EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL

10/10/2026

INVITADOS

DOMINGO XXVIII

 El profeta Isaías nos habla del proyecto de Dios para la historia humana mediante la imagen de un festín de manjares exquisitos y vinos refinados. Dios quiere sentar a todos los pueblos, sin excepción, a la misma mesa; quiere que todos participen de la misma fiesta, compartan la misma alegría y disfruten del mismo alimento.

El festín es símbolo de la alianza y de la comunión que Dios quiere establecer con toda la humanidad. El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros. Sin embargo, durante la vida presente, este sueño encuentra graves obstáculos, como las guerras, las injusticias y toda clase de sufrimientos. No obstante, Dios mantiene su promesa: llegará el día en que todos los pueblos participarán de esta fiesta. Este es el Señor en quien esperamos.

Con palabras más sencillas, el salmo 22 nos transmite el mismo mensaje: «El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan».

También san Pablo nos recuerda que Dios proveerá a todas nuestras necesidades con generosidad, conforme a su riqueza en Cristo Jesús. Nuestra confianza no se fundamenta en la ausencia de dificultades, sino en la certeza de que Dios permanece a nuestro lado y nos sostiene en medio de las tribulaciones.


En el Evangelio, las parábolas del Reino vuelven a manifestarnos esta voluntad de Dios de compartir con nosotros su alegría y su fiesta.

Las excusas y el rechazo de los primeros invitados no son motivo suficiente para que Dios renuncie a su proyecto de salvación. Al contrario, su respuesta manifiesta la universalidad de su amor: el banquete está abierto a todos. Por eso, el rey manda reunir a cuantos encuentran por los caminos, «malos y buenos».

La segunda parábola nos habla del invitado que entra al banquete sin llevar el vestido de boda. Esta imagen parece advertirnos de que no basta con aceptar la invitación; también es necesario prepararse para participar dignamente en la fiesta. Presentarse sin el vestido adecuado representa una actitud de indiferencia o autosuficiencia, semejante a la de quienes rechazaron la invitación. Este hombre aceptó la llamada, pero no respondió a ella con una actitud verdaderamente nueva.


Señor, hemos sido invitados a tu banquete y nos alegramos por la alianza que has establecido con nosotros. Concédenos la sabiduría y la gracia necesarias para corresponder a tanta bondad y misericordia con un corazón renovado y una vida entregada al servicio de los demás. Amén.

Lecturas Domingo XXVIII

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo - lo ha dicho el Señor -.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6.

R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

 

10/09/2026

Desconectados II



DESCONECTADOS 2

«La inactividad que no produce nada constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida».

José Laguna, Desconectados. Por una vida improductiva, CJ Cuadernos, n.º 244.

I. Desalmar

Las máquinas solo funcionan; para las personas, la verdadera vida comienza en el momento en que termina la preocupación por la supervivencia y la urgencia por la pura vida.

No podemos definir la vida únicamente desde el rendimiento. Somos lo que hacemos, pero también, y fundamentalmente, lo que decidimos hacer. El arte auténtico es un valor supremo que trasciende cualquier tasación y utilidad. Su único fin puede ser, sencillamente, el gozo del arte por el arte.

Como afirma Jorge Mujica: «Vivir es amar, es el placer de estar al pedo [perdiendo el tiempo] con otro. Vivir es, cuando sos anciano, jugar al truco con los amigos, hablar de recuerdos».

El mercado quiere conquistar el alma, ese espacio reservado al misterio, al gozo y a la esperanza. Como se ha atribuido a Margaret Thatcher: «La economía es el medio; el objetivo es cambiar el corazón y el alma».

«Desalmar» es el sueño de toda conquista. Los encomenderos de la colonización española lo sabían bien. Por eso se empeñaron en negar el alma de los indígenas y de los esclavos que trabajaban sus tierras. Frente a ellos se alzaron religiosos como Antón de Montesinos, que clamaron exigiendo el reconocimiento de la dignidad y del alma racional de aquellos cuya humanidad era puesta en cuestión para proteger determinados intereses económicos.

La presencia de «demonios» acompaña, de algún modo, a muchos de los grandes avances de la ciencia y de la tecnología: desde el motor de vapor, que despertó las críticas de algunos pensadores de su tiempo, hasta los teléfonos móviles y la inteligencia artificial en la actualidad. Y es que la digitalización puede convertirse en una nueva tecnología mediante la cual determinados poderes económicos y sociales ejercen formas de control sobre nuestra vida, nuestro tiempo y nuestra atención.

Necesitamos recuperar unas funciones básicas: terapéuticas y críticas. Necesitamos poner en el centro a la persona y priorizar el bien del otro sobre la ganancia de la empresa.

