sábado, marzo 28, 2026

Domingo de Ramos

 

Lecturas 

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7
El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R/.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R/.

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R/.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R/.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Evangelio del día

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66

«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».

+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».

+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».

+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. 

+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

+ «Amigo, ¿a qué vienes?».

. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

COMENTARIO 

HOY es el domingo de Pasión. Popularmente lo llamamos domingo de ramos porque recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén, pero hoy ya escuchamos la narración del amor único del Padre que se manifestó en la entrega de Jesús por el perdón de nuestros pecados.

Según los historiadores, hoy hacemos memoria de lo que, en realidad, de lo que fue la otra entrada a Jerusalén. Ya que la entrada triunfal, la importante, era la del gobernador romano. Jesús entró humildemente montado en un burro y la gente le aclamó con alegría.

Sabía lo que hacía y de las consecuencias de su entrada en Jerusalén.  Llegó, para encontrarse con todo el pueblo, para dar a la gente, a todos, la posibilidad de que lo reconocieran y lo acogieran. Va con el amor de Dios como bandera, y la paz en las manos, ofreciendo gratuitamente un camino de felicidad y salvación. Porque Jesús siempre buscó la cercanía y el encuentro. Y eso exigía su entrega total y  generosa: “Yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban".  "Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz"

Jesús, siendo Dios y gozando de la felicidad celestial, por el cariño que nos tiene a cada uno de nosotros, se despojó de su rango divino y pasó por este mundo como un ser humano normal y corriente (salvo en el pecado).

Mateo hace una representación interesada de la Pasión de Jesús siguiendo la descripción que hace el Salmo 22 de la muerte del Siervo de Dios. El escribe para los judíos que han sido adoctrinados por los rabinos para esperar a un Mesías vencedor, grande y potente. Mateo quiere que sus paisanos vean al Crucificado como al Mesías esperado. Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil, no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su derrota en victoria, su muerte en nacimiento, para que surja una vida sin fin.

Para nosotros hoy la pasión de mateo añade algo muy oportuno. “Quien a espada mata, a espada muere”. De alguna manera, los discípulos de Jesús debemos ser hijos de la paz. Lo remarca a menudo el Papa León XIV, hablando en contra de todas las guerras que en el mundo hay abiertas. Los primeros cristianos lo tenían claro: un discípulo de Cristo debe estar dispuesto, como el Maestro, a dar la vida por el hermano y no a matarlo; nunca matarlo, por ninguna razón. Los mártires de todos los siglos nos lo recuerdan.

Dios, definitivamente, hará girar la piedra del sepulcro, y se anunciara a todos  la resurrección del Señor. El mal, la muerte, ya no tienen la última palabra.

La marcha del Señor no ha terminado. Hoy sigue caminando hacia cada uno de nosotros, porque quiere estar cerca de todos. Él quiere estar cerca de los ancianos y de los jóvenes, de los enfermos, de los obreros, de los catedráticos y, sobre todo, de los pobres, que son sus favoritos.

El Señor camina también hacia ti. Quiere encontrarse contigo. Quiere que sepas reconocerle y acogerle, porque quiere cenar en tu casa. A Él le gusta siempre la cercanía y la intimidad. Debes salir a su encuentro. No le puedes decepcionar.

Que la celebración de este Domingo de Ramos nos ayude a vivir intensamente durante esta Semana Santa la pasión, muerte y resurrección del Señor, dejando mansamente que Él nos una más a su Sagrado Corazón, transformándonos espiritualmente.



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