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lunes, junio 15, 2026

Adiptos sin saber.

Adicción a los teléfonos inteligentes y al internet.

Nuestro mundo está lleno de información, ofertas y ruido, pero sigue teniendo hambre de sentido.Vivimos en una sociedad marcada por la incertidumbre, el cansancio y la superficialidad. En una sociedad donde todo parece tener un precio y donde las personas son valoradas por su rendimiento, su imagen o su utilidad. Hay muchas personas cansadas, heridas y desorientadas. Frente a esta realidad. ¿Somos individuos libres, o masa de anónimos consumidores a merced de los algoritmos de alguna corporación?


Podemos caer en el vicio actual; es el celular o cualquier pantalla conectada a internet. No me mata, pero tampoco me deja vivir. 

Son muchos los cambios en la sociedad y la cultura y ahora podemos decir que vivimos en la economía de la atención; es el recurso más valioso, pero solo cuentas con una reserva de veinticuatro horas y algunas de ellas las has de ocupar en dormir y vivir tu vida. Los grandes competidores por atraer tu atención lo saben; ellos, nuestros competidores más grandes, son Facebook, YouTube y el sueño; ya ves por dónde van los tiros.

Que no cunda el pánico, pero no renuncies a conocer entre quién te encuentras. Las mentes más brillantes en  programación, tecnología, neurología, psicología social, etc., han sido compradas para alcanzar una sola misión: captar tu atención, hacerte adicto; conocer las debilidades de tu mente para mantenerte atrapado a la pantalla por todo el tiempo posible. 


Se habla de economía de la información; el hombre administra sus recursos escasos para que lleguen para el bien de todos. Bueno, eso es en teoría, pero ahora  vamos a entrar en eso. Lo que nos interesa entender en este punto es cuál es el objetivo  de todo esfuerzo humano.

Pero parece que la información no es escasa  ni valiosa; producimos tanta información como basura. Pero hay que reconocer que algo valioso se esconde en esta baraúnda informativa: captar la atención de la gente. Cada dos días se genera más información que el resto de la producida por toda la larga historia de la humanidad. 

Tenemos algo seguro: el cliente no eres tú, sino los anunciantes que pagan para captar tu atención. Buscar información y responder a nuestro instinto de socializar son los instintos primarios que hacen posible pasar  más de dos horas pendientes de pendejadas y memes estúpidos y  juegos adictivos. No digas: "Pero yo tengo libre albedrío, pues, cuando quiero, puedo dejar de mirar la pantalla, pero no es tan fácil". Los logaritmos utilizados  por las compañías dispensadoras de información conocen mucho de ti, de tus gustos, lo que capta tu atención, interés… y hasta necesidades. Puede mantenerte pegado a la pantalla consumiendo anuncios por tiempo indefinido.

Y hay algo muy grave que está en riesgo, que nos despojen de nuestra capacidad de empatía, que te hace ponerte en el lugar del otro; eres capaz de compartir sentimientos, no por instinto de conservación, por hábitos aprendidos, no se trata de búsqueda de recompensa y sensaciones,  de seguridad y placer. Estamos hablando de esos sentimientos humanos forjados en el conocimiento, la libertad y la voluntad, arropados por la capacidad de elegir y tomar decisiones, y no solo para tu provecho, sino para la felicidad del otro.


La ansiedad es la enfermedad más extendida; tu salud está en juego. La felicidad es relativa, pero solo ves la vida de los otros y solo ves el mundo catastrófico, enemigos, tragedias; los otros siempre son el problema… para que vivas una silenciosa resignación. 

No te hagas ilusiones, no vamos a utilizar logaritmos que nos permitan manejar la estupidez humana; a eso no va a renunciar, porque si no, otros ocuparían ese lugar en captar la atención. Por lo tanto, eres tú quien tiene que romper y actuar. 

Comineza con esta pequeña pregunta: ¿ Cuando fue el momento que pasaste  5 minutos  de silencio?



lunes, marzo 30, 2026

Familias

 Amoris laetitia  Diez años después.

1. La Biblia no es un catálogo de normas ideales, es más bien un itinerario de crecimiento en la fe y en la esperanza en mitad de las dificultades de la vida. La Palabra de Dios es compañera de familias que están en crisis o en medio de algún dolor y les muestra el camino

2.  En nuestro mundo encontramos por todas parte las consecuencias del individualismos y la fragmentación, cada uno en su encierro y con su pantalla. Pero   esto no niega la otra parte de la realidad; “muchas familias que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque que caigan muchas veces a los largo del camino (Papa Francisco).

