EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL
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9.10.26

Desconectados II



DESCONECTADOS 2

«La inactividad que no produce nada constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida».

José Laguna, Desconectados. Por una vida improductiva, CJ Cuadernos, n.º 244.

I. Desalmar

Las máquinas solo funcionan; para las personas, la verdadera vida comienza en el momento en que termina la preocupación por la supervivencia y la urgencia por la pura vida.

No podemos definir la vida únicamente desde el rendimiento. Somos lo que hacemos, pero también, y fundamentalmente, lo que decidimos hacer. El arte auténtico es un valor supremo que trasciende cualquier tasación y utilidad. Su único fin puede ser, sencillamente, el gozo del arte por el arte.

Como afirma Jorge Mujica: «Vivir es amar, es el placer de estar al pedo [perdiendo el tiempo] con otro. Vivir es, cuando sos anciano, jugar al truco con los amigos, hablar de recuerdos».

El mercado quiere conquistar el alma, ese espacio reservado al misterio, al gozo y a la esperanza. Como se ha atribuido a Margaret Thatcher: «La economía es el medio; el objetivo es cambiar el corazón y el alma».

«Desalmar» es el sueño de toda conquista. Los encomenderos de la colonización española lo sabían bien. Por eso se empeñaron en negar el alma de los indígenas y de los esclavos que trabajaban sus tierras. Frente a ellos se alzaron religiosos como Antón de Montesinos, que clamaron exigiendo el reconocimiento de la dignidad y del alma racional de aquellos cuya humanidad era puesta en cuestión para proteger determinados intereses económicos.

La presencia de «demonios» acompaña, de algún modo, a muchos de los grandes avances de la ciencia y de la tecnología: desde el motor de vapor, que despertó las críticas de algunos pensadores de su tiempo, hasta los teléfonos móviles y la inteligencia artificial en la actualidad. Y es que la digitalización puede convertirse en una nueva tecnología mediante la cual determinados poderes económicos y sociales ejercen formas de control sobre nuestra vida, nuestro tiempo y nuestra atención.

Necesitamos recuperar unas funciones básicas: terapéuticas y críticas. Necesitamos poner en el centro a la persona y priorizar el bien del otro sobre la ganancia de la empresa.

El cristianismo contiene expresiones que alientan la capacidad humana de relativizar lo productivo y reconocer aquello que es verdaderamente definitivo: «No podéis servir a Dios y al dinero»; «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»; o la invitación a estar «en el mundo sin ser del mundo».

No se trata de evasión, sino de disidencia: de encontrar caminos de libertad, vulnerabilidad y alegría frente a las lógicas opresivas del poder. Se trata de recuperar espacios en los que la persona no tenga que justificarse por lo que produce, consume o rinde.

Quizá desconectarse no signifique abandonar el mundo, sino desconectarnos de aquello que pretende convertir nuestra vida en rendimiento, consumo y utilidad para volver a conectar con aquello que nos hace verdaderamente humanos.

II. Éxodo

Vivir en una estructura de pecado que nos coarta la libertad y nos impide vivir con admiración debería hacernos clamar por una liberación hacia una tierra fértil y preciosa que mana leche y miel. El éxodo es camino de liberación, un itinerario duro y totalmente nuevo que nos pide aprender a desaprender el sistema opresor y reconocer la solidaridad, el caminar juntos y la alegría de la esperanza.

Hoy no es fácil llegar a reconocer, desde una mirada consciente, las estructuras de dominio que se agazapan detrás de palabras técnicas y logros deslumbrantes. Se trata de descubrir al faraón que utiliza los likes para sus propios intereses.

¿Cómo descubrir la explotación escondida en algoritmos capaces de calificar como muertes accidentales las de los 6.500 inmigrantes indios, nepaleses y bengalíes entre los dos millones de trabajadores que fueron a trabajar en las obras para el Mundial de Qatar 2022?


III. Sábado

«Y descansó el día séptimo de toda su obra» (Gn 2,3). «El hombre es señor del sábado» (Mt 12,8).

Desconectar del esfuerzo y de la mirada productiva para gozar del frescor junto al amigo. La fuerza creadora nace del descanso divino, del que participamos los seres humanos. El imperativo obsesivo y el reclamo permanente de atención digital nos privan de la satisfacción del descanso y de caminar despreocupadamente, reconociendo la belleza que nos rodea.

Somos animales sabáticos: el fin de todo empeño laboral y revolucionario es el descanso. El anhelo último de la humanidad es llegar a una situación de paz definitiva. La prueba definitiva es superar la trampa del universo digital, que satura con pseudoexperiencias el vacío existencial de vidas que necesitan estar hiperestimuladas para vencer el miedo a estar solas.

Buscar el reposo y algo de libertad interior. Entrar en el huerto que nos devuelve la dimensión de la espera de la cosecha soñada. Los claustros son lugares para no dejarse someter por la tiranía del reloj de la producción. Los religiosos han cambiado el espacio de desconexión por agendas saturadas que se guían más por el cronómetro estresante de los ejecutivos que por el kairós paciente de la campana.


