EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL
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18.10.26

DOMUND



MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV 
PARA LA 100.ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 
Algunas frases tomadas de este mensaje

Tu «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). 

  • En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas.
  • Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión. La unidad de los discípulos no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Jesús lo afirma con claridad: «Para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). Es en el testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria donde el anuncio del Evangelio encuentra toda su fuerza comunicativa.
Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia. La Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo.

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor. 

Sus oraciones y su apoyo concreto, especialmente con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, serán de gran ayuda para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados. Cada don, por pequeño que sea, se convierte en un acto significativo de comunión misionera. Por eso renuevo mi sincero agradecimiento «por todo lo que harán para ayudarme a apoyar a los misioneros en todas partes» (Videomensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2025). Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.
María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

5.5.26

Una mirada a la tarea Pastoral

 

La acción o el conjunto de actividades con las que la Iglesia continúa la misión de Jesucristo, actuando como "buen pastor" para acompañar, cuidar, curar y proteger al Pueblo de Dios. Se centra en la evangelización, la celebración sacramental y la caridad, involucrando tanto a sacerdotes como a laicos.

· La Pastoral en estos últimas décadas

Tres documentos han marcado la orientación pastoral eclesial durante las últimas décadas (1965,1975,2013) Gaudium et spes, Evangelii nuntiandi y Evangelii gaudium.

En la Evangelii gaudium hay dos expresiones muy significativa: Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo (EG 27) y la salida misionera es el paradigma de toda la Iglesia (EG 15), son como las palabras claves que nos indican que la conversión y la misión renuevan la Iglesia. Y podemos añadir esta concepción profunda del Papa Francisco sobre la tarea pastoral se comprende mejor desde las periferias, por eso hay una importante conexión entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora (EG 178).


· Los desafíos pastorales en la actualidad según EG 50-70

ü Hay que ser consciente de que hoy existe un economía de exclusión. Es un sistema que mata (EG 53-54)
ü Hay una idolatría del dinero, que gobierna el mundo en vez de servir al ser humano (EG 55-58)
ü Estamos en medio de una fuerte indiferencia relativista (EG 61-62)
ü Surgen nuevos movimientos religiosos de espiritualidades difusas (EG 63)
ü Aumenta la secularización (EG64-65)
ü Fuerte crisis de la familia (EG 66)
ü Individualismo posmoderno o “liquido” (EG 67)
ü Problemas en la relación fe – cultura(s) (EG 68-70)
ü Desafíos de la cultura urbana (EG 68)
ü Creciente polarización ideológica
ü Avance acelerado y descontrolado de las nuevas tecnologías  
ü Invasión del mundo digital en la comunicación.
ü La acelerada movilidad del trasporte.

 · Frente a estos desafíos es imprescindible no abandonar la reflexión, el discernimiento, tomar en serio la tradición de la Iglesia y muy en especial la realidad, poniéndolas a dialogar entre ellas . Acortar la distancia entre teología y pastoral, fe y vida, entre reflexión creyente y vida creyente.

Las dificultades y crisis de nuestro pueblo tienen un valor hermenéutico que nace del misterio de la encarnación. Hoy no vivimos solo en una época de cambios sino en un verdadero cambio de época.  Es necesario que nuestro compromiso cristiano sea pleno e integro: evangelizar educando y educar evangelizando. En una acción común que se encarna en el aquí y ahora en un compromiso y equilibro entre celebración de los sacramentos y acción social.



29.12.25

Por favor

 

Estoy interesado en saber si para alguien este escrito que comparto es legible, comprensible y con posibilidad de iniciar un diálogo sobre su contenido. Gracias por su atención. Déjenme su opinión, es importante.

Mi manera de leer las páginas del estupendo libro de Antonio Jiménez Ortiz, La fe en tiempos de incertidumbre, Ed. San Pablo 2018.

