sábado, abril 11, 2026

Cada día

Nuestra vida transcurre en lo cotidiano, y también así se vive nuestra vida cristiana. Como nos recuerdan los Hechos de los Apóstoles, la comunidad perseveraba en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en la oración. Unidos y constantes, acudían cada día al templo con un mismo espíritu; partían el pan en las casas y compartían el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la estima de todo el pueblo, y el Señor iba agregando cada día a los que se salvaban.

Esta es la imagen que el libro de los Hechos nos presenta de la vida diaria de la primera comunidad. Sin embargo, sabemos que también fue una vida compleja, con dificultades, logros y errores. Aun así, se esforzaban continuamente por dar gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

En esto consiste nuestro don y también nuestra tarea: amar a Cristo sin haberlo visto y creer en Él sin contemplarlo aún. Así nos llenamos de un gozo inefable y radiante, alcanzando la meta de nuestra fe: la salvación.

El Evangelio de hoy nos presenta un momento único en la vida de los discípulos. Estaban encerrados, con miedo y desconcertados. Y es precisamente en ese contexto donde Jesús se hace presente: sin reproches ni exigencias, ofreciéndoles sus dones de paz y perdón. Y los confirma en su misión:
«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados…».

El Resucitado, a través de Tomás, nos enseña a integrar sus llagas con nuestra propia vida. Tocar sus heridas es tocar la vida misma, en comunidad. Tomás creyó porque experimentó algo más profundo que una prueba: el encuentro personal con Jesús. No fueron solo las llagas lo que venció su incredulidad, sino la cercanía, la comprensión y la misericordia del Señor. Jesús se muestra, así como reconciliado y reconciliador.

También el Evangelio de Juan nos habla de las dificultades para creer. No solo Tomás, todos los apóstoles pasaron por momentos de duda. «Bienaventurados los que creen sin haber visto», es decir, aquellos que acogen el testimonio de la vida y la predicación de la Iglesia. Es decir, todos nosotros, que celebramos con gozo este tiempo pascual.

Señor, en este día en que celebramos de modo especial tu misericordia, enséñanos a descubrir el poder sanador de nuestras propias heridas. Que nuestro sufrimiento, unido a Ti, se convierta en bendición y en camino de redención. Que, al experimentar tu sanación, tu ternura y tu acogida, sepamos compartirlo con quienes se acercan a nosotros.  «Señor mío y Dios mío». 🙏


domingo, abril 05, 2026

PASCUA

 


La noticia de que Cristo ha resucitado 

  • Da sentido de esperanza ante la dificultad: La resurrección es la garantía de que "Dios tiene la última palabra". En el día a día, esto ayuda a afrontar problemas, enfermedades o crisis con la confianza de que el dolor no es el final y de que nada es imposible para Él.
  • Da poder para perdonar y sanar: Al confirmar que el pecado ha sido vencido, la resurrección otorga a la persona la capacidad de experimentar el perdón de Dios y, a su vez, la fuerza para perdonar a los demás y a uno mismo por errores del pasado.
  • Motiva para una vida responsable en favor de los debiles: Saber que Jesús está vivo invita a una "vida nueva". Esto se traduce en el deseo de actuar con más amor, compasión y justicia en las relaciones diarias, buscando reflejar el ejemplo de Cristo en cada gesto.
  • QUITA EL MIEDO  quita el miedo definitivo al fin de la vida. Para el creyente, la muerte se convierte en un "paso" y no en un muro, lo que permite vivir el presente con mayor libertad y menos ansiedad por el futuro.
  •  cambia la mirada sobre el mundo. En lugar de enfocarse solo en las crisis o la falta de valores, la resurrección aporta una "alegría contagiosa" y motivos para seguir construyendo el bien a pesar de las circunstancias negativas.
  • ES la experiencia de alguien que camina al lado. Esto aporta una compañía espiritual en la soledad y una guía en la toma de decisiones cotidianas.