El cristianismo contiene expresiones que alientan la capacidad humana de relativizar lo productivo y reconocer aquello que es verdaderamente definitivo: «No podéis servir a Dios y al dinero»; «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»; o la invitación a estar «en el mundo sin ser del mundo».

No se trata de evasión, sino de disidencia: de encontrar caminos de libertad, vulnerabilidad y alegría frente a las lógicas opresivas del poder. Se trata de recuperar espacios en los que la persona no tenga que justificarse por lo que produce, consume o rinde.

Quizá desconectarse no signifique abandonar el mundo, sino desconectarnos de aquello que pretende convertir nuestra vida en rendimiento, consumo y utilidad para volver a conectar con aquello que nos hace verdaderamente humanos.

II. Éxodo

Vivir en una estructura de pecado que nos coarta la libertad y nos impide vivir con admiración debería hacernos clamar por una liberación hacia una tierra fértil y preciosa que mana leche y miel. El éxodo es camino de liberación, un itinerario duro y totalmente nuevo que nos pide aprender a desaprender el sistema opresor y reconocer la solidaridad, el caminar juntos y la alegría de la esperanza.

Hoy no es fácil llegar a reconocer, desde una mirada consciente, las estructuras de dominio que se agazapan detrás de palabras técnicas y logros deslumbrantes. Se trata de descubrir al faraón que utiliza los likes para sus propios intereses.

¿Cómo descubrir la explotación escondida en algoritmos capaces de calificar como muertes accidentales las de los 6.500 inmigrantes indios, nepaleses y bengalíes entre los dos millones de trabajadores que fueron a trabajar en las obras para el Mundial de Qatar 2022?


III. Sábado

«Y descansó el día séptimo de toda su obra» (Gn 2,3). «El hombre es señor del sábado» (Mt 12,8).

Desconectar del esfuerzo y de la mirada productiva para gozar del frescor junto al amigo. La fuerza creadora nace del descanso divino, del que participamos los seres humanos. El imperativo obsesivo y el reclamo permanente de atención digital nos privan de la satisfacción del descanso y de caminar despreocupadamente, reconociendo la belleza que nos rodea.

Somos animales sabáticos: el fin de todo empeño laboral y revolucionario es el descanso. El anhelo último de la humanidad es llegar a una situación de paz definitiva. La prueba definitiva es superar la trampa del universo digital, que satura con pseudoexperiencias el vacío existencial de vidas que necesitan estar hiperestimuladas para vencer el miedo a estar solas.

Buscar el reposo y algo de libertad interior. Entrar en el huerto que nos devuelve la dimensión de la espera de la cosecha soñada. Los claustros son lugares para no dejarse someter por la tiranía del reloj de la producción. Los religiosos han cambiado el espacio de desconexión por agendas saturadas que se guían más por el cronómetro estresante de los ejecutivos que por el kairós paciente de la campana.


IV. El banquete

«El reino de Dios se parece a un rey que celebra la boda de su hijo» (Mt 22,2). «Traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete» (Lc 15,23).

El banquete es más que un momento destinado a satisfacer las necesidades nutricionales: es, fundamentalmente, fiesta. Es un tiempo para estar con los amigos (Lc 15,30).

El banquete es la expresión máxima del deseo de conseguir unas condiciones óptimas: una vida digna donde se comparte, se cobija y se cuida, pero también donde se sueña, se desea, se baila y se ríe.

«Ante el Señor... yo bailaré y me humillaré», dijo David al ser criticado por Mical, la hija de Saúl.

En el universo digital, lo recreativo está en función de la producción. El aburrimiento no está permitido; el ocio se convierte en tiempo de consumo. Continuamente se nos incita a comprar y se nos ofrecen distracciones que nos mantienen ocupados y, de algún modo, vinculados a la lógica de la producción.

V. Encarnación  

«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14).

Dios se hace humanidad en Jesús, frente a las religiones que separan claramente la divinidad de la humanidad. Es una magnífica contracorriente frente a la deriva descorporizadora que caracteriza la virtualidad del mundo digital y de la IA.

En el Evangelio de Juan, la Palabra se hace carne; en el «evangelio digital», la palabra se hace avatar. La digitalización de la realidad niega la corporeidad del sujeto y pretende sustituir el cerebro por la IA.

En la encarnación se proclama que nuestro cuerpo no es un envoltorio del que podamos deshacernos caprichosamente sin dejar de ser nosotros. Es imposible separar alma y cuerpo. Existimos con y desde nuestro cuerpo, nunca a pesar de él.

«Damos a luz nuestros pensamientos desde nuestro dolor y les damos materialmente todo lo que tenemos en nosotros de sangre, corazón, fuego, placer, pasión, tortura, conciencia, destino, fatalidad», escribe Nietzsche: realidades intraducibles a bits.

