martes, agosto 11, 2026

El justo debe ser humano


"El justo debe ser humano" (Libro de la Sabiduría (Sab 12, 19)

I. El ser humano hace tiempo que se está convirtiendo en la víctima principal de las ideologías y sus guerras. Nacional Socialismo Obrero Alemán (1933), el socialismo radical marxista (1939-1945), liberalismo, capitalismo.

Frente a los reduccionismos del individualismo liberal, a menudo desvinculado de toda referencia trascendente, y del colectivismo marxista, que pone el acento en la emancipación material y colectiva, el humanismo cristiano [Jacques Maritain] propone una visión integradora de la persona, a la que le pertenecen su dignidad humana, la justicia social y la apertura a la trascendencia.

 Guardini sostuvo un "realismo cristiano" que cree en la persona, la libertad y la dignidad humana vivida en la fe.

Emmanuel Mounier lanza la filosofía del personalismo y sostiene que todo ser humano es “persona” y, por ser tal, es merecedor de la “dignidad”, del máximo respeto, sujeto de derechos, obligaciones y responsabilidades, llamado a realizar su libertad en la relación equitativa, justa y solidaria con los demás. Ni la raza, ni el Estado, ni el capital son más que la persona; todo es para el Bien Común de las personas”.

La persona, como ser esencialmente social, “no es el fin de sí misma, no está clausurada en sí ni en su felicidad. Su final está más allá de ella. Tanto es así que la persona se construye como tal en la medida en que se descentre, en que su vida sea desvivirse por otros en la realización de un horizonte de sentido. La vida de la persona es realización de un sentido que va descubriendo y que está más allá de sí” (Xosé M. Domínguez).

Para los que celebramos el nacimiento de Jesús de Nazaret porque conocemos lo que fue y es, lo que hizo y hace, lo que pensaba e inspira, encontramos en él el mejor modelo de persona y ser humano de cuantos hemos conocido en el presente y en la historia. Su testimonio y propuesta son el mejor modelo de lo que es la esencia del ser humano. (Padre Jesús Montero Tirado)

II. El 10 de diciembre de 1948, tres años después de acabada la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas elaboraron y firmaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, profunda y extensamente inspirada en la filosofía del personalismo. Hoy continúa siendo en nuestros días una de las más altas expresiones de la conciencia humana. Los derechos humanos son inviolables, porque son «inherentes a la persona humana y a su dignidad».

El texto de la Declaración de los Derechos Humanos refleja en todos sus conceptos los principios fundamentales del personalismo, poniendo a la persona como el centro medular de todo el documento, hasta el punto expresivo de repetir la palabra persona veintiocho veces y la palabra personalidad tres en los treinta breves artículos que contiene toda la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La persona humana no puede reducirse a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, y debe ser reconocida como fin en sí misma, jamás puede instrumentalizarse.

 Pero el valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada.

La dignidad moral, dignidad social y la dignidad existencial, que alude al modo en el que una persona percibe el valor de sí y de su propia vida. Más allá de estos significados, hay un nivel más profundo, el más importante, que consiste en la dignidad ontológica. Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios; ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado al ser. 

«Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre», porque es infinito el amor de Dios que lo llama a la amistad con Él, y porque es absolutamente incondicionada, en el sentido de que, aun buscando hasta el infinito, nunca se encontrará nada que pueda suprimirla o negarla. El derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural.

Estos derechos no pueden quedarse en una declaración puramente formal, mientras que, junto con el progreso tecnológico, avanzan de manera disimulada o evidente violaciones de la dignidad humana. Ni renunciar al fundamento de su universalidad, porque se ha renunciado a la «búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras opciones y también de nuestras leyes».

Junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías. Los derechos de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, estén realmente garantizados en todo el mundo. Es una realidad que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos».

No basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales. [MAGNIFICA HUMANITAS de León XIV] 

III. Sentido humano. La dignidad del ser humano y su realización. La cuestión decisiva se encuentra en el fundamento último de la realización del individuo, aquello que da sentido y plenitud a nuestra vida. Desde el humanismo cristiano, la respuesta es muy clara: el ser humano, creado a imagen de Dios, se sitúa en el centro de la creación, donde encuentra el fundamento de su dignidad, libertad y responsabilidad.

Sus planteamientos influyeron de manera decisiva en la filosofía política, la ética social y la doctrina social de la Iglesia. Nuestra cultura está innegablemente marcada por el cristianismo como impulsor de una visión del ser humano basada en tres pilares fundamentales:

Dignidad de la persona, fundada en su condición de hijo de Dios. Libertad orientada al bien, entendida como la capacidad de elegir aquello que perfecciona a la persona. Solidaridad y fraternidad, nacidas del reconocimiento de que todos somos hijos del mismo Dios, lo que nos hace responsables unos de otros.

 Posmodernismo: el siglo XXI marcado por el individualismo y la pérdida de sentido. Esta tradición insiste en que la persona no puede reducirse solo a lo material o a lo individual, sino que necesita valores, relaciones y un horizonte que dé sentido a la vida.

En este contexto, cabe destacar al filósofo Charles Taylor, quien ha reflexionado profundamente sobre la cultura moderna y la secularización. Su pensamiento subraya que el ser humano busca sentido y orientación moral, y que incluso en una sociedad secular esta búsqueda sigue abierta. Desde esta perspectiva, el humanismo cristiano continúa siendo una propuesta válida para comprender al ser humano y su necesidad de plenitud en el siglo XXI.

La corriente filosófica y política que integra los principios del humanismo clásico —como la defensa de la razón, la libertad individual y el desarrollo humano— con las enseñanzas y valores del cristianismo. Esta perspectiva sitúa a la persona humana en el centro del orden social, económico y político, fundamentando su valor absoluto en la convicción de que todo ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios.

