Saludos
hermanos: nuestra vida transcurre en el quehacer ordinario, nuestra vida
cristiana también. "Perseverando en la enseñanza de los apóstoles, en la
comunión, en la fracción del pan y en las oraciones, todos unidos, con perseverancia
acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y
tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran
bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que
se iban salvando." (Hechos 2,42-47)
Esta es una imagen que el libro de los Hechos nos presenta del día dia de la comunidad. Por
supuesto, la vida de la comunidad era mucho más compleja, con sus momentos difíciles, sus
logros y sus errores.
"Pero continuamente se esfuerza en dar gracias Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, les ha regenerado para una esperanza viva."
En esto consiste nuestro don y nuestra tarea: "sin haberlo visto amar a Cristo y, sin contemplarlo todavía, creer en él y así os alegrarnos con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas." ( Pedro 1, 3-9)
El evangelio de hoy ( Jn 20, 19-31) nos narra un momento único de la comunidad de los discípulos. Encerrados, con miedo, desconcertados extraordinarios es el mismo Jesús que se acerca a nosotros sin reproches ni exigencias y nos trae los dones de la Paz y el del Perdón. Y nos confirma en la llamada: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
El
Resucitado, por medio de Tomás, nos enseña a compaginar sus llagas y nuestra
vida. Tocar al llagado es tocar la vida, en comunidad. Tomás creyó, porque son
mucho más importantes y eficaces para creer, el afecto y la condescendencia de
Jesús que las pruebas objetivas. Lo que sana su tozudez y escepticismo, no son
las llagas, sino la actitud de Jesús de dirigirse personalmente a él y
afrontarle en su sintonía. Jesús reconciliado y reconciliador.
De las dificultades para creer nos
habla también el Evangelio de Juan. En principio, todos los Apóstoles tuvieron
problemas. Juan con el ejemplo de Tomás nos descubre que el Resucitado
posee una vida que no puede ser captada por nuestros sentidos, ni tocada con
las manos, ni vista con los ojos; solo puede ser alcanzada por la fe. “Bienaventurados
los que crean sin haber visto”, es decir, los que acepten el testimonio de la
vida y de la predicación de la Iglesia. Es decir, todos nosotros que celebramos
con tanto gozo este tiempo pascual.
Señor en
este día en que celebramos de modo especial tu misericordia, aprendamos de ti el
poder sanador que pueden tener nuestras propias heridas. Así nuestro
sufrimiento es una bendición, puede ser redentor si entendemos que en nuestro
contacto con Jesús hemos recibido sanación, comprensión, cariño y no repulsa o
expulsión. Para compartirlo con el que se acerca a nosotros. «Señor mío y Dios
mío!».
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