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jueves, noviembre 27, 2025

ADVIENTO

 

ADVIENTO 

En este tiempo de Adviento

Sí, la liturgia no es un adorno en la monotonía de nuestra existencia. Hemos de reconocer que, por el contrario, en ella encontramos el agua viva que da sentido a todo lo que somos.

El año litúrgico ha de ser para nosotros, cristianos, un camino que educa nuestra mirada y nuestro corazón. Nos vamos a detener en unas pequeñas notas sobre el tiempo de  Adviento que comienza este 30 de noviembre.

Si algo necesitamos con urgencia, nuestro mundo es mantener viva la esperanza, frente a la monotonía del tiempo y el desencanto de la rutina del  espacio que nos cerca. Permanentemente hemos de encontrar motivos y razones que reanimen nuestra esperanza en lo mejor de nosotros y de la vida. Para ello necesitamos esperar a Dios y orientar el corazón hacia su presencia.

No se puede llegar a Dios sin descubrir cómo Él nos ama; desde ahí alcanzamos la extraordinaria certeza de que existimos porque Él nos ama. Contemplar la manera en que Dios quiso venir al mundo, en pobreza y obediencia real, nos orienta en descubrir el origen de lo que somos y tenemos.

¿Desde qué pobreza nos reconocemos amados y llamados? Nuestras circunstancias, debilidades y fortalezas, limitaciones e incertidumbres. Es precisamente ahí, asumiendo en obediencia nuestra propia realidad, donde Dios quiere encontrarse con nosotros.

El Adviento no puede ser solo recordar, eso sería una traición a la bondad que Dios a través de la liturgia nos ofrece. Debemos revivir lo que creemos y esperamos. Durante las tres primeras semanas de adviento se nos recuerda la segunda venida del Señor y en la última nos invita a centrarnos en la espera del Redentor.

Para nosotros, vivir el adviento es acercarnos a la presencia de Dios, que continuamente viene a nosotros en los pequeños gestos de la vida ordinaria y en los acontecimientos que nos empujan a salir de nuestras seguridades y zonas de confort, y así celebramos mejor su venida en la historia y al final de los tiempos.

Todos somos de alguna manera profetas; por nuestro Bautismo, estamos llamados a descubrir en nuestras propias faltas y en las de la sociedad en que vivimos,  poder vernos desde la mirada de Dios cercana, interpretar los signos de los tiempos y proclamar la voluntad del que nos ama para construir su Reinado.

Necesitamos una actitud de apertura; Juan Bautista y María, obediencia como José y la sencillez, alegría y acogida de los pastores.

 


viernes, noviembre 14, 2025

TIEMPO LITURGICO

 


Estamos concluyendo un año litúrgico. 

La Iglesia nos invita, siguiendo la Palabra de Jesús de Nazaret, a dirigir una mirada de esperanza a este mundo de tantas catástrofes, guerras, migraciones, hambrunas y convulsiones sociales y eclesiales. 

Frente a una realidad que pareciera que nos invita a pensar en el fin del mundo, como expresión reivindicativa contra los que favorecen tanta injusticia y oprobio, la Iglesia nos llama a mantener la capacidad de escucha en el actuar de Dios, en los signos de los tiempos.



Una mirada desde una presencia activa, desde un actuar esperanzado. La Palabra nos recuerda que Dios hace todas las cosas nuevas.

Siendo conscientes de nuestros problemas, dificultades e inquietudes, busquemos en Jesús la luz y la fuerza necesarias para que el momento histórico que nos toca vivir lo afrontemos de manera lúcida y sensata.

Vivamos con dignidad y fe, como verdaderos discípulos de quien entregó su vida por nosotros y nos reveló el inmenso amor de Dios por este mundo, obra de su amor y providencia. 



sábado, noviembre 08, 2025

RESURRECCIÓN


Domingo XXXII


Feliz Domingo .

Con alegría comparto con ustedes, amigos y seguidores, la buena noticia del don único de la resurrección que en nuestro Bautismo hemos recibido, al incorporarnos a Cristo, participamos de su muerte y participaremos de su rección. 