 1.  Conceptos como Dios, la fe, la salvación eterna, la Iglesia, la oración, aparecen como irrelevantes.    Y al mismo tiempo, en estos últimos tiempos, percibimos algunos signos de que la búsqueda de sentido está llevando a algunos a recoger los símbolos que eran irrelevantes.
Las instituciones religiosas sufren un desgaste más fuerte. En el ambiente social, lo humano adquiere la única norma de la verdad, pero todo este reconocimiento de un elemento que pareciera  que da soporte al sentido , queda disminuido en un relativismo absoluto donde cualquier valor es sustituible y cualquier opción de fe se diluye ante el conflicto y el dolor.
Todo esto no se reduce a una experiencia personal, pues todas las religiones, confesiones e ideologías que se ofertan con libertad, dentro de la legalidad, en un clima que quiere ser tolerante y de respeto, no son otra cosa que una situación de mercado.
La confusión y la sospecha alimentan esta actitud de vacío y debilidad en el creyente poco formado. Fuera de los grupos o comunidades eclesiales, el sentido de las propias creencias corre el peligro de desarraigo de la experiencia profunda religiosa y se convierte en un sincretismo, combinación subjetiva de fragmentos de credos que conduce a la indiferencia.
 Podemos decir que en las sociedades secularizadas europeas se ha desarrollado un clima en el que la experiencia religiosa tiende a quedarse recluida en el ámbito de lo privado, lo elegible y lo opinable.
Esto permite que el individuo seleccione lo que le interesa de la religión, guiado por principios de eficacia y del pragmatismo: “Esto me sirve, esto no me sirve”. La consecuencia de esta negación de una validez absoluta a lo elegido determina una práctica religiosa, la “carta”, regulada por las necesidades personales de los fieles.
Esta debilidad de la creencia no es consciente del error de que no somos creadores de absolutos, nosotros finitos, el absoluto es don y gracia. Ante este error, normalmente se amplía dando cabida a elementos científicos mal utilizados, convicciones esotéricas y supersticiosas.
 Es interesante que las personas que han llegado a este clima de ensoñación individualista se conviertan en grandes proselitistas necesitados de satisfacer su hambre. No se sienten fieles a sus opciones, no hay compromiso de fidelidad. Deciden en cada momento la necesidad y el gusto del libre consumidor.
Termino , en este mismo momento , en el primer cuarto del siglo XXI, cualquier variante que intenta salir de este vacío, y aunque inicialmente abre su mente al absoluto, a lo trascendente, ya sea en la música, al arte, la presencia en la calle es etiquetada como fascismo, ultraderecha, al menos en este país. 

                                                     

1.     2.   Mirando en derredor

 · ¿Qué tan cerca consciente eres de situaciones o ambientes de la sociedad europea que pudieran describirse con los siguientes binomios?

Secularidad y libertad religiosa, pluralismo y tolerancia, incertidumbre y búsqueda de seguridad, individualismo y solidaridad, filosofía de mercado y política social, ambiente empirista y tendencias espiritualistas, participación democrática y poderes globalizantes, ciencia y esoterismo, violencia y movimientos pacifistas, sensibilidad ecológica y contaminación ambiental, política y corrupción.

·        Espero que esta terminología no te sea desconocida y que tengas sensibilidad social capaz de reconocerla en tu propio ambiente.

  3.  Humanismos

Si hablamos de un humanismo cristiano o un humanismo abierto a la trascendencia, debemos superar los prejuicios del pensamiento liberal y laicista que nos desborda.

 Rasgos positivos como defensa de los derechos humanos o de las minorías étnicas y sociales, la condena de la guerra y de la violencia, el respeto a la naturaleza, la búsqueda de la justicia social y el rechazo a todo tipo de xenofobia son proclamados con insistencia, aunque con un matiz interesante: estos mismos rasgos positivos solo parecen existir unidos a la ideología de moda.

 

La exaltación del consumo y de la imagen, la fragmentación existencial y la exaltación del bienestar psicológico van acompañados de una desconfianza de la razón, del rechazo a los grandes relatos, de inseguridad ante el futuro, de relativismo e individualismo.

Concluimos diciendo que se percibe un interés por los valores postmodernista, pero que choca profundamente con una superficialidad y la carencia de interioridad que condiciona la experiencia religiosa.

El intento de buscar nuevas coordenadas que hagan posible vivir humanamente, más allá de los compromisos religiosos y políticos, hace que pierdan influjo las referencias tradicionales: cristiana, ideología política, las escalas de valores.

 3.          4.  La relación

 








11.5.25

Siervo de los siervos

                              


 En 1975, Robert Prevost estaba en la cima de su vida.

Profesor de matemáticas en Chicago. Católico devoto. Aceptado en la Facultad de Derecho de Harvard. Tenía todo lo que un joven podría soñar. Pero entonces —tomó una decisión que nadie esperaba. Dijo no a Harvard. No a un futuro de seis cifras. No a la fama. No a la comodidad.

