«¿Qué me importa la abundancia de vuestros sacrificios? - dice el Señor -.
. . . . . . . . . Compartiendo
lunes, julio 13, 2026
La ofrenda que agrada al Señor
Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada.
domingo, julio 12, 2026
RECONSTRUIR UN PAIS
Reconstruir el país desde la esperanza cristiana
Vivimos tiempos marcados por la incertidumbre. Muchos contemplan la realidad de nuestro país con preocupación: la violencia, la pobreza, la división, la pérdida de confianza en las instituciones y el desencanto de tantas personas hacen surgir una pregunta que escuchamos con frecuencia: ¿cómo reconstruir nuestro país?
La respuesta no puede reducirse únicamente a soluciones políticas o económicas. Sin restar importancia a esos aspectos, la Sagrada Escritura nos enseña que toda reconstrucción verdadera comienza por el corazón del ser humano. Allí es donde Dios inicia siempre su obra.
I. Un patrón constante en la historia de la salvación
Al leer los libros de los profetas y los salmos, descubrimos un hecho sorprendente. La historia de Israel parece repetirse constantemente. El pueblo atraviesa tiempos muy difíciles: guerras, hambre, injusticias, destierro, persecuciones y sufrimientos. Sin embargo, junto a esos anuncios de desgracia aparece siempre una promesa de esperanza. Dios nunca deja la última palabra al mal. Siempre anuncia un futuro de reconciliación, de paz y de alegría.
Los profetas explican esta dinámica con gran claridad. El sufrimiento del pueblo no es simplemente fruto del destino o de la mala suerte. Con frecuencia es consecuencia de haber olvidado a Dios, de la idolatría, de la injusticia y del abandono de la alianza.
Pero inmediatamente aparece también la misericordia divina. Dios nunca abandona definitivamente a su pueblo. Lo invita a reconocer su pecado, a convertirse y a volver a Él. Entonces promete restaurarlo y devolverle la vida. Este esquema aparece una y otra vez a lo largo de toda la Biblia.
Y precisamente porque se repite tantas veces, comprendemos que no es solamente una explicación histórica. Es una enseñanza permanente para todos los pueblos y para todas las generaciones.
II. También nuestra historia necesita ser iluminada por la Palabra.
s experimentado violencia, corrupción, pobreza, migraciones, pérdida de oportunidades y profundas heridas sociales. Muchas familias viven con incertidumbre y numerosos jóvenes contemplan el futuro con pesimismo.
Ante estas situaciones solemos reaccionar de dos maneras. La primera consiste en buscar siempre culpables. Pensamos que todos nuestros males son responsabilidad exclusiva de otros: los gobernantes, los partidos políticos, los empresarios, los extranjeros, los poderosos o cualquier grupo distinto del nuestro.
La segunda reacción consiste en resignarnos. Pensamos que nada tiene solución y que todo es fruto de la mala suerte o de circunstancias inevitables. Ninguna de estas dos actitudes coincide con la mirada de la Palabra de Dios.
La Biblia nunca niega las injusticias que otros puedan cometer. Tampoco ignora las estructuras de pecado que dañan a los pueblos. Pero siempre invita a cada persona a preguntarse primero por su propia responsabilidad.
Por eso Jesús afirma: "Saca primero la viga de tu propio ojo." La conversión comienza cuando dejamos de mirar únicamente los errores ajenos y nos preguntamos sinceramente:
¿Qué parte de responsabilidad tengo yo?
III. La primera reconstrucción comienza en el corazón.
Este paso requiere mucha humildad. Es más fácil justificarse que reconocer los propios errores. Es más cómodo culpar siempre a otros que aceptar que también nuestras decisiones, nuestras omisiones, nuestros egoísmos o nuestra indiferencia han contribuido al deterioro de la sociedad.
La Escritura nos recuerda continuamente que Dios no puede transformar un corazón que se considera perfecto. Solo quien reconoce su necesidad puede abrirse a la gracia. Por eso el primer paso para reconstruir una nación es reconstruir la conciencia.
"He fallado."
"Debo reconciliarme con Dios y con los demás."
IV. La responsabilidad no destruye la esperanza.
Todo lo contrario.
