Evangelización, iniciación, catequesis, pastoral

sábado, septiembre 05, 2026

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Hermanos y amigos:

La experiencia de lo compartido, de aquello que no se reduce únicamente a lo propio, se encuentra profundamente cuestionada en nuestro tiempo. Los ejemplos abundan. Hace tiempo que la política parece tener más que ver con los intereses económicos que con la búsqueda del bien común. Las redes sociales, aunque nos ofrecen nuevas posibilidades de encuentro, también pueden acostumbrarnos a una relación superficial con nosotros mismos y con los demás.

La pérdida del sentido de la gratuidad, el aislamiento y la superficialidad nos conducen por caminos en los que el otro termina transformándose en un objeto de consumo afectivo.

La Palabra de Dios nos invita hoy a reconocernos como comunidad, a dejar de lado la indiferencia y a optar por el cuidado del otro. La lectura del profeta Ezequiel nos presenta también la responsabilidad de no desentendernos del hermano y la necesidad de ayudarle a corregir su camino. El salmo 94 nos recuerda que debemos escuchar la voz de Dios y no endurecer nuestro corazón. Y san Pablo nos deja una extraordinaria enseñanza que debemos tener siempre presente en nuestras relaciones: «A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo».

El modelo evangélico propuesto por Jesús nos muestra un camino para salvar, cuidar y reconstruir la comunión antes de recurrir al juicio. La llamada «corrección fraterna» tiene que ver, sobre todo, con el valor del diálogo, la discreción, la escucha y el deseo sincero de reconciliación.


La reconciliación en la comunidad consiste precisamente en generar espacios de cercanía, intimidad y acogida para quien ha perdido el camino. Los vínculos tienen la capacidad de sanar.

La misma autoridad que Jesús otorga a Pedro para «atar y desatar» en el cielo y en la tierra aparece aquí confiada a toda la comunidad.

El conflicto, en sí mismo, no constituye un problema para Jesús. El verdadero problema aparece cuando renunciamos al otro y le negamos un lugar en nuestra vida.

Vivir juntos el proyecto de Jesús y hacer de la comunidad un reflejo del Reino implica atrevernos a ser presencia para el otro, dejar atrás nuestras seguridades y comenzar a construir aquello que es verdaderamente común, allí donde Dios mismo se hace presente.

Nuestra fe no puede entenderse únicamente como una relación personal con Dios. El modo en que nos relacionamos con los demás también forma parte de la experiencia creyente. La comunión eclesial no puede reducirse a un simple asentimiento de ideas; está llamada a vivirse en lo concreto de las relaciones dentro de nuestra comunidad.

Padre, concédenos reconocernos todos como hijos tuyos, para vivir en el encuentro, en la acogida y en el cuidado mutuo. Ayúdanos a hacer realidad en nuestra vida aquello que nos recuerda san Pablo: «A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo». Amén.


Lecturas 

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor:
«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».



viernes, septiembre 04, 2026

Audiencia general 22/09/26

Salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen - miércoles 22/09/26 - 

En una época marcada por profundos cambios, de los que se derivan desequilibrios preocupantes, la Iglesia está llamada a servir al ser humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y los anhelos que lo habitan…

Los discípulos de Cristo estamos llamados a compartir los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (cf. GS 1). Esto significa que la Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo que ocurre en el mundo, sino que está llamada a caminar con la humanidad, sobre todo teniendo en cuenta los cambios rápidos y profundos que se experimentan.

Por lo tanto, los creyentes, unidos a Cristo y sostenidos por su Espíritu, deben comprometerse a escuchar con el corazón y a dejarse interpelar, acompañando y ayudando a las personas en dificultad, sobre todo a los pobres y a los que sufren a causa de la injusticia, la discriminación y la violencia.

Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que experimentamos hoy. No es posible permanecer como espectadores desinteresados, es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar, involucrarse. Con Cristo y sostenidos por la fuerza de su Espíritu, los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18).

