sábado, junio 27, 2026

Te recompensaré

                                                        La generosidad del Señor es grande. 

El profeta Eliseo, hombre de Dios, es acogido con generosidad por una familia. Como recompensa a su hospitalidad, el profeta les anuncia el don de la fecundidad. Este hecho nos invita a reconocer la misericordia y la bondad de Dios, como proclama también el salmo: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor». Nos acerca a la proclamación que escuchamos hoy en el Evangelio, donde Jesús promete una recompensa.


En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda cómo Dios ha sido inmensamente misericordioso con nosotros: «Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en la muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva».

¿Cómo responder a tanta generosidad? El Evangelio nos ofrece una respuesta clara. La familia, los afectos o las seguridades humanas no deben convertirse en un obstáculo para responder con generosidad: el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

La llamada de Jesús no puede ser motivo de miedo o duda para no entregarnos plenamente a Él, como Él se entregó por nosotros.


No se trata de dejar de amar a nuestros padres o a nuestros hijos. La invitación de Jesús no es a amar menos, sino a ordenar rectamente nuestros amores, poniendo a Dios en el primer lugar de nuestra vida, como nos enseña el primer mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

No nos alejemos del amor de Dios. Reconozcámonos enviados para ser testigos de su amor ante todos, porque la tarea de anunciar el Evangelio pertenece a toda la comunidad cristiana. Recordemos las palabras del Señor: «El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Señor, danos la fortaleza para acoger tu Palabra sin miedo y no permitas que nada ni nadie nos aparte de tu amor y de tu seguimiento; el que pierda su vida por mí, la encontrará». Amén.



Lecturas del Domingo  XIII   

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16ª

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.

Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».

Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

 Porque tú eres su honor y su fuerza,

y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.                              

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

 

jueves, junio 25, 2026

Dios e Iglesia

Dios Padre y creador, en su infinita misericordia, nos ha hecho partícipes de su amor. Nos ha regalado el don de la vida y nos permite ser protagonistas de nuestra existencia. La libertad es el signo de que su amor no nos manipula ni nos coarta.

Pero nos ha regalado algo más extraordinario: el ser partícipes de su propia vida inmortal.

Compadecido de nuestros errores, nos envió a su propio Hijo para reconciliarnos con su amor, perdonar nuestros pecados y hacernos partícipes de la resurrección.

Este misterio de amor lo llamamos el misterio de la Encarnación. Jesús se hizo hombre, uno de nosotros, compartió nuestras fortalezas y debilidades, menos el pecado, y lo que Dios ama en su Hijo, lo ama en nosotros.

Pero este misterio de la manifestación de la bondad y misericordia de Dios manifiesta un modo nuevo de relacionarse con sus creaturas.

Por medio de la misma naturaleza nos ha querido hacer llegar su gracia, su salvación. Un ejemplo importante es la Iglesia.

La iglesia, humanamente hablando, es un colectivo, entre otros, que surge de la necesidad del ser humano de expresar su condición social y sus valores, creencias o intereses le llevan a crear estos colectivos y comunidad. Pero Dios, que ha querido que le conociéramos de una manera única dándonos el don de fe, ha querido que a través de la Iglesia que su propio Hijo instituyó con sus discípulos fuera portadora de su gracia y salvación, la Iglesia sacramente de salvación. Su Espíritu Santo prometido por su Hijo fue enviado a los discípulos reunidos y así nació la Iglesia de Jesús.

 Querido amigo creyente, cristiano, debes tomar en serio tu amor a Dios y el aprecio a su Iglesia. Sé que a veces tienes la tentación de proclamar tu fe en Dios, pero reconoces tu distanciamiento de la Iglesia, pues la ves muy llena de deficiencias y errores. Nosotros, sus miembros, definitivamente somos pecadores, y como decimos hoy en día, la Iglesia se parece más a un hospital que a un refugio de santos.

No es necesario que encuentres una sana relación entre tu fe en el Dios que nos ha revelado Jesucristo y su Iglesia. Para ello, la palabra de Dios, el Evangelio de Jesús, será un camino seguro para alcanzar la aceptación del misterio de Dios que manifiesta su poder en la debilidad. 


