
El desierto.
Nombrar el desierto es querer llegar y estar en el territorio de la verdad.El desierto es símbolo de una vida esencial, más sencilla, más centrada, enraizada en lo esencial, una vida que donde encontrarnos con nuestras posibilidades y nuestro sueños, donde las distorsiones de este mundo consumista e infiel a Dios y a los pobres nos alejan de nosotros mismos y de los demás.
En el desierto no hay lugar para lo superfluo, nos permite solidarizarnos más seriamente contra las injusticias que sufren los seres humanos.
Si de algo necesitamos los insatisfechos e indignados es despojarnos de los superfluo, de muchas cosas y pensamientos, el desierto no permite acumular superficialidades y caprichos.
El desierto es el lugar para vivir con lo imprescindible, lo decisivo.Es un lugar privilegiado para escuchar y ser escullado, para que nos llegue la Palabra de Dios y de los hermanos.
El desierto el lugar para buscar el camino para orientar la vida, para no llevarse por la apariencia y vivir en la verdad .
Pasar por el desierto nos posibilita el encuentro con pobre, con el Dios Niño que nace en la gruta de Belén.
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