miércoles, septiembre 02, 2026

Nuevos Catequistas

¿Han entendido todo esto? ( MT. 13,53)

ü  Comunidad catequizadora en “salida misionera” y dispuesta a la conversión pastoral.

ü  Con una catequesis al servicio de la iniciación a la vida cristiana.

ü  Con una decisión de asumir la catequesis de iniciación a la vida cristiana prioritariamente con adultos.

ü  Con un catequista testigo, comunicador, acompañante y mistagogo.

ü  Emprendamos con decisión, valentía y creatividad el camino de una catequesis en línea catecumenal, formando con alegría a nuevos discípulos misioneros.

 NECESITAMOS 

Ø  Una mirada de fe sobre nuestro tiempo (Contemplar)

Ø  Algunos criterios de iluminación (Discernir)

Ø  Una mirada sobre nuestras prácticas caducas (Renovarse)

Ø  Una mirada de fe sobre nuestro quehacer (compromiso)

Ø  Una mirada sobre la formación para el ministerio de la catequesis (nuevo paradigma)    

I                                           IMPORTANTE   

 I. Superar una práctica que ha hecho del acto catequístico un evento social superficial, no precedido de conversión, ni conducente a la vivencia comunitaria.

Afrontar el reto de testimoniar con nuestra vida que seguir a Jesús en comunidad ciertamente es exigente, pero a la vez provoca una verdadera alegría que es duradera, superando el relativismo que promueve una felicidad sin Dios.

Favorecer el encuentro con Jesús en todas nuestras comunidades, cualesquiera sean las situaciones de la vida.

El nuevo continente virtual nos exige explorar nuevos lenguajes y ofrecer buenas noticias de Jesús a quienes atraviesan estos mundos aún poco explorados.

“Acompañar procesos de iniciación  a la vida cristiana de aquellos que se acercan a la fe  desde estos areópagos virtuales”..

Superar el desfase entre los esfuerzos hechos para ofrecer subsidios económicamente accesibles, signo de solidaridad y concientización, y, por otra parte, los gastos que las familias hacen para la celebración social posterior a la recepción del sacramento.

“La Catequesis se percibe socialmente como una estación de servicio donde el cliente con prisas, busca la mejor oferta, paga y exige una atención inmediata, descuidándose la calidad del proceso de maduración de la fe.”

La catequesis no ha sido suficientemente capaz de incorporar los aportes de la ciencia y entrar en diálogo crítico con ella para enriquecer la comprensión de los contenidos del mensaje y del actuar cristiano.

Un desafío es contar con proyectos unificados de largo alcance que sean compartidos por las parroquias, movimientos y escuelas católicas de una misma diócesis y por las diócesis de una misma provincia eclesiástica, que no sean interrumpidos por la movilidad y el cambio de los responsables.

Una cita que debe acompañar la acción y reflexión de todo catequista es que el Padre quiere nuestra vida y la quiere en abundancia. (Jn 10,10)

Nuestra catequesis debe ayudar a que nuestro interlocutor sepa dar razones adecuadas de por qué es cristiano católico y de cuáles son los principios morales que definen su actuar en un mundo secularizado y éticamente relativizado.

Lograr crear un sentido de pertenencia a la comunidad, ya que, centrados en una sacramentación fuera de la comunidad, hemos descuidado también la iniciación a otros aspectos que constituyen la vida cristiana.

La burocratización y la inadecuada estructuración de nuestros procesos se han convertido en muros y no en puertas de acceso a quienes buscan respuestas al sentido de la vida. Ha pasado el tiempo en que la gente acudía a la catequesis. El cambio de época nos exige salir al encuentro de los demás.

 II Tener muy en cuenta

-        La parroquia ha dejado de ser el lugar geográfico donde las personas viven su fe.

-        La escuela católica no siempre consigue facilitar el diálogo entre fe y cultura. Y en no pocas ocasiones se ha convertido en alternativa paralela y no complementaria del esfuerzo pastoral parroquial.

-        Los movimientos eclesiales han aportado renovación espiritual a muchos cristianos alejados, pero corren el riesgo de perder su vinculación a la Iglesia local.

-        El núcleo familiar, pluralismo religioso, los padres han delegado la responsabilidad de educar en la fe.