Y sí —a algo que pocos se atreven a elegir: una vida de entrega total. Se unió a un grupo misionero y se mudó a Perú. No a las ciudades. No a los lugares turísticos. Sino a las aldeas más remotas—donde los niños mueren por enfermedades tratables. Y las familias caminan kilómetros solo por agua limpia. No había caminos. Ni agua corriente. Ni WiFi.Solo montañas. Silencio. Y pobreza. Pero él lo abrazó como su hogar.


Robert no solo vivió entre el pueblo. Se convirtió en uno de ellos.
• Aprendió quechua—el idioma sagrado de los incas
• Llevó alimentos a pie durante días
• Durmió en pisos de tierra con los aldeanos
• Rezó bajo las estrellas
Cuando no construía refugios, enseñaba matemáticas a niños descalzos bajo techos rotos.
Cuando no enseñaba, cargaba enfermos en burros para buscar ayuda.
Cuando no sanaba, escuchaba —escuchaba de verdad—historias que a nadie más le importaban.

Mientras sus amigos en casa se convertían en abogados y médicos, él se convirtió en algo completamente distinto:

Un pastor.
Un hermano.
Un guerrero silencioso de la fe.

Y poco a poco—su leyenda creció. Sus actos no se transmitieron por televisión. Pero resonaron por los Andes.
Los obispos lo notaron. Los sacerdotes lo notaron.
Y eventualmente—el Vaticano lo notó.
Lo llamaron de regreso para liderar toda su orden agustina.
De servir a una aldea, a supervisar a 2,800 hermanos en más de 40 países. 
Aun así—siguió usando las mismas sandalias. Aun así—caminó con los pobres. Aun así—rechazó el lujo.

Entonces llegó la llamada que lo cambió todo:
Roma lo quería más cerca. En 2020 fue nombrado arzobispo y asignado a gobernar a otros obispos a nivel mundial.
Fue algo inusual. Pero Robert nunca persiguió la tradición.
No solo hablaba latín o conocía el Derecho Canónico.
Era fluido en compasión. En humildad. En escuchar.
En presencia.


El Vaticano no vio solo a un sacerdote. Vieron a un líder con alma.
El 30 de septiembre de 2023, el Papa Francisco lo hizo oficial:
Robert Prevost fue nombrado cardenal. A un paso del papado.

Y luego… en 2025, se hizo historia. Por primera vez:
Un estadounidense.
Un exprofesor de matemáticas.
Un misionero entre los olvidados.
Fue elevado como el Papa número 267 de la Iglesia Católica.
Y no olvidó a las personas que lo formaron.
Hasta el día de hoy, el Papa Robert aún regresa a las mismas aldeas.
Aún reza en quechua.
Aún se sienta en suelos de tierra.
Aún toma de la mano a los ancianos en silencio.
Porque él cree que el liderazgo:
Es cuestión de presencia, no de posición.


El mundo está obsesionado con el poder.
Pero Robert Prevost demuestra:
• Los títulos no valen nada sin servicio
• El conocimiento es inútil sin amor
• Y la fe—sin sacrificio—es solo ruido


28.3.25

DUDAS Y ACLARACIONES

 ¿Basta sólo la fe para salvarse ?

-  No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  (Mt. 7,21)

La Iglesia de Cristo se acabó porque Constantino la contaminó.

-  Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. (Mt.16.18)

- Ya está cerca el fin del mundo. 

-      "Pero de aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles de cielo, ni el Hijo, sino el Padre" 

  Cristo, como Dios, no podía ignorar nada; pero la sabiduría divina que habitaba en nuestro Salvador, se comunicó a su alma humana según el placer divino.

¿Por qué venerar la cruz si es el arma que mató a Jesús? 

-  Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en post de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. (Mc. 8.34)

«Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados -sean judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor. 1,22-23).

La cruz representa victoria sobre la muerte y el pecado, y la salvación de la humanidad. La cruz representa la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, ya que por la muerte y resurrección la muerte fue vencida  y rescató a la humanidad de la condenación.


"Yo soy el que soy. Y dirás a los israelitas: Yo soy me ha enviado a ustedes."   

La palabra Jehová proviene del nombre hebreo Yahveh, que es una vocalización del Tetragrámaton YHWH. Jehová es una traducción al español de este nombre.
Origen de la palabra Jehová
El nombre Jehová surgió entre los cristianos en la Edad Media.