La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo: por ejemplo, un progreso científico y tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que no siempre el ser humano es capaz de poner  «a su servicio»; o un conocimiento más claro de las «leyes dela vida social», pero acompañado de incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; o aún, una mayor disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico», y desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, «una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria» (GS 4); o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz.

Queridos hermanos y hermanas, que la alegría y la esperanza – gaudium et spes – sean los rasgos distintivos de una Iglesia que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo.

miércoles, septiembre 02, 2026

Nuevos Catequistas

¿Han entendido todo esto? ( MT. 13,53)

ü  Comunidad catequizadora en “salida misionera” y dispuesta a la conversión pastoral.

ü  Con una catequesis al servicio de la iniciación a la vida cristiana.

ü  Con una decisión de asumir la catequesis de iniciación a la vida cristiana prioritariamente con adultos.

ü  Con un catequista testigo, comunicador, acompañante y mistagogo.

ü  Emprendamos con decisión, valentía y creatividad el camino de una catequesis en línea catecumenal, formando con alegría a nuevos discípulos misioneros.

 NECESITAMOS 

Ø  Una mirada de fe sobre nuestro tiempo (Contemplar)

Ø  Algunos criterios de iluminación (Discernir)

Ø  Una mirada sobre nuestras prácticas caducas (Renovarse)

Ø  Una mirada de fe sobre nuestro quehacer (compromiso)

Ø  Una mirada sobre la formación para el ministerio de la catequesis (nuevo paradigma)    

I                                           IMPORTANTE   

 I. Superar una práctica que ha hecho del acto catequístico un evento social superficial, no precedido de conversión, ni conducente a la vivencia comunitaria.

Afrontar el reto de testimoniar con nuestra vida que seguir a Jesús en comunidad ciertamente es exigente, pero a la vez provoca una verdadera alegría que es duradera, superando el relativismo que promueve una felicidad sin Dios.

Favorecer el encuentro con Jesús en todas nuestras comunidades, cualesquiera sean las situaciones de la vida.

El nuevo continente virtual nos exige explorar nuevos lenguajes y ofrecer buenas noticias de Jesús a quienes atraviesan estos mundos aún poco explorados.

“Acompañar procesos de iniciación  a la vida cristiana de aquellos que se acercan a la fe  desde estos areópagos virtuales”..

Superar el desfase entre los esfuerzos hechos para ofrecer subsidios económicamente accesibles, signo de solidaridad y concientización, y, por otra parte, los gastos que las familias hacen para la celebración social posterior a la recepción del sacramento.

“La Catequesis se percibe socialmente como una estación de servicio donde el cliente con prisas, busca la mejor oferta, paga y exige una atención inmediata, descuidándose la calidad del proceso de maduración de la fe.”

La catequesis no ha sido suficientemente capaz de incorporar los aportes de la ciencia y entrar en diálogo crítico con ella para enriquecer la comprensión de los contenidos del mensaje y del actuar cristiano.

Un desafío es contar con proyectos unificados de largo alcance que sean compartidos por las parroquias, movimientos y escuelas católicas de una misma diócesis y por las diócesis de una misma provincia eclesiástica, que no sean interrumpidos por la movilidad y el cambio de los responsables.

Una cita que debe acompañar la acción y reflexión de todo catequista es que el Padre quiere nuestra vida y la quiere en abundancia. (Jn 10,10)

Nuestra catequesis debe ayudar a que nuestro interlocutor sepa dar razones adecuadas de por qué es cristiano católico y de cuáles son los principios morales que definen su actuar en un mundo secularizado y éticamente relativizado.

Lograr crear un sentido de pertenencia a la comunidad, ya que, centrados en una sacramentación fuera de la comunidad, hemos descuidado también la iniciación a otros aspectos que constituyen la vida cristiana.

La burocratización y la inadecuada estructuración de nuestros procesos se han convertido en muros y no en puertas de acceso a quienes buscan respuestas al sentido de la vida. Ha pasado el tiempo en que la gente acudía a la catequesis. El cambio de época nos exige salir al encuentro de los demás.

