miércoles, septiembre 02, 2026

Nuevos Catequistas

¿Han entendido todo esto? ( MT. 13,53)

ü  Comunidad catequizadora en “salida misionera” y dispuesta a la conversión pastoral.

ü  Con una catequesis al servicio de la iniciación a la vida cristiana.

ü  Con una decisión de asumir la catequesis de iniciación a la vida cristiana prioritariamente con adultos.

ü  Con un catequista testigo, comunicador, acompañante y mistagogo.

ü  Emprendamos con decisión, valentía y creatividad el camino de una catequesis en línea catecumenal, formando con alegría a nuevos discípulos misioneros.

 NECESITAMOS 

Ø  Una mirada de fe sobre nuestro tiempo (Contemplar)

Ø  Algunos criterios de iluminación (Discernir)

Ø  Una mirada sobre nuestras prácticas caducas (Renovarse)

Ø  Una mirada de fe sobre nuestro quehacer (compromiso)

Ø  Una mirada sobre la formación para el ministerio de la catequesis (nuevo paradigma)    

I                                           IMPORTANTE   

 I. Superar una práctica que ha hecho del acto catequístico un evento social superficial, no precedido de conversión, ni conducente a la vivencia comunitaria.

Afrontar el reto de testimoniar con nuestra vida que seguir a Jesús en comunidad ciertamente es exigente, pero a la vez provoca una verdadera alegría que es duradera, superando el relativismo que promueve una felicidad sin Dios.

Favorecer el encuentro con Jesús en todas nuestras comunidades, cualesquiera sean las situaciones de la vida.

El nuevo continente virtual nos exige explorar nuevos lenguajes y ofrecer buenas noticias de Jesús a quienes atraviesan estos mundos aún poco explorados.

“Acompañar procesos de iniciación  a la vida cristiana de aquellos que se acercan a la fe  desde estos areópagos virtuales”..

Superar el desfase entre los esfuerzos hechos para ofrecer subsidios económicamente accesibles, signo de solidaridad y concientización, y, por otra parte, los gastos que las familias hacen para la celebración social posterior a la recepción del sacramento.

“La Catequesis se percibe socialmente como una estación de servicio donde el cliente con prisas, busca la mejor oferta, paga y exige una atención inmediata, descuidándose la calidad del proceso de maduración de la fe.”

La catequesis no ha sido suficientemente capaz de incorporar los aportes de la ciencia y entrar en diálogo crítico con ella para enriquecer la comprensión de los contenidos del mensaje y del actuar cristiano.

Un desafío es contar con proyectos unificados de largo alcance que sean compartidos por las parroquias, movimientos y escuelas católicas de una misma diócesis y por las diócesis de una misma provincia eclesiástica, que no sean interrumpidos por la movilidad y el cambio de los responsables.

Una cita que debe acompañar la acción y reflexión de todo catequista es que el Padre quiere nuestra vida y la quiere en abundancia. (Jn 10,10)

Nuestra catequesis debe ayudar a que nuestro interlocutor sepa dar razones adecuadas de por qué es cristiano católico y de cuáles son los principios morales que definen su actuar en un mundo secularizado y éticamente relativizado.

Lograr crear un sentido de pertenencia a la comunidad, ya que, centrados en una sacramentación fuera de la comunidad, hemos descuidado también la iniciación a otros aspectos que constituyen la vida cristiana.

La burocratización y la inadecuada estructuración de nuestros procesos se han convertido en muros y no en puertas de acceso a quienes buscan respuestas al sentido de la vida. Ha pasado el tiempo en que la gente acudía a la catequesis. El cambio de época nos exige salir al encuentro de los demás.

 II Tener muy en cuenta

-        La parroquia ha dejado de ser el lugar geográfico donde las personas viven su fe.

-        La escuela católica no siempre consigue facilitar el diálogo entre fe y cultura. Y en no pocas ocasiones se ha convertido en alternativa paralela y no complementaria del esfuerzo pastoral parroquial.

-        Los movimientos eclesiales han aportado renovación espiritual a muchos cristianos alejados, pero corren el riesgo de perder su vinculación a la Iglesia local.

-        El núcleo familiar, pluralismo religioso, los padres han delegado la responsabilidad de educar en la fe.

