculiar en el cuidado de los enfermos y los que sufren.

50. En el siglo XVI, san Juan de Dios, al fundar la Orden Hospitalaria san Camilo de Lelis fundó la Orden de los Ministros de los

Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, las Hermanas Hospitalarias, las Pequeñas Siervas de la Divina Providencia y tantas otras Congregaciones femeninas se convirtieron en una presencia maternal y discreta en los hospitales, asilos y residencias de ancianos.

Liberar a los cautivos

La Orden de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos (trinitarios), fundada por san Juan de Mata y san Félix de Valois, y la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced (mercedarios), fundada por san Pedro Nolasco con el apoyo de san Raimundo de Peñafort, dominico.

63. En el siglo XIII, ante el crecimiento de las ciudades, la concentración de riquezas y la aparición de nuevas formas de pobreza, el Espíritu Santo suscitó en la Iglesia un nuevo tipo de consagración: las Órdenes mendicantes.

66. Santo Domingo de Guzmán, contemporáneo de Francisco, fundó la Orden de Predicadores con otro carisma, pero con la misma radicalidad.

La Iglesia y la educación de los pobres

Que la educación ha sido siempre una de las expresiones más altas de la caridad cristiana: «La vuestra es una misión llena de obstáculos pero también de alegrías. […] Una misión de amor, porque no se puede enseñar sin amar». [56] 

69. En el siglo XVI, san José de Calasanz, impresionado por la falta de instrucción y formación de los jóvenes pobres de la ciudad de Roma, en unas salas anejas a la iglesia de Santa Dorotea en el Trastevere, creó la primera escuela pública popular gratuita de Europala Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías este valiente sacerdote como «el verdadero fundador de la escuela católica moderna, que busca la formación integral del hombre y está abierta a todos». [58]  En el siglo XVII san Juan Bautista de La Salle, dándose cuenta de la injusticia causada por la exclusión de los hijos de obreros y campesinos del sistema educativo de Francia en aquel tiempo, fundó los Hermanos de las Escuelas Cristianas, con el ideal de ofrecerles educación gratuita, una sólida formación y un ambiente fraternal. La Salle veía el aula como un lugar para el desarrollo humano, pero también para la conversión.

70. Ya en el siglo XIX, también en Francia, san Marcelino Champagnat fundó el Instituto de los Hermanos Maristas de las Escuelas, «sensible a las necesidades espirituales y educativas de su época, especialmente a la ignorancia religiosa y a las situaciones de abandono que vivía particularmente la juventud», [59] 

 Con el mismo espíritu, en Turín, san Juan Bosco inició la obra salesiana, basada en los tres principios del “sistema preventivo” —razón, religión y amor— [60] 

71. Muchas Congregaciones femeninas fueron también protagonistas de esta revolución pedagógica. Las ursulinas, las monjas de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora, las Maestras Pías y muchas otras fundadas especialmente en los siglos XVIII y XIX ocuparon espacios donde el Estado estaba ausente

Por eso, la escuela católica, cuando es fiel a su nombre, se convierte en un espacio de inclusión, formación integral y promoción humana. Así, conjugando fe y cultura, se siembra futuro, se honra la imagen de Dios y se construye una sociedad mejor.

Acompañar a los migrantes

san Juan Bautista Scalabrini y santa Francisca Javier Cabrini. Scalabrini, obispo de Piacenza, fundó los Misioneros de San Carlos para acompañar a los migrantes en sus comunidades de destino, ofreciéndoles asistencia espiritual, jurídica y material.

Al lado de los últimos

Santa Teresa de Calcuta, :”El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz” [...].

Carlos de Foucauld entre las comunidades del Sahara; a santa Katharine Drexel, junto a los grupos más desfavorecidos de Norteamérica; a la hermana Emmanuelle con los recolectores de basura en el barrio de Ezbet El Nakhl, en la ciudad de El Cairo; y a muchísimos más.

Movimientos populares

«Que incluyan a los movimientos populares y animen las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común». [73] 

CAPÍTULO CUARTO

UNA HISTORIA QUE CONTINÚA

El siglo de la Doctrina Social de la Iglesia

Carta encíclica Rerum novarum (1891), León XIII                                                                      Con la encíclica Mater et Magistra (1961) san Juan XXIII 

84. El Concilio Vaticano II : «La Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres». [76]  que «el misterio de Cristo en la Iglesia es siempre, pero sobre todo hoy, el misterio de Cristo en los pobres», [77]«Esta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que están en toda la tierra, esta es la hora del misterio de la Iglesia madre de los pobres, esta es la hora del misterio de Cristo sobre todo en el pobre». 

