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lunes, febrero 09, 2026

Que hacer en familia

    Tomado de la exhortación "Amoris Laetitia" del Papa Francisco.

La familia es un grupo estable que se fundamenta en una preocupación e interés de unos por los otros, que se reconocen unidos por lazos de afecto y cuidado. La familia tradicional tiene un elemento esencial, que es la responsabilidad de reconocerse unidos por los mismos lazos de sangre, pero no agota el sentido amplio de familia.

En una familia, es un espacio de encuentro y convivencia, y para que no se convierta en un lugar de incomodidad y frustración, se debe favorecer: 

      1.  Educar con afecto en la familia (AL 263)

  • Que no abunden los silencios incómodos.       
  • Evitar discusiones, gritos y malos modos.
  • Que los otros miembros no sufran las consecuencias de nuestro mal humor.
  • Perdonar, disculpar y agradecer los detalles y las muestras de afecto recibidos.
  • Colaborar  de buen grado en las tareas domésticas.
  • Alegrarse de los triunfos y éxitos de cada miembro de la familia como si fueran propios.
  • Apoyar en los fracasos y en los momentos de dificultad a todos los integrantes de la familia.
        2. Crear espacios de empatía y amabilidad

  •           Procurar sonreír. La sonrisa genera ambiente de confianza y cordialidad en el hogar.
  •       Considerar como importantes los asuntos de padres, hermanos, abuelos…
  •       Acoger, escuchar. Cuando un miembro se acerca, probablemente es porque necesita ser escuchado.
  •       Cuando estamos con alguien de nuestra familia, no demostrar prisa, aburrimiento, cansancio.
  •           Infundir ánimos, con palabras y gestos amables, a quien sufre un problema.
 
        3. Escuela de valores (AL 266; 273-274)

  •       Motivación. Vivencia en familia de los valores que se proponen.
  •       Imitación. Es esencial que exista un ambiente rico en valores en el seno familiar.
  •       Identificación. Los valores introducidos en el comportamiento habitual de los padres tienen muchas más posibilidades de ser transferidos.
  •      Compromiso. Manifestar y ejercitar un valor en circunstancias difíciles, incluso adversas, contribuye a reforzarlo.       
  •       Repetición. El valor ha de convertirse en actitud y esta en hábito.
  •       Los valores son algo dinámico que se sitúa en el tiempo:
  •       Los asimilados en el pasado deben ser mantenidos.  
  •       Los valores del momento presente, concientizarlos. 
  •       Los del área de futuro deben ser trabajados.
4. Educar en la libertad (AL 267)

  •       Descubrir críticamente las propias esclavitudes.
  •           Comprendernos como personas que deben liberarse de adicciones que nos dificultan ser libres.
  •           Comprender la fe cristiana como una fuerza liberadora
  •           Contrastar el plan de la creación con las situaciones de opresión y violencia presentes en nuestro mundo.
  •           Conocer los esfuerzos de personas a lo largo de la historia para eliminar opresiones.   

F              5. Fortalecer la voluntad (AL 264. 266)

  •       Valorar el control de los gustos y deseos.                
  •        Colaborar en las tareas domésticas.                                                                                                  Adquirir el hábito de la puntualidad y el orden.                 
  •        Cuidado con pasar mucho tiempo ante el televisor, internet, videojuegos… Puede acostumbrarnos a eludir las actividades que menos nos gustan o requieren esfuerzo y atención.              
  •        Comenzar y terminar las tareas en los plazos previstos, no dejar para última hora.              
  •         El horario y las agendas donde estén presentes las actividades propias: estudio, tiempo libre, amigos, familia, obligaciones domésticas…    
6.              6.   Educar más allá de la escuela (AL 261)
  •        Aprender a compartir y a comunicar bienes materiales y vivencias personales.
  •        Hacer experiencias conjuntas: trabajo , juego, aficiones , descanso…
  •         Importante prestar atención a cada integrante de la familia: sus expresiones, sus dificultades, sus ilusiones…
  •        Aprendemos a respetar la diversidad: favorecer la autoestima, mejorar la convivencia, fomentar el servicio.
  •        Compartir la fe que les une, haciendo vivencia de la presencia de Dios, que es amor, ternura y perdón.