3. La iglesia no puede convertirse en una carga insoportable para las familias, sino una invitación a un camino. La Iglesia necesita una sensibilidad nueva de la pastoral del matrimonio. Debe captar los elementos positivos presentes en los matrimonios civiles, y con las debidas diferencias, en las convivencias. La propuesta cristiana, aun afirmando con claridad el mensaje cristiano, señalemos también elementos constructivos en aquellas situaciones que no se corresponden aún o ya con él. No se trata de poner etiquetas sino promover un camino nuevo, como hizo Jesús con sus discípulos.



4. El amor de la pareja. “Todos somo una combinación de luces y sombras. Me ama como es y cómo puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real.  Todo amor es limitado y terreno, el amor convive con la imperfección, la disculpa y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado (AL 113).” “El amor no es un sueño idílico y perfecto, el amor no es amar lo perfecto, sino lo cotidiano, aceptar sus límites, desafíos o la imperfección y escuchar el llamado a crecer juntos” (AL135). Amar lo cotidiano, lo real, los límites, o lo imperfecto. El matrimonio no es un espacio excluyente y cerrado. La familia es el ambiente natural donde ampliar las relaciones, los encuentros y la sensibilidad hacia familias más vulnerables.

5. Hay una fecundidad amplia más allá de lo biológico. La familia no se reduce  la intimidad de la alcoba, sino que debe acoger la vida en su complejidad; vivir la relación hermanos, hijosnetos , conyuges,  integrar a los amigos y a las familias más vulnerables.

6. La misión de la Iglesia es acompañar e iluminar las crisis que necesariamente vendrán. Debe ser un acompañamiento pastoral, cercano, realista, encarnado. No es la dureza de criterio lo que necesita un apareja que pasa por momentos difíciles, sino una mirada a tenta que sea sal y luz, que alienta agradece y valora.

7. La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, de protección ante tantas pantallas y ocio deshumanizantes. Hay una necesidad imperiosa de pasar tiempo “con ellos hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes y las posibilidades sanas…Orientar y prevenir es una tarea que los padres no pueden dejar de lado, vigilancia, ayudarles a enfrentar riesgos (agresiones, abusos, drogas), de orientarles en la sexualidad y saber dónde están existencialmente.

8. Acompañar, discernir e integrar la fragilidad en esta sociedad excluyente es una urgencia espiritual y moral. Es fundamental que la Iglesia mire con amor a quienes participan de modo incompleto en su comunión, pues la gracia de Dios también obra en sus vidas. Descubrir la gracia en la fragilidad, la Iglesia debe ser una casa , un hospital en campaña. En  2 Corintios 12:9, hemos escuchado que Dios asegura que su amor y favor (gracia) son suficientes para superar cualquier limitación humana. Indica que la debilidad no es un impedimento, sino el escenario donde el poder divino se manifiesta plenamente.

Se trata de mirar hondamente, no de si se puede comulgar o no. Supone que, “en medio de una situación objetiva de pecado se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar pueda crecer en la vida de gracia”. ¿Comprendemos que la gracia del Espíritu se derrama en la fragilidad? ¿Comprendemos que el Espíritu está vivo en muchos matrimonios civiles, parejas de hecho, parejas homosexuales, prostitutas inmigrantes, tantos que llevan vidas muy difíciles?


Considero estas palabras como un compromiso a confiar en la bondad de Dios, a no condenar y esforzarse por encontrar la verdad, y si la encontramos no para admirarla sino para seguirla.

9. Orar en familia ante el Señor, ir juntos a la Eucaristía. La espiritualidad familiar acoge todo lo que les rodea con amor, cuidado, consuelo, mirada amorosa; acaricia, abraza, sueña y sale hacia los más pobre. Cuando en una familia alguno de sus integrantes renuncia a mirada  fe, no hay que buscar culpables, hay que mantener siempre  a la espera que la gratitud nos amplie la mirada.

10. Madurar y capacidad de amar es el camino que debe privilegiar toda familia humana. Hay una llamada constante y misteriosa que viene de la comunión trinitaria. No desesperemos por nuestro límites, pero tan poco renunciemos  a buscar la plenitud de amor y comión que se nos ha prometido.







lunes, febrero 09, 2026

Que hacer en familia

    Tomado de la exhortación "Amoris Laetitia" del Papa Francisco.

