"El
justo debe ser humano" (Libro de la Sabiduría (Sab 12, 19)
I. El ser humano hace tiempo que se está convirtiendo en la víctima principal de las ideologías y sus guerras. Nacional Socialismo Obrero Alemán (1933), el socialismo radical marxista (1939-1945), liberalismo, capitalismo.
Frente a los reduccionismos del individualismo liberal, a menudo desvinculado de toda
referencia trascendente, y del colectivismo marxista, que pone el acento en la
emancipación material y colectiva, el humanismo cristiano [Jacques Maritain] propone una visión integradora de la
persona, a la que le pertenecen su dignidad humana, la justicia social y la
apertura a la trascendencia.
Guardini sostuvo un
"realismo cristiano" que cree en la persona, la libertad y la
dignidad humana vivida en la fe.
Emmanuel Mounier lanza la filosofía del personalismo y
sostiene que todo ser humano es “persona” y, por ser tal, es merecedor de la
“dignidad”, del máximo respeto, sujeto de derechos, obligaciones y
responsabilidades, llamado a realizar su libertad en la relación equitativa,
justa y solidaria con los demás. Ni la raza, ni el Estado, ni el capital son más
que la persona; todo es para el Bien Común de las personas”.
La persona, como ser esencialmente social, “no es el fin de
sí misma, no está clausurada en sí ni en su felicidad. Su final está más allá
de ella. Tanto es así que la persona se construye como tal en la medida en que
se descentre, en que su vida sea desvivirse por otros en la realización de un
horizonte de sentido. La vida de la persona es realización de un sentido que va
descubriendo y que está más allá de sí” (Xosé M. Domínguez).
Para los que celebramos el nacimiento de Jesús de Nazaret
porque conocemos lo que fue y es, lo que hizo y hace, lo que pensaba e inspira,
encontramos en él el mejor modelo de persona y ser humano de cuantos hemos
conocido en el presente y en la historia. Su testimonio y propuesta son el
mejor modelo de lo que es la esencia del ser humano. (Padre Jesús Montero
Tirado)
II. El 10
de diciembre de 1948, tres años después de acabada la Segunda Guerra
Mundial, las Naciones Unidas elaboraron y firmaron la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, profunda y extensamente inspirada en la filosofía del
personalismo. Hoy continúa siendo en nuestros días una de las más altas
expresiones de la conciencia humana. Los derechos humanos son
inviolables, porque son «inherentes a la persona humana y a su dignidad».
El texto
de la Declaración de los Derechos Humanos refleja en todos sus conceptos los
principios fundamentales del personalismo, poniendo a la persona como el centro
medular de todo el documento, hasta el punto expresivo de repetir la palabra
persona veintiocho veces y la palabra personalidad tres en los treinta breves
artículos que contiene toda la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La persona
humana no puede reducirse a un medio para obtener resultados, a un recurso para
ser usado y explotado, y debe ser reconocida como fin en sí misma, jamás puede
instrumentalizarse.
Pero el valor de la persona no depende de lo
que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero
hecho de ser personas. Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no
se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada.
La
dignidad moral, dignidad social y la dignidad existencial, que alude al modo en
el que una persona percibe el valor de sí y de su propia vida. Más allá de
estos significados, hay un nivel más profundo, el más importante, que consiste
en la dignidad ontológica. Es la
dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir,
de haber sido querido, creado y amado por Dios; ningún pecado, ningún fracaso,
ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una
vida humana que Él ha querido y llamado al ser.
«Una
dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le
corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en
cualquier estado o situación en que se encuentre», porque es infinito el amor
de Dios que lo llama a la amistad con Él, y porque es absolutamente
incondicionada, en el sentido de que, aun buscando hasta el infinito, nunca se
encontrará nada que pueda suprimirla o negarla. El derecho a la vida, desde la
concepción hasta su fin natural.