Se formó combinando las consonantes YHWH con las vocales de Adonai, que significa "Mi Señor".
“Jehová es la forma castellanizada del vocablo    hebreo Yahveh o Jahveh, que significa El que Existe por Sí mismo o El Eterno.
 
    En el fondo no sirve de nada discutir por el nombre antiguo de Dios. Nosotros vivimos ahora en el Nuevo Testamento y lo que nos importa es hablar de Dios como Jesús hablaba de El. Jesús vino a aclarar el misterio más profundo que hay en el Ser Divino: «Dios es amor». Dios es un «Padre» que ama a todas sus creaturas y los hombres son sus hijos queridos. Jesús mismo nos enseñó que debemos invocar a Dios como «nuestro Padre» (Mt. 6, 9).

¿De dónde viene la palabra «Yahvé»?

Esta palabra es una palabra hebrea, el hebreo es el idioma de los israelitas o judíos del Antiguo Testamento. En este idioma no se escribían las vocales de una palabra sino únicamente las consonantes. Era bastante difícil leerlo correctamente, porque al leer un texto hebreo, uno mismo debía saber de memoria qué vocales tenía que pronunciar en medio de las consonantes. El nombre de Dios: «YO SOY» se escribía con estas cuatro consonantes: Y H V H que los judíos pronunciaban así «Yahvé», y en castellano se escribe YAVE. La pronunciación «Yahvé» es sin duda la pronunciación más correcta del hebreo original para indicar a Dios como «Yo soy el que soy» (Los judíos del A.T. nunca dijeron Jehová).

¿De dónde viene la palabra Jehová?

Los israelitas del A.T. tenían un profundo respeto por el nombre de Dios: «Yahvé». Era el nombre más sagrado de Dios, porque Dios mismo se había dado este nombre.
Con el tiempo los israelitas, por respeto al nombre propio de Dios, dejaron de pronunciar el nombre de «Yahvé» y cuando ellos leían en la Biblia el nombre de «Yahvé», en vez de decir «Yahvé» dijeron otro nombre de Dios: «Edonai» (el Señor). Resultó que después de cien años los israelitas se olvidaron por completo de la pronunciación original (Y H V H, Yahvé) porque siempre decían «Adonay» (el Señor).
En la Edad Media (1.000 a 1.500 años después de Cristo) los hebraístas (que estudiaban el idioma hebreo antiguo) empezaron a poner vocales entre las consonantes del idioma hebreo. Y cuando les tocó colocar vocales en la palabra hebrea Y H V H (el nombre antiguo de Dios) encontraron muchas dificultades.

Por no conocer la pronunciación original de las cuatro consonantes que en las letras castellanas corresponden a YHVH y en letras latinas a JHVH, y para recordar al lector que por respeto debía decir: «Edonay» en vez de «Yahvé», pusieron las tres vocales (e, o, a) de la palabra Edonay; y resultó Jehová en latín. Es decir: tomaron las 4 consonantes de una palabra (J H V H) y metieron simplemente 3 vocales de otra palabra (Edonay) y formaron así una nueva palabra: Jehová. Está claro que la palabra «Jehová» es un arreglo de dos palabras en una. Por supuesto la palabra «Jehová» nunca ha existido en hebreo; es decir, que la pronunciación «Jehová» es una pronunciación defectuosa del nombre de «Yahvé».
En los años 1600 comenzaron a traducir la Biblia a todas las lenguas, y como encontraron en todos los textos bíblicos de la Edad Media la palabra «Jehová» como nombre propio de Dios, copiaron este nombre «Jehová» literalmente en los distintos idiomas (castellano, alemán, inglés…). Y desde aquel tiempo empezaron a pronunciar los católicos y los evangélicos como nombre propio de Dios del Antiguo Testamento la palabra «Jehová» en castellano.

Ahora bien, aun las Biblias católicas usan el nombre de «Yahvé» y no el de «Jehová».¿Está bien? Está bien porque todos los hebraístas modernos (los que estudian el idioma hebreo) están de acuerdo que la manera original y primitiva de pronunciar el nombre de Dios debía haber sido «Yahvé» y no «Jehová».
«Yahvé» es una forma del verbo «havah» (ser, existir) y significa: «Yo soy el que es» y «Jehová» no es ninguna forma del verbo «ser», como lo hemos explicado más arriba. Por eso la Iglesia Católica tomó la decisión de usar la pronunciación original «Yahvé» en vez de «Jehová» y porque los israelitas del tiempo de Moisés nunca dijeron «Jehová».

