"Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré" (Gn 12,1).
Va en serio, si no sales de tus seguridades, no puedes llegar a la tierra nueva que es tu nueva tierra. Aún te digo más: "Un profeta solo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio" (Cfr. Mc 6.1-6)
Esto no sucede sin la experiencia de dolor y desgarramiento, pero es el camino para poder ver. Para poder verte. Hoy debiéramos reconocer que, además de la ceguera natural, propia de nuestra condición, marcada por el pecado original, vivimos en un mundo en que la distracción y el despiste son mayores que nunca. Por eso, hay un precalentamiento, podríamos llamarlo así, para despertar, para saber de dónde partimos, para ponernos en camino. Este es el primer paso.