-        La misma catequesis pasa por situaciones de insatisfacción. La catequesis de adultos es insuficiente.

-        La preparación sacramental como objeto fundamental de la catequesis se ha constituido en el punto de cierre de la vida cristiana de quien participan en ella. Los intentos de una catequesis de perseverancia postsacramental no se han consolidado. Quienes no pueden participar en los sacramentos, en general, se ven excluidos de toda forma de educación en la fe.

-        La metodología basada en el sistema escolar acarrea, que permite la formación de grupos homogéneos, la labor educativa de los catequista y adquisición de conocimientos, a desdibujados la necesidad de procesos personales de conversión, la implicación directa de la familia y la vinculación con la comunidad cristiana. Se ha favorecido procesos de evangelización fragmentados, no integrales ni integradores.

-        La catequesis aparece con frecuencia alejada del acompañamiento personal, desvinculada de las realidades que viven los interlocutores y de la pastoral orgánica.

-        La formación a los catequistas, cuando la ha habido, tiene un énfasis doctrinal, debilitando lo pedagógico y espiritual. Los mismos seminaristas no son preparados en la animación y planificación u organización de la catequesis a nivel general.

El catecumenado y la inspiración catecumenal de la catequesis

a) Precatecúmeno: Es tiempo de testimonio, diálogo, de búsqueda y anuncio explícito de la persona de Cristo. No tiene una duración definida. Durante esta etapa tiene lugar el primer anuncio, y, en el momento adecuado, será proclamado el kerigma. Los que reciben el kerigma sienten la llamada a la conversión y la fe por el primer encuentro con Jesús vivo. Al finalizar esta etapa se verifica la idoneidad y el deseo del candidato de comenzar el itinerario comenzado. Se celebra el primer paso: ingreso al catecumenado, Signación y entrega de los evangelios.

b) Catecumenado. Tiempo dedicado a la catequesis y a la experiencia integral de la vida cristiana: confesión de la fe, celebración, oración y cambio de vida personal y social. Una catequesis integral, centrada en la Palabra y en el conocimiento de la historia de salvación. Los dogmas de fe, la forma de vida según el evangelio, la celebración y oración cristiana. Es tiempo de cambio de vida, por eso no se  tiene prisa y puede durar un tiempo  prolongado. Este momento va acompañado del paso o grado cuando el candidato pide a la Iglesia ser admitido a los sacramentos de la iniciación y se celebra el rito de la elección.

c) Iluminación y purificación. Es tiempo dedicado a preparar más intensamente el espíritu y el corazón del catecumenado y se desarrolla y preferentemente  durante la Cuaresma. El camino espiritual del candidato es acompañado de varios ritos que se realizan dentro de las celebraciones litúrgicas de la Cuaresma: los escrutinios y las entregas del símbolo y de la oración dominical. En la Vigilia Pascual son acogidos por la comunidad para la celebración de los sacramentos de la iniciación.

d) Mistagogia. Se busca hacer experiencia de vida cristiana, participativa y sacramental con el apoyo de nuevas catequesis. El tiempo de Pascua es el momento ideal, pudiendo concluir en la fiesta de Pentecostés. La comunidad sea realmente acogedora; una comunidad de fe, misionera, testimonial y servidora del mundo.

Así la Iglesia vive su misión: genera nuevos hijos, se renueva para continuar el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo…”.

Anuncio del Kerigma y encuentro con Jesucristo vivo.

“El kerigma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace crecer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre.” ( EG 164) (Jn3,16)

El kerigma es esencial al ser y misión de la Iglesia, se proclama desde a experiencia de encuentro con Cristo. (1Jn1,1) Antes de educar en la fe y de cualquier otra acción eclesial y pastoral, es necesario asegurar la experiencia de fe de los creyentes. Previa a la comunión con Cristo, a la inserción en la comunidad; anterior a la iniciación litúrgica, a la formación moral la oración y a la vida interior.

La dimensión misionera de la catequesis.

La catequesis al servicio de la iniciación a la vida cristiana.

La catequesis ha de ser procesual, gradual y mistagógica. Los procesos de iniciación tienen estas características:

-        La iniciación es obra del amor inmenso de Dios que se manifiesta en el misterio de Cristo Jesús. Origen y contenidos; los sacramentos de iniciación.

