Buscar este blog

viernes, febrero 06, 2026

¿ De que hablamos ?

 

En algún momento, oímos: "El compromiso político del cristiano está en la izquierda"; esto estaba relacionado con la percepción de que "el socialismo real ha muerto". ¿Entonces? "Viva el socialismo utópico".

Buenos deseos; la realidad transcurre por otros derroteros. Los magníficos valores de la lucha contra la desigualdad, armonizar el bien particular con el bien común, combatir la marginación, constituir en causa propia la dignidad y derechos humanos, buscar la propia realización desde una ética conjuntiva "Yo y el Otro, nosotros", se han convertido en ideología y en desenfrenado afán de enriquecimiento de los dirigentes y poderes fácticos que no retroceden ante la corrupción, el robo y el maltrato a los derechos de los ciudadanos.

Se esconden detrás de los necesitados que buscan una dádiva, un bono, una bolsa de comida, y no tienen ningún reparo en destruir y vender un país, haciendo que ocho millones de ciudadanos tengan que dejar su querida patria. Y los que no callan ni consienten sus tropelías son los llamados ultraderecha fascista.

Por supuesto, el capitalismo se renueva, pero en el fondo sigue siendo intrínsecamente malo: porque es el egoísmo socialmente institucionalizado, la idolatría pública del lucro, el reconocimiento oficial de la explotación del hombre por el hombre, la esclavitud de los muchos al yugo del interés y la prosperidad de los pocos.

Una cosa he entendido claramente con la vida: las derechas son reaccionarias por naturaleza, fanáticamente inmovilistas cuando se trata de salvaguardar el propio tajo, solidariamente interesadas en aquel orden que es el bien… de la minoría de siempre”, y las izquierdas siguen siendo la creencia de que unos pocos tienen el don de salvar a la mayoría, pero con la condición de que la mayoría sea sumisa y no se escandalice del tajo de la minoría que los manipula al servicio de sus intereses progresistas de enriquecimiento y poder.

Hoy la izquierda se solivianta porque es cierto que ya no es una tendencia mayoritaria y han de conformarse con ser, en el clima actual, una minoría cuestionada que se refugia en una vivencia subjetiva de ilusión, neurosis, alienación o proyección irreal que ha sustituido a la utopía generadora de cambio y progreso.

Ser socialista, para muchos, es considerado un fenómeno degenerativo que ha cambiado valores por egoísmo desenfrenado, amenazante y destructor de convivencia, los derechos y el bien común.

Solo la humildad de reconocer que no somos seres absolutos, que nos permite abrirnos a la trascendencia, para la transformación social y construir el Reino de justicia y paz que haga posible el progreso y la libertad, los derechos humanos y la tolerancia, la ciencia y la modernidad, la revolución y la democracia.

Solo la fe nos da el aliento necesario para la búsqueda de sentido que nos hace partícipes de la sociedad, de la razón y de la realización humana.

El socialismo nunca podrá regenerarse porque no admite que el hombre tiene la libertad para rechazar los valores que predica y maltratar el proyecto de vida y felicidad; no reconoce su pecado original.











No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu participación

Seguidores