EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL

10/18/2026

DOMUND



MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV 
PARA LA 100.ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 
Algunas frases tomadas de este mensaje

Tu «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). 

  • En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas.
  • Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión. La unidad de los discípulos no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Jesús lo afirma con claridad: «Para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). Es en el testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria donde el anuncio del Evangelio encuentra toda su fuerza comunicativa.
Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia. La Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo.

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor. 

Sus oraciones y su apoyo concreto, especialmente con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, serán de gran ayuda para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados. Cada don, por pequeño que sea, se convierte en un acto significativo de comunión misionera. Por eso renuevo mi sincero agradecimiento «por todo lo que harán para ayudarme a apoyar a los misioneros en todas partes» (Videomensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2025). Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.
María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

10/17/2026

No por apariencia


Saludos, hermanos. Recibid estas palabras de reflexión sobre las lecturas de este domingo XXIX. 

Ciro era rey del poderoso Imperio persa. No pertenecía al pueblo elegido de Israel y, sin embargo, Dios lo elige y le dice que, aunque no lo conoce, lo ha escogido para liberar a su pueblo y permitirle regresar a la tierra de la que había sido expulsado.
Es una enseñanza que rompe muchos de nuestros esquemas. Solemos pensar que Dios actúa únicamente por los caminos que nosotros consideramos religiosos. Sin embargo, Él puede servirse de personas, acontecimientos e incluso circunstancias que parecen completamente ajenas a la fe para abrir nuevos horizontes.


La carta a los tesalonicenses comienza precisamente dando gracias. Pablo recuerda «la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza». Nos habla de tres actitudes que sostienen toda existencia cristiana: la fe que confía, el amor que se entrega y la esperanza que persevera.

Nuestro tiempo nos empuja con facilidad hacia el desánimo. Nos acostumbramos a mirar la Iglesia, el mundo o incluso nuestra propia vida desde lo que nos falta, desde lo que no funciona o desde lo que desearíamos cambiar. Pablo nos propone otro punto de partida: la gratitud. Solo puede alabar quien aprende a mirar la vida de otra manera, y la gratitud no consiste en negar las dificultades, sino en descubrir que Dios sigue actuando también en medio de ellas.



En el Evangelio escuchamos cómo Jesús responde a una pregunta capciosa que le plantean para ponerlo a prueba y enfrentarlo con las autoridades. Su respuesta nos ofrece una enseñanza de libertad, justicia y responsabilidad. Jesús reconoce que existen obligaciones propias de la convivencia humana que debemos asumir responsablemente, pero recuerda algo decisivo: solo Dios puede ocupar el centro de nuestro corazón.

Si recordamos que somos amados por Dios y elegidos por la fuerza del Espíritu Santo, podremos vivir en este mundo sin dejarnos contaminar por sus ídolos. Esa es la libertad que Jesús nos propone: vivir plenamente en el mundo sin entregar el corazón a aquello que no puede salvarnos.

El cristiano participa activamente en la sociedad, trabaja por el bien común y asume sus responsabilidades. Pero sabe también que ninguna realidad temporal puede convertirse en un ídolo: ni el poder que domina, ni el éxito que ofusca la mente y el deseo, ni la fama que engaña y manipula a las personas.

Señor, ayúdanos a vivir con un corazón libre y agradecido, compartiendo con quien lo necesita y a trabajar por la justicia y la paz. Que nuestras obras de compasión, servicio y solidaridad sean testimonio de tu esperanza y de tu paz. Amén.

LECTURAS DE DOMINGO XXIX.

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8a. 9-10ac

R/. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».