 

miércoles, abril 01, 2026

Orar con el Papa

 

Señor de la vida

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Tú nos creaste por amor y nos llamaste a vivir en plenitud.
Cada persona es un don sagrado que refleja tu rostro, desde el primer instante de su existencia hasta el último respiro de su camino en la tierra, el valor único e irrepetible de cada ser humano.
Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa y a defender con valentía a quienes no tienen voz, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor.
Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos, un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre, que amemos la vida como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega.
Que sepamos proclamar, con palabras y gestos, que cada vida humana vale el don total de sí misma.
Hoy te pedimos la gracia de reconocer y custodiar. Perdónanos, Señor, haz de tu Iglesia un testimonio vivo del Evangelio de la vida, Señor Jesús. Amén.

lunes, marzo 30, 2026

Familias

 Amoris laetitia  Diez años después.

1. La Biblia no es un catálogo de normas ideales, es más bien un itinerario de crecimiento en la fe y en la esperanza en mitad de las dificultades de la vida. La Palabra de Dios es compañera de familias que están en crisis o en medio de algún dolor y les muestra el camino

2.  En nuestro mundo encontramos por todas parte las consecuencias del individualismos y la fragmentación, cada uno en su encierro y con su pantalla. Pero   esto no niega la otra parte de la realidad; “muchas familias que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque que caigan muchas veces a los largo del camino (Papa Francisco).

3. La iglesia no puede convertirse en una carga insoportable para las familias, sino una invitación a un camino. La Iglesia necesita una sensibilidad nueva de la pastoral del matrimonio. Debe captar los elementos positivos presentes en los matrimonios civiles, y con las debidas diferencias, en las convivencias. La propuesta cristiana, aun afirmando con claridad el mensaje cristiano, señalemos también elementos constructivos en aquellas situaciones que no se corresponden aún o ya con él. No se trata de poner etiquetas sino promover un camino nuevo, como hizo Jesús con sus discípulos.



4. El amor de la pareja. “Todos somo una combinación de luces y sombras. Me ama como es y cómo puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real.  Todo amor es limitado y terreno, el amor convive con la imperfección, la disculpa y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado (AL 113).” “El amor no es un sueño idílico y perfecto, el amor no es amar lo perfecto, sino lo cotidiano, aceptar sus límites, desafíos o la imperfección y escuchar el llamado a crecer juntos” (AL135). Amar lo cotidiano, lo real, los límites, o lo imperfecto. El matrimonio no es un espacio excluyente y cerrado. La familia es el ambiente natural donde ampliar las relaciones, los encuentros y la sensibilidad hacia familias más vulnerables.

5. Hay una fecundidad amplia más allá de lo biológico. La familia no se reduce  la intimidad de la alcoba, sino que debe acoger la vida en su complejidad; vivir la relación hermanos, hijosnetos , conyuges,  integrar a los amigos y a las familias más vulnerables.

6. La misión de la Iglesia es acompañar e iluminar las crisis que necesariamente vendrán. Debe ser un acompañamiento pastoral, cercano, realista, encarnado. No es la dureza de criterio lo que necesita un apareja que pasa por momentos difíciles, sino una mirada a tenta que sea sal y luz, que alienta agradece y valora.

7. La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, de protección ante tantas pantallas y ocio deshumanizantes. Hay una necesidad imperiosa de pasar tiempo “con ellos hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes y las posibilidades sanas…Orientar y prevenir es una tarea que los padres no pueden dejar de lado, vigilancia, ayudarles a enfrentar riesgos (agresiones, abusos, drogas), de orientarles en la sexualidad y saber dónde están existencialmente.

8. Acompañar, discernir e integrar la fragilidad en esta sociedad excluyente es una urgencia espiritual y moral. Es fundamental que la Iglesia mire con amor a quienes participan de modo incompleto en su comunión, pues la gracia de Dios también obra en sus vidas. Descubrir la gracia en la fragilidad, la Iglesia debe ser una casa , un hospital en campaña. En  2 Corintios 12:9, hemos escuchado que Dios asegura que su amor y favor (gracia) son suficientes para superar cualquier limitación humana. Indica que la debilidad no es un impedimento, sino el escenario donde el poder divino se manifiesta plenamente.

Se trata de mirar hondamente, no de si se puede comulgar o no. Supone que, “en medio de una situación objetiva de pecado se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar pueda crecer en la vida de gracia”. ¿Comprendemos que la gracia del Espíritu se derrama en la fragilidad? ¿Comprendemos que el Espíritu está vivo en muchos matrimonios civiles, parejas de hecho, parejas homosexuales, prostitutas inmigrantes, tantos que llevan vidas muy difíciles?


