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sábado, julio 25, 2026

A los que aman a Dios todo les sirve para el bien.

Domingo XVII del TO.

Queridos hermanos:

Salomón pidió al Señor un corazón atento para juzgar y discernir el bien del mal. No pidió larga vida, riquezas ni poder. Y esa petición agradó a Dios, porque revelaba un corazón abierto a su voluntad.

El Evangelio continúa esta misma enseñanza con las parábolas del tesoro escondido, la perla de gran valor y la red que recoge toda clase de peces. Jesús nos muestra que el Reino de Dios es el mayor tesoro que puede encontrar una persona. Pero el hallazgo no es suficiente: exige respuesta. Buscar, elegir y comprometerse. Algo irrumpe en la vida del hombre y lo transforma todo.

Jesús utiliza las parábolas más cortas de todo el evangelio, y nos pregunta: “¿Habéis entendido todo esto?” La pregunta también va dirigida a nosotros. El discípulo no es, ante todo, alguien que ha renunciado a muchas cosas, sino alguien que ha encontrado a Cristo. La renuncia, el compromiso, pequeño o grande, viene después del hallazgo y nos conduce a la alegría, a la plenitud. Seguir a Jesús no es una pérdida, sino el mejor intercambio que puede hacer el ser humano.

El tesoro está escondido en el campo del mundo. No podemos amar el Reino sin comprometernos con ese campo donde Dios actúa: nuestra sociedad, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestras comunidades. Allí estamos llamados a sembrar fraternidad, solidaridad, justicia y paz.

La Iglesia tampoco es un club de perfectos. Es la red del Evangelio, donde cabemos todos, con nuestras virtudes y contradicciones, mientras el Señor continúa transformando nuestra vida con su misericordia.

San Pablo nos ofrece hoy una palabra llena de esperanza: «Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien.» Quien pone su confianza en el Señor descubre que incluso las dificultades pueden convertirse en camino de crecimiento, porque Dios nos llama a reproducir la imagen de su Hijo.

Finalmente, Jesús nos recuerda que el discípulo del Reino es como un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas. La fe es una herencia preciosa, pero también un descubrimiento constante que se renueva cada día.


Pidamos al Señor un corazón como el de Salomón: un corazón sabio, capaz de reconocer el verdadero tesoro y de elegirlo por encima de las modas, los intereses y las conveniencias. Solo así podremos colaborar en la construcción del Reino de Dios, un Reino de verdad, de justicia, de amor y de paz.

Que el amor de Cristo nos sostenga y que la fuerza de su Espíritu nos impulse a vivir con alegría el Evangelio, para gloria del Padre.

Amén.

sábado, julio 18, 2026

Domingo XVI

Queridos hermanos:

La primera lectura (*), tomada del libro de la Sabiduría, nos revela que la verdadera grandeza de Dios se manifiesta en su paciencia y en su misericordia. Nos recuerda una verdad que con frecuencia olvidamos: el justo debe ser humano y compasivo. Dios no actúa con dureza, sino que ofrece siempre una nueva oportunidad, concediendo a los pecadores el don del arrepentimiento y una esperanza renovada.

Esta misma enseñanza aparece en el Evangelio. Jesús compara el Reino de Dios con un sembrador que siembra buena semilla en su campo. Sin embargo, junto al trigo crece también la cizaña. Los criados, con una lógica aparentemente razonable, proponen arrancarla enseguida. Pero el dueño responde: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega.»

¿Significa esto que Dios es indiferente ante el mal? De ninguna manera. Lo que Jesús nos revela es que Dios conoce la profundidad del corazón humano y actúa con paciencia. No se precipita en el juicio porque sigue ofreciendo a cada persona la posibilidad de convertirse y dejar que el bien crezca en su vida.

San Pablo, en la segunda lectura, nos invita precisamente a confiar en esta paciencia salvadora de Dios. Cuando nuestra debilidad nos hace incapaces de orar como conviene, el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda e intercede por nosotros. No caminamos solos; Dios sostiene nuestra fragilidad con su gracia.

La gran enseñanza de Jesús es clara. La misión del discípulo no consiste en dedicar su vida a señalar la cizaña o a condenar constantemente el mal. Nuestra primera tarea es cuidar el crecimiento del trigo: hacer crecer el bien, la verdad, la justicia, el perdón y el amor allí donde vivimos.