· Dignidad intrínseca: Cada persona posee un valor sagrado e inalienable desde la concepción hasta la muerte natural.

· Libertad orientada al bien: Capacidad de elegir de forma autónoma aquello que perfecciona al individuo y respeta la libertad de los demás.

· Fraternidad y solidaridad: Reconocimiento de que toda la humanidad comparte una misma condición de hermandad, obligando al cuidado mutuo y a la justicia social.

· Bien común: Búsqueda del desarrollo integral de la sociedad, armonizando los derechos individuales con los deberes hacia la comunidad.

 El humanismo cristiano moderno se desarrolla como diálogo crítico con otras corrientes de los siglos XIX y XX, especialmente con el humanismo marxista y el liberal, en un contexto marcado por profundas crisis sociales y políticas.


                              HUMANISMO CRISTIANO - HUMANISMO SECULAR

  • Humanismo cristiano: La dignidad del ser humano es sagrada e inalienable porque está creado a imagen y semejanza de Dios.
  • Humanismo secular: La dignidad es un valor intrínseco y natural derivado de la propia condición humana, la razón y la capacidad de sentir, sin necesidad de validación divina.
  • Humanismo cristiano: EL origen de la moral y el destino del ser humano. Mientras el primero parte de una base teocéntrica (Dios como origen), 
  • Humanismo secular: el segundo es antropocéntrico (el ser humano como medida de todas las cosas).
  • Humanismo cristiano: La moral se apoya en leyes divinas y verdades reveladas (como los Evangelios), complementadas con el uso de la razón.
  • Humanismo secular: La ética se construye de forma autónoma mediante la razón, la experiencia acumulada, la empatía y la ciencia, adaptándose a las necesidades de la sociedad de cada época.
  • Humanismo cristiano: La existencia humana tiene una dimensión trascendente. La vida terrenal es un camino hacia la realización plena en una existencia eterna junto a Dios.
  • Humanismo secular: La vida se limita a la existencia terrenal. El sentido de la vida no viene dado desde fuera; lo construye cada individuo mediante sus acciones, su felicidad y su aportación a la humanidad.
  •  Humanismo cristiano: Armoniza la fe y la razón. Considera que la ciencia y la investigación son válidas, pero la revelación espiritual ofrece respuestas a las preguntas últimas del ser humano.
  • Humanismo secular: Se basa estrictamente en el método científico, el escepticismo y el racionalismo. Rechaza los dogmas, los textos sagrados y las explicaciones sobrenaturales para entender el universo.

Humanismo posmoderno: Es el eco de un mundo que ha perdido su centro y ha aprendido a vivir en la incertidumbre, la ironía y el collage de fragmentos que es la vida contemporánea. El humanismo secular,  es una corriente filosófica que defiende la idea de que el ser humano debe ser el centro de todas sus actividades y decisiones, sin tener en cuenta la posible existencia de Dios.

Humanismo cristiano: Sitúa a la persona humana en el centro de la reflexión y de la sociedad, defendiendo su plena dignidad a partir de los valores cristianos y la condición del hombre como imagen de Dios.

Presentamos un cuadro de referencia sobre cómo el modernismo se distancia del humanismo cristiano.

 CUADRO COMPARATIVO – HUMANISMO

Humano (posmoderno)     

 

Humanismo moderno

1. Cuestionar la realidad existente hasta ahora, y deja de representarse al hombre como el centro y la medida de todas las cosas.

1. Centra la atención firmemente en lo que tiene éxito, haciendo caso omiso de los efectos colaterales.

2. La pluralidad y multiplicidad de la sociedad,

Somos sintetizadores, absorbiendo información de una amplia gama de fuentes.

2. Aplica el análisis lineal y evita distracciones.

3. Un sujeto fragmentado, moldeado por el poder, la cultura y el lenguaje.

3. Quieren hacer o tener, producir, tener riqueza, estar al día, y valoran el progreso económico y tecnológico.

4. Las verdades son relativas, construidas y sujetas a perspectivas.

4.- Las instituciones saben mejor lo que hay que hacer.

 

5. Piensan que cuerpo, mente y espíritu necesitan estar unificados. Altruismo, la estética, el sentimiento y la imaginación

Fomenta un replanteamiento de la relación humana con el entorno, y cuestiona la frontera entre lo humano, lo animal y lo tecnológico.

5. Ven al cuerpo como una máquina y a las organizaciones también.

6. Están preocupados por el futuro del planeta y las futuras generaciones. Quieren corporaciones responsables y respetuosas del medio que les rodea.

6. La eficiencia y la velocidad son prioridades.

7. Ven al planeta como un ser viviente y a la humanidad como una sola persona.

7. Separan sociedad y naturaleza.

8. Piensan en términos de sistemas, y creen en verdades subjetivas como la existencia de un universo no puramente físico.

8. Es mejor estar en la cima y tener el control.

9. "No pueden sustentarse en una trascendencia divina", sino "en la misma condición humana".

9. Lo trascendente es considerado una posición privada que responde a intereses personales.

 

Señor de la vida, oración del Papa León

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 Tú nos creaste por amor y nos llamaste a vivir en plenitud. Cada persona es un don sagrado que refleja tu rostro, desde el primer instante de su existencia hasta el último respiro de su camino en la tierra, el valor único e irrepetible de cada ser humano.
Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa y a defender con valentía a quienes no tienen voz, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor.
Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos, un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre, que amemos la vida como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega.
Que sepamos proclamar, con palabras y gestos, que cada vida humana vale el don total de sí misma. Hoy te pedimos la gracia de reconocer y custodiar. Perdónanos, Señor, haz de tu Iglesia un testimonio vivo del Evangelio de la vida, Señor Jesús. 

Amén.

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