Suplantar la vida de carne por el virtualismo digital. Dios, en el Evangelio, se embarró tocando el sufrimiento para aliviarlo: se acercó y tocó al leproso, diciendo: «Quiero, queda limpio» (Mc 1,40-41). El metaverso promueve solidaridades asépticas que pretenden transformar la realidad desde el otro lado de la pantalla a base de clicktivismo.

Acuerpar las luchas. Frente a las relaciones virtuales, reivindicamos la presencia del cuerpo. No hay lucha sin un cuerpo que danza y abraza. ¡Recuperar la alegría sin perder la indignación! (K. Cabnal, 2020).

La hostilidad hacia el cuerpo en el cristianismo de primera hora, inoculada desde el neoplatonismo gnóstico, desalojó todo rastro de este ideal cristiano.

Las dimensiones emocionales y afectivas desatendidas deben integrarse. La concepción del cuerpo como cárcel del alma y fuente de todos los males trastocó toda la riqueza de la encarnación.

Frente a la corporalidad de Dios mismo, la frontera del pecado pronto levantó un muro defensivo frente a los peligros proyectados por el deseo.

El deseo atesora también una potencia vital capaz de prototipar nuevas formas de articulación socio-económico-política, alternativas a la clásica lucha de clases.

La teología de la liberación encontró un Dios en Cristo entre los marginados, pero no reconoció en Jesús la presencia de un Dios marginal. O sea, no un Dios que deja la gloria para reunirse brevemente con los pobres y excluidos, sino un Dios que se asume pobre y excluido, extraño, torcido... (Marcella Althaus-Reid, 2008, p. 69).

Algunas teologías feministas empiezan a reivindicar el poder erótico como fuerza vinculante (Brock, 2008): una potencia física, psíquica y emocional que atraviesa todas las actividades humanas —trabajo, espiritualidad, familia, etc.—, no solo las sexuales.

El erotismo proporciona el poder que proviene de compartir profundamente cualquier actividad con otra persona y disminuye la amenaza de la diferencia (Lorde, 2007).

No somos ingenuos: el sexo, el erotismo, el placer y la pasión pueden alimentar poderes perversos que justifiquen relaciones indeseables de sumisión. Y no podemos ignorar que uno de los dispositivos más eficaces del capitalismo, la publicidad, se sostiene sobre la estimulación consciente de un deseo siempre insatisfecho.


VI. Buenas noticias  

«Id y contadle a Juan lo que habéis visto y oído... A los pobres se les anuncia la Buena Noticia» (Lc 7,22). «Habitará el lobo con el cordero» (Is 11,6-7).

El capitalismo no genera buenas noticias para los empobrecidos, por más que sus desarrollos tecnomédicos ayuden a ver a los ciegos, a andar a los cojos o a limpiar a los leprosos. Sin ningún temor a reconocer los beneficios de la IA en el desarrollo científico, podemos afirmar que la IA es prosaica: se limita a gestionar el presente y no anuncia necesariamente futuros alternativos para los más vulnerables.

Ningún algoritmo concluirá que un día la vaca pastará con el oso, que los que ahora lloran reirán, que los que pasan hambre quedarán saciados (cf. Mt 5,3-12), ni mucho menos que los muertos resucitarán. Conviene distinguir la radicalidad de lo «nuevo», que abre una brecha imprevisible en el acontecer histórico, de la avidez de novedades con la que el liberalismo satura un presente absoluto (Alemán, 2021).

 La IA no puede prometer nada ni genera por sí misma ninguna novedad. La tecnología suele limitarse a proponer nuevos pasados para sustituir viejos futuros (Lluís Amiguet, 2023). Solo el pensamiento crítico es capaz de saltar los límites y atisbar futuros alternativos.

Apagar el móvil para rememorar, recordar y agradecer con calma el rastro de la Buena Noticia en el entramado de nuestra vida biográfica y comunitaria es un acto disidente que se resiste a clausurar la vida en un presente sin promesa.

Es la decisión consciente y lúcida de ser honrados con la realidad (Sobrino), de no confundir lo que hay con lo posible (Ellacuría). Una mística de los ojos abiertos (Metz) y un compromiso militante que buscan dejar entreabierta la pequeña puerta por la que aún puede entrar el Mesías (Benjamin).

El Reino de Dios se parece a diez muchachas: cinco atentas y cinco descuidadas. Solo las atentas pudieron entrar al banquete cuando llegó el novio (Mt 25,1-13). Que no estemos distraídos respondiendo compulsivamente al último WhatsApp; podríamos perdernos el banquete de boda.