En un mundo marcado por las tensiones, las divisiones y la tendencia a excluir a quien piensa o actúa de manera diferente, la Palabra de Dios nos invita a vivir con paciencia, comprensión y esperanza. El Señor continúa actuando silenciosamente en la historia, haciendo crecer el trigo incluso en medio de las dificultades.

Pidámosle hoy al Señor que nos conceda un corazón semejante al suyo: paciente con las debilidades de los demás, firme en la práctica del bien y lleno de esperanza. Que sepamos reconocer la inmensa paciencia que Dios tiene con nosotros y que esa experiencia nos dé la fuerza para perdonar y acompañar con misericordia a nuestros hermanos. Amén.


LECTURAS 

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo,
a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente.
Porque tu fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.
Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.
Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.
Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.

Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica. R/.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios». R/.

Pero tú, Señor,
Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:
El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga, apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo:
“Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntan:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió:
“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

 

sábado, julio 11, 2026

Vida plena


Cuando la Palabra madura en el corazón, nace una fe firme, capaz de sostener una vida espiritual auténtica y un compromiso concreto con el Evangelio.

Acudió a Jesús tanta gente que tuvo que subir a una barca para enseñarles. Aquel pueblo sencillo buscaba una palabra que le devolviera la esperanza, porque no lograba descubrir el rostro misericordioso de Dios en la enseñanza de los escribas y fariseos. En cambio, Jesús siempre encontraba tiempo para los enfermos, los pobres, los pecadores y todos aquellos a quienes el sistema religioso mantenía al margen del corazón de Dios.

San Pablo nos revela cuál es la misión de Jesús, el Enviado del Padre: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios... con la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios». Cristo viene a restaurar la creación y a devolver al ser humano la dignidad de hijo de Dios.

Sin embargo, aunque muchos buscan a Jesús, no todos lo hacen con las mismas motivaciones. Algunos esperan encontrar un camino más fácil frente a las exigencias de la ley, olvidando que Jesús no vino a abolirla, sino a llevarla a su plenitud en el mandamiento del amor y de la misericordia. Otros lo consideran simplemente un profeta o un sabio, admirados por la autoridad con la que habla. Pero hay quienes descubren en Él un verdadero espacio de gracia, de perdón y de sanación, donde comienza una vida nueva.

Jesús enseña mediante parábolas porque respeta profundamente la libertad y el proceso interior de cada persona. No impone la verdad; la propone con humildad, confiando en que toda persona de buena voluntad puede acoger la Palabra, comprenderla y dejar que transforme su vida.


El Señor apuesta por el crecimiento interior. La semilla necesita tiempo para echar raíces y dar fruto. Cuando la Palabra madura en el corazón, nace una fe firme, capaz de sostener una vida espiritual auténtica y un compromiso concreto con el Evangelio.

Por eso explica las parábolas a sus discípulos. Ellos también deben dejar que la Palabra arraigue profundamente en su corazón antes de anunciar el Reino a los demás. Solo quien ha sido transformado por la Palabra puede sembrarla con esperanza.







    No pidamos a Dios signos espectaculares o manifestaciones extraordinarias. Lo que necesitamos es un corazón disponible para acoger su Palabra, sea cual sea nuestra situación: el borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos o la tierra buena.

La semilla siempre es la misma: la Palabra de Dios. Lo que cambia es la disposición del corazón. Como explica Jesús, unos la escuchan y el Maligno la arrebata porque no la comprenden; otros la reciben con alegría, pero, al no tener raíces, sucumben ante las dificultades; otros permiten que los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahoguen. Pero también están quienes escuchan la Palabra, la comprenden, la conservan y la ponen en práctica. Esos son los que dan fruto: unos ciento, otros sesenta y otros treinta por uno.

Pidamos al Señor la gracia de ser tierra buena, capaz de acoger su Palabra con fe, perseverar en ella y dar abundantes frutos de amor, justicia y misericordia para la gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.

sábado, julio 04, 2026

Alcanzar la Paz


Los pequeños 

Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un camino diferente, porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio.

«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.

San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en nosotros. La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir unas normas o esforzarse más. Es ante todo una transformación interior.

Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con otros ojos. La ansiedad cede espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial. Así nace la verdadera paz.