 II Tener muy en cuenta

-        La parroquia ha dejado de ser el lugar geográfico donde las personas viven su fe.

-        La escuela católica no siempre consigue facilitar el diálogo entre fe y cultura. Y en no pocas ocasiones se ha convertido en alternativa paralela y no complementaria del esfuerzo pastoral parroquial.

-        Los movimientos eclesiales han aportado renovación espiritual a muchos cristianos alejados, pero corren el riesgo de perder su vinculación a la Iglesia local.

-        El núcleo familiar, pluralismo religioso, los padres han delegado la responsabilidad de educar en la fe.

-        La misma catequesis pasa por situaciones de insatisfacción. La catequesis de adultos es insuficiente.

-        La preparación sacramental como objeto fundamental de la catequesis se ha constituido en el punto de cierre de la vida cristiana de quien participan en ella. Los intentos de una catequesis de perseverancia postsacramental no se han consolidado. Quienes no pueden participar en los sacramentos, en general, se ven excluidos de toda forma de educación en la fe.

-        La metodología basada en el sistema escolar acarrea, que permite la formación de grupos homogéneos, la labor educativa de los catequista y adquisición de conocimientos, a desdibujados la necesidad de procesos personales de conversión, la implicación directa de la familia y la vinculación con la comunidad cristiana. Se ha favorecido procesos de evangelización fragmentados, no integrales ni integradores.

-        La catequesis aparece con frecuencia alejada del acompañamiento personal, desvinculada de las realidades que viven los interlocutores y de la pastoral orgánica.

-        La formación a los catequistas, cuando la ha habido, tiene un énfasis doctrinal, debilitando lo pedagógico y espiritual. Los mismos seminaristas no son preparados en la animación y planificación u organización de la catequesis a nivel general.

El catecumenado y la inspiración catecumenal de la catequesis

a) Precatecúmeno: Es tiempo de testimonio, diálogo, de búsqueda y anuncio explícito de la persona de Cristo. No tiene una duración definida. Durante esta etapa tiene lugar el primer anuncio, y, en el momento adecuado, será proclamado el kerigma. Los que reciben el kerigma sienten la llamada a la conversión y la fe por el primer encuentro con Jesús vivo. Al finalizar esta etapa se verifica la idoneidad y el deseo del candidato de comenzar el itinerario comenzado. Se celebra el primer paso: ingreso al catecumenado, Signación y entrega de los evangelios.

b) Catecumenado. Tiempo dedicado a la catequesis y a la experiencia integral de la vida cristiana: confesión de la fe, celebración, oración y cambio de vida personal y social. Una catequesis integral, centrada en la Palabra y en el conocimiento de la historia de salvación. Los dogmas de fe, la forma de vida según el evangelio, la celebración y oración cristiana. Es tiempo de cambio de vida, por eso no se  tiene prisa y puede durar un tiempo  prolongado. Este momento va acompañado del paso o grado cuando el candidato pide a la Iglesia ser admitido a los sacramentos de la iniciación y se celebra el rito de la elección.

c) Iluminación y purificación. Es tiempo dedicado a preparar más intensamente el espíritu y el corazón del catecumenado y se desarrolla y preferentemente  durante la Cuaresma. El camino espiritual del candidato es acompañado de varios ritos que se realizan dentro de las celebraciones litúrgicas de la Cuaresma: los escrutinios y las entregas del símbolo y de la oración dominical. En la Vigilia Pascual son acogidos por la comunidad para la celebración de los sacramentos de la iniciación.

d) Mistagogia. Se busca hacer experiencia de vida cristiana, participativa y sacramental con el apoyo de nuevas catequesis. El tiempo de Pascua es el momento ideal, pudiendo concluir en la fiesta de Pentecostés. La comunidad sea realmente acogedora; una comunidad de fe, misionera, testimonial y servidora del mundo.

Así la Iglesia vive su misión: genera nuevos hijos, se renueva para continuar el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo…”.

Anuncio del Kerigma y encuentro con Jesucristo vivo.