IV. El banquete

«El reino de Dios se parece a un rey que celebra la boda de su hijo» (Mt 22,2). «Traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete» (Lc 15,23).

El banquete es más que un momento destinado a satisfacer las necesidades nutricionales: es, fundamentalmente, fiesta. Es un tiempo para estar con los amigos (Lc 15,30).

El banquete es la expresión máxima del deseo de conseguir unas condiciones óptimas: una vida digna donde se comparte, se cobija y se cuida, pero también donde se sueña, se desea, se baila y se ríe.

«Ante el Señor... yo bailaré y me humillaré», dijo David al ser criticado por Mical, la hija de Saúl.

En el universo digital, lo recreativo está en función de la producción. El aburrimiento no está permitido; el ocio se convierte en tiempo de consumo. Continuamente se nos incita a comprar y se nos ofrecen distracciones que nos mantienen ocupados y, de algún modo, vinculados a la lógica de la producción.

V. Encarnación  

«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14).

Dios se hace humanidad en Jesús, frente a las religiones que separan claramente la divinidad de la humanidad. Es una magnífica contracorriente frente a la deriva descorporizadora que caracteriza la virtualidad del mundo digital y de la IA.

En el Evangelio de Juan, la Palabra se hace carne; en el «evangelio digital», la palabra se hace avatar. La digitalización de la realidad niega la corporeidad del sujeto y pretende sustituir el cerebro por la IA.

En la encarnación se proclama que nuestro cuerpo no es un envoltorio del que podamos deshacernos caprichosamente sin dejar de ser nosotros. Es imposible separar alma y cuerpo. Existimos con y desde nuestro cuerpo, nunca a pesar de él.

«Damos a luz nuestros pensamientos desde nuestro dolor y les damos materialmente todo lo que tenemos en nosotros de sangre, corazón, fuego, placer, pasión, tortura, conciencia, destino, fatalidad», escribe Nietzsche: realidades intraducibles a bits.

Suplantar la vida de carne por el virtualismo digital. Dios, en el Evangelio, se embarró tocando el sufrimiento para aliviarlo: se acercó y tocó al leproso, diciendo: «Quiero, queda limpio» (Mc 1,40-41). El metaverso promueve solidaridades asépticas que pretenden transformar la realidad desde el otro lado de la pantalla a base de clicktivismo.

Acuerpar las luchas. Frente a las relaciones virtuales, reivindicamos la presencia del cuerpo. No hay lucha sin un cuerpo que danza y abraza. ¡Recuperar la alegría sin perder la indignación! (K. Cabnal, 2020).

La hostilidad hacia el cuerpo en el cristianismo de primera hora, inoculada desde el neoplatonismo gnóstico, desalojó todo rastro de este ideal cristiano.

Las dimensiones emocionales y afectivas desatendidas deben integrarse. La concepción del cuerpo como cárcel del alma y fuente de todos los males trastocó toda la riqueza de la encarnación.

Frente a la corporalidad de Dios mismo, la frontera del pecado pronto levantó un muro defensivo frente a los peligros proyectados por el deseo.

El deseo atesora también una potencia vital capaz de prototipar nuevas formas de articulación socio-económico-política, alternativas a la clásica lucha de clases.

La teología de la liberación encontró un Dios en Cristo entre los marginados, pero no reconoció en Jesús la presencia de un Dios marginal. O sea, no un Dios que deja la gloria para reunirse brevemente con los pobres y excluidos, sino un Dios que se asume pobre y excluido, extraño, torcido... (Marcella Althaus-Reid, 2008, p. 69).

Algunas teologías feministas empiezan a reivindicar el poder erótico como fuerza vinculante (Brock, 2008): una potencia física, psíquica y emocional que atraviesa todas las actividades humanas —trabajo, espiritualidad, familia, etc.—, no solo las sexuales.

El erotismo proporciona el poder que proviene de compartir profundamente cualquier actividad con otra persona y disminuye la amenaza de la diferencia (Lorde, 2007).

No somos ingenuos: el sexo, el erotismo, el placer y la pasión pueden alimentar poderes perversos que justifiquen relaciones indeseables de sumisión. Y no podemos ignorar que uno de los dispositivos más eficaces del capitalismo, la publicidad, se sostiene sobre la estimulación consciente de un deseo siempre insatisfecho.


VI. Buenas noticias  

«Id y contadle a Juan lo que habéis visto y oído... A los pobres se les anuncia la Buena Noticia» (Lc 7,22). «Habitará el lobo con el cordero» (Is 11,6-7).