En el Evangelio, Jesús bendice al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. Los pequeños son aquellos que saben recibir. Son capaces de dejarse enseñar, corregir y acompañar. No tienen todas las respuestas, pero permanecen disponibles para escuchar. Y es precisamente en esa actitud donde Dios encuentra espacio para actuar.

El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la vida. Lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él. Por eso su yugo es suave y su carga ligera. La invitación de Jesús es directa y profundamente personal. Nos dice: "Venid a una doctrina" o "venid a una ley". Dice: "Venid a mí".

Todos llevamos cargas: preocupaciones familiares, incertidumbres, heridas, responsabilidades, errores del pasado o temores ante el futuro. Jesús no niega la existencia de esas cargas. Tampoco promete una vida sin dificultades. Lo que ofrece es caminar con nosotros y sostenernos desde dentro.

Un recuerdo especial para el sufrido y magnífico bravo pueblo de Venezuela. Hay esperanza; lo primero que no falte la fe y confianza en Dios.

Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz no depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo. El descanso del alma es la experiencia de reposar en Dios, confiando en que nada puede separarnos de su amor. Así, aun en medio de las tormentas de la vida, el corazón encuentra una morada firme donde permanecer.

Lecturas del Domingo XIV del Tiempo Ordinario 

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Esto dice el Señor:

«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, ¡Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

EN aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

sábado, junio 27, 2026

Te recompensaré

                                                        La generosidad del Señor es grande. 

El profeta Eliseo, hombre de Dios, es acogido con generosidad por una familia. Como recompensa a su hospitalidad, el profeta les anuncia el don de la fecundidad. Este hecho nos invita a reconocer la misericordia y la bondad de Dios, como proclama también el salmo: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor». Nos acerca a la proclamación que escuchamos hoy en el Evangelio, donde Jesús promete una recompensa.


En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda cómo Dios ha sido inmensamente misericordioso con nosotros: «Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en la muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva».

¿Cómo responder a tanta generosidad? El Evangelio nos ofrece una respuesta clara. La familia, los afectos o las seguridades humanas no deben convertirse en un obstáculo para responder con generosidad: el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

La llamada de Jesús no puede ser motivo de miedo o duda para no entregarnos plenamente a Él, como Él se entregó por nosotros.


No se trata de dejar de amar a nuestros padres o a nuestros hijos. La invitación de Jesús no es a amar menos, sino a ordenar rectamente nuestros amores, poniendo a Dios en el primer lugar de nuestra vida, como nos enseña el primer mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

No nos alejemos del amor de Dios. Reconozcámonos enviados para ser testigos de su amor ante todos, porque la tarea de anunciar el Evangelio pertenece a toda la comunidad cristiana. Recordemos las palabras del Señor: «El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Señor, danos la fortaleza para acoger tu Palabra sin miedo y no permitas que nada ni nadie nos aparte de tu amor y de tu seguimiento; el que pierda su vida por mí, la encontrará». Amén.



Lecturas del Domingo  XIII   

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16ª

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.

Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».

Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

 Porque tú eres su honor y su fuerza,

y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.                              

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

 

sábado, junio 20, 2026

No temas


Confiar en el Señor no nos libra de las acechanzas e incertidumbres del maligno. Hay quienes observan nuestros errores para desalentarnos, intentan someternos y vengarse, porque ven nuestra vida como una acusación contra su modo de actuar. Seguimos recibiendo noticias de persecuciones y matanzas de cristianos en distintos lugares del mundo todos los días.

Confiar en Dios no significa desentenderse ni quedarse de brazos cruzados. Es creer firmemente que solo los valores que Jesús, nuestro Señor, nos enseñó pueden ayudarnos a construir una vida verdaderamente humana y a hacer presente el Reino de Dios.

La Palabra nos invita a superar el dolor que puede hacernos sentirnos extraños entre nuestros hermanos, extranjeros incluso entre los hijos de nuestra propia madre, y orar con confianza: Señor, que me escuche tu gran bondad; que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.

Así reconoceremos nuestra debilidad y proclamaremos la misericordia del Señor. Una confianza agradecida en Dios, a quien queremos acoger como compañero de camino en la vida, en las necesidades, en las caídas y en las alegrías, reconociendo que la salvación que nos ofrece Jesucristo se ha derramado sobre todos.