Vivamos la vida nueva que se nos ha ddado.

viernes, octubre 24, 2025

El que se humilla será enaltecido

 


Dios mío, ten piedad de mi que soy un pecador         

Saludos hermanos:

El domingo pasado escuchamos el llamamiento de Jesús a orar siempre y sin desfallecer, hoy nos alerta de que no es suficiente con orar siempre.

Hay que orar bien, de la forma correcta. Todos  sabemos que no podemos desear mal a nadie y es una blasfemia pedir a Dios el mal para alguien. Pero puede haber oraciones “equivocadas”, que no sirven para escuchar a Dios, sino para gloriarnos de nosotros mismos.

Los piadosos corremos el riesgo de utilizar la oración para  justificarnos a nosotros mismos, aunque sea con el desprecio al prójimo y ofensa al Dios que escucha la oración del oprimido y acepta la plegaria de quien le sirven de buena gana.

Nos hemos acostumbrado a que se nos reconozcan los méritos. “Hemos trabajado y estudiado tanto que me lo merezco”, solemos decir. Esta es la mentalidad del mundo, lo he conseguido por mi mismo, en el Reino de Dios todo es gracia, don de Dios

 “El Señor es juez, y para él no cuenta el prestigio de las personas.” Ante Dios no hay diferencia entre pobres y ricos, humildes y poderosos. La justicia de Dios, si por algo se caracteriza, es por estar siempre del lado de los más pobres, que escucha la oración del oprimido y acepta la plegaria de quien le sirven con humildad y de buena gana.

El fariseo satisfecho de sí mismo no reconoce la bondad de Dios, solo reconoce sus obras, pero lo que le perdió fue el considerarse superior a los demás. Ser bueno implica también ser humilde.

A los ojos de los hombres, el publicano era un ser despreciable, pero Dios, que no ve las cosas como los hombres,  lo  ama y escucha. Y le concede la justificación, la gracia, porque fue sincero para con Dios. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

 

Se trata de ponernos en nuestro lugar, de ser humildes de corazón, y reconocer que estamos necesitados de la gracia de Dios, para poder alcanzar la salvación. Nuestros méritos ante Dios no son las muchas obras buenas, sino el querer ser mejor, convertirnos, reconocer nuestra debilidad y caminar en presencia del Señor.

Agradecidos por que hemos hecho lo que teníamos que hacer nos consideramos siervos inútiles (Lc 17,-10). Como un niño pequeño que busca con la mirada a su madre, y, al verla, se duerme tranquilo. El reino de Dios pertenece a los que son como ellos y confían en el Señor. (Lc18,16).

Si reconocemos que Él nos ama, y nos ofrece su mano para seguir adelante, entonces estaremos por buen camino. Y todo lo que hagamos, será por Dios y para Dios. Lo dice san Pablo: “He peleado el buen combate, he terminado la carrera, he mantenido la fe.” El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Ojalá nosotros podamos decir lo mismo y nos sentiremos  justificados, como el publicano,   nunca es tarde para volver a empezar.

      Señor, reconocemos nuestras dudas y debilidades, perdona nuestros pecados y concédenos: que no nos acomodemos a la justicia del mundo, sino a tu justicia: que reconozcamos tu amor único y tu misericordia infinita. Amén

lunes, junio 03, 2019

Eucaristía


Eucaristía



De los escritos de Henri Nouwen han sido tomadas estas reflexiones.  

Camino de Emaús  Lc. 24, 13 y ss.
1. Lamentar las perdidas  Penitencial
2. Discernir la presencia   Palabra
3. Invitar al Desconocido  Credo y Ofrenda
4. Entrar en comunión Eucaristía
5. Partir en misión .