El capitalismo no genera buenas noticias para los empobrecidos, por más que sus desarrollos tecnomédicos ayuden a ver a los ciegos, a andar a los cojos o a limpiar a los leprosos. Sin ningún temor a reconocer los beneficios de la IA en el desarrollo científico, podemos afirmar que la IA es prosaica: se limita a gestionar el presente y no anuncia necesariamente futuros alternativos para los más vulnerables.

Ningún algoritmo concluirá que un día la vaca pastará con el oso, que los que ahora lloran reirán, que los que pasan hambre quedarán saciados (cf. Mt 5,3-12), ni mucho menos que los muertos resucitarán. Conviene distinguir la radicalidad de lo «nuevo», que abre una brecha imprevisible en el acontecer histórico, de la avidez de novedades con la que el liberalismo satura un presente absoluto (Alemán, 2021).

 La IA no puede prometer nada ni genera por sí misma ninguna novedad. La tecnología suele limitarse a proponer nuevos pasados para sustituir viejos futuros (Lluís Amiguet, 2023). Solo el pensamiento crítico es capaz de saltar los límites y atisbar futuros alternativos.

Apagar el móvil para rememorar, recordar y agradecer con calma el rastro de la Buena Noticia en el entramado de nuestra vida biográfica y comunitaria es un acto disidente que se resiste a clausurar la vida en un presente sin promesa.

Es la decisión consciente y lúcida de ser honrados con la realidad (Sobrino), de no confundir lo que hay con lo posible (Ellacuría). Una mística de los ojos abiertos (Metz) y un compromiso militante que buscan dejar entreabierta la pequeña puerta por la que aún puede entrar el Mesías (Benjamin).

El Reino de Dios se parece a diez muchachas: cinco atentas y cinco descuidadas. Solo las atentas pudieron entrar al banquete cuando llegó el novio (Mt 25,1-13). Que no estemos distraídos respondiendo compulsivamente al último WhatsApp; podríamos perdernos el banquete de boda.



24.9.26

DESCONECTADOS I


El texto plantea una crítica social y antropológica del ecosistema digital, especialmente de cómo el mercado convierte nuestra atención, nuestros datos, nuestro tiempo y hasta nuestras relaciones personales en mercancía.

Desconectados

Cada vez resulta más complicado sentarse a conversar con alguien sin la presencia inoportuna de un teléfono móvil sobre la mesa que, sin parar de vibrar, reclama tiránicamente una atención permanente. Consultar el WhatsApp.


Vivimos en un contexto digital caracterizado por el uso constante y masivo de tecnología, desplazando el sentimiento y sentido más profundo y significativo del encuentro personal. Esto es la última estrategia del capitalismo convertido hoy en tecnofeudalismo.

Es fundamental preservar la vida y la relación de la profanación del mercado. Disidencia improductiva frente a la sibilina mercantilización de nuestras existencias. Defender la sostenibilidad, libertad y dignidad

El scroll continuo erosiona nuestras capacidades de concentración y nuestra libertad de elección y banaliza nuestra personalidad única como si fuera un producto de mercado.

1. Mercado - vampiro

El problema no es la tecnología en sí misma, sino la lógica mercantil que puede esconderse detrás de ella.

En la llamada economía de la atención, dejamos de ser solamente consumidores para convertirnos también en productores de datos: nuestras búsquedas, fotografías, conversaciones, gustos, movimientos, opiniones y relaciones alimentan unos sistemas que permiten predecir e influir en nuestros comportamientos.

La alianza poder-mercado intenta absorber todos los recursos naturales, las fuerzas y el tiempo y, en definitiva, la vida misma. Esta alianza aspira a subsumir no solo nuestros productos y creaciones, la comunicación y la cultura, sino nuestra propia vida.


De este modo, nuestra atención se convierte en mercancía y nuestra intimidad, en fuente de beneficio. La tecnología puede llegar a ocupar espacios que antes pertenecían al encuentro, al descanso, a la conversación y a la vida compartida.

Y esto sucede envuelto en un atractivo que nos hace bajar la guardia y nos desnuda frente a la avaricia desmedida del mercado. Toda nuestra vida convertida en datos que cuatro empresas agregarán y venderán.

Convertir nuestra casa paterna en un apartamento turístico, convertir nuestros hogares en espacio de teletrabajo, nuestro tiempo libre en publicación compulsiva en redes.

Gamer, influencer, bloguero son algunos de los nombres que pueden ser referencia del nuevo esclavo de la nube. Son nuestros aportes, fotos, historias, videos, reseñas, likes, el verdadero stock de la nueve. Miles de millones de personas convertidas en siervos de la nube, dispuestos a trabajar gratis para reproducir el capital en la nube en beneficio de unos pocos propietarios.

Los teléfonos inteligentes (smartphone) que llevamos a todos lados y a todas horas actúan como herramienta que se activa, cuando, como obreros del clic, compartimos imágenes, reacciones, intereses, fechas en el universo digital.