-        La misma catequesis pasa por situaciones de insatisfacción. La catequesis de adultos es insuficiente.

-        La preparación sacramental como objeto fundamental de la catequesis se ha constituido en el punto de cierre de la vida cristiana de quien participan en ella. Los intentos de una catequesis de perseverancia postsacramental no se han consolidado. Quienes no pueden participar en los sacramentos, en general, se ven excluidos de toda forma de educación en la fe.

-        La metodología basada en el sistema escolar acarrea, que permite la formación de grupos homogéneos, la labor educativa de los catequista y adquisición de conocimientos, a desdibujados la necesidad de procesos personales de conversión, la implicación directa de la familia y la vinculación con la comunidad cristiana. Se ha favorecido procesos de evangelización fragmentados, no integrales ni integradores.

-        La catequesis aparece con frecuencia alejada del acompañamiento personal, desvinculada de las realidades que viven los interlocutores y de la pastoral orgánica.

-        La formación a los catequistas, cuando la ha habido, tiene un énfasis doctrinal, debilitando lo pedagógico y espiritual. Los mismos seminaristas no son preparados en la animación y planificación u organización de la catequesis a nivel general.

El catecumenado y la inspiración catecumenal de la catequesis

a) Precatecúmeno: Es tiempo de testimonio, diálogo, de búsqueda y anuncio explícito de la persona de Cristo. No tiene una duración definida. Durante esta etapa tiene lugar el primer anuncio, y, en el momento adecuado, será proclamado el kerigma. Los que reciben el kerigma sienten la llamada a la conversión y la fe por el primer encuentro con Jesús vivo. Al finalizar esta etapa se verifica la idoneidad y el deseo del candidato de comenzar el itinerario comenzado. Se celebra el primer paso: ingreso al catecumenado, Signación y entrega de los evangelios.

b) Catecumenado. Tiempo dedicado a la catequesis y a la experiencia integral de la vida cristiana: confesión de la fe, celebración, oración y cambio de vida personal y social. Una catequesis integral, centrada en la Palabra y en el conocimiento de la historia de salvación. Los dogmas de fe, la forma de vida según el evangelio, la celebración y oración cristiana. Es tiempo de cambio de vida, por eso no se  tiene prisa y puede durar un tiempo  prolongado. Este momento va acompañado del paso o grado cuando el candidato pide a la Iglesia ser admitido a los sacramentos de la iniciación y se celebra el rito de la elección.

c) Iluminación y purificación. Es tiempo dedicado a preparar más intensamente el espíritu y el corazón del catecumenado y se desarrolla y preferentemente  durante la Cuaresma. El camino espiritual del candidato es acompañado de varios ritos que se realizan dentro de las celebraciones litúrgicas de la Cuaresma: los escrutinios y las entregas del símbolo y de la oración dominical. En la Vigilia Pascual son acogidos por la comunidad para la celebración de los sacramentos de la iniciación.

d) Mistagogia. Se busca hacer experiencia de vida cristiana, participativa y sacramental con el apoyo de nuevas catequesis. El tiempo de Pascua es el momento ideal, pudiendo concluir en la fiesta de Pentecostés. La comunidad sea realmente acogedora; una comunidad de fe, misionera, testimonial y servidora del mundo.

Así la Iglesia vive su misión: genera nuevos hijos, se renueva para continuar el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo…”.

Anuncio del Kerigma y encuentro con Jesucristo vivo.

“El kerigma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace crecer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre.” ( EG 164) (Jn3,16)

El kerigma es esencial al ser y misión de la Iglesia, se proclama desde a experiencia de encuentro con Cristo. (1Jn1,1) Antes de educar en la fe y de cualquier otra acción eclesial y pastoral, es necesario asegurar la experiencia de fe de los creyentes. Previa a la comunión con Cristo, a la inserción en la comunidad; anterior a la iniciación litúrgica, a la formación moral la oración y a la vida interior.

La dimensión misionera de la catequesis.

La catequesis al servicio de la iniciación a la vida cristiana.

La catequesis ha de ser procesual, gradual y mistagógica. Los procesos de iniciación tienen estas características:

-        La iniciación es obra del amor inmenso de Dios que se manifiesta en el misterio de Cristo Jesús. Origen y contenidos; los sacramentos de iniciación.