El Evangelio insiste hoy en que no tengamos miedo, pase lo que pase. Siempre es tiempo de anunciar el Reino de Dios; siempre es la hora de una Iglesia en salida, sin miedos ni complejos. Podrán apagar nuestra voz o incluso quitarnos la vida, pero la fuerza del Evangelio es mayor que quienes la proclaman. Nuestro valor no depende de la tarea que realizamos, sino del amor que hemos recibido.


Todos caminamos juntos, viviendo la sinodalidad, que nos recuerda el valor único de cada persona. No olvidemos las palabras de Jesús: «Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos».

Hemos vivido recientemente en España una experiencia de coraje y valentía cuando el Papa León ha proclamado desde las azoteas que estamos llamados a vivir como verdaderos hijos de Dios, sin acomodarnos a los criterios del mundo.

Nuestro cristianismo no puede ser privado ni intimista, alejado del compromiso en la vida pública. Tampoco puede reducirse a un cristianismo meramente cultual, incapaz de dar sentido a nuestras opciones, pensamientos y acciones; ni a un cristianismo sociológico, basado solo en tradiciones y costumbres, sin una clara opción personal por seguir a Jesucristo.

Pidamos a Jesús la valentía necesaria para vivir los valores del Evangelio, aunque ello pueda acarrearnos incomprensiones o dificultades.


Domigo XIII del Tiempo Ordinario . Ciclo A


Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Salmo 68 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

jueves, junio 18, 2026

Preocupaciones


Solemos ir en busca de mil cosas; nos preocupamos por satisfacer todas nuestras más mínimas necesidades, nos proponemos infinidad de actividades y nos metemos en mil diligencias. Pareciera que nuestra vida no tendría sentido, sin entregarnos permanentemente a una actividad incansable.

La agitación, el apresuramiento, la perturbación es el precio a pagar; es la otra cara de nuestras prisas y activismos. Tasa impuesta por el impulso, siempre insatisfecho, de estar ocupados, como huyendo de nosotros mismos, en camino hacia no sabemos muy bien dónde. Todo ello nos produce un estado de ánimo y de cuerpo que llamamos estrés y que, al menos físicamente, es una alerta de que no logramos integrar lo que somos, hacia dónde vamos y lo que hacemos, sin renunciar a nuestra condición de seres inquietos en búsqueda, aunque podemos equivocarnos o perder el sentido de nuestra vocación.


Apasionarse por la Sabiduría es la mejor de las ambiciones, nos dice hoy la Escritura. Si bien son muchas las cosas que nos inquietan y exigen nuestro compromiso, debemos ordenar nuestras prioridades, para entregarnos de lleno a nuestra misión sin confusión ni desenfreno.

 La verdadera Sabiduría nos permite movernos y entregarnos con radicalidad sin el fantasma del tiempo perdido, sin el pánico de descentrarnos de nosotros mismos, porque nuestro centro, nuestra vida, está dado en el Otro, con mayúscula, y así la Sabiduría nos invita a no medirnos en la entrega a los demás.

Esforcémonos por poseer esta sabiduría que da sentido a nuestra existencia, vigor a nuestro servicio y alegría y gozo en nuestro amor. No sea que al final, por nuestra desidia, no podamos entrar en la fiesta de la vida. (Mt 25,1-13)

sábado, junio 13, 2026

Es contigo. Eres llamado y enviado

La primera lectura de este domingo nos sitúa en un momento decisivo para Israel. El pueblo ha salido de la esclavitud, pero aún no sabe vivir como un pueblo libre. Egipto sigue habitando en su corazón. Y es precisamente ahí donde Dios irrumpe, no con imposiciones, sino con una declaración de amor: «Os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Esta imagen nos revela que Dios no libera para abandonar, sino para establecer una alianza y confiar una misión. Pero la alianza tiene una condición: «Si escucháis mi voz y guardáis mi alianza». No se trata de una obediencia ciega, sino de una escucha que transforma la vida. Escuchar a Dios significa reordenar prioridades, dejar atrás el egoísmo, la indiferencia y la dureza de corazón para abrir espacio a su presencia.

La segunda lectura nos presenta una verdad sorprendente: Cristo murió por los impíos. No por los justos ni por los perfectos, sino cuando aún éramos débiles y pecadores. Dios no espera a que cambiemos para amarnos; nos ama primero para que podamos cambiar. Su amor gratuito derriba nuestras excusas.