Lo que preocupa no es la inmensa variedad de elementos tecno digitales disponibles, sino nuestra ceguera social ante las dinámicas extractivistas que amenazan nuestras vidas privadas y nuestra conciencia crítica frente al mordisco del mercado.


2. Ecosistema digital

También existe un coste medioambiental: los centros de datos, servidores y dispositivos necesitan enormes cantidades de energía y recursos naturales. Por eso, el desafío digital no es únicamente tecnológico, sino también social, ecológico y ético.

La gestión de datos consume cantidades ingentes de energía eléctrica y agua. Servidores, aparatos físicos con fuentes de alimentación, placas base, memorias RAM, discos duros y procesadores apiñados en granjas de servidores. Miles de ordenadores que necesitan refrigeración continua.

La ausencia de conciencia sobre el impacto medioambiental de nuestros usos digitales no deja de ser un problema ecosocial en un futuro no muy lejano.

3. Economía de la atención

Captar la atención de miles de potenciales consumidores distraídos entre miles de pantallas nos lleva a lo que se llama economía de la atención.

Los algoritmos del nuevo mercado digital buscan proporcionar una publicidad personalizada. De ser consumidores pasamos a ser consumidos. Prosumidores: consumidores al tiempo que productores no remunerados.

Predecir nuestros comportamientos, guiar nuestras preferencias, influir en nuestras decisiones, hacernos cambiar de opinión para, así, reducirnos a sus sirvientes ni remunerados; nuestro trabajo es proporcionar nuestra información, nuestra atención, nuestra identidad y, sobre todo, los patrones de comportamiento que entrenan a sus algoritmos.

¿Hasta dónde queda comprometida nuestra libertad de elección? ¿El comportamiento mercantilista de nuestra concentración? ¿Hasta qué punto nuestra capacidad de elección en ámbitos comerciales?

4. Conclusiones

Vender los propios órganos, alquilar el vientre para gestar un bebe ajeno, recibir dinero a cambio de prostituirse o prestarse a transportar droga.

Más sofisticadamente, ya existe dejarse escanear el iris de sus ojos por una pequeña remuneración económica (datos biométricos que nos identifican). Reconocimiento facial, la huella digital, pagos on line,  el smartwach facilita en tiempo real nuestra actividad física.

Solo una minoría de usuarios es consciente del grado de vigilancia al que estamos sometidos. No es necesario caer en un miedo paranoico, pero Alexa. Siri y Cortana están permanentemente a la escucha de nuestras instrucciones, de nuestras conversaciones, suspiros y jadeos.

La meta del mercado es el control de nuestras mentes y vidas, sin que la presencia de ese poder infiltrado llegue ni siquiera a inquietarnos.



Necesitamos recuperar una mirada crítica que nos permita preguntarnos: ¿hasta dónde somos realmente libres en nuestras decisiones? ¿Quién controla nuestra atención? ¿Qué estamos entregando a cambio de la comodidad digital?

Frente a la mercantilización de la existencia, estamos llamados a defender la libertad, la dignidad, la intimidad, las relaciones personales y el cuidado de la creación. La verdadera disidencia quizá consista en aprender nuevamente a desconectarnos para poder encontrarnos.

             Tomado de un artículo de José Laguna. CJ cuadernos 244.




 

9.9.26

Vencer el mal con el bien


 La humanidad se enfrenta hoy a realidades profundas y desafiantes que amenazan nuestras certezas y nos llevan a cuestionar el sentido mismo de la vida. La insolidaridad, la injusticia, el abuso y la violencia en todas sus formas son algunas de estas realidades que, junto con la discriminación, la desigualdad y un consumismo destructivo y contaminante, nos hacen preguntarnos si la humanidad mantiene una actitud razonable ante la existencia o si, por el contrario, se ha convertido en la causa de su propia autodestrucción y de la destrucción de toda forma de vida.


Estas condiciones se agravan en tiempos de crisis y se ven potenciadas por el uso inapropiado de los medios digitales y de las nuevas tecnologías, a las que con frecuencia no se les imponen límites ni se aprovechan plenamente sus posibilidades para promover el bien común y, en definitiva, el cuidado de toda vida.


Existen dos circunstancias características de nuestro tiempo que merecen especial atención. Por un lado, las nuevas tecnologías de la información se utilizan de manera extraordinaria para captar nuestra atención y alejarnos del esfuerzo personal de reflexión y búsqueda de sentido; además, limitan nuestra capacidad de confrontar la realidad y dificultan la iniciativa, la creatividad y el compromiso con el bien común. Por otro lado, la tecnología que permite intervenir en el código genético humano, cuando se desarrolla sin una adecuada valoración ética, puede afectar de manera irreversible y fatal nuestra condición de personas humanas.

Hay realidades que alientan la esperanza y construyen vida; reconózcanoslas.

En estos momentos por los que atraviesa gran parte de la humanidad, junto con sus peligros, se hace evidente una gran verdad: toda persona y todo el ecosistema global están llamados a dar vida y a vencer el mal.