-        Esta obra divina se realiza en la Iglesia y por mediación de ella; La Palabra de Dios, la acción de los catequistas y otros ministros junto a los mismos catequizandos y catecúmenos, es siempre palabra (enseñanza, comunicación) y gesto ( ritos , celebraciones) de la Iglesia.

-        Requiere de la libre decisión de la persona. Los escrutinios van en esta línea. La obediencia de la fe, todas la dimensiones de la persona se involucran en este proceso. Los escrutinios, elecciones y otras acciones dentro del catecumenado facilitan la libre respuesta de la personas. Las personas, al final de la catequesis, pueden abandonar la Iglesia como expresión de que libremente no se involucraron en la confrontación con la palabra de Dios.

-        Se debe dar la participación humana en el dialogo de la salvación. Somos llamados a tener una relación personal con Dios.

-        “La catequesis sacramental se empobrece y se convierte muy pronto en ritualismo vacío, si no se funda en n conocimiento serio del significado de los sacramentos; la catequesis de intelectualiza, si no cobra vida en la práctica sacramental” (CT23)

La Iniciación en el magisterio reciente de la Iglesia.

Indicaciones para la catequesis:

ü   Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en su Palabra. La comunidad acompaña al catequizando ofreciéndole la Palabra de Dios. El catequizando descubre cómo Dios busca a la persona y le ofrece su amistad. A la Palabra acogida seguirá la iniciación a la respuesta de fe personal y comunitaria. Oración, lectura y meditación sistemática, piedad mariana y mirada a la sociedad de hoy.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en la belleza de lo creado y por la humanidad. Y toda la belleza de la vida de la comunidad, su arte, su cultura, cantos, etc. y todo lo presente en la celebración sacramental.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta como noticia de vida y esperanza. Promueve experiencias creativas que ayuden a descubrir el proyecto de plenitud que ofrece Cristo. Para ello debe ofrecerse  un itinerario orgánico y progresivo inspirado en el modelo catecumenal de los primeros siglos.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en el  misterio celebrado. La dimensión mistagógica permite dar sentido pleno al misterio que se revela en el encuentro sacramental.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se encarna en la cultura y piedad de un pueblo.

ü  Iniciar a quienes acompañan procesos de iniciación. La comunidad debe preocuparse por contar con catequistas, hombres y mujeres que evangelicen con su fe, con su testimonio y una escucha compasiva y respetuosa. Deben proveerles  experiencias donde ellos puedan vivir estos procesos de iniciación y conversión para que puedan acompañar a otros.

ü  Catequistas, momento en el itinerario de la formación de los alegres discípulos misioneros.



ü  La formación para el ministerio de la catequesis en el nuevo paradigma.

ü  Una formación permanente que atiende al ser, saber, saber hacer y saber convivir; debe privilegiar el aspecto de proceso, la capacitación para la responsabilidad y para vivir y celebrar la fe en las acciones litúrgicas; ha de contar con el aporte siempre necesario de las ciencias humanas.

ü  El ser del catequista: madurar como persona, como creyente y como apóstol. Profundamente humano, capaz de acoger y dotado de una amabilidad sin límites, como auténtica expresión de la Buena Noticia. Con “momentos de escrutinio” (discernimiento), recuperar la dimensión mistagógica, pudiendo llegar a iluminar la experiencia humana a la luz de la divina revelación.

 

El ser del catequista: madurar como persona, como creyente y como apóstol. Profundamente humano, capaz de acoger y dotado de una amabilidad sin límites, como auténtica expresión de la Buena Noticia. Con “momentos de escrutinio” (discernimiento), recuperar la dimensión mistagógica, pudiendo llegar a iluminar la experiencia humana a la luz de la divina revelación.

El saber del catequista: apropiación de contenidos esenciales que permitan la fidelidad  al mensaje y a la persona humana. Conocimiento básico de las ciencias humanas, formación bíblica-teológica, cristología, eclesiología, documentación relacionada con las exigencias éticas y la doctrina social de la Iglesia.

