jueves, julio 02, 2026

Venezuela, contigo.

Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un camino diferente, porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio. 

Quizá en este momento Venezuela está viviendo la extraordinaria experiencia de vencer la catástrofe económica, política y social en este siglo XXI. Veintisiete años en que Venezuela comenzó a sentirse gobernada con el descaro y la prepotencia de quien está dispuesto a tratar a su pueblo como una mala peste que hay que erradicar y eliminar todo vestigio del tiempo pasado.

Es el momento de salir de este engendro del mal que ha destruido un país, no con la violencia, la guerra, la venganza, sino con el sufrimiento, la esperanza y el sacrificio sin pausa.

No es tiempo de discusiones y de análisis y diagnóstico exhaustivos; todos conocemos el origen y causa de nuestro mal. En el misterio de la fe, de la esperanza y el Amor que el Padre siempre nos ofrece, les ofrezco esta palabra del profeta Ezequiel.


Del profeta de Ezequiel (2,2-5):

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: «Esto dice el Señor.» Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»


sábado, junio 27, 2026

Te recompensaré

                                                        La generosidad del Señor es grande. 

El profeta Eliseo, hombre de Dios, es acogido con generosidad por una familia. Como recompensa a su hospitalidad, el profeta les anuncia el don de la fecundidad. Este hecho nos invita a reconocer la misericordia y la bondad de Dios, como proclama también el salmo: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor». Nos acerca a la proclamación que escuchamos hoy en el Evangelio, donde Jesús promete una recompensa.


En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda cómo Dios ha sido inmensamente misericordioso con nosotros: «Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en la muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva».

¿Cómo responder a tanta generosidad? El Evangelio nos ofrece una respuesta clara. La familia, los afectos o las seguridades humanas no deben convertirse en un obstáculo para responder con generosidad: el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

La llamada de Jesús no puede ser motivo de miedo o duda para no entregarnos plenamente a Él, como Él se entregó por nosotros.


No se trata de dejar de amar a nuestros padres o a nuestros hijos. La invitación de Jesús no es a amar menos, sino a ordenar rectamente nuestros amores, poniendo a Dios en el primer lugar de nuestra vida, como nos enseña el primer mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

No nos alejemos del amor de Dios. Reconozcámonos enviados para ser testigos de su amor ante todos, porque la tarea de anunciar el Evangelio pertenece a toda la comunidad cristiana. Recordemos las palabras del Señor: «El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Señor, danos la fortaleza para acoger tu Palabra sin miedo y no permitas que nada ni nadie nos aparte de tu amor y de tu seguimiento; el que pierda su vida por mí, la encontrará». Amén.



Lecturas del Domingo  XIII   

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16ª

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.

Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».

Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

 Porque tú eres su honor y su fuerza,

y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.                              

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

 

jueves, junio 25, 2026

Dios e Iglesia

Dios Padre y creador, en su infinita misericordia, nos ha hecho partícipes de su amor. Nos ha regalado el don de la vida y nos permite ser protagonistas de nuestra existencia. La libertad es el signo de que su amor no nos manipula ni nos coarta.

Pero nos ha regalado algo más extraordinario: el ser partícipes de su propia vida inmortal.

Compadecido de nuestros errores, nos envió a su propio Hijo para reconciliarnos con su amor, perdonar nuestros pecados y hacernos partícipes de la resurrección.

Este misterio de amor lo llamamos el misterio de la Encarnación. Jesús se hizo hombre, uno de nosotros, compartió nuestras fortalezas y debilidades, menos el pecado, y lo que Dios ama en su Hijo, lo ama en nosotros.

Pero este misterio de la manifestación de la bondad y misericordia de Dios manifiesta un modo nuevo de relacionarse con sus creaturas.

Por medio de la misma naturaleza nos ha querido hacer llegar su gracia, su salvación. Un ejemplo importante es la Iglesia.

La iglesia, humanamente hablando, es un colectivo, entre otros, que surge de la necesidad del ser humano de expresar su condición social y sus valores, creencias o intereses le llevan a crear estos colectivos y comunidad. Pero Dios, que ha querido que le conociéramos de una manera única dándonos el don de fe, ha querido que a través de la Iglesia que su propio Hijo instituyó con sus discípulos fuera portadora de su gracia y salvación, la Iglesia sacramente de salvación. Su Espíritu Santo prometido por su Hijo fue enviado a los discípulos reunidos y así nació la Iglesia de Jesús.

 Querido amigo creyente, cristiano, debes tomar en serio tu amor a Dios y el aprecio a su Iglesia. Sé que a veces tienes la tentación de proclamar tu fe en Dios, pero reconoces tu distanciamiento de la Iglesia, pues la ves muy llena de deficiencias y errores. Nosotros, sus miembros, definitivamente somos pecadores, y como decimos hoy en día, la Iglesia se parece más a un hospital que a un refugio de santos.

No es necesario que encuentres una sana relación entre tu fe en el Dios que nos ha revelado Jesucristo y su Iglesia. Para ello, la palabra de Dios, el Evangelio de Jesús, será un camino seguro para alcanzar la aceptación del misterio de Dios que manifiesta su poder en la debilidad. 


                      




miércoles, junio 24, 2026

Mayores vs. jóvenes



        Hideki Wada dice a los mayores: Estas reglas parecen simples.

