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jueves, marzo 19, 2026

Ser más persona

 

¿El Pensamiento crítico es Posible?

La realidad 

Vivimos en una sociedad marcada por la superficialidad y el relativismo, lo inmediato justifica cualquier desinterés por todo lo demás. La continua información desordenada, falsa y reiterativa tiene como sólo objetivo acaparar la tención de la persona y distraer cualquier esfuerzo de alcanzar una mirada libre, crítica e indemendiente.

Plantearse y elegir el hábito de pensar con profundidad nos obliga a cuestionar la información que consumimos, evitar quedarnos en titulares o contenidos rápidos y dedicar tiempo a la lectura, el diálogo y la introspección. Ello solo es posible con una reflexión serena y pausada que exige disponibilidad y tiempo.

Esto no surge de una manera espontánea, ya que hay una extraordinaria estructura mediática totalmente enfocada de eliminar la reflexión personal y la independencia crítica ante la información pertinente.

Esfuerzo personal 

Superar la tendencia a la superficialidad debe realzarse desde un trabajo personal, educativo y colectivo.

La memorización no debe ser el centro de nuestro esfuerzo intelectual, el pensamiento crítico debe ocupar nuestro esfuerzo e interés. La información y los conocimientos que elegimos hay que analizarnos, confrontarlos y ponerlos en contexto. Fomentar preguntas abiertas, el contraste de ideas y la argumentación sólida ayuda a formar personas másE conscientes y menos manipulables.


Educativo y social 

Una conciencia crítica, reflexiva y comprometida solo puede encontrarse  mediante el esfuerzo personal, educativo y necesita un ámbito social y cultural abierto en un espacio de dialogo autentico y sincero.

Las redes sociales suelen favorecer lo inmediato y superficial, pero también pueden usarse para difundir contenido valioso, generar debate y visibilizar perspectivas profundas. Aquí la responsabilidad individual también cuenta: elegir qué compartimos y cómo participamos.

Esto es lo que llamamos compromiso y este surge cuando la reflexión se traduce en acción. Una conciencia crítica no se queda en el análisis, sino que busca transformar la realidad, aunque sea en pequeñas escalas: en la comunidad, en el trabajo, en las relaciones cotidianas.

Una conciencia crítica empieza por uno mismo. Preguntarse:

¿Por qué pienso lo que pienso?
¿De dónde vienen mis creencias?
¿Estoy abierto a cambiar de opinión?
Esto evita caer en dogmatismos o en el “todo vale” del relativismo.


Hay un elemento esencial: la coherencia

Una sociedad cambia cuando las personas intentan vivir de acuerdo con lo que piensan, evitando la contradicción constante entre ideas y acciones. La tolerancia y la mirada generosa no son un adorno es el modo concreto d hacer posible el respeto y valoración de toda persona, también la que se equivoca.

La participación en el colectivo con la intención de comprender y comprenderse es un requisito necesario para crecer en libertad y comprensión. Contamos con la filosofía , la ética y el debate bien guiado para aprender a cuestionar, argumentar y contrastar fuentes. 


El objetivo no es aceptar todo, sino aprender a discernir mejor.
La reflexión no debe quedarse en lo abstracto. Una conciencia crítica se vuelve valiosa cuando se traduce en acciones: participación social, responsabilidad ciudadana, coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
La superficialidad crece cuando todo debe ser rápido y fácil. Practicar la paciencia intelectual (investigar, contrastar, profundizar) es casi un acto de resistencia cultural.
Conversaciones honestas, sin polarización ni ataques, donde se pueda disentir con respeto. Esto fortalece tanto el pensamiento como la convivencia.

En el fondo, se trata de pasar de ser consumidores pasivos de ideas a constructores conscientes de pensamiento. No es un cambio inmediato, pero sí acumulativo: cada hábito, cada conversación y cada reflexión suma.



sábado, marzo 14, 2026

Una mirada diferente

                                                      

LECTURAS DEL DOMINGO IV DE CUARESMA  

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13ª

 En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
«El Señor no ha elegido a estos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?».

Y le respondió:
«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este». Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

 

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por los años sin término. R/.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14

Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

 Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de Los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

COMENTARIO

Saludos hermanos. En este IV domingo de cuaresma que llamamos Domingo de Laetare, Domingo de la Alegría, se nos invita a reconocer que  para vivir la alegría de Evangelio, tanto en las cosas extraordinarias como en las de cada día, no basta con las palabras y los buenos deseos; la paz, la justicia y la libertad, el sentido en nuestra vida necesita encontrarse con una mirada que nos de la sabiduría y la fortaleza. Es urgente aprender a mirar de otra manera.

