Domingo XVIII TO Ciclo A
Queridos hermanos:
La primera lectura de
hoy nos invita a reflexionar sobre el alimento espiritual que Dios ofrece al
ser humano. El profeta Isaías pone en labios del Señor una hermosa invitación: «Aunque
no tengan dinero, vengan; compren trigo y coman; compren vino y leche sin
pagar» (Is 55,1). No se trata solo de alimento material, sino del don más
grande que Dios quiere regalarnos: su amor, capaz de transformar nuestra vida.
El salmo 145 confirma
esta certeza con palabras llenas de esperanza: «El Señor es ternura y
compasión, paciente y lleno de amor. El Señor es bueno con todos y su
misericordia alcanza a todas sus criaturas.» Dios nunca abandona a quienes
confían en Él y siempre sale al encuentro de nuestras necesidades.
La bendición pronunciada por Jesús continúa actuando en la historia. Alcanzó su plenitud en la Última Cena, cuando tomó el pan, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19). Desde entonces, la Eucaristía se convierte en fuente inagotable de amor y servicio.
También hoy el milagro
de la multiplicación continúa. Allí donde hombres y mujeres sencillos comparten
su tiempo, sus bienes y su fe, Cristo sigue alimentando a su pueblo.
Refugiados, enfermos, ancianos, niños, familias necesitadas y tantos hermanos
que viven en la pobreza encuentran el rostro misericordioso de Dios gracias al
servicio generoso de tantos voluntarios, religiosas, religiosos, sacerdotes y
laicos comprometidos, especialmente a través de la acción de Cáritas y de
muchas otras obras de caridad.
LECTURAS
Lectura del libro de Isaías 55, 1-3
Esto dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos,
acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero:
comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da
hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí: Escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a
David».
Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18 R/. Abres tú la mano, Señor, y
nos sacias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,
35. 37-39
Hermanos:
¿Quién nos separará del
amor de Cristo? ¿la tribulación? ¿la angustia? ¿la persecución? ¿el
hambre? ¿la desnudez? ¿el peligro? ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues
estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni
presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá
separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan
Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar, vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los
enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a
las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan,
dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los
dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes
y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras.
Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.


