Amoris laetitia Diez
años después.
1. La Biblia no es un catálogo de normas ideales, es
más bien un itinerario de crecimiento en la fe y en la esperanza en mitad de
las dificultades de la vida. La Palabra de Dios es compañera de familias que
están en crisis o en medio de algún dolor y les muestra el camino
2. En nuestro
mundo encontramos por todas parte las consecuencias del individualismos y la
fragmentación, cada uno en su encierro y con su pantalla. Pero esto no niega la otra parte de la realidad;
“muchas familias que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor,
realizan su vocación y siguen adelante, aunque que caigan muchas veces a los
largo del camino (Papa Francisco).
3. La iglesia no puede convertirse en una carga
insoportable para las familias, sino una invitación a un camino. La Iglesia
necesita una sensibilidad nueva de la pastoral del matrimonio. Debe captar los elementos
positivos presentes en los matrimonios civiles, y con las debidas diferencias,
en las convivencias. La propuesta cristiana, aun afirmando con claridad el
mensaje cristiano, señalemos también elementos constructivos en aquellas
situaciones que no se corresponden aún o ya con él. No se trata de poner
etiquetas sino promover un camino nuevo, como hizo Jesús con sus discípulos.
4. El amor de la pareja. “Todos somo una combinación
de luces y sombras. Me ama como es y cómo puede, con sus límites, pero que su
amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real. Todo amor es limitado y terreno, el amor
convive con la imperfección, la disculpa y sabe guardar silencio ante los
límites del ser amado (AL 113).” “El amor no es un sueño idílico y perfecto, el
amor no es amar lo perfecto, sino lo cotidiano, aceptar sus límites, desafíos o
la imperfección y escuchar el llamado a crecer juntos” (AL135). Amar lo
cotidiano, lo real, los límites, o lo imperfecto. El matrimonio no es un
espacio excluyente y cerrado. La familia es el ambiente natural donde ampliar
las relaciones, los encuentros y la sensibilidad hacia familias más
vulnerables.
5. Hay una fecundidad amplia más allá de lo biológico.
La familia no se reduce la intimidad de
la alcoba, sino que debe acoger la vida en su complejidad; vivir la relación
hermanos, hijosnetos , conyuges,
integrar a los amigos y a las familias más vulnerables.
6. La misión de la Iglesia es acompañar e iluminar las
crisis que necesariamente vendrán. Debe ser un acompañamiento pastoral, cercano,
realista, encarnado. No es la dureza de criterio lo que necesita un apareja que
pasa por momentos difíciles, sino una mirada a tenta que sea sal y luz, que
alienta agradece y valora.
7. La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén,
de acompañamiento, de guía, de protección ante tantas pantallas y ocio
deshumanizantes. Hay una necesidad imperiosa de pasar tiempo “con ellos
hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes y las posibilidades
sanas…Orientar y prevenir es una tarea que los padres no pueden dejar de lado, vigilancia,
ayudarles a enfrentar riesgos (agresiones, abusos, drogas), de orientarles en
la sexualidad y saber dónde están existencialmente.
8. Acompañar, discernir e integrar la fragilidad en
esta sociedad excluyente es una urgencia espiritual y moral. Es fundamental que
la Iglesia mire con amor a quienes participan de modo incompleto en su
comunión, pues la gracia de Dios también obra en sus vidas. Descubrir la gracia
en la fragilidad, la Iglesia debe ser una casa , un hospital en campaña. En
2
Corintios 12:9, hemos escuchado que Dios asegura que su
amor y favor (gracia) son suficientes para superar cualquier limitación humana.
Indica que la debilidad no es un impedimento, sino el escenario donde el poder
divino se manifiesta plenamente.
Se trata de mirar hondamente, no de si se puede
comulgar o no. Supone que, “en medio de una situación objetiva de pecado se
pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar pueda crecer en la vida de gracia”.
¿Comprendemos que la gracia del Espíritu se derrama en la fragilidad? ¿Comprendemos
que el Espíritu está vivo en muchos matrimonios civiles, parejas de hecho,
parejas homosexuales, prostitutas inmigrantes, tantos que llevan vidas muy
difíciles?
Considero estas palabras como un compromiso a confiar en la bondad de Dios, a no condenar y esforzarse por encontrar la verdad, y si la encontramos no para admirarla sino para seguirla.
9. Orar en familia ante el Señor, ir juntos a la
Eucaristía. La espiritualidad familiar acoge todo lo que les rodea con amor,
cuidado, consuelo, mirada amorosa; acaricia, abraza, sueña y sale hacia los más
pobre. Cuando en una familia alguno de sus integrantes renuncia a mirada fe, no hay que buscar culpables, hay que
mantener siempre a la espera que la gratitud
nos amplie la mirada.
10. Madurar y capacidad de amar es el camino que debe privilegiar
toda familia humana. Hay una llamada constante y misteriosa que viene de la comunión
trinitaria. No desesperemos por nuestro límites, pero tan poco renunciemos a buscar la plenitud de amor y comión que se
nos ha prometido.
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