Hoy la tendencia en la Biblias católicas es simplemente decir  DIOS.

8.2.25

Hermanos enfermos

 


«La esperanza no defrauda» (Rm 5,5)

y nos hace fuertes en la tribulación

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo en el Año Jubilar 2025, en el que la Iglesia nos invita a hacernos “peregrinos de esperanza”. En esto nos acompaña la Palabra de Dios que, por medio de san Pablo, nos da un gran mensaje de aliento: «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5), es más, nos hace fuertes en la tribulación.

Son expresiones consoladoras, pero que pueden suscitar algunos interrogantes, especialmente en los que sufren. Por ejemplo: ¿cómo permanecer fuertes, cuando sufrimos en carne propia enfermedades graves, invalidantes, que quizás requieren tratamientos cuyos costos van más allá de nuestras posibilidades? ¿Cómo hacerlo cuando, además de nuestro sufrimiento, vemos sufrir a quienes nos quieren y que, aun estando a nuestro lado, se sienten impotentes por no poder ayudarnos? En todas estas situaciones sentimos la necesidad de un apoyo superior a nosotros: necesitamos la ayuda de Dios, de su gracia, de su Providencia, de esa fuerza que es don de su Espíritu (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1808).

Detengámonos pues un momento a reflexionar sobre la presencia de Dios que permanece cerca de quien sufre, en particular bajo tres aspectos que la caracterizan: el encuentro, el don y el compartir.

1. El encuentro. Jesús, cuando envió en misión a los setenta y dos discípulos (cf. Lc 10,1-9), los exhortó a decir a los enfermos: «El Reino de Dios está cerca de ustedes» (v. 9). Les pidió concretamente ayudarles a comprender que también la enfermedad, aun cuando sea dolorosa y difícil de entender, es una oportunidad de encuentro con el Señor. En el tiempo de la enfermedad, en efecto, si por una parte experimentamos toda nuestra fragilidad como criaturas —física, psicológica y espiritual—, por otra parte, sentimos la cercanía y la compasión de Dios, que en Jesús ha compartido nuestros sufrimientos. Él no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinación que nunca hubiéramos pensado tener, y que jamás hubiéramos hallado por nosotros mismos.

La enfermedad entonces se convierte en ocasión de un encuentro que nos transforma; en el hallazgo de una roca inquebrantable a la que podemos aferrarnos para afrontar las tempestades de la vida; una experiencia que, incluso en el sacrificio, nos vuelve más fuertes, porque nos hace más conscientes de que no estamos solos. Por eso se dice que el dolor lleva siempre consigo un misterio de salvación, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real, hasta «conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida» (S. Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes, Nueva Orleans, 12 septiembre 1987).

 2. Y esto nos conduce al segundo punto de reflexión: el don. Ciertamente, nunca como en el sufrimiento nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Señor, y que por eso es, ante todo, un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo “fieles a la fidelidad de Dios”, según la hermosa expresión de Madeleine Delbrêl (cf. La speranza è una luce nella notte, Ciudad del Vaticano 2024, Prefacio).

Por lo demás, sólo en la resurrección de Cristo nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. Sólo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, «ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios» (Rm 8,38-39). Y de esta “gran esperanza” deriva cualquier otro rayo de luz que nos permite superar las pruebas y los obstáculos de la vida (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 27.31). No sólo eso, sino que el Resucitado también camina con nosotros, haciéndose nuestro compañero de viaje, como con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-53). Como ellos, también nosotros podemos compartir con Él nuestro desconcierto, nuestras preocupaciones y nuestras desilusiones, podemos escuchar su Palabra que nos ilumina y hace arder nuestro corazón, y nos permite reconocerlo presente en la fracción del Pan, vislumbrando en ese estar con nosotros, aun en los límites del presente, ese “más allá” que al acercarse nos devuelve valentía y confianza.   

3. Y llegamos así al tercer aspecto, el del compartir. Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. ¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos “ángeles” de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos: enfermos, médicos, enfermeros, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas; y allí donde estemos: en la familia, en los dispensarios, en las residencias de ancianos, en los hospitales y en las clínicas.