La familia es un grupo estable que se fundamenta en una preocupación e interés de unos por los otros, que se reconocen unidos por lazos de afecto y cuidado. La familia tradicional tiene un elemento esencial, que es la responsabilidad de reconocerse unidos por los mismos lazos de sangre, pero no agota el sentido amplio de familia.

En una familia, es un espacio de encuentro y convivencia, y para que no se convierta en un lugar de incomodidad y frustración, se debe favorecer: 

      1.  Educar con afecto en la familia (AL 263)

  • Que no abunden los silencios incómodos.       
  • Evitar discusiones, gritos y malos modos.
  • Que los otros miembros no sufran las consecuencias de nuestro mal humor.
  • Perdonar, disculpar y agradecer los detalles y las muestras de afecto recibidos.
  • Colaborar  de buen grado en las tareas domésticas.
  • Alegrarse de los triunfos y éxitos de cada miembro de la familia como si fueran propios.
  • Apoyar en los fracasos y en los momentos de dificultad a todos los integrantes de la familia.
        2. Crear espacios de empatía y amabilidad

  •           Procurar sonreír. La sonrisa genera ambiente de confianza y cordialidad en el hogar.
  •       Considerar como importantes los asuntos de padres, hermanos, abuelos…
  •       Acoger, escuchar. Cuando un miembro se acerca, probablemente es porque necesita ser escuchado.
  •       Cuando estamos con alguien de nuestra familia, no demostrar prisa, aburrimiento, cansancio.
  •           Infundir ánimos, con palabras y gestos amables, a quien sufre un problema.
 
        3. Escuela de valores (AL 266; 273-274)

  •       Motivación. Vivencia en familia de los valores que se proponen.
  •       Imitación. Es esencial que exista un ambiente rico en valores en el seno familiar.
  •       Identificación. Los valores introducidos en el comportamiento habitual de los padres tienen muchas más posibilidades de ser transferidos.
  •      Compromiso. Manifestar y ejercitar un valor en circunstancias difíciles, incluso adversas, contribuye a reforzarlo.       
  •       Repetición. El valor ha de convertirse en actitud y esta en hábito.
  •       Los valores son algo dinámico que se sitúa en el tiempo:
  •       Los asimilados en el pasado deben ser mantenidos.  
  •       Los valores del momento presente, concientizarlos. 
  •       Los del área de futuro deben ser trabajados.
4. Educar en la libertad (AL 267)

  •       Descubrir críticamente las propias esclavitudes.
  •           Comprendernos como personas que deben liberarse de adicciones que nos dificultan ser libres.
  •           Comprender la fe cristiana como una fuerza liberadora
  •           Contrastar el plan de la creación con las situaciones de opresión y violencia presentes en nuestro mundo.
  •           Conocer los esfuerzos de personas a lo largo de la historia para eliminar opresiones.   

F              5. Fortalecer la voluntad (AL 264. 266)

  •       Valorar el control de los gustos y deseos.                
  •        Colaborar en las tareas domésticas.                                                                                                  Adquirir el hábito de la puntualidad y el orden.                 
  •        Cuidado con pasar mucho tiempo ante el televisor, internet, videojuegos… Puede acostumbrarnos a eludir las actividades que menos nos gustan o requieren esfuerzo y atención.              
  •        Comenzar y terminar las tareas en los plazos previstos, no dejar para última hora.              
  •         El horario y las agendas donde estén presentes las actividades propias: estudio, tiempo libre, amigos, familia, obligaciones domésticas…    
6.              6.   Educar más allá de la escuela (AL 261)
  •        Aprender a compartir y a comunicar bienes materiales y vivencias personales.
  •        Hacer experiencias conjuntas: trabajo , juego, aficiones , descanso…
  •         Importante prestar atención a cada integrante de la familia: sus expresiones, sus dificultades, sus ilusiones…
  •        Aprendemos a respetar la diversidad: favorecer la autoestima, mejorar la convivencia, fomentar el servicio.
  •        Compartir la fe que les une, haciendo vivencia de la presencia de Dios, que es amor, ternura y perdón.