                      




miércoles, junio 24, 2026

Mayores vs. jóvenes



        Hideki Wada dice a los mayores: Estas reglas parecen simples.

  • ​Camina todos los días.
  • ​Cuando te enfades, respira más profundo.
  • ​Mantente en movimiento; no dejes que el cuerpo se estanque.
  • ​En verano bebe agua, incluso si el aire acondicionado está encendido.
  • ​Mastica bien la comida; la mente trabaja junto con la boca.
  • ​La memoria no se desvanece por la edad, sino por la inactividad.
  • ​No abuses de los medicamentos.
  • ​Sin necesidad, no intentes bajar deliberadamente la presión arterial ni el nivel de azúcar.
  • ​La soledad puede no ser aislamiento, sino tranquilidad.
  • ​La pereza no es motivo de vergüenza.
  • ​En la vejez, el carné de conducir no es una necesidad.
  • ​Haz lo que ames y deja lo que no te guste.
  • ​No te encierres en casa.
  • ​Come lo que te haga feliz; un pequeño aumento de peso no hace daño.
  • ​No pases tiempo con personas que te resulten desagradables.
  • ​No veas demasiada televisión.
  • ​No luches constantemente contra la enfermedad; aprende a vivir con ella.
  • ​El optimismo es la mejor medicina.
  • ​Las frutas, la luz del sol y el aire fresco son fuentes de felicidad.
  • ​Di lo que tienes en el corazón.
  • ​Si es necesario, cambia de opinión; no pasa nada.
  • ​Dejar de aprender es el comienzo de la vejez.
  • ​Basta con ser agradecido; la sonrisa trae felicidad.
  • ​La vejez no es una carga, sino un regalo.

En resumen: Vive de forma sencilla, muévete un poco cada día y sonríe más. Acepta tu cuerpo y tu edad con amor, y verás que la felicidad está más cerca de lo que pensabas.

        Hideki Wada a los jóvenes 

​¡Admírate de los mayores que se me adelantan al amanecer! 

Los pescadores, los buscadores de setas, los viajeros! Admírate de aquellos que todavía se cuidan: su peinado, sus zapatos, su ropa pulcra y elegante.

​Admírate de quienes no pierden la alegría de vivir, que se ven a sí mismos en sus hijos y nietos, que están llenos de deseos incluso después de las lecciones más difíciles de la vida.

​¡No te admires de los jóvenes! Ser joven es fácil. Admírate de los mayores: ellos han sabido mantenerse eternamente jóvenes.

​¡Esto va por nosotros! 👍

martes, junio 23, 2026

Fanatismos


Es importante conocer las razones del fundamentalismo, las fobias y los fanatismos. A veces se presentan como posturas de certeza y fuerza, pero es todo lo contrario. Vamos a ver.

Por fundamentalismo se entiende un marco de referencia sólido y seguro, en el que los individuos sostenidos por la colectividad se sienten aliviados de sus angustias y amenazas. Esto exige rigor, firmeza inquebrantable, carencia de flexibilidad, una oposición tajante ante toda novedad y el aporte exterior.

Fomenta una desvalorización de los condicionamientos afectivos, sociales y culturales en el sujeto. Incapacidad de empatía, miedo a los cambios personales, sociales y culturales, evita por todos los medios cuestionarse a sí mismo de forma serena, algo totalmente ausente del fundamentalismo.

Las posturas fundamentalistas se presentan en todos nosotros; es algo que nos atañe personalmente. No es exclusivo de personalidades con perfil patológico.

Ante la falta de un sistema referencial de valores, surge un deseo compulsivo de identidad. La actual crisis cultural puede suscitar reacciones de tipo fundamentalista allí donde menos pensemos; la incertidumbre es, por contraste, terreno abonado para la intolerancia. La tentación de simplificación frente a lo complejo y la opacidad de nuestra sociedad nos impulsa hacia la huida o imposición de soluciones rígidas. Sin un marco sólido de referencia, esa débil identidad puede sentirse amenazada y se busca la seguridad a cualquier precio. Se siente miedo y se quiere evitar el fracaso existencial.

