Semana de oración por la unión de los cristianos.
Juan liderará un movimiento profético y penitencial en los primeros tiempos del cristianismo, ante la certeza inminente de la llegada del Mesías, realidad largamente esperada por Israel.Su estilo de vida austero y su Dios de la justicia, el
cual separará lo bueno de lo malo, y un Dios de la ira inminente ante el pecado
e infidelidad de Israel, seducirán a muchos, pues su discurso estaba ligado al
Dios del Antiguo Testamento.
El mensaje y estilo de Jesús estarán en las antípodas
del de Juan. Por eso, el mismo Juan enviará a sus discípulos a preguntar a Jesús
si es él el que ha de venir o hay que esperar a otro. Cocemos la reacción de
Jesús: "díganle lo que ustedes ven" Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados,
los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado
el evangelio. “(Mt.11,5)
Juan no fue confuso al proclamar con valentía que él era solo la “voz que
clama en el desierto”, y que Jesús es Dios, el mesías esperado, “el cordero de
Dios que quita el pecado del mundo”.
Juan se proclama el precursor, no el mesías. Y de él dice Jesús: Nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo,
el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. (Mt. 121,11)
El Reino de Dios anunciado por Jesús estará al centro del mundo, no alejado de él, sanando, acogiendo y curando las heridas de los hombres y mujeres de su tiempo. Frente al Dios de buenos y malos, propio del judaísmo del Antiguo Testamentario, reflejado en el discurso de Juan, Jesús irá por la oveja perdida, porque todos son hijos de Dios.
Se juntará con los pecadores, con hombres y mujeres de
mala fama, afirmando que no ha venido a llamar a los justos, sino a los
pecadores; son los enfermos los que necesitan médico, no los sanos. .
De la mano de Jesús se nos revela el Dios del amor y
de la misericordia que ofrece a todos siempre otra posibilidad de vida. El Dios
de Jesús es el Padre de la parábola del hijo pródigo, que hace fiesta por el
hijo que vuelve a casa, perdonándole su pecado.
Juan bautizaba con agua, todo un símbolo de
regeneración y de pureza ritual, Jesús bautizará en el Espíritu Santo,
haciéndonos participar de la misma vida de Dios, convirtiéndonos en verdaderos
hijos e hijas en Él.




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