“El kerigma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace crecer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre.” ( EG 164) (Jn3,16)

El kerigma es esencial al ser y misión de la Iglesia, se proclama desde a experiencia de encuentro con Cristo. (1Jn1,1) Antes de educar en la fe y de cualquier otra acción eclesial y pastoral, es necesario asegurar la experiencia de fe de los creyentes. Previa a la comunión con Cristo, a la inserción en la comunidad; anterior a la iniciación litúrgica, a la formación moral la oración y a la vida interior.

La dimensión misionera de la catequesis.

La catequesis al servicio de la iniciación a la vida cristiana.

La catequesis ha de ser procesual, gradual y mistagógica. Los procesos de iniciación tienen estas características:

-        La iniciación es obra del amor inmenso de Dios que se manifiesta en el misterio de Cristo Jesús. Origen y contenidos; los sacramentos de iniciación.

-        Esta obra divina se realiza en la Iglesia y por mediación de ella; La Palabra de Dios, la acción de los catequistas y otros ministros junto a los mismos catequizandos y catecúmenos, es siempre palabra (enseñanza, comunicación) y gesto ( ritos , celebraciones) de la Iglesia.

-        Requiere de la libre decisión de la persona. Los escrutinios van en esta línea. La obediencia de la fe, todas la dimensiones de la persona se involucran en este proceso. Los escrutinios, elecciones y otras acciones dentro del catecumenado facilitan la libre respuesta de la personas. Las personas, al final de la catequesis, pueden abandonar la Iglesia como expresión de que libremente no se involucraron en la confrontación con la palabra de Dios.

-        Se debe dar la participación humana en el dialogo de la salvación. Somos llamados a tener una relación personal con Dios.

-        “La catequesis sacramental se empobrece y se convierte muy pronto en ritualismo vacío, si no se funda en n conocimiento serio del significado de los sacramentos; la catequesis de intelectualiza, si no cobra vida en la práctica sacramental” (CT23)

La Iniciación en el magisterio reciente de la Iglesia.

Indicaciones para la catequesis:

ü   Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en su Palabra. La comunidad acompaña al catequizando ofreciéndole la Palabra de Dios. El catequizando descubre cómo Dios busca a la persona y le ofrece su amistad. A la Palabra acogida seguirá la iniciación a la respuesta de fe personal y comunitaria. Oración, lectura y meditación sistemática, piedad mariana y mirada a la sociedad de hoy.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en la belleza de lo creado y por la humanidad. Y toda la belleza de la vida de la comunidad, su arte, su cultura, cantos, etc. y todo lo presente en la celebración sacramental.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta como noticia de vida y esperanza. Promueve experiencias creativas que ayuden a descubrir el proyecto de plenitud que ofrece Cristo. Para ello debe ofrecerse  un itinerario orgánico y progresivo inspirado en el modelo catecumenal de los primeros siglos.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en el  misterio celebrado. La dimensión mistagógica permite dar sentido pleno al misterio que se revela en el encuentro sacramental.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se encarna en la cultura y piedad de un pueblo.

ü  Iniciar a quienes acompañan procesos de iniciación. La comunidad debe preocuparse por contar con catequistas, hombres y mujeres que evangelicen con su fe, con su testimonio y una escucha compasiva y respetuosa. Deben proveerles  experiencias donde ellos puedan vivir estos procesos de iniciación y conversión para que puedan acompañar a otros.

ü  Catequistas, momento en el itinerario de la formación de los alegres discípulos misioneros.



ü  La formación para el ministerio de la catequesis en el nuevo paradigma.

ü  Una formación permanente que atiende al ser, saber, saber hacer y saber convivir; debe privilegiar el aspecto de proceso, la capacitación para la responsabilidad y para vivir y celebrar la fe en las acciones litúrgicas; ha de contar con el aporte siempre necesario de las ciencias humanas.

ü  El ser del catequista: madurar como persona, como creyente y como apóstol. Profundamente humano, capaz de acoger y dotado de una amabilidad sin límites, como auténtica expresión de la Buena Noticia. Con “momentos de escrutinio” (discernimiento), recuperar la dimensión mistagógica, pudiendo llegar a iluminar la experiencia humana a la luz de la divina revelación.