El fanatismo y las fobias son más bien un reflejo de nuestros miedos que el rechazo de lo diferente. Tristemente, sin darnos cuenta, lo que queremos ver como criterio de seguridad y fuerza es, en realidad, sensación de impotencia, reacción patológica ante la inminencia sentida de una quiebra de la estabilidad del mundo personal y colectivo, ante la amenaza del caos, si los fundamentos ceden.

Podemos definir el fundamentalismo como una huida hacia la radicalidad, vinculada a una actitud agresiva, con rechazo de la racionalidad, del desarrollo de la libertad y de la percepción limitada de la realidad para el individuo y la sociedad.


El presente se vive como amenaza, el futuro como incertidumbre y un pasado manipulado como terreno propicio para el refugio y enfrentar la creatividad, anclándose en el pasado. El dogmatismo, la intolerancia, la cerrazón ideológica se asientan en la creencia de la posesión absoluta de la verdad. Fanatismo

El fundamentalismo se considera que surge como “una corriente ideológica o religiosa que exige una adhesión estricta y literal a unos principios o textos fundacionales. Rechaza cualquier adaptación a los tiempos modernos, promoviendo el aislamiento, la intolerancia hacia otras creencias y la imposición de sus dogmas”; hoy podemos decir más correctamente que el fundamentalismo arraiga en la interioridad del individuo con un perfil psicológico rígido e inflexible, asediado por miedos, angustias, por la incertidumbre y la inseguridad, por la complejidad y el pluralismo, por la incapacidad para la libertad y la comprensión del entorno humano y social, amparado en ideologías políticas, sociales y religiosas. 




sábado, junio 20, 2026

No temas


Confiar en el Señor no nos libra de las acechanzas e incertidumbres del maligno. Hay quienes observan nuestros errores para desalentarnos, intentan someternos y vengarse, porque ven nuestra vida como una acusación contra su modo de actuar. Seguimos recibiendo noticias de persecuciones y matanzas de cristianos en distintos lugares del mundo todos los días.

Confiar en Dios no significa desentenderse ni quedarse de brazos cruzados. Es creer firmemente que solo los valores que Jesús, nuestro Señor, nos enseñó pueden ayudarnos a construir una vida verdaderamente humana y a hacer presente el Reino de Dios.

La Palabra nos invita a superar el dolor que puede hacernos sentirnos extraños entre nuestros hermanos, extranjeros incluso entre los hijos de nuestra propia madre, y orar con confianza: Señor, que me escuche tu gran bondad; que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.

Así reconoceremos nuestra debilidad y proclamaremos la misericordia del Señor. Una confianza agradecida en Dios, a quien queremos acoger como compañero de camino en la vida, en las necesidades, en las caídas y en las alegrías, reconociendo que la salvación que nos ofrece Jesucristo se ha derramado sobre todos.

El Evangelio insiste hoy en que no tengamos miedo, pase lo que pase. Siempre es tiempo de anunciar el Reino de Dios; siempre es la hora de una Iglesia en salida, sin miedos ni complejos. Podrán apagar nuestra voz o incluso quitarnos la vida, pero la fuerza del Evangelio es mayor que quienes la proclaman. Nuestro valor no depende de la tarea que realizamos, sino del amor que hemos recibido.


Todos caminamos juntos, viviendo la sinodalidad, que nos recuerda el valor único de cada persona. No olvidemos las palabras de Jesús: «Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos».

Hemos vivido recientemente en España una experiencia de coraje y valentía cuando el Papa León ha proclamado desde las azoteas que estamos llamados a vivir como verdaderos hijos de Dios, sin acomodarnos a los criterios del mundo.

Nuestro cristianismo no puede ser privado ni intimista, alejado del compromiso en la vida pública. Tampoco puede reducirse a un cristianismo meramente cultual, incapaz de dar sentido a nuestras opciones, pensamientos y acciones; ni a un cristianismo sociológico, basado solo en tradiciones y costumbres, sin una clara opción personal por seguir a Jesucristo.

Pidamos a Jesús la valentía necesaria para vivir los valores del Evangelio, aunque ello pueda acarrearnos incomprensiones o dificultades.


Domigo XIII del Tiempo Ordinario . Ciclo A


Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Salmo 68 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

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