La Biblia une siempre el reconocimiento del pecado con el anuncio del perdón.
El Dios de los profetas no humilla para destruir.
Corrige para sanar.
Llama a la conversión porque desea devolver la vida.
Aquí encontramos uno de los grandes mensajes del Evangelio.
En Jesucristo Dios ha mostrado definitivamente que su misericordia es más fuerte que nuestro pecado.
Cristo no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo.
Su cruz manifiesta que ninguna historia está perdida cuando se abre a la gracia.
Por eso el cristiano nunca puede ser pesimista.
Puede sufrir.
Puede llorar.
Puede experimentar derrotas.
Pero nunca pierde la esperanza.
V. Redescubrir que somos un pueblo
Otro aspecto muy importante de la Escritura consiste en que Dios nunca salva únicamente a individuos aislados. Siempre forma un pueblo.
Vivimos en una cultura profundamente individualista. Pensamos casi exclusivamente en nuestros problemas, nuestros intereses y nuestra familia. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que nadie se salva solo. Todos influimos en la vida de los demás. El bien que hago fortalece a toda la sociedad. El mal que realizo también afecta a muchos. Por eso reconstruir un país exige reconstruir también el tejido social.
Necesitamos recuperar la confianza. Volver a creer que existen personas honestas. Buscar colaboradores. Crear espacios de diálogo. Fortalecer las familias. Apoyar a las comunidades. Educar en la solidaridad.
Servir sin esperar recompensas. Cuando muchas personas comienzan a vivir de esta manera, la transformación social deja de ser un sueño para convertirse en una posibilidad real.
VI. El estilo de Jesús
Si preguntáramos: ¿Cuál es el modelo de ciudadano que propone el Evangelio?
La respuesta sería sencilla. Jesús. Él nunca buscó el poder para dominar. Nunca respondió al odio con odio. Nunca utilizó la mentira para alcanzar objetivos nobles. Nunca dejó de servir. Toda su vida fue entrega. Lavó los pies de sus discípulos. Perdonó a quienes lo crucificaban. Acogió a los pobres. Escuchó a los excluidos.Defendió la verdad.Vivió para los demás.Este es el estilo que puede renovar una nación.
No basta exigir gobernantes honestos. También debemos formar ciudadanos honestos. No basta pedir justicia. Debemos vivir justamente. No basta denunciar la corrupción. Debemos rechazar cualquier forma de corrupción en nuestra propia vida cotidiana.
VII. ¿Qué puedo hacer yo?
Al llegar aquí surge una pregunta inevitable. ¿Qué puedo hacer concretamente?
La respuesta comienza por lo pequeño. Puedo reconciliarme con Dios. Puedo recuperar la vida de oración. Puedo educar mejor a mis hijos. Puedo trabajar con honestidad. Puedo cumplir mi palabra.Puedo respetar las leyes justas. Puedo dejar de difundir odio. Puedo escuchar antes de juzgar.
Puedo ayudar a quien lo necesita. Puedo participar en mi comunidad.Puedo colaborar en iniciativas de servicio.Puedo construir puentes en lugar de levantar muros.
Quizá estas acciones parezcan pequeñas. Pero la historia demuestra que las grandes transformaciones nacen siempre de personas que decidieron vivir de manera diferente.
CONCLUSIÓN
La reconstrucción de un país no comienza en los parlamentos ni en los grandes discursos.
Comienza cuando una persona permite que Dios transforme su corazón. Comienza cuando recuperamos la responsabilidad, la esperanza y la confianza.
Comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué hacen los demás y empezamos a preguntarnos qué espera Dios de nosotros.
Los profetas anuncian siempre que después de la noche llega la aurora. Cristo ha confirmado definitivamente esa promesa con su muerte y su resurrección.
Por eso los cristianos somos hombres y mujeres de esperanza. Sabemos que el mal no tiene la última palabra. Sabemos que Dios continúa actuando en la historia. Y sabemos también que Él quiere hacerlo contando con nuestra libertad.
Que el Espíritu Santo nos conceda la humildad para reconocer nuestros errores, la valentía para asumir nuestras responsabilidades y la perseverancia para trabajar, unidos, por una sociedad más justa, más fraterna y más humana.
