Verdad en libertad .
Saludos, hermanos y amigos.
Una vez más la Palabra nos enseña a tomar en serio la verdad
y cómo encontrarla. Jesucristo nos dice hoy cómo tenemos que vivir para ser auténticos,
amantes de la verdad; sus verdaderos seguidores.
Ben Sirá nos lo dice con toda crudeza: Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo
que prefiera.
“Si quieres”.
Tenemos siempre la posibilidad de elegir entre el camino que nos aleja de Dios
y el que nos acerca a Él. Pero también nos aclara: A nadie obligó a ser impío,
y a nadie dio permiso para pecar.
Es que Dios nos ha hecho libres, con una voluntad apta para
luchar, para querer, para elegir el bien o el mal. Tenemos que querer,
intentar, poner los medios. Y esa voluntad, esa intención determina la bondad o
la maldad de lo que hacemos. No se conforma con las apariencias, con un
formalismo sin vida ni sentimiento.
El evangelio toma en serio nuestra libertad. El camino
trazado por Dios en el Antiguo Testamente tiene validez perenne. Pero el Evangelio
“Da un vuelco a la forma de entender los mandamientos «No creáis que he venido a abolir la Ley y los
profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
Jesús, que nos llama a ser misericordiosos con las
debilidades de los demás, conoce también las nuestras, y las tiene en cuenta;
es un maestro que nos muestra un nuevo modo de vida que inaugura Él. Cumplir la
ley entera, hasta la última tilde, significa seguir a Jesús y adoptar su estilo
de vida.
En concreto, nos presenta cosas como estas: aunque la culpa
sea del hermano, tú debes buscar la reconciliación, sin esperar que él cambie o
te pida primero perdón.
El evangelio nos hace caer en la cuenta de que la mujer es
igual al varón, con los mismos derechos y deberes.
Por otra parte, el matrimonio ha de ser una relación de
igualdad en el respeto mutuo, en la ayuda mutua, en la defensa mutua, sobre
todo en la defensa del más débil; El divorcio es un atentado contra el amor y,
en todo caso, si se hiciera necesaria una separación porque el amor ha muerto,
el mismo derecho tienen el varón y la mujer.
Donde hay relaciones sanas, donde hay fraternidad, donde hay
capacidad de perdón, donde hay confianza mutua, no es necesario ningún
juramento. El juramento indica desconfianza, miedo a que el otro mienta. La
lealtad debe regir las relaciones humanas.
Un conocimiento del catecismo sin misericordia, es una mala práctica.
Los piropos a la Virgen sin colmar de bienes a los hambrientos son ofensivos.
Lo que en verdad cuenta para Jesús es lo que renueva la vida, lo que la llena
de felicidad, en definitiva, el amor. El amor crea y no destruye, cura y no
hiere, comparte y no acapara, comprende y no juzga, perdona y no condena.
No se nos pide aquí nada que no hayamos recibido antes. Y
esta es la sabiduría de la que habla Pablo, inaccesible a la mera razón humana,
pero que ha sido revelada plenamente en Jesucristo.
Es una sabiduría misteriosa abierta a todos, para poder
elegir libremente. Lo que Dios está haciendo sobrepasa los deseos y esperanzas
de los hombres. “Ni ojo vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió lo
que Dios tiene preparado para los que lo aman”.
Gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has
revelado a los pequeños.




