Día de la Sagrada Familia
El sentido pleno de la Navidad, la Encarnación del Hijo de Dios, es imposible sin aceptar la importancia de la familia En ella, José y María se esforzaron para poder sacar adelante a esa criatura, para ayudar a crecer a esa brizna de humanidad que es el Niño Jesús.
Jesús no se
hizo hombre solamente “naciendo de una mujer” (Gal.4,4), quiso hacerse hombre en
una familia donde crecer “en sabiduría, estatura y gracia delante de Dios y de
los hombres” (Lc. 2,52)
Dios acampó
en nuestro mundo en una familia y desde ella se familiarizó con nosotros. José será el que custodie, que proteja y
guarde la integridad del hogar de Nazaret hasta hacerse en él creyente. Tanto
José como María guardó todas estas cosas, difíciles de entender, en su
corazón.
Dios ha bendecido la unión entre María y José al haber elegido ese «lugar» como el idóneo para encontrarse con los hombres. La familia es templo de Dios. El mismísimo Dios forma parte de ellos. En toda familia cristiana, a través del misterio del sacramento del matrimonio, se actualiza el amor cristiano en signo del Amor de Dios.
La vida
familiar ha de ser una escuela de vida. Donde podamos buscar, en todo, la
voluntad de Dios. Viviendo más para los demás que para sí mismos.
Concédenos, Padre misericordioso, que
durante todo este año, que vamos a comenzar, vivamos con los sentimientos que
Pablo nos pide para toda familia cristiana:
“Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de
compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.”



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