Contamos con dones tan extraordinarios como la amabilidad, la integridad, el inconformismo y la compasión. En las situaciones límite crecemos y respondemos con valentía y determinación en la búsqueda de soluciones en favor de la vida.

El ser humano tiene la capacidad de dudar de todo, incluso de sí mismo; pero, por muy condicionado que esté, sabe que es señor y no esclavo. Por eso se indigna ante la corrupción y la avaricia, y no descansa hasta vencer el mal.

El amor, la justicia y la paz no son palabras vacías; son caminos de vida que el ser humano recorre con coraje y valentía. La tolerancia, la verdad, el respeto y la inclusión son valores fundamentales de la naturaleza humana que le permiten entregarse a la gran tarea de cuidar, aliviar y sanar. Sin embargo, necesita un punto de apoyo que le permita salir más allá de los muros y las barreras que buscan someterlo.


¿Dónde buscar, pedir y llamar? Esta es una pregunta que cada persona debe responder para reconstruir la vida social, educarse para desaprender, disponerse a elegir en libertad y actuar con esperanza, fe y amor.



23.6.26

Fanatismos


Es importante conocer las razones del fundamentalismo, las fobias y los fanatismos. A veces se presentan como posturas de certeza y fuerza, pero es todo lo contrario. Vamos a ver.

Por fundamentalismo se entiende un marco de referencia sólido y seguro, en el que los individuos sostenidos por la colectividad se sienten aliviados de sus angustias y amenazas. Esto exige rigor, firmeza inquebrantable, carencia de flexibilidad, una oposición tajante ante toda novedad y el aporte exterior.

Fomenta una desvalorización de los condicionamientos afectivos, sociales y culturales en el sujeto. Incapacidad de empatía, miedo a los cambios personales, sociales y culturales, evita por todos los medios cuestionarse a sí mismo de forma serena, algo totalmente ausente del fundamentalismo.

Las posturas fundamentalistas se presentan en todos nosotros; es algo que nos atañe personalmente. No es exclusivo de personalidades con perfil patológico.

Ante la falta de un sistema referencial de valores, surge un deseo compulsivo de identidad. La actual crisis cultural puede suscitar reacciones de tipo fundamentalista allí donde menos pensemos; la incertidumbre es, por contraste, terreno abonado para la intolerancia. La tentación de simplificación frente a lo complejo y la opacidad de nuestra sociedad nos impulsa hacia la huida o imposición de soluciones rígidas. Sin un marco sólido de referencia, esa débil identidad puede sentirse amenazada y se busca la seguridad a cualquier precio. Se siente miedo y se quiere evitar el fracaso existencial.

El fanatismo y las fobias son más bien un reflejo de nuestros miedos que el rechazo de lo diferente. Tristemente, sin darnos cuenta, lo que queremos ver como criterio de seguridad y fuerza es, en realidad, sensación de impotencia, reacción patológica ante la inminencia sentida de una quiebra de la estabilidad del mundo personal y colectivo, ante la amenaza del caos, si los fundamentos ceden.

Podemos definir el fundamentalismo como una huida hacia la radicalidad, vinculada a una actitud agresiva, con rechazo de la racionalidad, del desarrollo de la libertad y de la percepción limitada de la realidad para el individuo y la sociedad.


El presente se vive como amenaza, el futuro como incertidumbre y un pasado manipulado como terreno propicio para el refugio y enfrentar la creatividad, anclándose en el pasado. El dogmatismo, la intolerancia, la cerrazón ideológica se asientan en la creencia de la posesión absoluta de la verdad. Fanatismo

El fundamentalismo se considera que surge como “una corriente ideológica o religiosa que exige una adhesión estricta y literal a unos principios o textos fundacionales. Rechaza cualquier adaptación a los tiempos modernos, promoviendo el aislamiento, la intolerancia hacia otras creencias y la imposición de sus dogmas”; hoy podemos decir más correctamente que el fundamentalismo arraiga en la interioridad del individuo con un perfil psicológico rígido e inflexible, asediado por miedos, angustias, por la incertidumbre y la inseguridad, por la complejidad y el pluralismo, por la incapacidad para la libertad y la comprensión del entorno humano y social, amparado en ideologías políticas, sociales y religiosas. 




8.5.26

Llegar a ser persona adulta

 


Era un pensar común que la adulted era custión de tiempo, hoy eso no está tan claro

Vivimos en una sociedad marcada por la superficialidad y el relativismo, donde lo inmediato justifica cualquier desinterés por lo demás. La constante circulación de información desordenada, falsa y reiterativa tiene como único objetivo acaparar la atención de las personas y distraerlas de aquello que exige esfuerzo y capacidad crítica para mantenerse libres frente a los intereses de los poderosos.