El primer domingo era la imagen del desierto como lugar de silencio y revisión; el segundo domingo la montaña como lugar de encuentro con Dios y de oración; la semana pasada el pozo y el agua como símbolo de una vida llena de sentido que da Dios. Hoy seguimos adelante por el camino con Jesús, y encontramos la luz, ese “abrir los ojos” que Dios nos propone siempre para descubrirle cerca de nosotros. Esa luz que nos ayuda a ver las cosas como el mismo Dios las ve.

No basta escuchar lo que nos pide el Señor, debemos dejarnos mirar por El y descubrir su mirada para con nosotros, para prender a mirar de otra manera, con la mirada de Dios.

«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

Como discípulos de Cristo debemos “vivir como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Busquemos lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.”

Al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Jesús no es indiferente ante lo que le rodea, no tiene miedo a mirar la realidad y a actuar.

El ciego dijo: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Pero los que le rodean comienzan a mirar no desde los hechos, sino desde los prejuicios y los miedos: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. “cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a buscarlo”.

Jesús mira al hombre, lo ve en su dignidad de hijo de Dios.  No basta echar un vistazo, es dejarse tocar por la realidad concreta de alguien que está ahí, sentado a la orilla de la vida, sin nombre, reducido a “el ciego”, “el mendigo”, “el que no encaja”, “el migrante”.

Jesús lo mira de otra manera, no como un problema a explicar, sino como una persona a la que rescatar. Jesús no cura desde arriba, se arrodilla en el barro humano y toca lo que a nosotros nos da reparo tocar: la fragilidad, lo feo, lo que huele a fracaso. Jesús no cura con magia, sino acompañando.

Es entonces cuando el ciego empieza a ver. Pero no se trata solo de recuperar la vista física, sino que implica todo un proceso, como si el Señor nos dijera: “la fe no te cae encima; es una invitación, un regalo que pide tu asentimiento, tu colaboración”.

El ciego no es un mero espectador, tiene que levantarse, caminar, confiar. La gracia no aplasta tu libertad, por el contrario, la despierta. La fe nace cuando descubrimos que Dios no es juez implacable, sino compañero de camino.

“¿Crees tú en el Hijo del hombre?” ¿Quién es? El mismo Jesús le dice: “Lo estás viendo”. Y sigue la confesión de fe: “Creo, Señor”. La misma que han hecho a lo largo de la historia de la Iglesia tantas y tantas personas, como lo hicimos nosotros (o lo hicieron por nosotros) el día de nuestro Bautismo.

La luz del ciego deja al descubierto la oscuridad de otros, porque cuando alguien se levanta, cuando alguien recupera dignidad, cuando alguien empieza a hablar con libertad, eso incomoda. Y aquí aparece otro tipo de ceguera: la ceguera religiosa.

Lo común es seguir haciendo lo mismo que hicieron los fariseos, aunque con formas nuevas, etiquetamos a personas por su origen, por su historia, por su caída, por su situación afectiva, por su salud mental, por su manera de vivir, por su acento, por su pasado.

También en la Iglesia, a veces sin darnos cuenta, convertimos la mesa compartida de Jesús en un examen, y el templo en una aduana, y el Evangelio en un reglamento, y la comunidad en “el club de los que cumplen”.

Lo hemos escuchado: “cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a buscarlo”. Jesús no se queda del lado del sistema para protegerse, se mueve hacia el expulsado, se desplaza a la periferia y va en su búsqueda; y con esa actitud nos dice que el lugar de Dios no está donde se presume pureza, sino donde se defiende la vida herida, donde se sana y curan heridas.  

Una petición para esta semana: Señor, cura mi mirada. Que vea como Tú ves. Que no use tu nombre para dejar fuera a nadie. Que, cuando alguien sea expulsado, yo tenga el coraje de salir contigo a buscarlo. Es la única manera de vivir en tu alegría.


miércoles, marzo 04, 2026

En este tiempo de guerras


EN TIEMPOS DE GUERRA Y PREPOTENCIA DEL MAL

1.      Las cosas no están bien. Pareciera que todos los esfuerzos y medios que tenemos para mejorarlas están agotados. El desaliento y el desánimo nos asedian, pero la irracionalidad y la crispación pueden llevarnos a cometer errores irreparables. ¿Qué hacer?

Hemos escuchado muchas razones y motivos para hacer frente al mal, pero nosotros mismos vaciamos de su fuerza las palabras y reflexiones que nos llegan.

Hoy quiero recordar que la Palabra de Dios nos ofrece las herramientas válidas para reconstruir la convivencia y la justicia.

 No devuelvas mal por mal, rompe la dinámica de la maldad. Protege, cuida, y haz el bien. Es increíble cómo la fuerza de plantarle cara a la prepotencia del poderoso con la actitud de la serenidad y el valor puede desenmascarar el mal y debilitarle. Dios te ofrece su fuerza si tú eliges su gracia.


