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domingo, enero 11, 2026

Bautismo de Jesús

 


Saludos, hermanos, celebramos el Bautismo de Jesús y nuestro propio bautismo.

En la primera lectura del profeta Isaías hemos escuchado  cómo el siervo, el elegido del Señor, no viene a traer venganza ni a condenar, sino que nos viene a traer la justicia que salva, que levanta, que dignifica. Esta justicia que consiste en “abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la cárcel y de la prisión a los que habitan en las tinieblas”. Dios no salva con la victoria o el éxito, sino con la humillación y la derrota, dando la vida.

La segunda lectura del libro de los Hechos, nos dice: “Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”.   Es una invitación a ver en el otro a un hermano al que hay que cuidar y al que hay que tratar como a uno le gustaría que le tratasen. 

Es la misericordia la que traspasa la justicia y la que busca restablecer el bien, invitando a la conversión y al cambio, sanando las heridas que se hayan podido producir entre las personas o entre estas y la creación, construyendo un mundo en el que no haya muros que dividan y separen, que enfrenten y lleven a la enemistad, sino puentes que unan y que lleven al encuentro y a la comunión.

"Este es mi Hijo amado, en quien me complazco". Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

 Lo importante es que nos reconozcamos amados de Dios al conocer a Jesús, y hacer vida en la propia vida la Buena Noticia de la paz que trajo Jesús; hacer lo que él hizo: pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

En el día en el que celebramos el bautismo del Señor, hacemos también memoria de nuestro bautismo. Y no podemos dejar de recordar la invitación de Jesús a la conversión y a creer en el evangelio. Para ello, no dejemos nunca de confrontar nuestra fe y nuestra vida con la Palabra y de dejarnos acompañar por la comunidad de creyentes. Jesús, que no tenía pecado, acude a recibir este «Bautismo de Penitencia». Es un escándalo que Jesús esté en la fila de los pecadores. Pero la respuesta de Jesús  Juan nos aclara todo: «Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere». Obediencia, no sumisión.

Cuántas veces hemos utilizado el nombre de Dios para juzgar, herir y caer en la acepción de personas. Clamamos una justicia que busca la venganza, si somos sinceros con nosotros mismos, nos veremos juzgando y condenando, contribuyendo así a la confrontación y polarización en la que se ven envueltos nuestra sociedad y nuestro mundo.

Concédenos, Señor y Padre nuestro, intentar vivir como él vivió, haciendo tu voluntad, para  vivir nuestra vida teniéndole presente en nuestro día a día y a vivirla conforme a nuestra fe en Él, en nuestra época y en los lugares en que Tú nos pones. Amén.

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