 

El ser del catequista: madurar como persona, como creyente y como apóstol. Profundamente humano, capaz de acoger y dotado de una amabilidad sin límites, como auténtica expresión de la Buena Noticia. Con “momentos de escrutinio” (discernimiento), recuperar la dimensión mistagógica, pudiendo llegar a iluminar la experiencia humana a la luz de la divina revelación.

El saber del catequista: apropiación de contenidos esenciales que permitan la fidelidad  al mensaje y a la persona humana. Conocimiento básico de las ciencias humanas, formación bíblica-teológica, cristología, eclesiología, documentación relacionada con las exigencias éticas y la doctrina social de la Iglesia.

El saber hacer: el lenguaje, la pedagogía no son ajenos a su condición de comunicador. Hay que superar la improvisación o la simple buena voluntad. Esto nos dirige a la pedagogía de Jesús, signos y palabras, ritos, narraciones. Comunicación y ternura son claves en la educación de la fe.

El saber convivir: inserción en una comunidad eclesial. Relaciones humanas, capacidad de convivencia, fraternidad, iluminación de la Palabra son elementos presentes en la fraternidad comunitaria junto con los contenidos de la fe, compartir y celebrar la vida, oración, orientación ética.

La comunidad cristiana, lugar y meta de la catequesis

Es urgente tener presente

1. Optar por una comunidad catequizadora en “salida misionera” y dispuesta la conversión pastoral.

Proponemos:

1.- Una Iglesia que pase de un modelo de cristiandad a un modelo eminentemente misionero. “Que no se cierre sobre sí misma en una pastoral centrípeta, sacramental y devocional, sino que se abra a la evangelización común, proyecto orgánico, global y unitario, para manifestar, construir y hacer presente el Reino de Dios entre todos los hombres” (DA 279, 253).

2. Conciencia de su función profética.

2.  Superar estructuras pastorales caducas

3. Espiritualidad de comunión y participación

4. Parroquia renovada para ser comunidad catequizadora.

 II. En orden a la catequesis:

Optar por una catequesis al servicio de la iniciación cristiana. Que exige no sólo la renovación de la catequesis, sino de toda la vida pastoral de la Iglesia.

Proponemos que:

1. Catequesis al servicio de la iniciación cristiana

2. El proceso catequístico del catecumenado sea la manera ordinaria e indispensable de introducción a la vida cristina y como forma de catequesis básica y fundamental.

3. Catecumenado bautismal para los no bautizados, post-bautismal, para lo bautizados no suficientemente iniciados, como cuasi- catecúmenos.

4. Catequesis concientizadora, liberadora, crítica de la sociedad actual.

5. La preocupación primera no sea sacramentar, sino recorrer un itinerario en orden a la vivencia de la fe cristiana, dentro de la cual se celebran los sacramentos.

6. En el proceso, privilégiese: la Sagrada Escritura, búsqueda de sentido de la vida, el kerigma, la conversión en un proceso de etapas, dimensión mistagógica.

7. Dimensión diaconal, comunitaria-eclesial. Sea parte del proyecto pastoral de la comunidad eclesial, como momento articulador de todo el proceso evangelizador.

 III. En orden al catequizando

  Optar por la catequesis de iniciación a la vida cristina prioritariamente con adultos. Los destinatarios como interlocutores. Opción en orden a la formación de alegres discípulos misioneros de Jesús.

Proponemos que:

1. La iniciación cristiana de los adultos se ha diversificado.

2.  Sea dialogal.

3. Se facilite la inserción enla comunidad

4. Ayudar a encontrar la Palabra de Dios  en la Sagrada Escritura.

5. “La catequesis de iniciación cristiana de adultos sea el punto de partida y modelo de toda otra forma de catequesis, adaptándola a los niños, adolescentes y jóvenes.

