Breve escrito de Dietrich Bonhoeffer (1)
Para muchos, “ha pasado el tiempo de la interioridad y de la
conciencia moral, es decir, precisamente el tiempo de la religión en general”, y
podemos decir que nos encaminamos hacia una época totalmente arreligiosa.
Pareciera que los hombres, tal como son ahora, ya no pueden seguir siendo
religiosos.
Nuestra predicación y teología cristiana descansan sobre el “a
priori religioso” de los hombres. El cristianismo ha sido siempre una forma de
la “religión”.
Si una vez se llega a verse claro que este a priori no
existe, sino que ha sido una forma de expresión del hombre históricamente
condicionada y, si, por lo tanto, los hombres llegan a ser arreligiosos de una
manera verdaderamente radical, ¿qué significaría entonces esta situación para
el cristianismo?
Todo el cristianismo precedente quedaría privado de un
elemento fundamental, y ya no podría pisar tierra firme desde el punto de vista
“religioso”. Y podríamos juzgar la forma
occidental de cristianismo como mera etapa previa de una completa
arreligiosidad. ¿Qué situación surge entonces para nosotros, y para la Iglesia?
¿Cómo puede convertirse Cristo en el Señor, incluso de los no religiosos? Si la
religión es tan solo un ropaje del cristianismo, ¿qué es entonces un
cristianismo arreligioso?
¿Qué significaría una Iglesia, una parroquia, una
predicación, una liturgia, una vida cristiana en un mundo sin religión? ¿Cómo se
puede hablar de Dios sin religión, cómo hablar “mundanamente” acerca de Dios?
¿Cómo somos los llamados, sin considerarnos unos privilegiados en el plano
religioso, sino como pertenecientes plenamente al mundo?
Cristo no sería objeto de una religión, sino algo
completamente diferente, realmente el Señor del mundo. ¿Qué significa esto? ¿Qué
significa el culto y la plegaria en una ausencia de religión?
La cuestión paulina acerca de si la circuncisión (peritomé)
es condición para la justificación (Gal. 6,15), hoy en día la podríamos referir
a si la religión es condición para la salvación. Librarnos de la circuncisión
es liberarnos de la religión.
Pareciera que el hombre religioso acude a Dios
fundamentalmente ante los límites humanos. Pero ¿cuáles son esos límites? La
muerte y el pecado son considerados límites. Pareciera que hablan de los
límites humanos como si pretendieran reservar un lugar para Dios.
El Dios cristiano es, por el contrario, el Dios de la vida.
Del centro, de la fuerza. En los límites, lo apropiado es guardar silencio y
dejar sin solución lo insalubre.
La resurrección no es la “solución” a la muerte. El “más
allá” de Dios no es el más allá de nuestra
capacidad de conocimiento. Dios está en el centro de nuestra vida,
aun estando más allá de ella. Dios está siempre en medio de la aldea.
Interpretar y anunciar a Dios y a los milagros de un modo no
religioso.
¿Qué significa interpretar religiosamente? Hablar, por una
parte, de forma metafísica y, por otra parte, de forma individualista. Esto no
cuadra ni con el mensaje bíblico ni con el hombre actual.
La cuestión de la salvación personal del alma es hoy poco relevante.
Y aun bíblicamente, tampoco lo es. “La justicia y el Reino no son el centro de
todo.” “Pero todos son hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la
redención realizada en Cristo Jesús.” (Romanos 3,24ss.)
Lo que está más allá de este mundo quiere existir para este
mundo, en el sentido bíblico de la creación y la encarnación, de la crucifixión,
resurrección de Jesucristo.
En lugar de la religión se halla ahora la Iglesia, pero el
mundo queda, en cierto sentido, solo y abandonado a sí mismo.
Cómo interpretar penitencia, fe, justificación, nuevo
nacimiento y santificación. (Jn 1,14). La ciencia, (la religiosidad), la profecía,
(la interpretación) pasarán; el amor no muere, no se agota, no tiene fin. (1 Co 13,8)

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