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lunes, enero 19, 2026

Educar para reconstruir un país

Carlos Casanova Leal  - 

La familia venezolana está rota, como consecuencia de la migración, abuelos solos, o niños con abuelos sin padre en el lugar. La crisis llevó al joven a abandonar escuelas y liceos para ir en búsqueda del rebusque para vivir.

Para nadie es un secreto la crisis educativa. La corrupción, criticada, pero a su vez aceptada socialmente, cambió patrones de la moral.

La reconstrucción del país pasa por la formación de ciudadanos íntegros. Los valores que se han impuesto son contrarios a los fundamentos esenciales de la sociedad occidental. Aquí debemos detenernos para encontrar la responsabilidad que tenemos con la sociedad actual para su vigencia en el mediano y largo plazo.

 La juventud hoy vive en el paradigma tecno-céntrico, despojados de una visión holística, configurándose como operadores de herramientas tecnológicas de plataformas digitales, perdiendo la concepción de sí mismos como individuos con propósito y riqueza espiritual; el existir se convierte en métricas de logro y productividad optimizada por una moral utilitaria determinada por la rentabilidad instantánea. Estas conductas lo alejan del bien colectivo y de la dignidad intrínseca que como persona debe tener.

Al excluir a Dios del contexto educativo, reduce al ser humano a un organismo productivo, eficiente o utilizable. La fe católica, en cambio, restaura y devuelve la noción de dignidad trascendente, irreducible a métricas cuantificables de desempeño laboral o rendimiento algorítmico.

Lo que se discute no es solo el culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno. Las corrientes tecnológicas contemporáneas, tecnocracia, poshumanismo y el transhumanismo, postulan el avance instrumental como objetivo supremo sin anclaje trascendente, los estándares éticos se diluyen, y la tecnología muta de instrumento al servicio de la humanidad en ideología totalizante; he aquí el real problema objetivo de sus proponentes.

Los transhumanistas señalan que la evolución de la especie humana está en sus manos, el ser humano como reemplazable por partes hasta que sea tecnológico; visto así, el ser humano deja de percibirse como guardián de su propio legado para convertirse en objeto.

 Aquí se fractura la cadena intergeneracional de los valores morales, dando paso a las dinámicas digitales obsesionadas con la inmediatez y desechando lo heredado. En consecuencia, lo que se disipa no es solo un culto religioso, sino una comprensión cabal del ser humano frente a esquemas que exaltan lo instrumental sobre lo moral y eterno.

La tradición cristiana provee estructuras de sentido, conciencia de finitud y deber moral. Su ausencia instala una ilusión de autosuficiencia que obstaculiza el encuentro genuino con el otro, el compromiso con el cuidado mutuo y la búsqueda del bien común. Adicionalmente, genera un empobrecimiento simbólico y ético, ya que la increencia no queda confinada al ámbito privado, sino que conlleva la degradación progresiva de narrativas, principios y costumbres que durante siglos han apuntalado la unidad social, la resiliencia emocional y la brújula moral colectiva.

Por ello considero que la educación religiosa católica debe impartirse en escuelas y liceos, desde la segunda casa, para enfrentar desde la educación la crisis moral, social y la pérdida de identidad. El problema no es la pérdida de fe solamente, sino una educación incompleta del ser humano.

 “El padre y la madre tienen derecho a que sus hijos o hijas reciban educación religiosa que esté de acuerdo con sus convicciones”. Una educación optativa, abierta a la transcendencia y al sentido. Una educación integral, trascendiendo a lo académico, forma en valores como disciplina, solidaridad y dignidad humana; es así como preparamos líderes y dirigentes éticos en contextos de crisis y de cómo coadyuvar en la reconstrucción del país.