 IV. En orden al catequista

Optar por un catequista testigo, comunicador, acompañante y mistagogo. Miembro de la Iglesia, testigo de la fe y enviado por ella para anunciar el mensaje del Evangelio.

Proponemos que:

1. Fundamental que el catequista desarrolle las siguientes actitudes: familiaridad con Jesús,, salida de sí para ir al encuentro del otro, con paciencia, cordialidad que nunca condena.

2. Testimonio vivo, compañero de camino, comunicador del Evangelio. Mistagogo.

3. Con conciencia de pertenencia a la comunidad eclesial, ella lo envía, lo acompaña.

4. La formación para el nuevo paradigma:

M Modelo catecumenal

ü  Practica la lectura orante de la Palabra, vive la liturgia, profundiza la doctrina evangélica.

ü  Con pedagogía apropiada, para adultos, para jóvenes , para niños de experiencia sacramental

ü   Formador con capacidad de formación bíblica.

ü  Además de las ciencias religiosas, estar bien alimentado de las ciencias humanas, especialmente de las sociales.

ü  Conocedor de los contenidos del RICA

ü  h) En diálogo con la sociedad.

ü  Promover la presencia de formadores catequistas.

ü  j)  Suscitar coloquio, diálogos, encuentros con todos los que reflexionan sobre el ser y quehacer de la catequesis.

 

sábado, agosto 29, 2026

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir

Saludos, hermanos y amigos:

Hemos de experimentar la emoción y la alegría que nos describe el profeta Jeremías: «Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir». Pero esta experiencia va acompañada de la dureza de ser fieles a la Palabra de Dios y de no amoldarnos a las exigencias del mundo. No es fácil seguir a Jesús; requiere un largo proceso de transformación interior.

El salmo 62 nos describe de una manera admirable cómo nos sentimos cuando reconocemos el auxilio del Señor, que nos sostiene con su amor: «Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío».

No podemos escandalizarnos de la reacción de Pedro al escuchar a Jesús manifestar a sus discípulos el sufrimiento que debía padecer en Jerusalén: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús no se disculpa por lo que ha dicho. Él sabe que el camino que le espera es el de la entrega total, hasta la última gota de su amor, por el bien de todos. Por eso, se dirige también a sus discípulos y les dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga».

Probablemente, todos hemos tenido alguna experiencia de lo que significa vivir el Evangelio. En ciertas ocasiones, Jesús nos pide que compartamos lo poco que tenemos con quienes están a nuestro lado y pasan necesidad. Otras veces nos invita a renunciar a caprichos y frivolidades que chocan con la voluntad de Dios. Asimismo, puede reclamarnos que demos testimonio de nuestra fe en ambientes adversos, aun cuando ello pueda provocar incomprensiones, enemistades, conflictos o dificultades.

Jesús nos advierte: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará».

El camino de la cruz consiste en poner nuestra vida en manos de Dios para construir aquí su Reino de amor. Esto implica sacrificarnos por el bien común: compartir nuestros bienes, ayudar gratuitamente a quienes lo necesitan, no malgastar nuestro dinero y dar testimonio del Evangelio cuando las circunstancias lo requieran.

Todo ello puede suponer esfuerzo e incluso sufrimiento. Para alcanzar esta transformación, san Pablo nos pide que nos renovemos «por la renovación de la mente». Es decir, nos anima a cambiar interiormente, algo que no resulta fácil.

Adecuar nuestra mente y nuestro corazón a los valores y sentimientos del Evangelio supone un largo camino de purificación. Requiere, por una parte, ponernos en las manos de Dios para que sea Él quien nos guíe y, por otra, esforzarnos cada día por dejarnos conducir por Él.

Señor, que nunca olvidemos esta lección. Que cada día iniciemos nuestra jornada reconociendo que Tú eres nuestro Dios y que necesitamos de tu auxilio.

 Ayúdanos a procurar que todas nuestras palabras y nuestras obras estén orientadas a construir tu Reino de amor.