             7. La familia, lugar preferente de socialización (AL 276)
  •        Alegrarse de los éxitos de los componentes de la familia. Compartir su alegría. 
  •        Acompañar al que lo necesita.  
  •       Olvidar resentimientos, envidias y juicios negativos.
  •       Perdonar con generosidad.
  •       Descubrir y valorar cualidades de cada miembro de la familia.
  •       Favorecer el respeto:
  •        - Fundado en el afecto, aprecio y valoración de los demás.
  •        - Evitar palabras y gestos que hieren, molestan y ofenden.
  •         - Aprender a dar gracias.
  •        - No confundir respeto y tolerancia con indiferencia y despreocupación.
  •        - Diversidad vista como riqueza que se integra en la unidad y lleva al afecto incondicional.
  •        - Valorar el rol que ocupa cada miembro para construir familia.
  •        - Respetar el entorno: cuidando y valorando las cosas y personas. 
  •        - Aprender a ver lo bueno y ejercitar una mirada positiva a tu alrededor.  
  •          Dedicar tiempo a las tareas ordinarias: hacerlas con decisión, cuidar, ordenar…  
  •         Aprender cosas nuevas y practicar destrezas.















lunes, enero 19, 2026

Educar para reconstruir un país

Carlos Casanova Leal  - 

La familia venezolana está rota, como consecuencia de la migración, abuelos solos, o niños con abuelos sin padre en el lugar. La crisis llevó al joven a abandonar escuelas y liceos para ir en búsqueda del rebusque para vivir.

Para nadie es un secreto la crisis educativa. La corrupción, criticada, pero a su vez aceptada socialmente, cambió patrones de la moral.

La reconstrucción del país pasa por la formación de ciudadanos íntegros. Los valores que se han impuesto son contrarios a los fundamentos esenciales de la sociedad occidental. Aquí debemos detenernos para encontrar la responsabilidad que tenemos con la sociedad actual para su vigencia en el mediano y largo plazo.

 La juventud hoy vive en el paradigma tecno-céntrico, despojados de una visión holística, configurándose como operadores de herramientas tecnológicas de plataformas digitales, perdiendo la concepción de sí mismos como individuos con propósito y riqueza espiritual; el existir se convierte en métricas de logro y productividad optimizada por una moral utilitaria determinada por la rentabilidad instantánea. Estas conductas lo alejan del bien colectivo y de la dignidad intrínseca que como persona debe tener.

Al excluir a Dios del contexto educativo, reduce al ser humano a un organismo productivo, eficiente o utilizable. La fe católica, en cambio, restaura y devuelve la noción de dignidad trascendente, irreducible a métricas cuantificables de desempeño laboral o rendimiento algorítmico.

Lo que se discute no es solo el culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno. Las corrientes tecnológicas contemporáneas, tecnocracia, poshumanismo y el transhumanismo, postulan el avance instrumental como objetivo supremo sin anclaje trascendente, los estándares éticos se diluyen, y la tecnología muta de instrumento al servicio de la humanidad en ideología totalizante; he aquí el real problema objetivo de sus proponentes.

Los transhumanistas señalan que la evolución de la especie humana está en sus manos, el ser humano como reemplazable por partes hasta que sea tecnológico; visto así, el ser humano deja de percibirse como guardián de su propio legado para convertirse en objeto.

 Aquí se fractura la cadena intergeneracional de los valores morales, dando paso a las dinámicas digitales obsesionadas con la inmediatez y desechando lo heredado. En consecuencia, lo que se disipa no es solo un culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno.

La tradición cristiana provee estructuras de sentido, conciencia de finitud y deber moral. Su ausencia instala una ilusión de autosuficiencia que obstaculiza el encuentro genuino con el otro, el compromiso con el cuidado mutuo y la búsqueda del bien común. Adicionalmente, genera un empobrecimiento simbólico y ético, ya que la increencia no queda confinada al ámbito privado, sino que conlleva la degradación progresiva de narrativas, principios y costumbres que durante siglos han apuntalado la unidad social, la resiliencia emocional y la brújula moral colectiva.

Por ello considero que la educación religiosa católica debe impartirse en escuelas y liceos, desde la segunda casa, para enfrentar desde la educación la crisis moral, social y la pérdida de identidad. El problema no es la pérdida de fe solamente, sino una educación incompleta del ser humano.

 “El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones”. Una educación optativa, abierta a la transcendencia y al sentido. Una educación integral, trascendiendo a lo académico, forma en valores como disciplina, solidaridad y dignidad humana; es así como preparamos líderes y dirigentes éticos en contextos de crisis y de cómo coadyuvar en la reconstrucción del país.



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