Y es importante saber descubrir la belleza y la magnitud de estos encuentros de gracia y aprender a escribirlos en el alma para no olvidarlos; conservar en el corazón la sonrisa amable de un agente sanitario, la mirada agradecida y confiada de un paciente, el rostro comprensivo y atento de un médico o de un voluntario, el semblante expectante e inquieto de un cónyuge, de un hijo, de un nieto o de un amigo entrañable. Son todas luces que atesorar pues, aun en la oscuridad de la prueba, no sólo dan fuerza, sino que enseñan el sabor verdadero de la vida, en el amor y la proximidad (cf. Lc 10,25-37).

Queridos enfermos, queridos hermanos y hermanas que asisten a los que sufren, en este Jubileo ustedes tienen más que nunca un rol especial. Su caminar juntos, en efecto, es un signo para todos, «un himno a la dignidad humana, un canto de esperanza» (Bula Spes non confundit, 11), cuya voz va mucho más allá de las habitaciones y las camas de los sanatorios donde se encuentren, estimulando y animando en la caridad “el concierto de toda la sociedad” (cf. ibíd.), en una armonía a veces difícil de realizar, pero precisamente por eso, muy dulce y fuerte, capaz de llevar luz y calor allí donde más se necesita.

Toda la Iglesia les está agradecida. También yo lo estoy y rezo por ustedes encomendándolos a María, Salud de los enfermos, por medio de las palabras con las que tantos hermanos y hermanas se han dirigido a ella en las dificultades:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

Los bendigo, junto con sus familias y demás seres queridos, y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 14 de enero de 2025                               Francisco 

 

31.1.25

Después de la catequesis ¿Qué?

 


¿Qué hacemos?

Una vez terminado su proceso catequético de iniciación de los adolescentes y jóvenes y adultos, han sufrido una gran desorientación y, en algunos casos, una sensación de abandono, dado que la mayoría de las parroquias no cuentan con un proyecto pastoral donde se contempla la catequesis de adultos ni su salida hacia el futuro, muchos, abandonan la comunidad cristiana, salvo en contados casos en que determinados jóvenes continúan porque, detrás de ellos, hay una comunidad de jóvenes mayores que los ha acogido

Los  grupos que terminan el proceso catequético o acción catequizadora suelen experimentar un gran desconcierto. Bastantes grupos querrían continuar, pero ante la carencia de ofertas parroquiales que canalicen la experiencia de fe vivida en ellos, unos terminan por continuar profundizando el evangelio dominical; otros, algún libro de actualidad; otros grupos tratan de convertirse en una especie de movimiento apostólico, incluso se dan grupos que abordan temas que han sido elaborados para la etapa del primer anuncio y la pre catequesis.

Responsables parroquiales se preguntan: ¿qué aporta la catequesis a la vida parroquial, si todos los esfuerzos catequéticos, sobre todo con adolescentes, no se ven compensados con una posterior incorporación activa a la vida de la comunidad?

En realidad los catequizandos tendrían que ser informados y preparados para el después de la etapa catequética, para la etapa comunitario-pastoral que después van a vivir en la comunidad cristiana.

        No se ha logrado formar unas comunidades juveniles de referencia, antes de lanzarse a la catequesis preconfirmatoria situada en la adolescencia. Por eso, la mayor parte de los esfuerzos en torno a la confirmación no han sido más fecundos: han desembocado en el vacío comunitario. También sucede lo mismo con una catequesis iniciatoria de adultos o de adolescentes-jóvenes, no canalizada después convenientemente en la vida de la comunidad.

Muchas de las experiencias catequizadoras con jóvenes y adultos han abusado de hojas, libros, cuadernos.., han enseñado muchas cosas, pero no han favorecido la experiencia del encuentro con Dios, con Jesús, el Señor, en la fe, que es la base de la iniciación cristiana.

«La experiencia habla claramente del fallo de una catequesis que sólo presenta la experiencia cristiana como debería ser, es decir, en abstracto, sin confrontación visible y constatable con la realidad vivida por la comunidad»

Por lo que respecta a los adolescentes, los encuentros preconfirmatorios a lo más que llegan, quizá, es a que comiencen a descubrir la simpatía por Jesús, que Jesús y su mensaje puede ser interesante para sus vidas; pero no llegan, al menos en un largo período de su catequesis preconfirmatoria, a la experiencia de encuentro con Dios, con Cristo, el Señor.