Plantearse y elegir el hábito de pensar con profundidad nos obliga a cuestionar la información que consumimos, a evitar quedarnos en titulares o contenidos superficiales y a dedicar tiempo a la lectura, al diálogo y a la introspección. Esto solo es posible mediante una reflexión serena y pausada, que exige decisión, tiempo y disposición.

Este hábito no surge de manera espontánea, ya que existe una poderosa estructura mediática enfocada en diluir la reflexión personal y la independencia crítica frente a la información que consumimos.

La memorización no debe ser el centro de nuestro esfuerzo intelectual; el pensamiento crítico debe ocupar ese lugar. La información y los conocimientos que elegimos deben analizarse, confrontarse y ponerse en contexto. Fomentar preguntas abiertas, el contraste de ideas y la argumentación sólida contribuye a formar personas más conscientes y menos manipulables.



Una conciencia crítica, reflexiva y comprometida solo puede desarrollarse mediante el esfuerzo personal y educativo, y necesita un entorno social y cultural abierto, basado en un diálogo auténtico y sincero.

Las redes sociales suelen favorecer lo inmediato y lo superficial, pero también pueden utilizarse para difundir contenido valioso, generar debate y visibilizar perspectivas profundas. Aquí la responsabilidad individual también cuenta: elegir qué compartimos y cómo participamos.

Esto es lo que llamamos compromiso, y surge cuando la reflexión se traduce en acción. Una conciencia crítica no se queda en el análisis, sino que busca transformar la realidad, aunque sea a pequeña escala: en la comunidad, en el trabajo o en las relaciones cotidianas.

Por último, hay un elemento esencial: la coherencia. Una sociedad cambia cuando las personas intentan vivir de acuerdo con lo que piensan, evitando la contradicción constante entre ideas y acciones. La tolerancia y la mirada generosa no son un adorno, sino el modo concreto de hacer posible el respeto y la valoración de toda persona, incluso de quien se equivoca.

La participación en lo colectivo, con la intención de comprender y comprenderse, es un requisito necesario para crecer en libertad y entendimiento. Contamos con la filosofía, la ética y el debate bien guiado como herramientas para aprender a cuestionar, argumentar y contrastar fuentes.



Una conciencia crítica empieza por uno mismo. Preguntarse:
¿Por qué pienso lo que pienso?
¿De dónde vienen mis creencias?
¿Estoy abierto a cambiar de opinión?

Esto evita caer en dogmatismos o en el “todo vale” del relativismo. El objetivo no es aceptar todo, sino aprender a discernir mejor.

La reflexión no debe quedarse en lo abstracto. Una conciencia crítica se vuelve valiosa cuando se traduce en acciones: participación social, responsabilidad ciudadana y coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.

La superficialidad crece cuando todo debe ser rápido y fácil. Practicar la paciencia intelectual (investigar, contrastar, profundizar) es casi un acto de resistencia cultural.

Son necesarias conversaciones honestas, sin polarización ni ataques, donde se pueda disentir con respeto. Esto fortalece tanto el pensamiento como la convivencia.

En el fondo, se trata de pasar de ser consumidores pasivos de ideas a constructores conscientes del pensamiento. No es un cambio inmediato, pero sí acumulativo: cada hábito, cada conversación y cada reflexión suma.

20.4.26

Persona libre

 


Ser persona

Vivimos en una sociedad marcada por la superficialidad y el relativismo, lo inmediato justifica cualquier desinterés por lo demás. La continua información desordenada, falsa y reiterativa tiene como sólo objetivo acaparar la tención de la persona y distraer cualquier interés que exige esfuerzo y capacidad crítica.

Plantearse y elegir el hábito de pensar con profundidad nos obliga a cuestionar la información que consumimos, evitar quedarnos en titulares o contenidos superficiales y dedicar tiempo a la lectura, al diálogo y la introspección. Ello solo es posible con una reflexión serena y pausada que exige decisión, tiempo y disponibilidad.

Esto no surge de una manera espontánea, ya que hay una extraordinaria estructura mediática totalmente enfocada a diluir la reflexión personal y la independencia crítica ante la información necesaria.

La memorización no debe ser el centro de nuestro esfuerzo intelectual, el pensamiento crítico debe ocupar nuestro empeño e interés. La información y los conocimientos que elegimos hay que analizarnos, confrontarlos y ponerlos en contexto. Fomentar preguntas abiertas, el contraste de ideas y la argumentación sólida ayuda a formar personas más conscientes y menos manipulables.

Una conciencia crítica, reflexiva y comprometida solo puede encontrarse mediante el esfuerzo personal, educativo y necesita un ámbito social y cultural abierto en un espacio de dialogo autentico y sincero.

Las redes sociales suelen favorecer lo inmediato y superficial, pero también pueden usarse para difundir contenido valioso, generar debate y visibilizar perspectivas profundas. Aquí la responsabilidad individual también cuenta: elegir qué compartimos y cómo participamos.