AMÉN

LECTURAS DEL DOMINGO XXII

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios,
por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

 


 

martes, agosto 25, 2026

Cristianismo y religiosidad

Breve escrito de Dietrich Bonhoeffer (1)

Para muchos, “ha pasado el tiempo de la interioridad y de la conciencia moral, es decir, precisamente el tiempo de la religión en general”, y podemos decir que nos encaminamos hacia una época totalmente arreligiosa. Pareciera que los hombres, tal como son ahora, ya no pueden seguir siendo religiosos.

Nuestra predicación y teología cristiana descansan sobre el “a priori religioso” de los hombres. El cristianismo ha sido siempre una forma de la “religión”.

Si una vez se llega a verse claro que este a priori no existe, sino que ha sido una forma de expresión del hombre históricamente condicionada y, si, por lo tanto, los hombres llegan a ser arreligiosos de una manera verdaderamente radical, ¿qué significaría entonces esta situación para el cristianismo?

Todo el cristianismo precedente quedaría privado de un elemento fundamental, y ya no podría pisar tierra firme desde el punto de vista “religioso”. Y podríamos juzgar la forma occidental de cristianismo como mera etapa previa de una completa arreligiosidad. ¿Qué situación surge entonces para nosotros, y para la Iglesia? ¿Cómo puede convertirse Cristo en el Señor, incluso de los no religiosos? Si la religión es tan solo un ropaje del cristianismo, ¿qué es entonces un cristianismo arreligioso?

¿Qué significaría una Iglesia, una parroquia, una predicación, una liturgia, una vida cristiana en un mundo sin religión? ¿Cómo se puede hablar de Dios sin religión, cómo hablar “mundanamente” acerca de Dios? ¿Cómo somos los llamados, sin considerarnos unos privilegiados en el plano religioso, sino como pertenecientes plenamente al mundo?

Cristo no sería objeto de una religión, sino algo completamente diferente, realmente el Señor del mundo. ¿Qué significa esto? ¿Qué significa el culto y la plegaria en una ausencia de religión?

La cuestión paulina acerca de si la circuncisión (peritomé) es condición para la justificación (Gal. 6,15), hoy en día la podríamos referir a si la religión es condición para la salvación. Librarnos de la circuncisión es liberarnos de la religión.

Pareciera que el hombre religioso acude a Dios fundamentalmente ante los límites humanos. Pero ¿cuáles son esos límites? La muerte y el pecado son considerados límites. Pareciera que hablan de los límites humanos como si pretendieran reservar un lugar para Dios.

El Dios cristiano es, por el contrario, el Dios de la vida. Del centro, de la fuerza. En los límites, lo apropiado es guardar silencio y dejar sin solución lo insalubre.

La resurrección no es la “solución” a la muerte. El “más allá” de Dios no es el más allá de nuestra capacidad de conocimiento. Dios está en el centro de nuestra vida, aun estando más allá de ella. Dios está siempre en medio de la aldea.

Interpretar y anunciar a Dios y a los milagros de un modo no religioso.

¿Qué significa interpretar religiosamente? Hablar, por una parte, de forma metafísica y, por otra parte, de forma individualista. Esto no cuadra ni con el mensaje bíblico ni con el hombre actual.

La cuestión de la salvación personal del alma es hoy poco relevante. Y aun bíblicamente, tampoco lo es. “La justicia y el Reino no son el centro de todo.” “Pero todos son hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la redención realizada en Cristo Jesús.” (Romanos 3,24ss.)

Lo que está más allá de este mundo quiere existir para este mundo, en el sentido bíblico de la creación y la encarnación, de la crucifixión, resurrección de Jesucristo.

En lugar de la religión se halla ahora la Iglesia, pero el mundo queda, en cierto sentido, solo y abandonado a sí mismo.

Cómo interpretar penitencia, fe, justificación, nuevo nacimiento y santificación. (Jn 1,14). La ciencia, (la religiosidad), la profecía, (la interpretación) pasarán; el amor no muere, no se agota, no tiene fin. (1 Co 13,8)

 

 1. pág. 150 en Resistencia y sumisión , Dietrich Bonhoeffer.

 


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