Considero estas palabras como un compromiso a confiar en la bondad de Dios, a no condenar y esforzarse por encontrar la verdad, y si la encontramos no para admirarla sino para seguirla.

9. Orar en familia ante el Señor, ir juntos a la Eucaristía. La espiritualidad familiar acoge todo lo que les rodea con amor, cuidado, consuelo, mirada amorosa; acaricia, abraza, sueña y sale hacia los más pobre. Cuando en una familia alguno de sus integrantes renuncia a mirada  fe, no hay que buscar culpables, hay que mantener siempre  a la espera que la gratitud nos amplie la mirada.

10. Madurar y capacidad de amar es el camino que debe privilegiar toda familia humana. Hay una llamada constante y misteriosa que viene de la comunión trinitaria. No desesperemos por nuestro límites, pero tan poco renunciemos  a buscar la plenitud de amor y comión que se nos ha prometido.







sábado, marzo 28, 2026

Domingo de Ramos

 

Lecturas 

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7
El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R/.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R/.

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R/.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R/.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Evangelio del día

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66

«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».

+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».

+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».

+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. 

+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

+ «Amigo, ¿a qué vienes?».

. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

COMENTARIO 

HOY es el domingo de Pasión. Popularmente lo llamamos domingo de ramos porque recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén, pero hoy ya escuchamos la narración del amor único del Padre que se manifestó en la entrega de Jesús por el perdón de nuestros pecados.

Según los historiadores, hoy hacemos memoria de lo que, en realidad, de lo que fue la otra entrada a Jerusalén. Ya que la entrada triunfal, la importante, era la del gobernador romano. Jesús entró humildemente montado en un burro y la gente le aclamó con alegría.

Sabía lo que hacía y de las consecuencias de su entrada en Jerusalén.  Llegó, para encontrarse con todo el pueblo, para dar a la gente, a todos, la posibilidad de que lo reconocieran y lo acogieran. Va con el amor de Dios como bandera, y la paz en las manos, ofreciendo gratuitamente un camino de felicidad y salvación. Porque Jesús siempre buscó la cercanía y el encuentro. Y eso exigía su entrega total y  generosa: “Yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban".  "Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz"

Jesús, siendo Dios y gozando de la felicidad celestial, por el cariño que nos tiene a cada uno de nosotros, se despojó de su rango divino y pasó por este mundo como un ser humano normal y corriente (salvo en el pecado).

Mateo hace una representación interesada de la Pasión de Jesús siguiendo la descripción que hace el Salmo 22 de la muerte del Siervo de Dios. El escribe para los judíos que han sido adoctrinados por los rabinos para esperar a un Mesías vencedor, grande y potente. Mateo quiere que sus paisanos vean al Crucificado como al Mesías esperado. Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil, no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su derrota en victoria, su muerte en nacimiento, para que surja una vida sin fin.

Para nosotros hoy la pasión de mateo añade algo muy oportuno. “Quien a espada mata, a espada muere”. De alguna manera, los discípulos de Jesús debemos ser hijos de la paz. Lo remarca a menudo el Papa León XIV, hablando en contra de todas las guerras que en el mundo hay abiertas. Los primeros cristianos lo tenían claro: un discípulo de Cristo debe estar dispuesto, como el Maestro, a dar la vida por el hermano y no a matarlo; nunca matarlo, por ninguna razón. Los mártires de todos los siglos nos lo recuerdan.

Dios, definitivamente, hará girar la piedra del sepulcro, y se anunciara a todos  la resurrección del Señor. El mal, la muerte, ya no tienen la última palabra.

La marcha del Señor no ha terminado. Hoy sigue caminando hacia cada uno de nosotros, porque quiere estar cerca de todos. Él quiere estar cerca de los ancianos y de los jóvenes, de los enfermos, de los obreros, de los catedráticos y, sobre todo, de los pobres, que son sus favoritos.

El Señor camina también hacia ti. Quiere encontrarse contigo. Quiere que sepas reconocerle y acogerle, porque quiere cenar en tu casa. A Él le gusta siempre la cercanía y la intimidad. Debes salir a su encuentro. No le puedes decepcionar.

Que la celebración de este Domingo de Ramos nos ayude a vivir intensamente durante esta Semana Santa la pasión, muerte y resurrección del Señor, dejando mansamente que Él nos una más a su Sagrado Corazón, transformándonos espiritualmente.



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