2.        Solemos confundir fuerza con rechazo y violencia. La fuerza más transformadora es el conocimiento al servicio de la verdad y el bien común.

No basta tener la razón; hay que tener el valor moral de buscar el bien y la justicia. 

Somos testigos de que la máxima debilidad para oponerse al mal está en nosotros mismos, que estamos contaminados de egoísmo, orgullos y soberbia.

Traducido a la palestra social, somos muchos los que echamos en falta un liderazgo moral y auténtico refrendado por una trayectoria honesta de servicio y una voluntad decidida de reconocer los errores y optar por el cambio personal y social.

 Alguien dijo: "Basta que los buenos no hagan nada para que el mal triunfe", y yo añado: Basta que los falsos asuman el liderazgo para que los que buscan el bien sean confundidos.

 

 3.        Debemos escuchar el llamado y acoger la invitación para unirnos, para liberarnos de toda opresión y mordaza que no nos deja organizarnos para construir la justicia y el bien común. El abuso, la ignorancia y el fraude son la moneda de cambio más abundante en nuestra sociedad.

 Para no entrar en este mercado de engaño y falsedad, el primer paso es apreciar el valor de la responsabilidad, de asumir las consecuencias de todos nuestros actos. La integridad de nuestra conducta. 

Desde esta actitud podremos reparar el mal hecho y comprometernos eficazmente en una acción liberadora y transformadora de nosotros y de la sociedad en que vivimos.

 Siendo misericordiosos y justos como nuestro Padre es justo. La mayor razón para no ser cómplices del mal es reconocernos hijos de Dios.



4.     
Es el tiempo de mirar más allá de nuestros miedos e intolerancias.
      Cada uno de nosotros  ha recibido una llamada. No huyamos.

 Desde la experiencia vivida en nuestra querida Venezuela, es inconcebible que haya gente despistada que no se dé cuenta de que absolutamente todos necesitamos un cambio de actitud y asumir las responsabilidades propias desde el realismo de la esperanza, no desde el miedo y el resentimiento. 

Vencer el interés mezquino y egoísta, para no seguir con más de lo mismo, y optar por un estilo de vida de llamado y vocación para el servicio. Por encima de los fracasos y golpes recibidos, hemos de elegir ser constructores de paz, no de violencia, de convivencia y no de crispación, de justicia y solidaridad, no de abuso y avaricia.

 


5.      Si somos humildes y oramos con verdad al Dios de la vida, él nos dará el coraje y el valor  de luchar con la justicia al lado de los hermanos.

La liberación auténtica es vocación de pueblo, es territorio de solidaridad y justicia.  El Reino de Dios padece violencia, pero nuestra fuerza está en la misericordia y la compasión.

Hace falta más fuerza para ser justos y misericordiosos que para ser vengativos y castigadores.

En definitiva, la victoria es de los que perseveran en el bien y no ponen obstáculos a la fuerza del Espíritu que dirige todas las cosas hacia la plenitud.

Tiempos difíciles, pero también apasionantes, para ser testigos del poder del bien y la esperanza. La fe es signo de nuestro amor y confianza en quien nos invita a dar la vida por los amigos. 

miércoles, febrero 25, 2026

La Palabra de cada día


                                                            La Palabra de Dios de cada día 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:



«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre».

Quien pide ha superado el conformismo, tiene espacio para recibir,
quien busca tiene el don de la superación y la disponibilidad para encontrar,
y quien llama conoce al dueño de la casa, y él no cierra la puerta a nadie. 
La bondad es uno de los dones que nos dotó el Creador, a su imagen y semejanza, y la maldad no barrió el don.
¿Qué sucede a la humanidad? Se nos ha revelado cómo alcanzar el sentido a la vida y la felicidad: "Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos". 
Señor, que la humanidad acoja tu Palabra y venza la tentación.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

COMENTARIO 



lunes, febrero 09, 2026

Que hacer en familia

    Tomado de la exhortación "Amoris Laetitia" del Papa Francisco.

La familia es un grupo estable que se fundamenta en una preocupación e interés de unos por los otros, que se reconocen unidos por lazos de afecto y cuidado. La familia tradicional tiene un elemento esencial, que es la responsabilidad de reconocerse unidos por los mismos lazos de sangre, pero no agota el sentido amplio de familia.

