«Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,). ««Corramos, con constancia, en la carrera que
nos toca» (Heb. 12,1). Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para
que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef1,4)
El
papa ha encontrado una expresión actual para animarnos a ver la santidad como
algo cercano el habla de los santos de
la puerta de al lado. Una manera de ayudarnos para acercarnos a la santidad de nuestros hermanos, bautizados que
vivieron plenamente su condición de cristianos.
«Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los
hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino
constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente». Por
eso nadie se salva solo, como individuo aislado.
·
Hablar de santos nos obliga a
reconocernos como pueblo, el santo no es un solitario, un individualista,
él no es auto referente, él se ve como parte de un pueblo y se construye para
servir mejor a sus hermanos.
Por
otra parte, hablar de santidad no es algo extraño y etéreo; escuchen lo que nos
dice el Papa: “Me gusta ver la santidad en
el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos,
en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los
enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia
para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es
muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca
de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios o, para usar otra
expresión, «la clase media de la santidad».
Piensen de la santidad de esta manera: La santidad es el rostro más bello de la
Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el
Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de
Cristo».
· Hablamos directamente de santidad, como vida plena, de vida cristiana total.
El Señor llama1. La tarea de la santidad no es un
proyecto propio, ni un logro que elegimos por propia iniciativa e interés.
Siempre tenemos que tener claro que es el Señor el que llama, el que
invita. «Sed
santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P 1,16 «Antes de formarte en el
vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré»
(Jr 1,5).
Les
recuerdo una historia. Domingo Savio, un adolescente de
apenas 15 años, conoce a Don Bosco y experimenta una sensación de que él está
en la misma onda que él; desde niño ha sentido esa misma necesidad de ser santo.
En un momento de su encuentro con Don Bosco,
donde le ha hablado de llevarle a Turín a estudiar, le pregunta si lo va a
llevar y don Bosco dice: creo que tú eres buena tela. ¿Para
qué podría servir esa tela? Pregunto Domingo Savio y Don Bosco le contestó:
puede servir para hacer hermosos trajes y regalárselos a al Señor. Domingo
captó el sentido y dijo: “Ya entiendo, de acuerdo, yo soy esa tela y Ud. es el sastre.
Lléveme a Turín y usted haga de mi un hermoso traje para Dios.”
«Cada uno por su camino»
2. Para ser santos no es
necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces
tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes
tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para
dedicar mucho tiempo a la oración. No es así . Deja que la gracia de tu
Bautismo fructifique en un camino de santidad
Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo
con pequeños gestos. «Hay inspiraciones que tienden solamente a una
extraordinaria perfección de los ejercicios
ordinarios de la vida». «Aprovecho las ocasiones
que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria».
Es posible amar con el amor incondicional del Señor,
porque el Resucitado comparte su vida
poderosa con nuestras frágiles vidas: «Su amor no tiene límites y una vez dado
nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil
porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar
como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. De
esta manera, nuestras vidas demuestran su poder en acción,
incluso en medio de la debilidad humana»
3. No le tengas miedo a tu debilidad, ni
te quedes paralizado porque has experimentado muchas veces la fragilidad de tus
propósitos y buenas intenciones.
Cuando sientas la tentación de enredarte en tu
debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un
pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor». En la
Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor
la ha llenado de dones con la Palabra, los sacramentos, los santuarios, la vida
de las comunidades, el testimonio de sus santos, y una múltiple belleza que procede
del amor del Señor, «como novia que se adorna con sus joyas» (Is 61,10).
Tu misión
en Cristo
La santidad es una aventura de alto riesgo,
es la suprema meta a la que podemos
aspira , la plenitud de vida. Dicho en un lenguaje de fe diremos que «La
santidad se mide por la estatura que
Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu
Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya.
4. ¿Por
qué ser santo? Esta es la
respuesta que nos deja el Papa Francisco:” Ojalá puedas reconocer cuál es esa
palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida.
Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y
así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio
de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y
estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.
La
actividad que santifica
¿De qué se trata? Cómo ser santo. Ser santo no es cuestión de buenas intenciones
y propósitos, no se trata de buen comportamiento y ser perfectos, eso no es santidad.
Santidad tiene que ver con vida en el Espíritu, estar despierto y acción, dejándote
llevar del Espíritu Santo en el que van
a ser confirmados.
Como no puedes entender a Cristo sin el Reino que él
vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese Reino:
«Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt6,33). Tu identificación
con Cristo y sus deseos,
implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para
todos.
No es
sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y
rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede
ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este
mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación
también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y
generoso de la propia misión.