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I Perdidas
La vida contiene una innumerable  serie de perdidas; familia, salud, economía, país, perdida de fe.
¿Qué hacemos con nuestras perdidas?
¿Cómo llegamos a la Eucaristía? ¿Qué esperamos?
¿Qué hacer con nuestros resentimiento?
- Cambiar el resentimiento por agradecimiento. Señor, ten piedad.
- Aceptar nuestra realidad  con responsabilidad. Con corazón.
Una  tierra  seca no recibe el agua si no es previamente  roturada.
Para iniciar este encuentro transformador debemos poseer un pequeño  destello de esperanza. “Mi gracia te basta”.

II Presencia
Él, el desconocido, los ha escuchado, ahora ellos escuchan. Les habla de algo que conocen pero habla de una manera diferente. Los hechos nos son tan evidentes como pensamos.
No se niegan los hechos  sino que se ponen en un contexto de esperanza. Y no se trata de recibir un consuelo de circunstancias. ¡Necios!
Confiar, De eso se trata. A veces nos encontramos en la Iglesia sin saber quiénes somos, quien nos ha llamado; distraídos.
Se trata de que arda  nuestro corazón. Si no, mejor, buscarlo en otro lugar. Jesús se une a nosotros pero no lo reconocemos. Es importante vivir el momento, sea cual sea, en intimidad.
El Desconocido tiene un propósito al acercarse, ponernos en contacto con la Palabra, hacerse presente, despertarnos.
La Presencia Eucarística es ante todo una presencia a través de la Palabra. Sin esta presencia no podemos reconocer  la verdadera  historia en que hemos participado, reconocemos al protagonista. Su palabra hará posible reconocerlo en la fracción del Pan.
Atentos, la palabra hoy tiene poco valor, es posible que las palabra de la Eucaristía pasen desapercibidas, no nos sorprenda.
Prestamos poca atención, no nos impresionan ni sorprenden , entonces pierden su carácter sacramental.
La Palabra autentica crea lo que expresa. ¿Cómo viene Dios a mi cuando escucho la Palabra? ¿Me llena de calor, me transforma?
El Poder de la palabra es inmenso, es sanador, carácter sacramental, salvador. La palabra no solo es una experiencia personal, la Palabra de la Eucaristía nos convierte en parte de una gran historia de nuestra salvación. Nos hace parte de la gran historia de Dios.
Nos hacer ser personas agradecidas y como personas agradecidas podemos invitar a la intimidad  de nuestro hogar a aquel que ha hecho arder nuestros corazones.

III  Invitar al Desconocido
Cuando  caminas  con alguien a tu lado abriendo tu corazón a la misteriosa verdad de que tu perdida no es el final, sino un nuevo comienzo, entonces algo sorprendente  puede suceder: la Gloria es la meta.
Nos nace de lo más profundo del corazón el deseo de invitar al amigo Jesús a que  se quede con nosotros. Jesús quiere ser invitado, pero el no impone su presencia.
Por muy interesante y estimulante que nos resulte algún desconocido, si no lo invito a mi casa, en realidad no ocurre nada. Por eso hoy tenemos exceso de información que no aporta nada nuevo y que no suele terminar en encuentro eficaz en la sociedad.
En el encuentro  auténtico hay la posibilidad de una relación transformadora. Por favor  ven a mi casa, pasa, mira donde y como vivo. Esta invitación a venir y ver  marca la diferencia.
Tenemos que atrevernos a decir: confío en ti, me entrego a ti con todo mi ser, en cuerpo  alma Confiar, amar y ser amado.
En torno a la mesa , expresión del misterio de la fraternidad , de la reconciliación y la esperanza. En verdad  les digo que he querido reunirme con ustedes …
La misa  lugar de alegrías y traiciones (amor, odio, indiferencias..) de cariño y desprecios.
Cuando más vulnerables  somos es cuando dormimos o comemos juntos.
Jesús acepta la invitación, se sienta a la mesa. Hay intimidad , amistad, comunidad. Jesús es el invitado de los discípulos , tan pronto como entran  en su casa, s¡ se convierte en anfitrión!