Solo así podremos contribuir, desde la fe y el compromiso, a la verdadera reconstrucción de nuestro país.
sábado, julio 11, 2026
Vida plena
Cuando la Palabra madura en el corazón, nace una fe firme, capaz de sostener una vida espiritual auténtica y un compromiso concreto con el Evangelio.
Acudió a Jesús tanta gente que
tuvo que subir a una barca para enseñarles. Aquel pueblo sencillo buscaba una
palabra que le devolviera la esperanza, porque no lograba descubrir el rostro
misericordioso de Dios en la enseñanza de los escribas y fariseos. En cambio,
Jesús siempre encontraba tiempo para los enfermos, los pobres, los pecadores y
todos aquellos a quienes el sistema religioso mantenía al margen del corazón de
Dios.
San Pablo nos revela cuál es la
misión de Jesús, el Enviado del Padre: «La creación, expectante, está
aguardando la manifestación de los hijos de Dios... con la esperanza de ser
liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad
de los hijos de Dios». Cristo viene a restaurar la creación y a devolver al ser
humano la dignidad de hijo de Dios.
Sin embargo, aunque muchos buscan
a Jesús, no todos lo hacen con las mismas motivaciones. Algunos esperan
encontrar un camino más fácil frente a las exigencias de la ley, olvidando que
Jesús no vino a abolirla, sino a llevarla a su plenitud en el mandamiento del
amor y de la misericordia. Otros lo consideran simplemente un profeta o un
sabio, admirados por la autoridad con la que habla. Pero hay quienes descubren
en Él un verdadero espacio de gracia, de perdón y de sanación, donde comienza
una vida nueva.
Jesús enseña mediante parábolas
porque respeta profundamente la libertad y el proceso interior de cada persona.
No impone la verdad; la propone con humildad, confiando en que toda persona de
buena voluntad puede acoger la Palabra, comprenderla y dejar que transforme su
vida.
El Señor apuesta por el
crecimiento interior. La semilla necesita tiempo para echar raíces y dar fruto.
Cuando la Palabra madura en el corazón, nace una fe firme, capaz de sostener
una vida espiritual auténtica y un compromiso concreto con el Evangelio.
Por eso explica las parábolas a
sus discípulos. Ellos también deben dejar que la Palabra arraigue profundamente
en su corazón antes de anunciar el Reino a los demás. Solo quien ha sido
transformado por la Palabra puede sembrarla con esperanza.
No pidamos a Dios signos
espectaculares o manifestaciones extraordinarias. Lo que necesitamos es un
corazón disponible para acoger su Palabra, sea cual sea nuestra situación: el
borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos o la tierra buena.
La semilla siempre es la misma:
la Palabra de Dios. Lo que cambia es la disposición del corazón. Como explica
Jesús, unos la escuchan y el Maligno la arrebata porque no la comprenden; otros
la reciben con alegría, pero, al no tener raíces, sucumben ante las
dificultades; otros permiten que los afanes de la vida y la seducción de las
riquezas la ahoguen. Pero también están quienes escuchan la Palabra, la comprenden, la conservan y la ponen en práctica. Esos son los que dan fruto:
unos ciento, otros sesenta y otros treinta por uno.
Pidamos al Señor la gracia de ser
tierra buena, capaz de acoger su Palabra con fe, perseverar en ella y dar
abundantes frutos de amor, justicia y misericordia para la gloria de Dios y el
bien de nuestros hermanos.
martes, julio 07, 2026
Profetas hoy
Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: «Esto dice el Señor. Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.» (Ezequiel 2,3-5)
Y a pesar de nuestras cegueras y rebeldía, Dios no nos abandona y siempre enviará profetas en medio de su pueblo.
Definitivamente, Dios nos respeta y no juega con nosotros. Dios no nos salva a pesar de nosotros.
Alguien puede decir: "Dios es injusto", ¿por qué no nos salva?, si es tanto el mal que podemos hacernos a nosotros mismos. Pero Dios no es injusto, ¿no son injustas nuestra obstinación y orgullo?
