EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL

10/09/2026

Desconectados II



DESCONECTADOS 2

«La inactividad que no produce nada constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida».

José Laguna, Desconectados. Por una vida improductiva, CJ Cuadernos, n.º 244.

I. Desalmar

Las máquinas solo funcionan; para las personas, la verdadera vida comienza en el momento en que termina la preocupación por la supervivencia y la urgencia por la pura vida.

No podemos definir la vida únicamente desde el rendimiento. Somos lo que hacemos, pero también, y fundamentalmente, lo que decidimos hacer. El arte auténtico es un valor supremo que trasciende cualquier tasación y utilidad. Su único fin puede ser, sencillamente, el gozo del arte por el arte.

Como afirma Jorge Mujica: «Vivir es amar, es el placer de estar al pedo [perdiendo el tiempo] con otro. Vivir es, cuando sos anciano, jugar al truco con los amigos, hablar de recuerdos».

El mercado quiere conquistar el alma, ese espacio reservado al misterio, al gozo y a la esperanza. Como se ha atribuido a Margaret Thatcher: «La economía es el medio; el objetivo es cambiar el corazón y el alma».

«Desalmar» es el sueño de toda conquista. Los encomenderos de la colonización española lo sabían bien. Por eso se empeñaron en negar el alma de los indígenas y de los esclavos que trabajaban sus tierras. Frente a ellos se alzaron religiosos como Antón de Montesinos, que clamaron exigiendo el reconocimiento de la dignidad y del alma racional de aquellos cuya humanidad era puesta en cuestión para proteger determinados intereses económicos.

La presencia de «demonios» acompaña, de algún modo, a muchos de los grandes avances de la ciencia y de la tecnología: desde el motor de vapor, que despertó las críticas de algunos pensadores de su tiempo, hasta los teléfonos móviles y la inteligencia artificial en la actualidad. Y es que la digitalización puede convertirse en una nueva tecnología mediante la cual determinados poderes económicos y sociales ejercen formas de control sobre nuestra vida, nuestro tiempo y nuestra atención.

Necesitamos recuperar unas funciones básicas: terapéuticas y críticas. Necesitamos poner en el centro a la persona y priorizar el bien del otro sobre la ganancia de la empresa.

El cristianismo contiene expresiones que alientan la capacidad humana de relativizar lo productivo y reconocer aquello que es verdaderamente definitivo: «No podéis servir a Dios y al dinero»; «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»; o la invitación a estar «en el mundo sin ser del mundo».

No se trata de evasión, sino de disidencia: de encontrar caminos de libertad, vulnerabilidad y alegría frente a las lógicas opresivas del poder. Se trata de recuperar espacios en los que la persona no tenga que justificarse por lo que produce, consume o rinde.

Quizá desconectarse no signifique abandonar el mundo, sino desconectarnos de aquello que pretende convertir nuestra vida en rendimiento, consumo y utilidad para volver a conectar con aquello que nos hace verdaderamente humanos.

II. Éxodo

Vivir en una estructura de pecado que nos coarta la libertad y nos impide vivir con admiración debería hacernos clamar por una liberación hacia una tierra fértil y preciosa que mana leche y miel. El éxodo es camino de liberación, un itinerario duro y totalmente nuevo que nos pide aprender a desaprender el sistema opresor y reconocer la solidaridad, el caminar juntos y la alegría de la esperanza.

Hoy no es fácil llegar a reconocer, desde una mirada consciente, las estructuras de dominio que se agazapan detrás de palabras técnicas y logros deslumbrantes. Se trata de descubrir al faraón que utiliza los likes para sus propios intereses.

¿Cómo descubrir la explotación escondida en algoritmos capaces de calificar como muertes accidentales las de los 6.500 inmigrantes indios, nepaleses y bengalíes entre los dos millones de trabajadores que fueron a trabajar en las obras para el Mundial de Qatar 2022?


III. Sábado

«Y descansó el día séptimo de toda su obra» (Gn 2,3). «El hombre es señor del sábado» (Mt 12,8).

Desconectar del esfuerzo y de la mirada productiva para gozar del frescor junto al amigo. La fuerza creadora nace del descanso divino, del que participamos los seres humanos. El imperativo obsesivo y el reclamo permanente de atención digital nos privan de la satisfacción del descanso y de caminar despreocupadamente, reconociendo la belleza que nos rodea.

Somos animales sabáticos: el fin de todo empeño laboral y revolucionario es el descanso. El anhelo último de la humanidad es llegar a una situación de paz definitiva. La prueba definitiva es superar la trampa del universo digital, que satura con pseudoexperiencias el vacío existencial de vidas que necesitan estar hiperestimuladas para vencer el miedo a estar solas.

Buscar el reposo y algo de libertad interior. Entrar en el huerto que nos devuelve la dimensión de la espera de la cosecha soñada. Los claustros son lugares para no dejarse someter por la tiranía del reloj de la producción. Los religiosos han cambiado el espacio de desconexión por agendas saturadas que se guían más por el cronómetro estresante de los ejecutivos que por el kairós paciente de la campana.


IV. El banquete

«El reino de Dios se parece a un rey que celebra la boda de su hijo» (Mt 22,2). «Traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete» (Lc 15,23).

El banquete es más que un momento destinado a satisfacer las necesidades nutricionales: es, fundamentalmente, fiesta. Es un tiempo para estar con los amigos (Lc 15,30).

El banquete es la expresión máxima del deseo de conseguir unas condiciones óptimas: una vida digna donde se comparte, se cobija y se cuida, pero también donde se sueña, se desea, se baila y se ríe.

«Ante el Señor... yo bailaré y me humillaré», dijo David al ser criticado por Mical, la hija de Saúl.