Desde esa misma compasión nace el envío de los Doce en el Evangelio. Jesús los envía sin poder ni seguridades humanas, porque el Evangelio se sostiene por el testimonio. Y les recuerda: «Gratis lo recibisteis, dadlo gratis».

Esta llamada no es solo para algunos. Todos los bautizados somos enviados allí donde vivimos: en la familia, en el trabajo, en la comunidad. No se trata de hacer más cosas, sino de aprender a mirar con los ojos de Jesús.

También nosotros vivimos hoy en un desierto marcado por la incertidumbre, el cansancio y la superficialidad. En una sociedad donde todo parece tener un precio y donde las personas son valoradas por su rendimiento, su imagen o su utilidad, el Evangelio nos recuerda el valor de la gratuidad.

Nuestro mundo está lleno de información, ofertas y ruido, pero sigue teniendo hambre de sentido. Hay muchas personas cansadas, heridas y desorientadas que necesitan encontrar testigos capaces de acercarse con compasión. Frente a esta realidad, los cristianos estamos llamados a ser puentes entre Dios y los hombres, entre el sufrimiento y la esperanza.

La gratuidad, la compasión y el testimonio siguen siendo hoy la forma más creíble de anunciar el Evangelio.



miércoles, junio 10, 2026

«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12)


    «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12)

«Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,). ««Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (Heb. 12,1). Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef1,4) 

            El papa ha encontrado una expresión actual para animarnos a ver la santidad como algo cercano el habla de los santos de la puerta de al lado. Una manera de ayudarnos para acercarnos a la santidad  de nuestros hermanos, bautizados que vivieron  plenamente su  condición de cristianos.

«Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente». Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado.

·       Hablar de santos  nos obliga a  reconocernos como pueblo, el santo no es un solitario, un individualista, él no es auto referente, él se ve como parte de un pueblo y se construye para servir mejor a sus hermanos.

            Por otra parte, hablar de santidad no es algo extraño y etéreo; escuchen lo que nos dice el Papa: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad».

Piensen de la santidad de esta manera: La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo».

·       Hablamos directamente de santidad, como  vida plena, de vida cristiana total.

El Señor llama

1.     La tarea de la santidad no es un proyecto propio, ni un logro que elegimos por propia iniciativa e interés. Siempre tenemos que tener claro que es el Señor el que llama, el que invita.  «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P 1,16 «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5).

 

Les recuerdo una historia. Domingo Savio, un adolescente de apenas 15 años, conoce a Don Bosco y experimenta una sensación de que él está en la misma onda que él; desde niño ha sentido esa misma necesidad de ser santo.

 En un momento de su encuentro con Don Bosco, donde le ha hablado de llevarle a Turín a estudiar, le pregunta si lo va a llevar y don Bosco dice: creo que tú eres buena tela. ¿Para qué podría servir esa tela? Pregunto Domingo Savio y Don Bosco le contestó: puede servir para hacer hermosos trajes y regalárselos a al Señor. Domingo captó el sentido y dijo: “Ya entiendo, de acuerdo, yo soy esa tela y Ud. es el sastre. Lléveme a Turín y usted haga de mi un hermoso traje para Dios.”


             «Cada uno por su camino»

2.      Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así . Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad

Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. «Hay inspiraciones que tienden solamente a una extraordinaria  perfección de los ejercicios ordinarios de la vida». «Aprovecho las ocasiones
que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria».

Es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte  su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: «Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. De esta manera, nuestras vidas demuestran su poder en acción,
incluso en medio de la debilidad humana»

3.      No le tengas miedo a tu debilidad, ni te quedes paralizado porque has experimentado muchas veces la fragilidad de tus propósitos y buenas intenciones.

 Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor». En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor la ha llenado de dones con la Palabra, los sacramentos, los santuarios, la vida de las comunidades, el testimonio de sus santos, y una múltiple belleza que procede del amor del Señor, «como novia que se adorna con sus joyas» (Is 61,10).

Tu misión en Cristo

            La santidad es una aventura de alto riesgo, es la suprema meta  a la que podemos aspira , la plenitud de vida. Dicho en un lenguaje de fe diremos que «La  santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya.