             7. La familia, lugar preferente de socialización (AL 276)
  •        Alegrarse de los éxitos de los componentes de la familia. Compartir su alegría. 
  •        Acompañar al que lo necesita.  
  •       Olvidar resentimientos, envidias y juicios negativos.
  •       Perdonar con generosidad.
  •       Descubrir y valorar cualidades de cada miembro de la familia.
  •       Favorecer el respeto:
  •        - Fundado en el afecto, aprecio y valoración de los demás.
  •        - Evitar palabras y gestos que hieren, molestan y ofenden.
  •         - Aprender a dar gracias.
  •        - No confundir respeto y tolerancia con indiferencia y despreocupación.
  •        - Diversidad vista como riqueza que se integra en la unidad y lleva al afecto incondicional.
  •        - Valorar el rol que ocupa cada miembro para construir familia.
  •        - Respetar el entorno: cuidando y valorando las cosas y personas. 
  •        - Aprender a ver lo bueno y ejercitar una mirada positiva a tu alrededor.  
  •          Dedicar tiempo a las tareas ordinarias: hacerlas con decisión, cuidar, ordenar…  
  •         Aprender cosas nuevas y practicar destrezas.















lunes, enero 19, 2026

Educar para reconstruir un país

Carlos Casanova Leal  - 

La familia venezolana está rota, como consecuencia de la migración, abuelos solos, o niños con abuelos sin padre en el lugar. La crisis llevó al joven a abandonar escuelas y liceos para ir en búsqueda del rebusque para vivir.

Para nadie es un secreto la crisis educativa. La corrupción, criticada, pero a su vez aceptada socialmente, cambió patrones de la moral.

La reconstrucción del país pasa por la formación de ciudadanos íntegros. Los valores que se han impuesto son contrarios a los fundamentos esenciales de la sociedad occidental. Aquí debemos detenernos para encontrar la responsabilidad que tenemos con la sociedad actual para su vigencia en el mediano y largo plazo.

 La juventud hoy vive en el paradigma tecno-céntrico, despojados de una visión holística, configurándose como operadores de herramientas tecnológicas de plataformas digitales, perdiendo la concepción de sí mismos como individuos con propósito y riqueza espiritual; el existir se convierte en métricas de logro y productividad optimizada por una moral utilitaria determinada por la rentabilidad instantánea. Estas conductas lo alejan del bien colectivo y de la dignidad intrínseca que como persona debe tener.

Al excluir a Dios del contexto educativo, reduce al ser humano a un organismo productivo, eficiente o utilizable. La fe católica, en cambio, restaura y devuelve la noción de dignidad trascendente, irreducible a métricas cuantificables de desempeño laboral o rendimiento algorítmico.

Lo que se discute no es solo el culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno. Las corrientes tecnológicas contemporáneas, tecnocracia, poshumanismo y el transhumanismo, postulan el avance instrumental como objetivo supremo sin anclaje trascendente, los estándares éticos se diluyen, y la tecnología muta de instrumento al servicio de la humanidad en ideología totalizante; he aquí el real problema objetivo de sus proponentes.

Los transhumanistas señalan que la evolución de la especie humana está en sus manos, el ser humano como reemplazable por partes hasta que sea tecnológico; visto así, el ser humano deja de percibirse como guardián de su propio legado para convertirse en objeto.

 Aquí se fractura la cadena intergeneracional de los valores morales, dando paso a las dinámicas digitales obsesionadas con la inmediatez y desechando lo heredado. En consecuencia, lo que se disipa no es solo un culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno.

La tradición cristiana provee estructuras de sentido, conciencia de finitud y deber moral. Su ausencia instala una ilusión de autosuficiencia que obstaculiza el encuentro genuino con el otro, el compromiso con el cuidado mutuo y la búsqueda del bien común. Adicionalmente, genera un empobrecimiento simbólico y ético, ya que la increencia no queda confinada al ámbito privado, sino que conlleva la degradación progresiva de narrativas, principios y costumbres que durante siglos han apuntalado la unidad social, la resiliencia emocional y la brújula moral colectiva.

Por ello considero que la educación religiosa católica debe impartirse en escuelas y liceos, desde la segunda casa, para enfrentar desde la educación la crisis moral, social y la pérdida de identidad. El problema no es la pérdida de fe solamente, sino una educación incompleta del ser humano.

 “El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones”. Una educación optativa, abierta a la transcendencia y al sentido. Una educación integral, trascendiendo a lo académico, forma en valores como disciplina, solidaridad y dignidad humana; es así como preparamos líderes y dirigentes éticos en contextos de crisis y de cómo coadyuvar en la reconstrucción del país.



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