martes, junio 23, 2026

Fanatismos


Es importante conocer las razones del fundamentalismo, las fobias y los fanatismos. A veces se presentan como posturas de certeza y fuerza, pero es todo lo contrario. Vamos a ver.

Por fundamentalismo se entiende un marco de referencia sólido y seguro, en el que los individuos sostenidos por la colectividad se sienten aliviados de sus angustias y amenazas. Esto exige rigor, firmeza inquebrantable, carencia de flexibilidad, una oposición tajante ante toda novedad y aporte exterior.

Fomenta una desvalorización de los condicionamientos afectivos, sociales y culturales en el sujeto. Incapacidad de empatía, miedo a los cambios personales, sociales y culturales, evita por todos los medios cuestionarse a sí mismo de forma serena, algo totalmente ausente del fundamentalismo.

Las posturas fundamentalistas se presentan en todos nosotros; es algo que nos atañe personalmente. No es exclusivo de personalidades con perfil patológico.

Ante la falta de un sistema referencial de valores, surge un deseo compulsivo de identidad. La actual crisis cultural puede suscitar reacciones de tipo fundamentalista allí donde menos pensemos; la incertidumbre es, por contraste, terreno abonado para la intolerancia. La tentación de simplificación frente a lo complejo y la opacidad de nuestra sociedad nos impulsa hacia la huida o imposición de soluciones rígidas. Sin un marco sólido de referencia, esa débil identidad puede sentirse amenazada y se busca la seguridad a cualquier precio. Se siente miedo y se quiere evitar el fracaso existencial.

El fanatismo y las fobias son más bien un reflejo de nuestros miedos que el rechazo de lo diferente. Tristemente, sin darnos cuenta, lo que queremos ver como criterio de seguridad y fuerza es, en realidad, sensación de impotencia, reacción patológica ante la inminencia sentida de una quiebra de la estabilidad del mundo personal y colectivo, ante la amenaza del caos, si los fundamentos ceden.

Podemos definir el fundamentalismo como una huida hacia la radicalidad, vinculada a una actitud agresiva, con rechazo de la racionalidad, del desarrollo de la libertad y de la percepción limitada de la realidad para el individuo y la sociedad.


El presente se vive como amenaza, el futuro como incertidumbre y un pasado manipulado como terreno propicio para el refugio y enfrentar la creatividad, anclándose en el pasado. El dogmatismo, la intolerancia, la cerrazón ideológica se asientan en la creencia de la posesión absoluta de la verdad. Fanatismo

El fundamentalismo se considera que surge como “una corriente ideológica o religiosa que exige una adhesión estricta y literal a unos principios o textos fundacionales. Rechaza cualquier adaptación a los tiempos modernos, promoviendo el aislamiento, la intolerancia hacia otras creencias y la imposición de sus dogmas”; hoy podemos decir más correctamente que el fundamentalismo arraiga en la interioridad del individuo de perfil psicológico rígido e inflexible, asediado por miedos, angustias, por la incertidumbre y la inseguridad, por la complejidad y el pluralismo, por la incapacidad para la libertad y la comprensión del entorno humano y social, amparado en ideologías políticas, sociales y religiosas. 




sábado, junio 20, 2026

No temas


Confiar en el Señor no nos libra de las acechanzas e incertidumbres del maligno. Hay quienes observan nuestros errores para desalentarnos, intentan someternos y vengarse, porque ven nuestra vida como una acusación contra su modo de actuar. Seguimos recibiendo noticias de persecuciones y matanzas de cristianos en distintos lugares del mundo todos los días.

Confiar en Dios no significa desentenderse ni quedarse de brazos cruzados. Es creer firmemente que solo los valores que Jesús, nuestro Señor, nos enseñó pueden ayudarnos a construir una vida verdaderamente humana y a hacer presente el Reino de Dios.

La Palabra nos invita a superar el dolor que puede hacernos sentirnos extraños entre nuestros hermanos, extranjeros incluso entre los hijos de nuestra propia madre, y orar con confianza: Señor, que me escuche tu gran bondad; que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.

Así reconoceremos nuestra debilidad y proclamaremos la misericordia del Señor. Una confianza agradecida en Dios, a quien queremos acoger como compañero de camino en la vida, en las necesidades, en las caídas y en las alegrías, reconociendo que la salvación que nos ofrece Jesucristo se ha derramado sobre todos.

El Evangelio insiste hoy en que no tengamos miedo, pase lo que pase. Siempre es tiempo de anunciar el Reino de Dios; siempre es la hora de una Iglesia en salida, sin miedos ni complejos. Podrán apagar nuestra voz o incluso quitarnos la vida, pero la fuerza del Evangelio es mayor que quienes la proclaman. Nuestro valor no depende de la tarea que realizamos, sino del amor que hemos recibido.