El saber hacer: el lenguaje, la pedagogía no son ajenos a su condición de comunicador. Hay que superar la improvisación o la simple buena voluntad. Esto nos dirige a la pedagogía de Jesús, signos y palabras, ritos, narraciones. Comunicación y ternura son claves en la educación de la fe.

El saber convivir: inserción en una comunidad eclesial. Relaciones humanas, capacidad de convivencia, fraternidad, iluminación de la Palabra son elementos presentes en la fraternidad comunitaria junto con los contenidos de la fe, compartir y celebrar la vida, oración, orientación ética.

La comunidad cristiana, lugar y meta de la catequesis

Es urgente tener presente

1. Optar por una comunidad catequizadora en “salida misionera” y dispuesta la conversión pastoral.

Proponemos:

1.- Una Iglesia que pase de un modelo de cristiandad a un modelo eminentemente misionero. “Que no se cierre sobre sí misma en una pastoral centrípeta, sacramental y devocional, sino que se abra a la evangelización común, proyecto orgánico, global y unitario, para manifestar, construir y hacer presente el Reino de Dios entre todos los hombres” (DA 279, 253).

2. Conciencia de su función profética.

2.  Superar estructuras pastorales caducas

3. Espiritualidad de comunión y participación

4. Parroquia renovada para ser comunidad catequizadora.

 II. En orden a la catequesis:

Optar por una catequesis al servicio de la iniciación cristiana. Que exige no sólo la renovación de la catequesis, sino de toda la vida pastoral de la Iglesia.

Proponemos que:

1. Catequesis al servicio de la iniciación cristiana

2. El proceso catequístico del catecumenado sea la manera ordinaria e indispensable de introducción a la vida cristina y como forma de catequesis básica y fundamental.

3. Catecumenado bautismal para los no bautizados, post-bautismal, para lo bautizados no suficientemente iniciados, como cuasi- catecúmenos.

4. Catequesis concientizadora, liberadora, crítica de la sociedad actual.

5. La preocupación primera no sea sacramentar, sino recorrer un itinerario en orden a la vivencia de la fe cristiana, dentro de la cual se celebran los sacramentos.

6. En el proceso, privilégiese: la Sagrada Escritura, búsqueda de sentido de la vida, el kerigma, la conversión en un proceso de etapas, dimensión mistagógica.

7. Dimensión diaconal, comunitaria-eclesial. Sea parte del proyecto pastoral de la comunidad eclesial, como momento articulador de todo el proceso evangelizador.

 III. En orden al catequizando

  Optar por la catequesis de iniciación a la vida cristina prioritariamente con adultos. Los destinatarios como interlocutores. Opción en orden a la formación de alegres discípulos misioneros de Jesús.

Proponemos que:

1. La iniciación cristiana de los adultos se ha diversificado.

2.  Sea dialogal.

3. Se facilite la inserción enla comunidad

4. Ayudar a encontrar la Palabra de Dios  en la Sagrada Escritura.

5. “La catequesis de iniciación cristiana de adultos sea el punto de partida y modelo de toda otra forma de catequesis, adaptándola a los niños, adolescentes y jóvenes.

 IV. En orden al catequista

Optar por un catequista testigo, comunicador, acompañante y mistagogo. Miembro de la Iglesia, testigo de la fe y enviado por ella para anunciar el mensaje del Evangelio.

Proponemos que:

1. Fundamental que el catequista desarrolle las siguientes actitudes: familiaridad con Jesús,, salida de sí para ir al encuentro del otro, con paciencia, cordialidad que nunca condena.

2. Testimonio vivo, compañero de camino, comunicador del Evangelio. Mistagogo.

3. Con conciencia de pertenencia a la comunidad eclesial, ella lo envía, lo acompaña.

4. La formación para el nuevo paradigma:

M Modelo catecumenal

ü  Practica la lectura orante de la Palabra, vive la liturgia, profundiza la doctrina evangélica.

ü  Con pedagogía apropiada, para adultos, para jóvenes , para niños de experiencia sacramental

ü   Formador con capacidad de formación bíblica.

ü  Además de las ciencias religiosas, estar bien alimentado de las ciencias humanas, especialmente de las sociales.

ü  Conocedor de los contenidos del RICA

ü  h) En diálogo con la sociedad.

ü  Promover la presencia de formadores catequistas.

