Los cambios en el ámbito familiar son evidentes, y es importante considerar que estos cambios no son tanto fruto de una búsqueda de mejor relación en el entorno familiar como de la adaptación a los nuevos elementos presentes, tanto de relación personal como en el ámbito social y global. El control de la sexualidad y las nuevas técnicas de reproducción, la permisibilidad ambiental, el nuevo papel de la mujer en la sociedad, la secularidad de las costumbres, el pluralismo social y religioso, la llamada sociedad del bienestar que reemplaza con éxito las funciones que durante siglos ha venido ejerciendo la familia, la pluriformidad de los modelos familiares han supuesto graves tensiones para la familia tradicional y para su papel socializador.
La familia se ha revalorizado como lugar
de encuentro y aceptación en medio de una sociedad confusa y conflictiva; esto
significa que se está revalorizando el grupo familiar como proveedor de apoyo y
de identidad, por medio de una profunda diversificación de formas familiares, de un cambio en las relaciones de poder y, por ende, en
las relaciones que se establecen entre
los miembros.
Hay que reconocer que hay padres que se
sienten desbordados por causa de estrategias educativas equivocadas, por falta
de autoridad y por cierta incapacidad de establecer límites definidos par sus
hijos. Hoy el mundo familiar tiene, sobre todo, un carácter emocional y
afectivo; se ha ganado en capacidad para colmar de afecto a sus miembros,
puesto que el núcleo familiar es el único lugar donde sus miembros son valorados y queridos en todas
las facetas de su ser, frente a la polarización
que experimenta el individuo en cada uno de los ámbitos externos en los que interactúa. La familia es el ámbito donde las personas
pueden protegerse frente a las experiencias , mediáticas o no, procedentes del mundo global.
El punto de vista ideológico y religioso
es un campo donde la familia ha reducido su influencia. Sobre temas políticos y
religiosos se habla poco en la familia; existe como un pacto de no molestar. La
tolerancia, el respeto y la libertad de expresión han copado el espacio anteriormente
dedicado a temas ideológicos y religiosos.
Este aspecto ha influenciado notablemente la relación entre padres y adolescentes o jóvenes. La democratización de la familia, la mejora de la educación de los padres, la mayor permisividad social, ética y familiar y los propios valores asumidos han influenciado este cambio. A diferencia de la juventud anterior, que buscaba salir del hogar cuanto antes, la de ahora se instala confortablemente en él y no tiene prisa de abandonarlo.
Hasta hace poco, los padres en el plano de
los valores enseñaban a sus hijos lo que
ellos habían aprendido de los abuelos; las nuevas generaciones asimilan valores a través de amigos y compañeros
por medio de nuevas tecnologías de la comunicación, la televisión, la música,
internet, bajo la influencia de corrientes y modas efímeras.
A
esto se une la dejación de los padres de sus deberes educativos ante lo
complejo de los desafíos que sobrepasan sus capacidades, por cansancio o por la
perniciosa actitud de quienes buscan mantenerse jóvenes dejando de lado sus
compromisos y deberes con sus propios hijos.
En conclusión, los niños y adolescentes
crecen, en la mayoría de las familias, sin la experiencia del valor religioso
como referencia existencial.
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