86. En la constitución pastoral Gaudium et spes, actualizando la herencia de los Padres de la Iglesia el Concilio afirmó con fuerza el destino universal de los bienes de la tierra y la función social de la propiedad que deriva de ello:Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. […] La misma propiedad privada tiene también, por su misma naturaleza, una índole social, cuyo fundamento reside en el destino común de los bienes. Cuando esta índole social es descuidada, la propiedad muchas veces se convierte en ocasión de ambiciones y graves desórdenes». [82] San Pablo VI en la encíclica Populorum progressio,

 En la encíclica Sollicitudo rei socialis escribe también que hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, «este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de esta realidad. Ignorarlo significaría parecernos al “rico epulón” que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta (cf. Lc 16,19-31)». [86]  «el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social». [87]

Benedicto XVI  en la carta encíclica Caritas in veritate   afirma que «se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales». [88] 

 Las Conferencias del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida constituyen etapas significativas también para toda la Iglesia.

Estructuras de pecado que causan pobreza y desigualdades extremas

Los obispos afirmaron con fuerza que la Iglesia, para ser plenamente fiel a su vocación, no sólo debe compartir la condición de los pobres, sino también ponerse de su lado, comprometiéndose diligentemente en su promoción integral.

 “dictadura de una economía que mata el pecado social toma la forma de “estructura de pecado” en la sociedad, que «muchas veces […] se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es más que egoísmo e indiferencia. Este fenómeno se puede definir “alienación social”». [95] 

La falta de equidad «es raíz de los males sociales». [98] 

El tema de los lugares, los espacios, las casas y las ciudades donde los pobres viven y transitan.

La propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación individual e íntima con el Señor. La propuesta es más amplia: «es el Reino de Dios (cf. Lc 4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino». [105]

La preocupación por la pureza de la fe ha de ir unida a la preocupación por aportar, con una vida teologal integral, la respuesta de un testimonio eficaz de servicio al prójimo, y particularmente al pobre y al oprimido». [106]

Los pobres como sujetos

«Las agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres». [109]

La Iglesia, que debe valorizar positivamente la manera “popular” que ellos tienen de vivir la fe. «Sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. [...] Día a día, los pobres se hacen sujetos de la evangelización y de la promoción humana integral: educan a sus hijos en la fe, viven una constante solidaridad entre parientes y vecinos, buscan constantemente a Dios y dan vida al peregrinar de la Iglesia.[…] Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación». [111] 

CAPÍTULO QUINTO

UN DESAFÍO PERMANENTE

El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles.De hecho, cada renovación eclesial ha tenido siempre como prioridad la atención preferencial por los pobres, que se diferencia, tanto en las motivaciones como en el estilo, de las actividades de cualquier otra organización humanitaria.

«Se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras». [114]

El buen samaritano de nuevo

En la encíclica Fratelli tutti el Papa Francisco nos invitaba a reflexionar sobre la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37),

El hecho es que muchas formas de indiferencia que hoy encontramos «son signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quizás más sutiles.

Un desafío ineludible para la Iglesia de hoy

Cuando caemos en la cuenta de que justamente los pobres son quienes nos evangelizan.

 La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. «Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor. Y esto no es fácil». [122]

Es necesario recordar que la religión, especialmente la cristiana, no puede limitarse al ámbito privado, como si los fieles no tuvieran que preocuparse también de los problemas relativos a la sociedad civil y de los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. [125]

«La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual […]. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria». [127] 

El hecho es que «la falta de trabajo es mucho más que la falta de una fuente de ingresos para poder vivir. El trabajo es también esto, pero es mucho, mucho más. Trabajando nosotros nos hacemos más persona, nuestra humanidad florece, los jóvenes se convierten en adultos solamente trabajando. La Doctrina Social de la Iglesia ha visto siempre el trabajo humano como participación en la creación que continúa cada día, también gracias a las manos, a la mente y al corazón de los trabajadores». [128] 

 Dice el libro de los Proverbios: «El hombre generoso será bendecido, porque comparte su pan con el pobre» (Pr 22,9).

«Pero tú sé indulgente con el humilde y no le hagas esperar tu limosna, […] que el tesoro encerrado en tus graneros sea la limosna, y ella te preservará de todo mal» (Si 29,8.12). Y Jesús retoma esta enseñanza: «Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo» (Lc 12,33).

El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla.

 

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de octubre, memoria de san Francisco de Asís, del año 2025, primero de mi Pontificado.

 

LEÓN PP. XIV

 

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