·
Pero
cuidado, no caigas en la trampa del modelo mundano
5. A tener
en cuenta. Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de
aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora. El desafío es vivir
la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico
y nos identifiquen más y más con Jesucristo. De ahí que suela hablarse, por
ejemplo, de una espiritualidad del catequista, de una espiritualidad del clero
diocesano, de una espiritualidad del trabajo. Por la misma razón, en Evangelii Gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con
una espiritualidad ecológica y en Amoris
laetitia con una espiritualidad de la vida familiar.
Esto
no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al
contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el
atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan
espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de
disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina
la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive.
·
Más
vivos, más humanos
No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas,
vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó
cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. No tengas miedo de apuntar más
alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por
el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro
de tu debilidad con la fuerza de la
gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola
tristeza, la de no ser santos»[32]
·
Se
inteligente conoce al enemigo
Dos falsificaciones de la santidad que podrían
desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo:
¿Qué es el gnosticismo actual? parece una palabra extraña pero eso lo vivimos continuamente: El gnosticismo supone «una fe encerrada en
el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de
razonamientos y
conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto
queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»
Los «gnósticos» tienen una confusión en este punto, y
juzgan a los demás según la capacidad que tengan de comprender la profundidad de determinadas doctrinas. Conciben una mente sin encarnación, incapaz
de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia
de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren «un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo».
Porque también es propio de los gnósticos creer que
con sus explicaciones ellos pueden hacer perfectamente comprensible toda la fe
y todo el Evangelio. Absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a
someterse a los razonamientos que ellos usan. Una cosa es un sano y humilde uso
de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del
Evangelio; otra es pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y
dura que busca dominarlo todo.
Porque el gnosticismo «por su propia naturaleza quiere
domesticar el misterio»[38], tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el
misterio de la vida de los demás.
·
Atento.
Fíjense en esta afirmación:
Cuando
alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un
sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en
beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales.
Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que
decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros
determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y
seguro pretende dominar la trascendencia de Dios.
Y lo más
bello que hoy puedas escuchar, como nos dicen
en Facebook cuando no mandan un mensaje: a un cuando
la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido
por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida. Si nos dejamos guiar por
el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor
en toda vida humana.
. Porque el poder que los gnósticos atribuían a la
inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al
esfuerzo personal. Así surgieron los pelagianos y los semipelagianos. Ya no era
la inteligencia lo que ocupaba el lugar del misterio y de la gracia, sino la
voluntad. Se olvidaba que «todo depende no del querer o del correr, sino de la
misericordia de Dios» (Rm 9,16) y que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19)
Pelagianismo
·
Es importante
56. Solamente a partir del don de Dios, libremente
acogido y humildemente recibido, podemos cooperar con nuestros esfuerzos para
dejarnos transformar más y más[62]. Lo primero es pertenecer a Dios. Se trata
de ofrecernos a él que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha
contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle
en nosotros: «Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable
a Dios» (Rm 12,1). Por otra parte, la Iglesia siempre enseñó que solo la
caridad hace posible el crecimiento en la vida de la gracia, porque si no tengo
caridad,
no soy nada (cf. 1 Co 13,2)
·
Lo
definitivo
63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la
santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser
útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger
su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando
nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt5,3-12; Lc6,20-23). Son como el carnet de identidad
del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se
hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es
necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas
[66]. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a
transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.
· Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
· El gran protocolo
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46),
Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara
felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos
de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos
juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de
beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo
y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36).
¡Te puede
pasar esto ¡
Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos
errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas
exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión
interior con él, de la gracia. Así se
convierte al cristianismo en una especie de ONG, quitándole esa mística
luminosa que tan bien vivieron y manifestaron san Francisco de Asís, san
Vicente de Paúl, santa Teresa de Calcuta y otros muchos. A estos grandes santos
ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron
la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario
·
Algunas
palabras que aclarar
Ser santos que tiene que ver con ser íntegros, honestos, castos, piadosos, auténticos, pacíficos , tolerantes . También con Aguante, paciencia y mansedumbre, Alegría y sentido del humor , comunidad, grupo, parroquia.
140. Es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las
asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados.
Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente
perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos.
·
Siempre
COMBATE,
VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO. Despiertos y confiados, perseverantes , constantes
, fuerte ante la adversidad , no contaminados con afanes mundanos.
Cuidado con la corrupción espiritual
164. El camino de la santidad es una fuente de paz y
de gozo que nos regala el Espíritu, pero al mismo tiempo requiere que estemos «con
las lámparas encendidas» (Lc 12,35) y permanezcamos atentos: «Guardaos de toda
clase de
mal» (1 Ts 5,22). «Estad en vela» (Mt 24,42; cf. Mc 13,35). «No nos entreguemos
al sueño» (1 Ts 5,6). Porque quienes sienten que no cometen faltas graves
contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o
adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa
tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan
desgastándose y corrompiéndose.