¿Cómo conocer a los verdaderos profetas entre nosotros?
De la primera carta de Pedro
Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios,
confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo. 14Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que
teníais antes, en los días de vuestra ignorancia. 15Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed
santos también vosotros en toda vuestra conducta, 16porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo. 1 P
1,13-16
Así, pues, apartaos de toda maldad, de toda falsedad, hipocresía y
envidia y de toda maledicencia. 2Como niños recién nacidos, ansiad la leche espiritual, no
adulterada, para que con ella vayáis progresando en la salvación, 3ya que habéis gustado qué bueno es el Señor. 4Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero
elegida y preciosa para Dios, 5también vosotros, como piedras vivas, entráis en la
construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer
sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. 1 P 2 1-5
Como personas libres, es
decir, no usando la libertad como tapadera para el mal, sino como siervos de
Dios, 17mostrad estima hacia todos, amad a la comunidad
fraternal, temed a Dios, mostrad estima hacia el rey. 18Que los
criados estén, con todo temor, a disposición de los amos, no solo de los buenos
y comprensivos, sino también de los retorcidos. 1P 2,16-18
8 Y por último, tened todos el mismo sentir, sed
solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos, tened un corazón compasivo
y sed humildes. 9No devolváis mal por mal, ni insulto por
insulto, sino al contrario, responded con una bendición, porque para esto
habéis sido llamados, para heredar una bendición. 10Pues quien
desee amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus
labios de pronunciar falsedad; 11apártese del mal y haga el
bien, busque la paz y corra tras ella. 1 P 3, 8-11
Más bien, glorificad a
Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación
a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, 16pero
con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os
calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en
Cristo. 1P 3,15-16
Sed sensatos y sobrios
para la oración. 8Ante todo, mantened un amor intenso entre
vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados. 9Sed
hospitalarios unos con otros sin protestar. 10Como buenos
administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás
el carisma que cada uno ha recibido. 11Si uno habla, que sean
sus palabras como palabras de Dios; si uno presta servicio, que lo haga con la
fuerza que Dios le concede, para que Dios sea glorificado en todo, por medio de
Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los
siglos. Amén. 1 P 4, 8- 11
sábado, julio 04, 2026
Alcanzar la Paz
Los pequeños
Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas
llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más
seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un
camino diferente, porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio.
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en
nosotros. La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir unas normas o
esforzarse más. Es ante todo una transformación interior.
Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con
otros ojos. La ansiedad cede espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la
esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial.
Así nace la verdadera paz.
En el Evangelio, Jesús bendice al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. Los pequeños son aquellos que saben recibir. Son capaces de dejarse enseñar, corregir y acompañar. No tienen todas las respuestas, pero permanecen disponibles para escuchar. Y es precisamente en esa actitud donde Dios encuentra espacio para actuar.
El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la
vida. Lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él. Por eso su
yugo es suave y su carga ligera. La
invitación de Jesús es directa y profundamente personal. Nos dice: "Venid a
una doctrina" o "venid a una ley". Dice: "Venid a mí".
Todos llevamos cargas: preocupaciones familiares,
incertidumbres, heridas, responsabilidades, errores del pasado o temores ante
el futuro. Jesús no niega la existencia de esas cargas. Tampoco promete una
vida sin dificultades. Lo que ofrece es caminar con nosotros y sostenernos
desde dentro.
Un recuerdo especial para el sufrido y magnífico bravo
pueblo de Venezuela. Hay esperanza; lo primero que no falte la fe y confianza en Dios.
Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz no
depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo. El
descanso del alma es la experiencia de reposar en Dios, confiando en que nada
puede separarnos de su amor. Así, aun en medio de las tormentas de la vida, el
corazón encuentra una morada firme donde permanecer.
Lecturas del Domingo XIV del Tiempo Ordinario
Esto dice el Señor:
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, ¡Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».
Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 R/. Bendeciré tu nombre
por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,
9. 11-13
Hermanos:
Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de
Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo
no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en
vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida
a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así
pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne.
Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a
las obras del cuerpo, viviréis.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
EN aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el
Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad
mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y
encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi
carga ligera».
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