En el universo digital, lo recreativo está en función de la producción. El aburrimiento no está permitido; el ocio se convierte en tiempo de consumo. Continuamente se nos incita a comprar y se nos ofrecen distracciones que nos mantienen ocupados y, de algún modo, vinculados a la lógica de la producción.

V. Encarnación  

«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14).

Dios se hace humanidad en Jesús, frente a las religiones que separan claramente la divinidad de la humanidad. Es una magnífica contracorriente frente a la deriva descorporizadora que caracteriza la virtualidad del mundo digital y de la IA.

En el Evangelio de Juan, la Palabra se hace carne; en el «evangelio digital», la palabra se hace avatar. La digitalización de la realidad niega la corporeidad del sujeto y pretende sustituir el cerebro por la IA.

En la encarnación se proclama que nuestro cuerpo no es un envoltorio del que podamos deshacernos caprichosamente sin dejar de ser nosotros. Es imposible separar alma y cuerpo. Existimos con y desde nuestro cuerpo, nunca a pesar de él.

«Damos a luz nuestros pensamientos desde nuestro dolor y les damos materialmente todo lo que tenemos en nosotros de sangre, corazón, fuego, placer, pasión, tortura, conciencia, destino, fatalidad», escribe Nietzsche: realidades intraducibles a bits.

Suplantar la vida de carne por el virtualismo digital. Dios, en el Evangelio, se embarró tocando el sufrimiento para aliviarlo: se acercó y tocó al leproso, diciendo: «Quiero, queda limpio» (Mc 1,40-41). El metaverso promueve solidaridades asépticas que pretenden transformar la realidad desde el otro lado de la pantalla a base de clicktivismo.

Acuerpar las luchas. Frente a las relaciones virtuales, reivindicamos la presencia del cuerpo. No hay lucha sin un cuerpo que danza y abraza. ¡Recuperar la alegría sin perder la indignación! (K. Cabnal, 2020).

La hostilidad hacia el cuerpo en el cristianismo de primera hora, inoculada desde el neoplatonismo gnóstico, desalojó todo rastro de este ideal cristiano.

Las dimensiones emocionales y afectivas desatendidas deben integrarse. La concepción del cuerpo como cárcel del alma y fuente de todos los males trastocó toda la riqueza de la encarnación.

Frente a la corporalidad de Dios mismo, la frontera del pecado pronto levantó un muro defensivo frente a los peligros proyectados por el deseo.

El deseo atesora también una potencia vital capaz de prototipar nuevas formas de articulación socio-económico-política, alternativas a la clásica lucha de clases.

La teología de la liberación encontró un Dios en Cristo entre los marginados, pero no reconoció en Jesús la presencia de un Dios marginal. O sea, no un Dios que deja la gloria para reunirse brevemente con los pobres y excluidos, sino un Dios que se asume pobre y excluido, extraño, torcido... (Marcella Althaus-Reid, 2008, p. 69).

Algunas teologías feministas empiezan a reivindicar el poder erótico como fuerza vinculante (Brock, 2008): una potencia física, psíquica y emocional que atraviesa todas las actividades humanas —trabajo, espiritualidad, familia, etc.—, no solo las sexuales.

El erotismo proporciona el poder que proviene de compartir profundamente cualquier actividad con otra persona y disminuye la amenaza de la diferencia (Lorde, 2007).

No somos ingenuos: el sexo, el erotismo, el placer y la pasión pueden alimentar poderes perversos que justifiquen relaciones indeseables de sumisión. Y no podemos ignorar que uno de los dispositivos más eficaces del capitalismo, la publicidad, se sostiene sobre la estimulación consciente de un deseo siempre insatisfecho.


VI. Buenas noticias  

«Id y contadle a Juan lo que habéis visto y oído... A los pobres se les anuncia la Buena Noticia» (Lc 7,22). «Habitará el lobo con el cordero» (Is 11,6-7).

El capitalismo no genera buenas noticias para los empobrecidos, por más que sus desarrollos tecnomédicos ayuden a ver a los ciegos, a andar a los cojos o a limpiar a los leprosos. Sin ningún temor a reconocer los beneficios de la IA en el desarrollo científico, podemos afirmar que la IA es prosaica: se limita a gestionar el presente y no anuncia necesariamente futuros alternativos para los más vulnerables.

Ningún algoritmo concluirá que un día la vaca pastará con el oso, que los que ahora lloran reirán, que los que pasan hambre quedarán saciados (cf. Mt 5,3-12), ni mucho menos que los muertos resucitarán. Conviene distinguir la radicalidad de lo «nuevo», que abre una brecha imprevisible en el acontecer histórico, de la avidez de novedades con la que el liberalismo satura un presente absoluto (Alemán, 2021).

 La IA no puede prometer nada ni genera por sí misma ninguna novedad. La tecnología suele limitarse a proponer nuevos pasados para sustituir viejos futuros (Lluís Amiguet, 2023). Solo el pensamiento crítico es capaz de saltar los límites y atisbar futuros alternativos.

Apagar el móvil para rememorar, recordar y agradecer con calma el rastro de la Buena Noticia en el entramado de nuestra vida biográfica y comunitaria es un acto disidente que se resiste a clausurar la vida en un presente sin promesa.

Es la decisión consciente y lúcida de ser honrados con la realidad (Sobrino), de no confundir lo que hay con lo posible (Ellacuría). Una mística de los ojos abiertos (Metz) y un compromiso militante que buscan dejar entreabierta la pequeña puerta por la que aún puede entrar el Mesías (Benjamin).

El Reino de Dios se parece a diez muchachas: cinco atentas y cinco descuidadas. Solo las atentas pudieron entrar al banquete cuando llegó el novio (Mt 25,1-13). Que no estemos distraídos respondiendo compulsivamente al último WhatsApp; podríamos perdernos el banquete de boda.