ü  j)  Suscitar coloquio, diálogos, encuentros con todos los que reflexionan sobre el ser y quehacer de la catequesis.

 

sábado, agosto 29, 2026

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir

Saludos, hermanos y amigos:

Hemos de experimentar la emoción y la alegría que nos describe el profeta Jeremías: «Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir». Pero esta experiencia va acompañada de la dureza de ser fieles a la Palabra de Dios y de no amoldarnos a las exigencias del mundo. No es fácil seguir a Jesús; requiere un largo proceso de transformación interior.

El salmo 62 nos describe de una manera admirable cómo nos sentimos cuando reconocemos el auxilio del Señor, que nos sostiene con su amor: «Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío».

No podemos escandalizarnos de la reacción de Pedro al escuchar a Jesús manifestar a sus discípulos el sufrimiento que debía padecer en Jerusalén: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús no se disculpa por lo que ha dicho. Él sabe que el camino que le espera es el de la entrega total, hasta la última gota de su amor, por el bien de todos. Por eso, se dirige también a sus discípulos y les dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga».

Probablemente, todos hemos tenido alguna experiencia de lo que significa vivir el Evangelio. En ciertas ocasiones, Jesús nos pide que compartamos lo poco que tenemos con quienes están a nuestro lado y pasan necesidad. Otras veces nos invita a renunciar a caprichos y frivolidades que chocan con la voluntad de Dios. Asimismo, puede reclamarnos que demos testimonio de nuestra fe en ambientes adversos, aun cuando ello pueda provocar incomprensiones, enemistades, conflictos o dificultades.

Jesús nos advierte: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará».

El camino de la cruz consiste en poner nuestra vida en manos de Dios para construir aquí su Reino de amor. Esto implica sacrificarnos por el bien común: compartir nuestros bienes, ayudar gratuitamente a quienes lo necesitan, no malgastar nuestro dinero y dar testimonio del Evangelio cuando las circunstancias lo requieran.

Todo ello puede suponer esfuerzo e incluso sufrimiento. Para alcanzar esta transformación, san Pablo nos pide que nos renovemos «por la renovación de la mente». Es decir, nos anima a cambiar interiormente, algo que no resulta fácil.

Adecuar nuestra mente y nuestro corazón a los valores y sentimientos del Evangelio supone un largo camino de purificación. Requiere, por una parte, ponernos en las manos de Dios para que sea Él quien nos guíe y, por otra, esforzarnos cada día por dejarnos conducir por Él.

Señor, que nunca olvidemos esta lección. Que cada día iniciemos nuestra jornada reconociendo que Tú eres nuestro Dios y que necesitamos de tu auxilio.

 Ayúdanos a procurar que todas nuestras palabras y nuestras obras estén orientadas a construir tu Reino de amor.

AMÉN

LECTURAS DEL DOMINGO XXII

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios,
por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

 


 

martes, agosto 25, 2026

Cristianismo y religiosidad

Breve escrito de Dietrich Bonhoeffer (1)

Para muchos, “ha pasado el tiempo de la interioridad y de la conciencia moral, es decir, precisamente el tiempo de la religión en general”, y podemos decir que nos encaminamos hacia una época totalmente arreligiosa. Pareciera que los hombres, tal como son ahora, ya no pueden seguir siendo religiosos.

Nuestra predicación y teología cristiana descansan sobre el “a priori religioso” de los hombres. El cristianismo ha sido siempre una forma de la “religión”.

Si una vez se llega a verse claro que este a priori no existe, sino que ha sido una forma de expresión del hombre históricamente condicionada y, si, por lo tanto, los hombres llegan a ser arreligiosos de una manera verdaderamente radical, ¿qué significaría entonces esta situación para el cristianismo?

Todo el cristianismo precedente quedaría privado de un elemento fundamental, y ya no podría pisar tierra firme desde el punto de vista “religioso”. Y podríamos juzgar la forma occidental de cristianismo como mera etapa previa de una completa arreligiosidad. ¿Qué situación surge entonces para nosotros, y para la Iglesia? ¿Cómo puede convertirse Cristo en el Señor, incluso de los no religiosos? Si la religión es tan solo un ropaje del cristianismo, ¿qué es entonces un cristianismo arreligioso?