Todos caminamos juntos, viviendo la sinodalidad, que nos recuerda el valor único de cada persona. No olvidemos las palabras de Jesús: «Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos».

Hemos vivido recientemente en España una experiencia de coraje y valentía cuando el Papa León ha proclamado desde las azoteas que estamos llamados a vivir como verdaderos hijos de Dios, sin acomodarnos a los criterios del mundo.

Nuestro cristianismo no puede ser privado ni intimista, alejado del compromiso en la vida pública. Tampoco puede reducirse a un cristianismo meramente cultual, incapaz de dar sentido a nuestras opciones, pensamientos y acciones; ni a un cristianismo sociológico, basado solo en tradiciones y costumbres, sin una clara opción personal por seguir a Jesucristo.

Pidamos a Jesús la valentía necesaria para vivir los valores del Evangelio, aunque ello pueda acarrearnos incomprensiones o dificultades.


Domigo XIII del Tiempo Ordinario . Ciclo A


Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Salmo 68 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

jueves, junio 18, 2026

Preocupaciones


Solemos ir en busca de mil cosas; nos preocupamos por satisfacer todas nuestras más mínimas necesidades, nos proponemos infinidad de actividades y nos metemos en mil diligencias. Pareciera que nuestra vida no tendría sentido, sin entregarnos permanentemente a una actividad incansable.

La agitación, el apresuramiento, la perturbación es el precio a pagar; es la otra cara de nuestras prisas y activismos. Tasa impuesta por el impulso, siempre insatisfecho, de estar ocupados, como huyendo de nosotros mismos, en camino hacia no sabemos muy bien dónde. Todo ello nos produce un estado de ánimo y de cuerpo que llamamos estrés y que, al menos físicamente, es una alerta de que no logramos integrar lo que somos, hacia dónde vamos y lo que hacemos, sin renunciar a nuestra condición de seres inquietos en búsqueda, aunque podemos equivocarnos o perder el sentido de nuestra vocación.


Apasionarse por la Sabiduría es la mejor de las ambiciones, nos dice hoy la Escritura. Si bien son muchas las cosas que nos inquietan y exigen nuestro compromiso, debemos ordenar nuestras prioridades, para entregarnos de lleno a nuestra misión sin confusión ni desenfreno.

 La verdadera Sabiduría nos permite movernos y entregarnos con radicalidad sin el fantasma del tiempo perdido, sin el pánico de descentrarnos de nosotros mismos, porque nuestro centro, nuestra vida está dado en el Otro, con mayúscula, y así la Sabiduría nos invita a no medirnos en la entrega a los demás.

Esforcémonos por poseer esta sabiduría que da sentido a nuestra existencia, vigor a nuestro servicio y alegría y gozo en nuestro amor. No sea que al final, por nuestra desidia, no podamos entrar en la fiesta de la vida. (Mt 25,1-13)

lunes, junio 15, 2026

Adiptos sin saber.

Adicción a los teléfonos inteligentes y al internet.

Nuestro mundo está lleno de información, ofertas y ruido, pero sigue teniendo hambre de sentido.Vivimos en una sociedad marcada por la incertidumbre, el cansancio y la superficialidad. En una sociedad donde todo parece tener un precio y donde las personas son valoradas por su rendimiento, su imagen o su utilidad. Hay muchas personas cansadas, heridas y desorientadas. Frente a esta realidad. ¿Somos individuos libres, o masa de anónimos consumidores a merced de los algoritmos de alguna corporación?


Podemos caer en el vicio actual; es el celular o cualquier pantalla conectada a internet. No me mata, pero tampoco me deja vivir. 

Son muchos los cambios en la sociedad y la cultura y ahora podemos decir que vivimos en la economía de la atención; es el recurso más valioso, pero solo cuentas con una reserva de veinticuatro horas y algunas de ellas las has de ocupar en dormir y vivir tu vida. Los grandes competidores por atraer tu atención lo saben; ellos, nuestros competidores más grandes, son Facebook, YouTube y el sueño; ya ves por dónde van los tiros.

Que no cunda el pánico, pero no renuncies a conocer entre quién te encuentras. Las mentes más brillantes en  programación, tecnología, neurología, psicología social, etc., han sido compradas para alcanzar una sola misión: captar tu atención, hacerte adicto; conocer las debilidades de tu mente para mantenerte atrapado a la pantalla por todo el tiempo posible. 