Parte de nuestros iniciados –recientes y menos recientes– se han marchado de nuestras comunidades parroquiales acaso en busca de experiencias religiosas más profundas, porque en la catequesis de iniciación hemos  destacado la vertiente del compromiso en el campo socio-político o exigencia transformadora de la fe y no hemos favorecido suficientemente ni el encuentro vivo y personal con Jesús, el Señor (la experiencia cristiana), ni les hemos ofrecido con el mismo interés cauces de interioridad, oración, lectura cristiana de la vida, etc.

Sería provechoso que las comunidades cristianas ofrezcan periódicamente a los cristianos ya iniciados unas eucaristías distintas, más reposadas, en las que se pueda comentar en común la Palabra, recitar salmos, cantar recogidamente, etc., como lo deberían haber hecho durante el proceso catequético.

Debemos tener en cuenta con los adolescentes y jóvenes su mundo simbólico-cultural diferente, la calidez de sus grupos de fe, etc., de deben tener celebraciones periódicas pensadas para ellos.

En este sentido, sería de desear y de esperar que los cristianos iniciados en la lectura de los acontecimientos desde claves cristianas pudieran desembocar en grupos de revisión de vida o movimientos apostólicos.

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Pero es muy importante evitar se que la catequesis promueva «un movimiento comunitario paralelo, al margen de nuestras parroquias, sin contribuir a renovarlas, lo que supondría que la catequesis no ejerce su misión de incorporar a los cristianos a la comunidad»

Se debe pensar que es necesario revisar todo el de funcionamiento pastoral: hay que prever salidas, al catecumenado de confirmación, por ejemplo, mediante grupos de fe en los que se realice la educación permanente de la fe, se contrasten las acciones apostólicas llevadas a cabo en el entorno social, se celebre gozosamente la fe y así se colabore al crecimiento de la comunidad parroquial. Esto supondría una preparación de animadores de estos grupos o de otras posibles salidas pastorales.

«No es tarea específica de la acción catequética el promocionar, crear y organizar la vida comunitaria de una Iglesia local» (CC 288). Pero el movimiento catequético no puede abandonar a quienes, una vez iniciados, buscan apoyos comunitarios.

Unas comunidades que siguen, acogen y planifican acciones para quienes terminan su iniciación cristiana, o vuelven a la fe, está suponiendo unas auténticas comunidades propias para tiempos de misión, y la parroquia, institución heredada de la cristiandad, difícilmente puede responder a esa exigencia comunitaria, a no ser que se transforme mucho más de lo que se ha transformado.

Aquellos lugares pastorales en que existen comunidades juveniles asentadas, sean parroquiales o de otro estilo (CVX, Fraternidades marianistas, franciscanas, Movimiento juvenil salesiano, de Juventudes marianas, vicencianas, comunidades de base, neocatecumenales...), son los lugares más indicados desde donde se puede convocar a los adolescentes a la confirmación.

Todavía muchos piensan que «la acción misionera es obra de todos, la acción catequética es obra de los catequistas, y la acción pastoral pertenece a los pastores», esto no responde a una visión actual de la Iglesia evangelizadora. Las tres acciones implican a toda la comunidad cristiana, si bien los grados de responsabilidad en los cristianos pueden variar de unos a otros.

Hay que reconocer que los mismos iniciados en la fe no muestran con frecuencia verdadero interés por poner en marcha o incorporarse a esas plataformas comunitarias: grupos de fe, escuelas bíblicas, grupos de revisión de vida, comunidades eclesiales de base..., solemos decir que por falta de compromiso, pero también escuchamos a algunos que tienen temor de incorporarse a unos grupos más preocupados por el protagonismo y   el cumplimiento que favorecer el encuentro con Jesús y el servicio a los hermanos.

Más que buscar escusas porque las cosas no van , debemos quizás invocar, una vez más, a nuestra debilidad, a nuestra condición de pecado: «llevamos este tesoro en vasijas de barro»? (2Cor 4,7). Es imprescindible una conversión pastoral en toda la Iglesia.