Estos derechos no pueden quedarse
en una declaración puramente formal, mientras que, junto con el progreso
tecnológico, avanzan de manera disimulada o evidente violaciones de la dignidad
humana. Ni renunciar al fundamento de su universalidad, porque se ha renunciado
a la «búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras
opciones y también de nuestras leyes».
Junto a
una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha
crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías. Los derechos
de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, estén realmente
garantizados en todo el mundo. Es una realidad que «doblemente pobres son las
mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque
frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus
derechos».
No basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales. [MAGNIFICA HUMANITAS de León XIV]
III.
Sentido humano. La dignidad del ser humano y su realización. La cuestión decisiva
se encuentra en el fundamento último de la realización del individuo, aquello
que da sentido y plenitud a nuestra vida. Desde el humanismo cristiano, la
respuesta es muy clara: el ser humano, creado a imagen de Dios, se sitúa en el
centro de la creación, donde encuentra el fundamento de su dignidad, libertad y
responsabilidad.
Sus
planteamientos influyeron de manera decisiva en la filosofía política, la ética
social y la doctrina social de la Iglesia. Nuestra cultura está innegablemente
marcada por el cristianismo como impulsor de una visión del ser humano basada
en tres pilares fundamentales:
Dignidad
de la persona, fundada en su condición de hijo de Dios. Libertad orientada al
bien, entendida como la capacidad de elegir aquello que perfecciona a la persona.
Solidaridad y fraternidad, nacidas del reconocimiento de que todos somos hijos
del mismo Dios, lo que nos hace responsables unos de otros.
Posmodernismo: el siglo XXI marcado por el individualismo y la pérdida de sentido. Esta tradición insiste en que la persona no puede reducirse solo a lo material o a lo individual, sino que necesita valores, relaciones y un horizonte que dé sentido a la vida.
En este
contexto, cabe destacar al filósofo Charles Taylor, quien ha reflexionado
profundamente sobre la cultura moderna y la secularización. Su pensamiento
subraya que el ser humano busca sentido y orientación moral, y que incluso en
una sociedad secular esta búsqueda sigue abierta. Desde esta perspectiva, el
humanismo cristiano continúa siendo una propuesta válida para comprender al ser
humano y su necesidad de plenitud en el siglo XXI.
La corriente
filosófica y política que integra los principios del humanismo clásico —como la
defensa de la razón, la libertad individual y el desarrollo humano— con las
enseñanzas y valores del cristianismo. Esta perspectiva sitúa a la persona
humana en el centro del orden social, económico y político, fundamentando su
valor absoluto en la convicción de que todo ser humano está creado a imagen y
semejanza de Dios.
· Dignidad
intrínseca: Cada persona posee un valor sagrado e inalienable desde la
concepción hasta la muerte natural.
· Libertad
orientada al bien: Capacidad de elegir de forma autónoma aquello que
perfecciona al individuo y respeta la libertad de los demás.
· Fraternidad
y solidaridad: Reconocimiento de que toda la humanidad comparte una misma
condición de hermandad, obligando al cuidado mutuo y a la justicia social.
· Bien
común: Búsqueda del desarrollo integral de la sociedad, armonizando los
derechos individuales con los deberes hacia la comunidad.
El humanismo cristiano moderno se desarrolla como diálogo crítico con otras corrientes de los siglos XIX y XX, especialmente con el humanismo marxista y el liberal, en un contexto marcado por profundas crisis sociales y políticas.
HUMANISMO CRISTIANO - HUMANISMO SECULAR
- Humanismo cristiano: La dignidad del ser humano es sagrada e inalienable porque está creado a imagen y semejanza de Dios.
- Humanismo secular: La dignidad es un valor intrínseco y natural derivado de la propia condición humana, la razón y la capacidad de sentir, sin necesidad de validación divina.
- Humanismo cristiano: EL origen de la moral y el destino del ser humano. Mientras el primero parte de una base teocéntrica (Dios como origen),
- Humanismo secular: el segundo es antropocéntrico (el ser humano como medida de todas las cosas).