-        Esta obra divina se realiza en la Iglesia y por mediación de ella; La Palabra de Dios, la acción de los catequistas y otros ministros junto a los mismos catequizandos y catecúmenos, es siempre palabra (enseñanza, comunicación) y gesto ( ritos , celebraciones) de la Iglesia.

-        Requiere de la libre decisión de la persona. Los escrutinios van en esta línea. La obediencia de la fe, todas la dimensiones de la persona se involucran en este proceso. Los escrutinios, elecciones y otras acciones dentro del catecumenado facilitan la libre respuesta de la personas. Las personas, al final de la catequesis, pueden abandonar la Iglesia como expresión de que libremente no se involucraron en la confrontación con la palabra de Dios.

-        Se debe dar la participación humana en el dialogo de la salvación. Somos llamados a tener una relación personal con Dios.

-        “La catequesis sacramental se empobrece y se convierte muy pronto en ritualismo vacío, si no se funda en n conocimiento serio del significado de los sacramentos; la catequesis de intelectualiza, si no cobra vida en la práctica sacramental” (CT23)

La Iniciación en el magisterio reciente de la Iglesia.

Indicaciones para la catequesis:

ü   Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en su Palabra. La comunidad acompaña al catequizando ofreciéndole la Palabra de Dios. El catequizando descubre cómo Dios busca a la persona y le ofrece su amistad. A la Palabra acogida seguirá la iniciación a la respuesta de fe personal y comunitaria. Oración, lectura y meditación sistemática, piedad mariana y mirada a la sociedad de hoy.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en la belleza de lo creado y por la humanidad. Y toda la belleza de la vida de la comunidad, su arte, su cultura, cantos, etc. y todo lo presente en la celebración sacramental.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta como noticia de vida y esperanza. Promueve experiencias creativas que ayuden a descubrir el proyecto de plenitud que ofrece Cristo. Para ello debe ofrecerse  un itinerario orgánico y progresivo inspirado en el modelo catecumenal de los primeros siglos.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se manifiesta en el  misterio celebrado. La dimensión mistagógica permite dar sentido pleno al misterio que se revela en el encuentro sacramental.

ü  Iniciar al encuentro con Jesús que se encarna en la cultura y piedad de un pueblo.

ü  Iniciar a quienes acompañan procesos de iniciación. La comunidad debe preocuparse por contar con catequistas, hombres y mujeres que evangelicen con su fe, con su testimonio y una escucha compasiva y respetuosa. Deben proveerles  experiencias donde ellos puedan vivir estos procesos de iniciación y conversión para que puedan acompañar a otros.

ü  Catequistas, momento en el itinerario de la formación de los alegres discípulos misioneros.



ü  La formación para el ministerio de la catequesis en el nuevo paradigma.

ü  Una formación permanente que atiende al ser, saber, saber hacer y saber convivir; debe privilegiar el aspecto de proceso, la capacitación para la responsabilidad y para vivir y celebrar la fe en las acciones litúrgicas; ha de contar con el aporte siempre necesario de las ciencias humanas.

ü  El ser del catequista: madurar como persona, como creyente y como apóstol. Profundamente humano, capaz de acoger y dotado de una amabilidad sin límites, como auténtica expresión de la Buena Noticia. Con “momentos de escrutinio” (discernimiento), recuperar la dimensión mistagógica, pudiendo llegar a iluminar la experiencia humana a la luz de la divina revelación.

 

El ser del catequista: madurar como persona, como creyente y como apóstol. Profundamente humano, capaz de acoger y dotado de una amabilidad sin límites, como auténtica expresión de la Buena Noticia. Con “momentos de escrutinio” (discernimiento), recuperar la dimensión mistagógica, pudiendo llegar a iluminar la experiencia humana a la luz de la divina revelación.

El saber del catequista: apropiación de contenidos esenciales que permitan la fidelidad  al mensaje y a la persona humana. Conocimiento básico de las ciencias humanas, formación bíblica-teológica, cristología, eclesiología, documentación relacionada con las exigencias éticas y la doctrina social de la Iglesia.

El saber hacer: el lenguaje, la pedagogía no son ajenos a su condición de comunicador. Hay que superar la improvisación o la simple buena voluntad. Esto nos dirige a la pedagogía de Jesús, signos y palabras, ritos, narraciones. Comunicación y ternura son claves en la educación de la fe.