Se habla de economía de la información; el hombre administra sus recursos escasos para que lleguen para el bien de todos. Bueno, eso es en teoría, pero ahora  vamos a entrar en eso. Lo que nos interesa entender en este punto es cuál es el objetivo  de todo esfuerzo humano.

Pero parece que la información no es escasa  ni valiosa; producimos tanta información como basura. Pero hay que reconocer que algo valioso se esconde en esta baraúnda informativa: captar la atención de la gente. Cada dos días se genera más información que el resto de la producida por toda la larga historia de la humanidad. 

Tenemos algo seguro: el cliente no eres tú, sino los anunciantes que pagan para captar tu atención. Buscar información y responder a nuestro instinto de socializar son los instintos primarios que hacen posible pasar  más de dos horas pendientes de pendejadas y memes estúpidos y  juegos adictivos. No digas: "Pero yo tengo libre albedrío, pues, cuando quiero, puedo dejar de mirar la pantalla, pero no es tan fácil". Los logaritmos utilizados  por las compañías dispensadoras de información conocen mucho de ti, de tus gustos, lo que capta tu atención, interés… y hasta necesidades. Puede mantenerte pegado a la pantalla consumiendo anuncios por tiempo indefinido.

Y hay algo muy grave que está en riesgo, que nos despojen de nuestra capacidad de empatía, que te hace ponerte en el lugar del otro; eres capaz de compartir sentimientos, no por instinto de conservación, por hábitos aprendidos, no se trata de búsqueda de recompensa y sensaciones,  de seguridad y placer. Estamos hablando de esos sentimientos humanos forjados en el conocimiento, la libertad y la voluntad, arropados por la capacidad de elegir y tomar decisiones, y no solo para tu provecho, sino para la felicidad del otro.


La ansiedad es la enfermedad más extendida; tu salud está en juego. La felicidad es relativa, pero solo ves la vida de los otros y solo ves el mundo catastrófico, enemigos, tragedias; los otros siempre son el problema… para que vivas una silenciosa resignación. 

No te hagas ilusiones, no vamos a utilizar logaritmos que nos permitan manejar la estupidez humana; a eso no va a renunciar, porque si no, otros ocuparían ese lugar en captar la atención. Por lo tanto, eres tú quien tiene que romper y actuar. 

Comineza con esta pequeña pregunta: ¿ Cuando fue el momento que pasaste  5 minutos  de silencio?



sábado, junio 13, 2026

Es contigo. Eres llamado y enviado

La primera lectura de este domingo nos sitúa en un momento decisivo para Israel. El pueblo ha salido de la esclavitud, pero aún no sabe vivir como un pueblo libre. Egipto sigue habitando en su corazón. Y es precisamente ahí donde Dios irrumpe, no con imposiciones, sino con una declaración de amor: «Os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Esta imagen nos revela que Dios no libera para abandonar, sino para establecer una alianza y confiar una misión. Pero la alianza tiene una condición: «Si escucháis mi voz y guardáis mi alianza». No se trata de una obediencia ciega, sino de una escucha que transforma la vida. Escuchar a Dios significa reordenar prioridades, dejar atrás el egoísmo, la indiferencia y la dureza de corazón para abrir espacio a su presencia.

La segunda lectura nos presenta una verdad sorprendente: Cristo murió por los impíos. No por los justos ni por los perfectos, sino cuando aún éramos débiles y pecadores. Dios no espera a que cambiemos para amarnos; nos ama primero para que podamos cambiar. Su amor gratuito derriba nuestras excusas.

Desde esa misma compasión nace el envío de los Doce en el Evangelio. Jesús los envía sin poder ni seguridades humanas, porque el Evangelio se sostiene por el testimonio. Y les recuerda: «Gratis lo recibisteis, dadlo gratis».

Esta llamada no es solo para algunos. Todos los bautizados somos enviados allí donde vivimos: en la familia, en el trabajo, en la comunidad. No se trata de hacer más cosas, sino de aprender a mirar con los ojos de Jesús.

También nosotros vivimos hoy en un desierto marcado por la incertidumbre, el cansancio y la superficialidad. En una sociedad donde todo parece tener un precio y donde las personas son valoradas por su rendimiento, su imagen o su utilidad, el Evangelio nos recuerda el valor de la gratuidad.

Nuestro mundo está lleno de información, ofertas y ruido, pero sigue teniendo hambre de sentido. Hay muchas personas cansadas, heridas y desorientadas que necesitan encontrar testigos capaces de acercarse con compasión. Frente a esta realidad, los cristianos estamos llamados a ser puentes entre Dios y los hombres, entre el sufrimiento y la esperanza.

La gratuidad, la compasión y el testimonio siguen siendo hoy la forma más creíble de anunciar el Evangelio.



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