A la hora de intentar poner en marcha la acción pastoral, parece obligado recordar tres principios pastorales:

a)      No hay catequesis sin comunidad. Los catequistas no transmiten lo que se les ocurre. Disponen del mandato de Jesús: «Enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,20). Esto Jesús se lo dice a los apóstoles como Iglesia naciente. La comunidad cristiana es el origen de la catequesis. Más aún, «el ámbito normal de la catequesis es la comunidad» Más todavía, «la catequesis es una acción educativa que se realiza desde la responsabilidad de toda la comunidad, en un contexto o clima comunitario referencial, para que los que se catequizan se incorporen activamente a la vida de dicha comunidad» (CAd 126).

b)      No hay comunidad sin catequesis. Desde los comienzos de la Iglesia de Jesús observamos que la predicación apostólica y la catequesis —la escucha de la enseñanza de los apóstoles (He 2,42)— eran uno de los pilares de la comunidad. Esta iba creciendo porque los que se bautizaban —tras haber escuchado y obedecido al evangelio (una vez iniciados) (cf He 2,37-40; 8,4-10)– se agregaban a la comunidad (He 2,41; 8,11-13). La comunidad se reúne en torno a Jesús, y la meta de la catequesis es vincular a los catequizandos con Jesús (cf He 9,5-6).

c)      c) Es incoherente una catequesis de iniciación cristiana si no están proyectados, para después, unos medios que den profundidad y madurez a dicha iniciación. Tanto las pequeñas comunidades eclesiales de base y los grupos de fe, como los cursos teológico-bíblicos, las celebraciones especiales para iniciados etc., pueden —y en algunos casos deben— ser interparroquiales.

Reconocemos al Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, como el gran agente de la acción pastoral. Sin él, Dios queda lejos, Cristo queda en el pasado, el evangelio es letra muerta, la Iglesia es simple organización, una dominación la autoridad, una propaganda la misión, una evocación mágica el culto y una moral de esclavos el quehacer cristiano».




24.1.25

Grupos en la Iglesia

 


Hay una inquietud muy sentida entre los que acompañamos a adolescentes y jóvenes en su educación en la fe.  

Muchos de los grupos de catequesis de jóvenes y adultos, una vez terminado su proceso catequético, han sufrido una gran desorientación y, en algunos casos, una sensación de abandono, dado que la mayoría de las parroquias no cuentan con un proyecto pastoral que  sea de acogida para los adolescente, jóvenes que se inician en la fe y les acompaña en su salida  hacia el futuro. No contamos con una praxis pastoral que estimule la pertenencia a la comunidad .

Se ha de evitar el favorecer «un movimiento comunitario paralelo, al margen de nuestras parroquias, sin contribuir a renovarlas, lo que supondría que la catequesis no ejerce su misión de incorporar a los cristianos a la comunidad»

    Potenciar de la  dimensión comunitaria de la catequesis exige que el itinerario catequístico  se tome en serio no solo la preparación sino la mirada hacia donde debe llegar un cristiano adulto en su fe.

Juan Pablo II recalca la conveniencia de las pequeñas comunidades eclesiales en el marco de las parroquias y no como un movimiento paralelo que absorba a sus propios miembros; estas «pueden ser una ayuda notable en la formación de los cristianos, pudiendo hacer más capilar e incisiva la conciencia y la experiencia de la comunidad y de la misión eclesial» (ChL 61; DGC 258c).


17.7.24

Católicos en la Calle

 

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. “ (Juan 10,16)

Es Contigo 

  Si eres bautizado, eres discípulo de Jesús, miembro de una comunidad cristiana; si te alejaste vuelve a  casa. Te esperamos, recuerda: el tiempo de Dios es perfecto, responde a su llamada.  Todos seamos Buena Noticia.



Jesús en la Calle 

El lugar habitual de su predicación era la calle, abierto al encuentro con todos.

Jesús camina y ofrece su  Palabra, su cercanía y sus signos. Nunca busca el espectáculo ni el deslumbrar al que le escucha, da espacio y tiempo para que cada uno asimile su mensaje y se abra a su propuesta, por eso habla en parábolas. Jesús no destruye, ofrece una  mirada nueva  para reconocer las maravillas de Dios y de la vida .

      Lo  importante

Los creyentes tengan  un conocimiento  profundo  e integral de las páginas del evangelio, que practiquen la oración cotidiana como diálogo con el Señor y que participen  activamente en la celebración de la Eucaristía. que es el memorial  de su amor incondicional por todos los seres humanos.

La Buena Noticia

 La Buena Noticia es Jesús y el Evangelio,  es el don que debemos compartir, es la palanca que debemos utilizar para salirnos de la  rutina y de la comodidad que nos roba la alegría de la fe.