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jueves, diciembre 18, 2025

Sentido y propósito

 Buscando sentido y propósito, caminos por recorrer.

Vivir no es dejar que el tiempo pase. El tiempo es un convencionalismo. ¿Qué es la vida? 

Hay muchas maneras de dejar pasar el tiempo: en colas, durmiendo, leyendo, conversando, trabajando, divirtiéndose; hacer algo por alguien, sufriendo, amando... Pero todo ello, en definitiva, nos permite ocupar el tiempo, convertir en lo que hacemos el vacío.

Más que nunca, estamos condicionados por la búsqueda de la satisfacción inmediata. El instante es lo importante. Lo que hacemos pareciera que se agota en sí mismo, no se conecta con nada. Pasa, no se detiene, no hay un de dónde ni un adónde.

Y a pesar de todo lo que podamos decir, pensar o sentir, el mundo, sin embargo, se mueve, eppur si muove. Nos movemos, venimos de algún lugar o momento y vamos hacia alguna parte. Es obvio que nuestros momentos e instantes se organizan y se buscan y se autocompletan o se eliminan. Hay quien se obsesiona por aislarse y evitar cualquier pregunta más allá de retener el disfrute capturado o rechazar el disgusto inesperado. ¿Lo consiguen?

 

No seríamos los primeros en pensar que estamos viviendo una ilusión, que lo que llamamos real es fruto de nuestra imaginación. Hay una profunda llamada a la nada; lo que es no es nuestro, ni nunca lo será; lo tenemos por un instante y se desvanece, ya no es.           


 
Entre el ayer y el mañana, el hoy se disipa con nombrarlo. ¿Si atamos los instantes en el recuerdo? ¿No es una quimera?

Hay algo que no es materia y, sin embargo, es real. Es como un valor añadido. Cuando los instantes tienen una dirección. Cuando los hechos tienen un propósito. Cuando la vida tiene un sentido. Queremos superar la servidumbre de la nada, la opresión del sinsentido y el sometimiento al absurdo.

Vivimos inmersos y obsesionados por las imágenes; la realidad no nos atrae y nos molesta. Buscamos mantener ocupada nuestra atención y anular nuestros sueños. Los medios nos sumergen de nuevo en la caverna; no anhelamos la verdad y aceptamos lo que nos ofrecen como sucedáneo de lo real.

No es cuestión de destino; es necesario tomar decisiones que nos transporten más allá de nosotros mismos y nos refieran a la fuente del ser, que no es otra que el Amor Creador.


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