¿Qué significaría una Iglesia, una parroquia, una predicación, una liturgia, una vida cristiana en un mundo sin religión? ¿Cómo se puede hablar de Dios sin religión, cómo hablar “mundanamente” acerca de Dios? ¿Cómo somos los llamados, sin considerarnos unos privilegiados en el plano religioso, sino como pertenecientes plenamente al mundo?

Cristo no sería objeto de una religión, sino algo completamente diferente, realmente el Señor del mundo. ¿Qué significa esto? ¿Qué significa el culto y la plegaria en una ausencia de religión?

La cuestión paulina acerca de si la circuncisión (peritomé) es condición para la justificación (Gal. 6,15), hoy en día la podríamos referir a si la religión es condición para la salvación. Librarnos de la circuncisión es liberarnos de la religión.

Pareciera que el hombre religioso acude a Dios fundamentalmente ante los límites humanos. Pero ¿cuáles son esos límites? La muerte y el pecado son considerados límites. Pareciera que hablan de los límites humanos como si pretendieran reservar un lugar para Dios.

El Dios cristiano es, por el contrario, el Dios de la vida. Del centro, de la fuerza. En los límites, lo apropiado es guardar silencio y dejar sin solución lo insalubre.

La resurrección no es la “solución” a la muerte. El “más allá” de Dios no es el más allá de nuestra capacidad de conocimiento. Dios está en el centro de nuestra vida, aun estando más allá de ella. Dios está siempre en medio de la aldea.

Interpretar y anunciar a Dios y a los milagros de un modo no religioso.

¿Qué significa interpretar religiosamente? Hablar, por una parte, de forma metafísica y, por otra parte, de forma individualista. Esto no cuadra ni con el mensaje bíblico ni con el hombre actual.

La cuestión de la salvación personal del alma es hoy poco relevante. Y aun bíblicamente, tampoco lo es. “La justicia y el Reino no son el centro de todo.” “Pero todos son hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la redención realizada en Cristo Jesús.” (Romanos 3,24ss.)

Lo que está más allá de este mundo quiere existir para este mundo, en el sentido bíblico de la creación y la encarnación, de la crucifixión, resurrección de Jesucristo.

En lugar de la religión se halla ahora la Iglesia, pero el mundo queda, en cierto sentido, solo y abandonado a sí mismo.

Cómo interpretar penitencia, fe, justificación, nuevo nacimiento y santificación. (Jn 1,14). La ciencia, (la religiosidad), la profecía, (la interpretación) pasarán; el amor no muere, no se agota, no tiene fin. (1 Co 13,8)

 

 1. pág. 150 en Resistencia y sumisión , Dietrich Bonhoeffer.

 


sábado, agosto 22, 2026

¿Quién decís que soy yo?


Queridos amigos y hermanos,

Hay preguntas que no buscan información, sino que invitan a quien es preguntado a tomar una decisión y responder desde el corazón y desde la propia vida. En el Evangelio de este domingo, Jesús formula una de esas preguntas decisivas: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Es una pregunta que atraviesa los siglos y llega también hasta cada uno de nosotros. Podemos conocer muchas cosas sobre Jesús, haber oído hablar de Él y saber muchas cosas acerca de su vida y de su mensaje. Pero llega un momento en que no basta con repetir respuestas aprendidas. Es necesario dar una respuesta personal.

Jesús comienza preguntando qué dice la gente sobre Él y luego llega la pregunta decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Ya no se trata de lo que dicen los demás. Ahora la respuesta es personal.

Pedro responde con una confesión admirable: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Pero Jesús le recuerda inmediatamente que esa respuesta no nace solamente de su inteligencia o de sus capacidades: «Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».

La fe es un regalo antes que un mérito. Es siempre gracia. No es simplemente el resultado de un razonamiento perfecto ni la conquista de un esfuerzo humano. Es Dios quien sale a nuestro encuentro y abre nuestros ojos para reconocer a Cristo. La fe no atraviesa solamente nuestra mente y nuestras ideas; toca también el corazón y transforma nuestra vida.

San Pablo, en la segunda lectura, concluye con una admirada alabanza: «¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!» La fe no consiste en poseer todas las respuestas, sino en dejarnos abrazar por Dios y caminar confiados detrás de Aquel que tiene palabras de vida eterna.