  • ​Camina todos los días.
  • ​Cuando te enfades, respira más profundo.
  • ​Mantente en movimiento; no dejes que el cuerpo se estanque.
  • ​En verano bebe agua, incluso si el aire acondicionado está encendido.
  • ​Mastica bien la comida; la mente trabaja junto con la boca.
  • ​La memoria no se desvanece por la edad, sino por la inactividad.
  • ​No abuses de los medicamentos.
  • ​Sin necesidad, no intentes bajar deliberadamente la presión arterial ni el nivel de azúcar.
  • ​La soledad puede no ser aislamiento, sino tranquilidad.
  • ​La pereza no es motivo de vergüenza.
  • ​En la vejez, el carné de conducir no es una necesidad.
  • ​Haz lo que ames y deja lo que no te guste.
  • ​No te encierres en casa.
  • ​Come lo que te haga feliz; un pequeño aumento de peso no hace daño.
  • ​No pases tiempo con personas que te resulten desagradables.
  • ​No veas demasiada televisión.
  • ​No luches constantemente contra la enfermedad; aprende a vivir con ella.
  • ​El optimismo es la mejor medicina.
  • ​Las frutas, la luz del sol y el aire fresco son fuentes de felicidad.
  • ​Di lo que tienes en el corazón.
  • ​Si es necesario, cambia de opinión; no pasa nada.
  • ​Dejar de aprender es el comienzo de la vejez.
  • ​Basta con ser agradecido; la sonrisa trae felicidad.
  • ​La vejez no es una carga, sino un regalo.

En resumen: Vive de forma sencilla, muévete un poco cada día y sonríe más. Acepta tu cuerpo y tu edad con amor, y verás que la felicidad está más cerca de lo que pensabas.

        Hideki Wada a los jóvenes 

​¡Admírate de los mayores que se me adelantan al amanecer! 

Los pescadores, los buscadores de setas, los viajeros! Admírate de aquellos que todavía se cuidan: su peinado, sus zapatos, su ropa pulcra y elegante.

​Admírate de quienes no pierden la alegría de vivir, que se ven a sí mismos en sus hijos y nietos, que están llenos de deseos incluso después de las lecciones más difíciles de la vida.

​¡No te admires de los jóvenes! Ser joven es fácil. Admírate de los mayores: ellos han sabido mantenerse eternamente jóvenes.

​¡Esto va por nosotros! 👍

martes, junio 23, 2026

Fanatismos


Es importante conocer las razones del fundamentalismo, las fobias y los fanatismos. A veces se presentan como posturas de certeza y fuerza, pero es todo lo contrario. Vamos a ver.

Por fundamentalismo se entiende un marco de referencia sólido y seguro, en el que los individuos sostenidos por la colectividad se sienten aliviados de sus angustias y amenazas. Esto exige rigor, firmeza inquebrantable, carencia de flexibilidad, una oposición tajante ante toda novedad y el aporte exterior.

Fomenta una desvalorización de los condicionamientos afectivos, sociales y culturales en el sujeto. Incapacidad de empatía, miedo a los cambios personales, sociales y culturales, evita por todos los medios cuestionarse a sí mismo de forma serena, algo totalmente ausente del fundamentalismo.

Las posturas fundamentalistas se presentan en todos nosotros; es algo que nos atañe personalmente. No es exclusivo de personalidades con perfil patológico.

Ante la falta de un sistema referencial de valores, surge un deseo compulsivo de identidad. La actual crisis cultural puede suscitar reacciones de tipo fundamentalista allí donde menos pensemos; la incertidumbre es, por contraste, terreno abonado para la intolerancia. La tentación de simplificación frente a lo complejo y la opacidad de nuestra sociedad nos impulsa hacia la huida o imposición de soluciones rígidas. Sin un marco sólido de referencia, esa débil identidad puede sentirse amenazada y se busca la seguridad a cualquier precio. Se siente miedo y se quiere evitar el fracaso existencial.

El fanatismo y las fobias son más bien un reflejo de nuestros miedos que el rechazo de lo diferente. Tristemente, sin darnos cuenta, lo que queremos ver como criterio de seguridad y fuerza es, en realidad, sensación de impotencia, reacción patológica ante la inminencia sentida de una quiebra de la estabilidad del mundo personal y colectivo, ante la amenaza del caos, si los fundamentos ceden.

Podemos definir el fundamentalismo como una huida hacia la radicalidad, vinculada a una actitud agresiva, con rechazo de la racionalidad, del desarrollo de la libertad y de la percepción limitada de la realidad para el individuo y la sociedad.


El presente se vive como amenaza, el futuro como incertidumbre y un pasado manipulado como terreno propicio para el refugio y enfrentar la creatividad, anclándose en el pasado. El dogmatismo, la intolerancia, la cerrazón ideológica se asientan en la creencia de la posesión absoluta de la verdad. Fanatismo

El fundamentalismo se considera que surge como “una corriente ideológica o religiosa que exige una adhesión estricta y literal a unos principios o textos fundacionales. Rechaza cualquier adaptación a los tiempos modernos, promoviendo el aislamiento, la intolerancia hacia otras creencias y la imposición de sus dogmas”; hoy podemos decir más correctamente que el fundamentalismo arraiga en la interioridad del individuo con un perfil psicológico rígido e inflexible, asediado por miedos, angustias, por la incertidumbre y la inseguridad, por la complejidad y el pluralismo, por la incapacidad para la libertad y la comprensión del entorno humano y social, amparado en ideologías políticas, sociales y religiosas. 




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