Venezuela vive.
I. La historia de Venezuela, como la de todos los países, ha tenido momentos muy duros, hazañas extraordinarias y fracasos grandes.
Pero quiero detenerme para comprender qué está pasando en
este siglo XXI en este país. Veintisiete años en que Venezuela comenzó a sentirse
gobernada con el descaro y la prepotencia de quien está dispuesto a tratar a su
pueblo como una mala peste que hay que erradicar, y eliminar todo vestigio del
tiempo pasado.
II. No juzgo las intenciones, ni me parece necesario juzgar
la calidad ética y social de todos los que se propusieron esta tarea miserable.
Muchas razones y hechos nos mostraban que Venezuela se
estaba destruyendo a sí misma con su régimen rentista e incompetente. Por
supuesto, no solo era la situación dentro del país, sino los intereses
bastardos de quienes se acercaban a Venezuela no para intercambiar un trato
justo y progresista, sino un abuso de poder y avaricia.
III. No supimos, en general, asumir las responsabilidades propias de ciudadanos libres y formados en democracia y beneficiarios de las inmensas riquezas de nuestra tierra. Dejamos en manos de unos políticos de oficio hacer lo que querían y no tuvimos el valor de enfrentar sus desmanes.
Se nos dijo repetidamente que la gran riqueza de un pueblo no está solo en sus riquezas materiales,
sino en la capacidad de sus hijos de reconocer sus errores y fajarse en eliminarlos
buscando el bien común. Teníamos la formación y capacidad suficiente, pero años
de manipulación nos convirtieron en un pueblo sumiso y pasivo.
IV. Nos dejamos manipular por un lenguaje mesiánico y
revolucionario donde las palabras grandilocuentes y los hechos populacheros y
abusivos nos paralizaron y lograron eliminar cualquier reacción inteligente y
sana.
Una gran capacidad de parte de los que detectaban el poder
de comprar jueces, gobernantes y funcionarios, y de convertir las instituciones
en caricatura de sí mismas, completaron el fracaso como país moderno.
La expropiación, el venderse descaradamente a la protección
abusiva de otros países, el robo de cualquier empresa que tuviera viabilidad para
especular con ella, hizo que Venezuela
en pocos años se convirtiera en un país fallido, que obligó a más de ocho
millones de sus hijos a irse a buscar mejores condiciones de vida y de trabajo y
a huir de los secuestros y maltratos de funcionarios y gobernantes.
VIII. Estados Unidos, a través de su presidente Trump, se decide a intervenir en busca de sus propios intereses y con una fuerza prepotente y avasalladora secuestra y encarcela al corruptor, dictador y ladrón de elecciones, el usurpador Maduro. Pero llega a un trato con el régimen y, en razón de evitar el vandalismo y el levantamiento civil, permite el gobierno de los cómplices de este desastre.
Trump no busca favorecer la dignidad y el respeto al Pueblo
Venezolano, con la disculpa de recuperar la producción y la riqueza de
Venezuela, establece un gobierno de “conchupancia”, como dice el venezolano, que
permita a EU alcanzar sus intereses económicos y explotadores a cambio de un
control socio, político y económico del gobierno corrupto y fraudulento de
Venezuela. Y deja para más tarde el apoyo, el retorno a la libertad, la democracia y la prosperidad.
X. La INCAPACIDAD DE LA OPOSICIÓN y su imagen indigna dejan a los venezolanos sin alternativas. A la hora de dar pasos hacia la normalidad democrática, la organización social y política y la gobernabilidad, Venezuela está muy mal.
Y en medio de este desastre, un pueblo que no desespera, vive
la esperanza, se solidariza con los que sufren, se levanta de su desgracia y
celebra cada sonrisa, cada vida que se rescate y llora con amor cada muerte de un
hermano.
La pregunta es: No basta resistir, no es suficiente la espera y la promesa.
¿Qué hacer
para que seamos capaces de descubrir a los venezolanos honestos, trabajadores y
nobles, con capacidad de gerencia, de gobierno y de fortaleza para cambiar las
cosas?
La prioridad no es solo económica y social; hay una
necesidad apremiante de una acción política impregnada de vocación de servicio y
capaz de lucha y sacrificio.
Que Dios nunca nos falte. Fuerte, bravo pueblo venezolano,
son el orgullo de todos los que han compartido su solidaridad y acogida. Dios
los bendiga.