Por eso estamos llamados a edificar nuestra existencia sobre esa misma roca: Cristo. No sobre nuestras seguridades, nuestros éxitos, nuestros bienes o nuestras propias fuerzas, sino sobre Aquel que permanece cuando todo lo demás puede tambalearse.

Y la respuesta más verdadera a la pregunta de Jesús se expresa en nuestra manera de vivir, de amar, de servir, de perdonar, de compartir y de confiar.

Señor Jesús, gracias por el maravilloso don de la fe, por llamarnos a seguirte y por permitirnos formar parte de tu Iglesia. Ayúdanos a reconocerte como el Mesías, el Hijo del Dios vivo, y a construir nuestra vida sobre la roca firme de tu amor.


Lecturas del Domingo XXI del Tiempo  Ordinario 

Domingo XXI  TO “A” Evangelio de Mt.16,13-20

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto,
te destituirán de tu cargo.
Aquel día llamaré a mi siervo,
a Eliaquín, hijo de Esquías,
le vestiré tu túnica,
le ceñiré tu banda,
le daré tus poderes;
será padre para los habitantes de Jerusalén
y para el pueblo de Judá.
Pongo sobre sus hombros
la llave del palacio de David:
abrirá y nadie cerrará;
cerrará y nadie abrirá.
Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro,
será un trono de gloria para la estirpe de su padre».

Salmo

Salmo 137, 1-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc R/. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

El Señor es sublime, se fija en el humilde
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?
Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

 

domingo, agosto 16, 2026

Todos llamados a la Salvación

                                 

La liturgia de este domingo nos invita a confrontarnos, desde la Palabra de Dios, con una realidad siempre presente en la comunidad humana y especialmente actual en nuestro tiempo: ¿cómo nos relacionamos con quienes son diferentes de nosotros?

Aunque tengamos deseos de ser acogedores con el extranjero y con el inmigrante, muchas veces encontramos razones para sospechar de su presencia. Parece existir en el corazón humano una tendencia a dividir, un miedo a aceptar al diferente y una dificultad para mirarnos desde el respeto, el diálogo y la fraternidad.

También el pueblo de Israel, que se sabía elegido por Dios para manifestar al mundo las maravillas de la salvación, tuvo muchas veces miedo de los extranjeros, hasta considerar peligroso todo lo que venía de fuera. Sin embargo, el profeta Isaías anuncia un horizonte nuevo: la salvación de Dios está destinada a todos los pueblos. La casa de Dios será una casa de oración para todas las naciones.

La salvación que Dios ofrece no puede ser auténtica cuando excluye o separa, sino cuando acerca, hermana y facilita el encuentro. La fe no puede reducirse al cumplimiento externo de normas; debe conducirnos al encuentro con Dios y con los demás, a la fraternidad, a la dignidad y al respeto por toda persona.

También san Pablo descubre, por la acción del Espíritu Santo, que el amor de Dios no puede quedar encerrado en una cultura, una tradición o una institución. Todos están llamados a alcanzar la misericordia, porque la gracia es iniciativa de Dios y su proyecto es que nadie quede fuera.


Esta verdad aparece con especial fuerza en el Evangelio, en el encuentro de Jesús con la mujer cananea. Es una mujer pagana que se acerca gritando de dolor y suplicando por su hija. Se encuentra con una mentalidad religiosa que establecía fronteras entre los que pertenecían al pueblo elegido y los que estaban fuera. Incluso los discípulos quieren que Jesús la atienda para que deje de gritar y los moleste.

Pero aquella mujer no se rinde. Su respuesta se convierte en una de las grandes confesiones de fe del Evangelio: “También los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Esta simple frase se convierte en una enorme confesión de fe, de las más grandes que recogen los evangelios: Dios es para todos.

El mundo en el que vivimos tiene muchas “mujeres cananeas” que gritan desesperadas por sus hijos enfermos, moribundos, endemoniados… Los que estamos de este lado de la mesa no podemos sino abrirla para que quepan todos y se sientan en casa. No es solo el alimento o el vestido: es la fraternidad, es el espíritu de dignidad humana, es el corazón del Evangelio que nos empuja a amar.

 




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