En una familia, es un espacio de encuentro y convivencia, y para que no se convierta en un lugar de incomodidad y frustración, se debe favorecer: 

      1.  Educar con afecto en la familia (AL 263)

  • Que no abunden los silencios incómodos.       
  • Evitar discusiones, gritos y malos modos.
  • Que los otros miembros no sufran las consecuencias de nuestro mal humor.
  • Perdonar, disculpar y agradecer los detalles y las muestras de afecto recibidos.
  • Colaborar  de buen grado en las tareas domésticas.
  • Alegrarse de los triunfos y éxitos de cada miembro de la familia como si fueran propios.
  • Apoyar en los fracasos y en los momentos de dificultad a todos los integrantes de la familia.
        2. Crear espacios de empatía y amabilidad

  •           Procurar sonreír. La sonrisa genera ambiente de confianza y cordialidad en el hogar.
  •       Considerar como importantes los asuntos de padres, hermanos, abuelos…
  •       Acoger, escuchar. Cuando un miembro se acerca, probablemente es porque necesita ser escuchado.
  •       Cuando estamos con alguien de nuestra familia, no demostrar prisa, aburrimiento, cansancio.
  •           Infundir ánimos, con palabras y gestos amables, a quien sufre un problema.
 
        3. Escuela de valores (AL 266; 273-274)

  •       Motivación. Vivencia en familia de los valores que se proponen.
  •       Imitación. Es esencial que exista un ambiente rico en valores en el seno familiar.
  •       Identificación. Los valores introducidos en el comportamiento habitual de los padres tienen muchas más posibilidades de ser transferidos.
  •      Compromiso. Manifestar y ejercitar un valor en circunstancias difíciles, incluso adversas, contribuye a reforzarlo.       
  •       Repetición. El valor ha de convertirse en actitud y esta en hábito.
  •       Los valores son algo dinámico que se sitúa en el tiempo:
  •       Los asimilados en el pasado deben ser mantenidos.  
  •       Los valores del momento presente, concientizarlos. 
  •       Los del área de futuro deben ser trabajados.
4. Educar en la libertad (AL 267)

  •       Descubrir críticamente las propias esclavitudes.
  •           Comprendernos como personas que deben liberarse de adicciones que nos dificultan ser libres.
  •           Comprender la fe cristiana como una fuerza liberadora
  •           Contrastar el plan de la creación con las situaciones de opresión y violencia presentes en nuestro mundo.
  •           Conocer los esfuerzos de personas a lo largo de la historia para eliminar opresiones.   

F              5. Fortalecer la voluntad (AL 264. 266)

  •       Valorar el control de los gustos y deseos.                
  •        Colaborar en las tareas domésticas.                                                                                                  Adquirir el hábito de la puntualidad y el orden.                 
  •        Cuidado con pasar mucho tiempo ante el televisor, internet, videojuegos… Puede acostumbrarnos a eludir las actividades que menos nos gustan o requieren esfuerzo y atención.              
  •        Comenzar y terminar las tareas en los plazos previstos, no dejar para última hora.              
  •         El horario y las agendas donde estén presentes las actividades propias: estudio, tiempo libre, amigos, familia, obligaciones domésticas…    
6.              6.   Educar más allá de la escuela (AL 261)
  •        Aprender a compartir y a comunicar bienes materiales y vivencias personales.
  •        Hacer experiencias conjuntas: trabajo , juego, aficiones , descanso…
  •         Importante prestar atención a cada integrante de la familia: sus expresiones, sus dificultades, sus ilusiones…
  •        Aprendemos a respetar la diversidad: favorecer la autoestima, mejorar la convivencia, fomentar el servicio.
  •        Compartir la fe que les une, haciendo vivencia de la presencia de Dios, que es amor, ternura y perdón.

             7. La familia, lugar preferente de socialización (AL 276)
  •        Alegrarse de los éxitos de los componentes de la familia. Compartir su alegría. 
  •        Acompañar al que lo necesita.  
  •       Olvidar resentimientos, envidias y juicios negativos.
  •       Perdonar con generosidad.
  •       Descubrir y valorar cualidades de cada miembro de la familia.
  •       Favorecer el respeto:
  •        - Fundado en el afecto, aprecio y valoración de los demás.
  •        - Evitar palabras y gestos que hieren, molestan y ofenden.
  •         - Aprender a dar gracias.
  •        - No confundir respeto y tolerancia con indiferencia y despreocupación.
  •        - Diversidad vista como riqueza que se integra en la unidad y lleva al afecto incondicional.
  •        - Valorar el rol que ocupa cada miembro para construir familia.
  •        - Respetar el entorno: cuidando y valorando las cosas y personas. 
  •        - Aprender a ver lo bueno y ejercitar una mirada positiva a tu alrededor.  
  •          Dedicar tiempo a las tareas ordinarias: hacerlas con decisión, cuidar, ordenar…  
  •         Aprender cosas nuevas y practicar destrezas.















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