IV Comunión
Es un gesto  cotidiano, de todos los días, es lo obvio… y sin embargo sucede algo único, insólito. Con el pan compartido expresamos comunión, reconocimiento, compromiso.
La Eucaristía es fundamentalmente un gesto humano (Flp 2,6-8) Una mesa, un pan y unos amigos. Cada vez que invitamos  a Cristo a nuestra casa, el nos ofrece el pan y el cáliz, se nos ofrece el mismo diciendo: Hagan esto en  conmemoración mía.
En la Eucaristía Jesús lo da todo. Así  como Dios se nos hace presente  a través de Jesús, así también Jesús se nos hace presente en el pan y en el vino de la Eucaristía.
Dios no solo se encarnó hace muchos años, también se hace alimento y bebida para nosotros en este momento de celebración eucarística, autodonación de Dios que llega a toda la humanidad en el tiempo y en el espacio.
Esto es comunión, hacerse uno con nosotros, el quiere una unión en libertad y amor; ¿me amas? Quiere ser nuestro alimento y bebida cotidiana, en todo momento y lugar.
La Eucaristía es reconocimiento, pero el desapareció. Cuando se hace más presente, es cuando se hace ausente. Ahora, cuando comen el pan que les da, ellos le reconoce; ahora el  habita en ellos, vive realmente en ellos. Se transforman en la vida de El. Es Cristo que vive en ellos.
Supera la amistad superficial, para ser uno con en El en la soledad, la soledad de la fe. Hasta llegar a decir: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado? Y continuando : Padre en tus manos  encomiendo mi espíritu.
Comunión es hacerse igual   El Cruz y Reino.
La comunión  crea comunidad, nos hemos convertido en un solo cuerpo, los que  hemos comido su cuerpo y hemos bebido su sangre . La Comunión crea comunidad, porque el Dios que vive en nosotros nos hace reconocer a Dios en nuestros semejantes.
Un cuerpo espiritual: se manifiesta en el perdón, reconciliación, ayuda, solidaridad, tolerancia  hambre de justicia y paz.
La comunión crea la comunidad y lleva a la Misión.


V Partir en Misión
Él está vivo. El miedo se esfuma y se sienten libres para dar testimonio de la resurrección. El final no es la Comunión sino la Misión.
Misión a quienes no nos son totalmente ajenos. No es fácil la misión entre los de la propia casa. Ellos ya conocen la verdad que anunciamos  pero  la comunidad es lugar para que los de casa saquen lo que llevan y compartan. La comunidad  de la fe donde se cuentan muchas historias sobre Jesús.
En la Eucaristía se nos pide que abandonemos la mesa y que vayamos con nuestros amigos a descubrir juntos que  Jesús está realmente vivo y nos llama a todos a formar un nuevo pueblo: pueblo de la resurrección.
La Eucaristía es siempre una misión. De la Eucaristía a la comunión y a la comunidad , y de ésta al ministerio. ¡Cuidado de querer pasar de la comunión al ministerio sin forma comunidad.
Jesús en la noche oraba al padre, en la mañana estaba con sus discípulos y en la tarde  en misión. Son enviados de  dos en dos, en comunidad  para enseñar, curar, animar dar esperanza, testimoniar la fe. Vivir eucaristrcamente con el corazón en ascuas. Ir para hablar del Señor resucitado y recibir el testimonio de los demás- La verdadera misión  es también recibir el testimonio de los que que nos recibe.
Nos agotamos si solo damos y no recibimos el Espíritu a través de a los que somos enviados.
Hay personas que en memoria de Él se reúnen en torno a una mesa y hacen lo que él hizo. Personas que siguen contándose unos a otros historias de esperanza y salen juntas  a ayudar a sus semejantes para llevar una sonrisa, un poco  de esperanza a un niño. Es como la levadura, la pequeña semilla.
La vida es más fuerte que la muerte y el amor más consistente que el miedo. Los hechos nos conducen a la nada, optar por el agradecimiento nos conduce la vida plena.
En la vida eucarística  cualquier cosa que hagamos es una manera de decir: Gracias a aquel que se unió a nosotros en el camino. Los cristianos son los que siguen  en el camino.

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