- Humanismo cristiano: La moral se apoya en leyes divinas y verdades reveladas (como los Evangelios), complementadas con el uso de la razón.
- Humanismo secular: La ética se construye de forma autónoma mediante la razón, la experiencia acumulada, la empatía y la ciencia, adaptándose a las necesidades de la sociedad de cada época.
- Humanismo cristiano: La existencia humana tiene una dimensión trascendente. La vida terrenal es un camino hacia la realización plena en una existencia eterna junto a Dios.
- Humanismo secular: La vida se limita a la existencia terrenal. El sentido de la vida no viene dado desde fuera; lo construye cada individuo mediante sus acciones, su felicidad y su aportación a la humanidad.
- Humanismo cristiano: Armoniza la fe y la razón. Considera que la ciencia y la investigación son válidas, pero la revelación espiritual ofrece respuestas a las preguntas últimas del ser humano.
- Humanismo secular: Se basa estrictamente en el método científico, el escepticismo y el racionalismo. Rechaza los dogmas, los textos sagrados y las explicaciones sobrenaturales para entender el universo.
Presentamos un cuadro de referencia sobre
cómo el modernismo se distancia del humanismo
cristiano.
CUADRO COMPARATIVO – HUMANISMO
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Humano (posmoderno)
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Humanismo moderno |
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1. Cuestionar la realidad existente hasta ahora, y
deja de representarse al hombre como el centro y la medida de todas las
cosas. |
1. Centra la atención firmemente en lo que tiene
éxito, haciendo caso omiso de los efectos colaterales. |
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2. La pluralidad y multiplicidad de la sociedad, Somos sintetizadores, absorbiendo información de una
amplia gama de fuentes. |
2. Aplica el análisis lineal y evita distracciones. |
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3. Un sujeto fragmentado, moldeado por el poder, la
cultura y el lenguaje. |
3. Quieren hacer o tener, producir, tener riqueza,
estar al día, y valoran el progreso económico y tecnológico. |
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4. Las verdades son relativas, construidas y sujetas
a perspectivas. |
4.- Las instituciones saben mejor lo que hay que
hacer.
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Fomenta un replanteamiento de la
relación humana con el entorno, y cuestiona la frontera entre lo humano, lo
animal y lo tecnológico. |
5. Ven al
cuerpo como una máquina y a las organizaciones también. |
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6. Están preocupados por el futuro del planeta y las
futuras generaciones. Quieren corporaciones responsables y respetuosas del
medio que les rodea. |
6. La eficiencia y la velocidad son prioridades. |
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7. Ven al planeta como un ser viviente y a la humanidad como una sola persona. |
7. Separan sociedad y naturaleza. |
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8. Piensan en términos de sistemas, y creen en
verdades subjetivas como la existencia de un universo no puramente físico. |
8. Es mejor estar en la cima y tener el control. |
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9. "No pueden sustentarse en una trascendencia
divina", sino "en la misma condición humana". |
9. Lo trascendente es considerado una posición privada
que responde a intereses personales. |
Señor de la vida, oración del
Papa León
En el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Tú nos creaste por amor y nos llamaste a vivir
en plenitud. Cada persona es un don sagrado que refleja tu rostro, desde
el primer instante de su existencia hasta el último respiro de su camino
en la tierra, el valor único e irrepetible de cada ser humano.
Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la
fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa y a defender con valentía a
quienes no tienen voz, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura
del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor.
Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que
la protejan con gestos concretos, un hogar abierto donde toda existencia sea
celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea
respetada y cuidada siempre, que amemos la vida como Tú la amas: con
ternura, fidelidad y entrega.
Que sepamos proclamar, con palabras y gestos, que cada vida humana vale el
don total de sí misma. Hoy te pedimos la gracia de reconocer y
custodiar. Perdónanos, Señor, haz de tu Iglesia un testimonio vivo
del Evangelio de la vida, Señor Jesús.
Amén.