Esto es lo que llamamos compromiso y este surge cuando la reflexión se traduce en acción. Una conciencia crítica no se queda en el análisis, sino que busca transformar la realidad, aunque sea en pequeñas escalas: en la comunidad, en el trabajo, en las relaciones cotidianas.

Por último, hay un elemento esencial: la coherencia. Una sociedad cambia cuando las personas intentan vivir de acuerdo con lo que piensan, evitando la contradicción constante entre ideas y acciones. La tolerancia y la mirada generosa no son un adorno es el modo concreto de hacer posible el respeto y valoración de toda persona, también la que se equivoca.

La participación en el colectivo con la intención de comprender y comprenderse es un requisito necesario para crecer en libertad y comprensión. Contamos con la filosofía , la ética y el debate bien guiado para aprender a cuestionar, argumentar y contrastar fuentes.   


Una conciencia crítica empieza por uno mismo. Preguntarse:

¿Por qué pienso lo que pienso?

¿De dónde vienen mis creencias?

¿Estoy abierto a cambiar de opinión?

Esto evita caer en dogmatismos o en el “todo vale” del relativismo.


El objetivo no es aceptar todo, sino aprender a discernir mejor.
La reflexión no debe quedarse en lo abstracto. Una conciencia crítica se vuelve valiosa cuando se traduce en acciones: participación social, responsabilidad ciudadana, coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
La superficialidad crece cuando todo debe ser rápido y fácil. Practicar la paciencia intelectual (investigar, contrastar, profundizar) es casi un acto de resistencia cultural.
Conversaciones honestas, sin polarización ni ataques, donde se pueda disentir con respeto. Esto fortalece tanto el pensamiento como la convivencia.

En el fondo, se trata de pasar de ser consumidores pasivos de ideas a constructores conscientes de pensamiento. No es un cambio inmediato, pero sí acumulativo: cada hábito, cada conversación y cada reflexión suma.


19.3.26

Ser más persona

 

¿El Pensamiento crítico es Posible?

La realidad 

Vivimos en una sociedad marcada por la superficialidad y el relativismo, lo inmediato justifica cualquier desinterés por todo lo demás. La continua información desordenada, falsa y reiterativa tiene como sólo objetivo acaparar la tención de la persona y distraer cualquier esfuerzo de alcanzar una mirada libre, crítica e indemendiente.

Plantearse y elegir el hábito de pensar con profundidad nos obliga a cuestionar la información que consumimos, evitar quedarnos en titulares o contenidos rápidos y dedicar tiempo a la lectura, el diálogo y la introspección. Ello solo es posible con una reflexión serena y pausada que exige disponibilidad y tiempo.

Esto no surge de una manera espontánea, ya que hay una extraordinaria estructura mediática totalmente enfocada de eliminar la reflexión personal y la independencia crítica ante la información pertinente.

Esfuerzo personal 

Superar la tendencia a la superficialidad debe realzarse desde un trabajo personal, educativo y colectivo.

La memorización no debe ser el centro de nuestro esfuerzo intelectual, el pensamiento crítico debe ocupar nuestro esfuerzo e interés. La información y los conocimientos que elegimos hay que analizarnos, confrontarlos y ponerlos en contexto. Fomentar preguntas abiertas, el contraste de ideas y la argumentación sólida ayuda a formar personas másE conscientes y menos manipulables.


Educativo y social 

Una conciencia crítica, reflexiva y comprometida solo puede encontrarse  mediante el esfuerzo personal, educativo y necesita un ámbito social y cultural abierto en un espacio de dialogo autentico y sincero.

Las redes sociales suelen favorecer lo inmediato y superficial, pero también pueden usarse para difundir contenido valioso, generar debate y visibilizar perspectivas profundas. Aquí la responsabilidad individual también cuenta: elegir qué compartimos y cómo participamos.

Esto es lo que llamamos compromiso y este surge cuando la reflexión se traduce en acción. Una conciencia crítica no se queda en el análisis, sino que busca transformar la realidad, aunque sea en pequeñas escalas: en la comunidad, en el trabajo, en las relaciones cotidianas.

Una conciencia crítica empieza por uno mismo. Preguntarse:

¿Por qué pienso lo que pienso?
¿De dónde vienen mis creencias?
¿Estoy abierto a cambiar de opinión?
Esto evita caer en dogmatismos o en el “todo vale” del relativismo.


Hay un elemento esencial: la coherencia. 

Una sociedad cambia cuando las personas intentan vivir de acuerdo con lo que piensan, evitando la contradicción constante entre ideas y acciones. La tolerancia y la mirada generosa no son un adorno es el modo concreto d hacer posible el respeto y valoración de toda persona, también la que se equivoca.

La participación en el colectivo con la intención de comprender y comprenderse es un requisito necesario para crecer en libertad y comprensión. Contamos con la filosofía , la ética y el debate bien guiado para aprender a cuestionar, argumentar y contrastar fuentes. 