El saber convivir: inserción en una comunidad eclesial. Relaciones humanas, capacidad de convivencia, fraternidad, iluminación de la Palabra son elementos presentes en la fraternidad comunitaria junto con los contenidos de la fe, compartir y celebrar la vida, oración, orientación ética.

La comunidad cristiana, lugar y meta de la catequesis

Es urgente tener presente

1. Optar por una comunidad catequizadora en “salida misionera” y dispuesta la conversión pastoral.

Proponemos:

1.- Una Iglesia que pase de un modelo de cristiandad a un modelo eminentemente misionero. “Que no se cierre sobre sí misma en una pastoral centrípeta, sacramental y devocional, sino que se abra a la evangelización común, proyecto orgánico, global y unitario, para manifestar, construir y hacer presente el Reino de Dios entre todos los hombres” (DA 279, 253).

2. Conciencia de su función profética.

2.  Superar estructuras pastorales caducas

3. Espiritualidad de comunión y participación

4. Parroquia renovada para ser comunidad catequizadora.

 II. En orden a la catequesis:

Optar por una catequesis al servicio de la iniciación cristiana. Que exige no sólo la renovación de la catequesis, sino de toda la vida pastoral de la Iglesia.

Proponemos que:

1. Catequesis al servicio de la iniciación cristiana

2. El proceso catequístico del catecumenado sea la manera ordinaria e indispensable de introducción a la vida cristina y como forma de catequesis básica y fundamental.

3. Catecumenado bautismal para los no bautizados, post-bautismal, para lo bautizados no suficientemente iniciados, como cuasi- catecúmenos.

4. Catequesis concientizadora, liberadora, crítica de la sociedad actual.

5. La preocupación primera no sea sacramentar, sino recorrer un itinerario en orden a la vivencia de la fe cristiana, dentro de la cual se celebran los sacramentos.

6. En el proceso, privilégiese: la Sagrada Escritura, búsqueda de sentido de la vida, el kerigma, la conversión en un proceso de etapas, dimensión mistagógica.

7. Dimensión diaconal, comunitaria-eclesial. Sea parte del proyecto pastoral de la comunidad eclesial, como momento articulador de todo el proceso evangelizador.

 III. En orden al catequizando

  Optar por la catequesis de iniciación a la vida cristina prioritariamente con adultos. Los destinatarios como interlocutores. Opción en orden a la formación de alegres discípulos misioneros de Jesús.

Proponemos que:

1. La iniciación cristiana de los adultos se ha diversificado.

2.  Sea dialogal.

3. Se facilite la inserción enla comunidad

4. Ayudar a encontrar la Palabra de Dios  en la Sagrada Escritura.

5. “La catequesis de iniciación cristiana de adultos sea el punto de partida y modelo de toda otra forma de catequesis, adaptándola a los niños, adolescentes y jóvenes.

 IV. En orden al catequista

Optar por un catequista testigo, comunicador, acompañante y mistagogo. Miembro de la Iglesia, testigo de la fe y enviado por ella para anunciar el mensaje del Evangelio.

Proponemos que:

1. Fundamental que el catequista desarrolle las siguientes actitudes: familiaridad con Jesús,, salida de sí para ir al encuentro del otro, con paciencia, cordialidad que nunca condena.

2. Testimonio vivo, compañero de camino, comunicador del Evangelio. Mistagogo.

3. Con conciencia de pertenencia a la comunidad eclesial, ella lo envía, lo acompaña.

4. La formación para el nuevo paradigma:

M Modelo catecumenal

ü  Practica la lectura orante de la Palabra, vive la liturgia, profundiza la doctrina evangélica.

ü  Con pedagogía apropiada, para adultos, para jóvenes , para niños de experiencia sacramental

ü   Formador con capacidad de formación bíblica.

ü  Además de las ciencias religiosas, estar bien alimentado de las ciencias humanas, especialmente de las sociales.

ü  Conocedor de los contenidos del RICA

ü  h) En diálogo con la sociedad.

ü  Promover la presencia de formadores catequistas.

ü  j)  Suscitar coloquio, diálogos, encuentros con todos los que reflexionan sobre el ser y quehacer de la catequesis.

 

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