lunes, enero 12, 2026

MES DE DON BOSCO

DON BOSCO El educador y el pedagogo, el padre de los huérfanos y el formador de los niños abandonados, el fundador de una congregación religiosa, el propagador del culto a María Auxiliadora, el instructor de uniones laicales expandidas por el mundo entero, el suscitador de la caridad operativa, el propulsor de misiones lejanas, el escritor popular de libros morales y apologías religiosas, el propulsor de la prensa honesta y católica, el creador de oficinas cristianas y de colecciones de libros, el hombre de la piedad religiosa y de la caridad, y el hombre de los negocios humanos o de intereses públicos, todo junto a un tiempo opera y avanza como si fueran otras tantas personas nacidas o destinadas a ello solo, y se funden en la única persona de un sacerdote sin apariencia, que no descompone jamás la serenidad de su aspecto ni la compostura modesta de su trato con los grandes gestos decorativos, ni enriquece su vocabulario con la retórica de las grandes frases.

lunes, diciembre 29, 2025

Por favor

 

Estoy interesado en saber si para alguien este escrito que comparto es legible, comprensible y con posibilidad de iniciar un diálogo sobre su contenido. Gracias por su atención. Déjenme su opinión, es importante.

Mi manera de leer las páginas del estupendo libro de Antonio Jiménez Ortiz, La fe en tiempos de incertidumbre, Ed. San Pablo 2018.

 1.  Conceptos como Dios, la fe, la salvación eterna, la Iglesia, la oración, aparecen como irrelevantes.    Y al mismo tiempo, en estos últimos tiempos, percibimos algunos signos de que la búsqueda de sentido está llevando a algunos a recoger los símbolos que eran irrelevantes.
Las instituciones religiosas sufren un desgaste más fuerte. En el ambiente social, lo humano adquiere la única norma de la verdad, pero todo este reconocimiento de un elemento que pareciera  que da soporte al sentido , queda disminuido en un relativismo absoluto donde cualquier valor es sustituible y cualquier opción de fe se diluye ante el conflicto y el dolor.
Todo esto no se reduce a una experiencia personal, pues todas las religiones, confesiones e ideologías que se ofertan con libertad, dentro de la legalidad, en un clima que quiere ser tolerante y de respeto, no son otra cosa que una situación de mercado.
La confusión y la sospecha alimentan esta actitud de vacío y debilidad en el creyente poco formado. Fuera de los grupos o comunidades eclesiales, el sentido de las propias creencias corre el peligro de desarraigo de la experiencia profunda religiosa y se convierte en un sincretismo, combinación subjetiva de fragmentos de credos que conduce a la indiferencia.
 Podemos decir que en las sociedades secularizadas europeas se ha desarrollado un clima en el que la experiencia religiosa tiende a quedarse recluida en el ámbito de lo privado, lo elegible y lo opinable.
Esto permite que el individuo seleccione lo que le interesa de la religión, guiado por principios de eficacia y del pragmatismo: “Esto me sirve, esto no me sirve”. La consecuencia de esta negación de una validez absoluta a lo elegido determina una práctica religiosa, la “carta”, regulada por las necesidades personales de los fieles.
Esta debilidad de la creencia no es consciente del error de que no somos creadores de absolutos, nosotros finitos, el absoluto es don y gracia. Ante este error, normalmente se amplía dando cabida a elementos científicos mal utilizados, convicciones esotéricas y supersticiosas.
 Es interesante que las personas que han llegado a este clima de ensoñación individualista se conviertan en grandes proselitistas necesitados de satisfacer su hambre. No se sienten fieles a sus opciones, no hay compromiso de fidelidad. Deciden en cada momento la necesidad y el gusto del libre consumidor.
Termino , en este mismo momento , en el primer cuarto del siglo XXI, cualquier variante que intenta salir de este vacío, y aunque inicialmente abre su mente al absoluto, a lo trascendente, ya sea en la música, al arte, la presencia en la calle es etiquetada como fascismo, ultraderecha, al menos en este país. 

                                                     

1.     2.   Mirando en derredor

 · ¿Qué tan cerca consciente eres de situaciones o ambientes de la sociedad europea que pudieran describirse con los siguientes binomios?

Secularidad y libertad religiosa, pluralismo y tolerancia, incertidumbre y búsqueda de seguridad, individualismo y solidaridad, filosofía de mercado y política social, ambiente empirista y tendencias espiritualistas, participación democrática y poderes globalizantes, ciencia y esoterismo, violencia y movimientos pacifistas, sensibilidad ecológica y contaminación ambiental, política y corrupción.