El objetivo no es aceptar todo, sino aprender a discernir mejor.
La reflexión no debe quedarse en lo abstracto. Una conciencia crítica se vuelve valiosa cuando se traduce en acciones: participación social, responsabilidad ciudadana, coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
La superficialidad crece cuando todo debe ser rápido y fácil. Practicar la paciencia intelectual (investigar, contrastar, profundizar) es casi un acto de resistencia cultural.
Conversaciones honestas, sin polarización ni ataques, donde se pueda disentir con respeto. Esto fortalece tanto el pensamiento como la convivencia.

En el fondo, se trata de pasar de ser consumidores pasivos de ideas a constructores conscientes de pensamiento. No es un cambio inmediato, pero sí acumulativo: cada hábito, cada conversación y cada reflexión suma.



4.3.26

En este tiempo de guerras


EN TIEMPOS DE GUERRA Y PREPOTENCIA DEL MAL

1.      Las cosas no están bien. Pareciera que todos los esfuerzos y medios que tenemos para mejorarlas están agotados. El desaliento y el desánimo nos asedian, pero la irracionalidad y la crispación pueden llevarnos a cometer errores irreparables. ¿Qué hacer?

Hemos escuchado muchas razones y motivos para hacer frente al mal, pero nosotros mismos vaciamos de su fuerza las palabras y reflexiones que nos llegan.

Hoy quiero recordar que la Palabra de Dios nos ofrece las herramientas válidas para reconstruir la convivencia y la justicia.

 No devuelvas mal por mal, rompe la dinámica de la maldad. Protege, cuida, y haz el bien. Es increíble cómo la fuerza de plantarle cara a la prepotencia del poderoso con la actitud de la serenidad y el valor puede desenmascarar el mal y debilitarle. Dios te ofrece su fuerza si tú eliges su gracia.

2.        Solemos confundir fuerza con rechazo y violencia. La fuerza más transformadora es el conocimiento al servicio de la verdad y el bien común.

No basta tener la razón; hay que tener el valor moral de buscar el bien y la justicia. 

Somos testigos de que la máxima debilidad para oponerse al mal está en nosotros mismos, que estamos contaminados de egoísmo, orgullos y soberbia.

Traducido a la palestra social, somos muchos los que echamos en falta un liderazgo moral y auténtico refrendado por una trayectoria honesta de servicio y una voluntad decidida de reconocer los errores y optar por el cambio personal y social.

 Alguien dijo: "Basta que los buenos no hagan nada para que el mal triunfe", y yo añado: Basta que los falsos asuman el liderazgo para que los que buscan el bien sean confundidos.

 3.        Debemos escuchar el llamado y acoger la invitación para unirnos, para liberarnos de toda opresión y mordaza que no nos deja organizarnos para construir la justicia y el bien común. El abuso, la ignorancia y el fraude son la moneda de cambio más abundante en nuestra sociedad.

 Para no entrar en este mercado de engaño y falsedad, el primer paso es apreciar el valor de la responsabilidad, de asumir las consecuencias de todos nuestros actos. La integridad de nuestra conducta. 

Desde esta actitud podremos reparar el mal hecho y comprometernos eficazmente en una acción liberadora y transformadora de nosotros y de la sociedad en que vivimos.

 Siendo misericordiosos y justos como nuestro Padre es justo. La mayor razón para no ser cómplices del mal es reconocernos hijos de Dios.



4.     
Es el tiempo de mirar más allá de nuestros miedos e intolerancias.
      Cada uno de nosotros  ha recibido una llamada. No huyamos.

 Desde la experiencia vivida en nuestra querida Venezuela, es inconcebible que haya gente despistada que no se dé cuenta de que absolutamente todos necesitamos un cambio de actitud y asumir las responsabilidades propias desde el realismo de la esperanza, no desde el miedo y el resentimiento. 

Vencer el interés mezquino y egoísta, para no seguir con más de lo mismo, y optar por un estilo de vida de llamado y vocación para el servicio. Por encima de los fracasos y golpes recibidos, hemos de elegir ser constructores de paz, no de violencia, de convivencia y no de crispación, de justicia y solidaridad, no de abuso y avaricia.

 


5.      Si somos humildes y oramos con verdad al Dios de la vida, él nos dará el coraje y el valor  de luchar con la justicia al lado de los hermanos.

La liberación auténtica es vocación de pueblo, es territorio de solidaridad y justicia.  El Reino de Dios padece violencia, pero nuestra fuerza está en la misericordia y la compasión.

Hace falta más fuerza para ser justos y misericordiosos que para ser vengativos y castigadores.

En definitiva, la victoria es de los que perseveran en el bien y no ponen obstáculos a la fuerza del Espíritu que dirige todas las cosas hacia la plenitud.

Tiempos difíciles, pero también apasionantes, para ser testigos del poder del bien y la esperanza. La fe es signo de nuestro amor y confianza en quien nos invita a dar la vida por los amigos.