4.     ¿Por qué ser santo?  Esta es la respuesta que nos deja el Papa Francisco:” Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.

La actividad que santifica

 ¿De qué se trata? Cómo ser santo.  Ser santo no es cuestión de buenas intenciones y propósitos, no se trata de buen comportamiento y ser perfectos, eso no es santidad. Santidad tiene que ver con vida en el Espíritu, estar despierto y acción, dejándote llevar del Espíritu Santo  en el que van a ser confirmados.

Como no puedes entender a Cristo sin el Reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese Reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt6,33). Tu identificación con Cristo y sus deseos,
implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos.

            No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este
mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.

·       Pero cuidado,  no caigas en la trampa del  modelo mundano

5. A tener en cuenta. Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora. El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo. De ahí que suela hablarse, por ejemplo, de una espiritualidad del catequista, de una espiritualidad del clero diocesano, de una espiritualidad del trabajo. Por la misma razón, en Evangelii Gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con una espiritualidad  ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar.

            Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría  sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive.

·       Más vivos, más humanos

No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la
gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos»[32]

·       Se inteligente conoce al enemigo

Dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo:

¿Qué es el gnosticismo actual? parece una palabra extraña pero eso lo vivimos continuamente: El gnosticismo supone «una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y
conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»

Los «gnósticos» tienen una confusión en este punto, y juzgan a los demás según la capacidad que tengan de comprender la profundidad de determinadas doctrinas. Conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren «un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo».

Porque también es propio de los gnósticos creer que con sus explicaciones ellos pueden hacer perfectamente comprensible toda la fe y todo el Evangelio. Absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan. Una cosa es un sano y humilde uso de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del Evangelio; otra es pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo.

Porque el gnosticismo «por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio»[38], tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el misterio de la vida de los demás.

·       Atento. Fíjense en esta afirmación:

            Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales.
Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios.

Y lo más bello que hoy puedas escuchar, como nos dicen  en Facebook cuando no mandan un mensaje:      a un cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida. Si nos dejamos guiar por el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor en toda vida humana.

. Porque el poder que los gnósticos atribuían a la inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al esfuerzo personal. Así surgieron los pelagianos y los semipelagianos. Ya no era la inteligencia lo que ocupaba el lugar del misterio y de la gracia, sino la voluntad. Se olvidaba que «todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios» (Rm 9,16) y que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19) Pelagianismo

·       Es importante

56. Solamente a partir del don de Dios, libremente acogido y humildemente recibido, podemos cooperar con nuestros esfuerzos para dejarnos transformar más y más[62]. Lo primero es pertenecer a Dios. Se trata de ofrecernos a él que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros: «Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rm 12,1). Por otra parte, la Iglesia siempre enseñó que solo la caridad hace posible el crecimiento en la vida de la gracia, porque si no tengo caridad,
no soy nada (cf. 1 Co 13,2)

·       Lo definitivo

63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt5,3-12; Lc6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas [66]. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.


·      Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.                                    Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.                                              Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.                                                   Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.                    Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.                              Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.                                        Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.                    Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

 ·       El gran protocolo

Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36).

¡Te puede pasar esto ¡

Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia. Así se
convierte al cristianismo en una especie de ONG, quitándole esa mística luminosa que tan bien vivieron y manifestaron san Francisco de Asís, san Vicente de Paúl, santa Teresa de Calcuta y otros muchos. A estos grandes santos ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario

·       Algunas palabras que aclarar

Ser santos que tiene que ver con ser íntegros, honestos, castos, piadosos, auténticos, pacíficos , tolerantes .            También con Aguante, paciencia y mansedumbre, Alegría y sentido del humor , comunidad, grupo, parroquia.

140. Es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente
perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos.

·       Siempre

 COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO. Despiertos y confiados, perseverantes , constantes , fuerte ante la adversidad , no contaminados con afanes mundanos.

Cuidado con la corrupción espiritual

164. El camino de la santidad es una fuente de paz y de gozo que nos regala el Espíritu, pero al mismo tiempo requiere que estemos «con las lámparas encendidas» (Lc 12,35) y permanezcamos atentos: «Guardaos de toda clase de
mal» (1 Ts 5,22). «Estad en vela» (Mt 24,42; cf. Mc 13,35). «No nos entreguemos al sueño» (1 Ts 5,6). Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose.



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