jueves, diciembre 13, 2018

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El desierto. 

Nombrar el desierto es querer llegar y estar en el territorio de la verdad. 
El desierto es símbolo de una vida esencial, más sencilla, más centrada, enraizada en lo esencial, una vida que donde encontrarnos con nuestras posibilidades y nuestro sueños, donde las  distorsiones de este mundo consumista e infiel a Dios y a los pobres nos alejan de nosotros mismos y de los demás. 
En el desierto no hay lugar para lo superfluo, nos permite solidarizarnos más seriamente contra las injusticias que sufren los seres humanos.
Si de algo necesitamos los insatisfechos e indignados es despojarnos de los superfluo, de muchas cosas y pensamientos, el desierto no permite acumular superficialidades y caprichos. 
El desierto es el lugar para vivir con lo imprescindible, lo decisivo.Es un lugar privilegiado para escuchar y ser escullado, para que nos llegue la Palabra de Dios y de los hermanos.
El desierto el lugar para  buscar el camino para orientar la vida, para no llevarse por la apariencia y vivir en la verdad . 
Pasar por el desierto  nos posibilita el encuentro con pobre, con el Dios Niño que nace en la gruta de Belén.

En Navidad 

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