·        Espero que esta terminología no te sea desconocida y que tengas sensibilidad social capaz de reconocerla en tu propio ambiente.

  3.  Humanismos

Si hablamos de un humanismo cristiano o un humanismo abierto a la trascendencia, debemos superar los prejuicios del pensamiento liberal y laicista que nos desborda.

 Rasgos positivos como defensa de los derechos humanos o de las minorías étnicas y sociales, la condena de la guerra y de la violencia, el respeto a la naturaleza, la búsqueda de la justicia social y el rechazo a todo tipo de xenofobia son proclamados con insistencia, aunque con un matiz interesante: estos mismos rasgos positivos solo parecen existir unidos a la ideología de moda.

 

La exaltación del consumo y de la imagen, la fragmentación existencial y la exaltación del bienestar psicológico van acompañados de una desconfianza de la razón, del rechazo a los grandes relatos, de inseguridad ante el futuro, de relativismo e individualismo.

Concluimos diciendo que se percibe un interés por los valores postmodernista, pero que choca profundamente con una superficialidad y la carencia de interioridad que condiciona la experiencia religiosa.

El intento de buscar nuevas coordenadas que hagan posible vivir humanamente, más allá de los compromisos religiosos y políticos, hace que pierdan influjo las referencias tradicionales: cristiana, ideología política, las escalas de valores.

 3.          4.  La relación

 








Una brisa de esperanza










 

jueves, diciembre 18, 2025

Sentido y propósito

 Buscando sentido y propósito, caminos por recorrer.

Vivir no es dejar que el tiempo pase. El tiempo es un convencionalismo. ¿Qué es la vida? 

Hay muchas maneras de dejar pasar el tiempo: en colas, durmiendo, leyendo, conversando, trabajando, divirtiéndose; hacer algo por alguien, sufriendo, amando... Pero todo ello, en definitiva, nos permite ocupar el tiempo, convertir en lo que hacemos el vacío.

Más que nunca, estamos condicionados por la búsqueda de la satisfacción inmediata. El instante es lo importante. Lo que hacemos pareciera que se agota en sí mismo, no se conecta con nada. Pasa, no se detiene, no hay un de dónde ni un adónde.

Y a pesar de todo lo que podamos decir, pensar o sentir, el mundo, sin embargo, se mueve, eppur si muove. Nos movemos, venimos de algún lugar o momento y vamos hacia alguna parte. Es obvio que nuestros momentos e instantes se organizan y se buscan y se autocompletan o se eliminan. Hay quien se obsesiona por aislarse y evitar cualquier pregunta más allá de retener el disfrute capturado o rechazar el disgusto inesperado. ¿Lo consiguen?

 

No seríamos los primeros en pensar que estamos viviendo una ilusión, que lo que llamamos real es fruto de nuestra imaginación. Hay una profunda llamada a la nada; lo que es no es nuestro, ni nunca lo será; lo tenemos por un instante y se desvanece, ya no es.           


 
Entre el ayer y el mañana, el hoy se disipa con nombrarlo. ¿Si atamos los instantes en el recuerdo? ¿No es una quimera?

Hay algo que no es materia y, sin embargo, es real. Es como un valor añadido. Cuando los instantes tienen una dirección. Cuando los hechos tienen un propósito. Cuando la vida tiene un sentido. Queremos superar la servidumbre de la nada, la opresión del sinsentido y el sometimiento al absurdo.

Vivimos inmersos y obsesionados por las imágenes; la realidad no nos atrae y nos molesta. Buscamos mantener ocupada nuestra atención y anular nuestros sueños. Los medios nos sumergen de nuevo en la caverna; no anhelamos la verdad y aceptamos lo que nos ofrecen como sucedáneo de lo real.

No es cuestión de destino; es necesario tomar decisiones que nos transporten más allá de nosotros mismos y nos refieran a la fuente del ser, que no es otra que el Amor Creador.


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