sábado, agosto 22, 2026

¿Quién decís que soy yo?


Queridos amigos y hermanos,

Hay preguntas que no buscan información, sino que invitan a quien es preguntado a tomar una decisión y responder desde el corazón y desde la propia vida. En el Evangelio de este domingo, Jesús formula una de esas preguntas decisivas: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Es una pregunta que atraviesa los siglos y llega también hasta cada uno de nosotros. Podemos conocer muchas cosas sobre Jesús, haber oído hablar de Él y saber muchas cosas acerca de su vida y de su mensaje. Pero llega un momento en que no basta con repetir respuestas aprendidas. Es necesario dar una respuesta personal.

Jesús comienza preguntando qué dice la gente sobre Él y luego llega la pregunta decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Ya no se trata de lo que dicen los demás. Ahora la respuesta es personal.

Pedro responde con una confesión admirable: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Pero Jesús le recuerda inmediatamente que esa respuesta no nace solamente de su inteligencia o de sus capacidades: «Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».

La fe es un regalo antes que un mérito. Es siempre gracia. No es simplemente el resultado de un razonamiento perfecto ni la conquista de un esfuerzo humano. Es Dios quien sale a nuestro encuentro y abre nuestros ojos para reconocer a Cristo. La fe no atraviesa solamente nuestra mente y nuestras ideas; toca también el corazón y transforma nuestra vida.

San Pablo, en la segunda lectura, concluye con una admirada alabanza: «¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!» La fe no consiste en poseer todas las respuestas, sino en dejarnos abrazar por Dios y caminar confiados detrás de Aquel que tiene palabras de vida eterna.

Por eso estamos llamados a edificar nuestra existencia sobre esa misma roca: Cristo. No sobre nuestras seguridades, nuestros éxitos, nuestros bienes o nuestras propias fuerzas, sino sobre Aquel que permanece cuando todo lo demás puede tambalearse.

Y la respuesta más verdadera a la pregunta de Jesús se expresa en nuestra manera de vivir, de amar, de servir, de perdonar, de compartir y de confiar.

Señor Jesús, gracias por el maravilloso don de la fe, por llamarnos a seguirte y por permitirnos formar parte de tu Iglesia. Ayúdanos a reconocerte como el Mesías, el Hijo del Dios vivo, y a construir nuestra vida sobre la roca firme de tu amor.


Lecturas del Domingo XXI del Tiempo  Ordinario 

Domingo XXI  TO “A” Evangelio de Mt.16,13-20

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto,
te destituirán de tu cargo.
Aquel día llamaré a mi siervo,
a Eliaquín, hijo de Esquías,
le vestiré tu túnica,
le ceñiré tu banda,
le daré tus poderes;
será padre para los habitantes de Jerusalén
y para el pueblo de Judá.
Pongo sobre sus hombros
la llave del palacio de David:
abrirá y nadie cerrará;
cerrará y nadie abrirá.
Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro,
será un trono de gloria para la estirpe de su padre».

Salmo

Salmo 137, 1-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc R/. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

El Señor es sublime, se fija en el humilde
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?
Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

 

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