Los pequeños
Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas
llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más
seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un
camino diferente, porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio.
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, ¡Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas
llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más
seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un
camino diferente, porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio.
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, ¡Jerusalén!
Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un
pollino de asna.
San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en
nosotros. La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir unas normas o
esforzarse más. Es ante todo una transformación interior.
Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con
otros ojos. La ansiedad cede espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la
esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial.
Así nace la verdadera paz.
En el Evangelio, Jesús bendice al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. Los pequeños son aquellos que saben recibir. Son capaces de dejarse enseñar, corregir y acompañar. No tienen todas las respuestas, pero permanecen disponibles para escuchar. Y es precisamente en esa actitud donde Dios encuentra espacio para actuar.
El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la
vida. Lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él. Por eso su
yugo es suave y su carga ligera. La
invitación de Jesús es directa y profundamente personal. No dice: "Venid a
una doctrina" o "venid a una ley". Dice: "Venid a mí".
Todos llevamos cargas: preocupaciones familiares,
incertidumbres, heridas, responsabilidades, errores del pasado o temores ante
el futuro. Jesús no niega la existencia de esas cargas. Tampoco promete una
vida sin dificultades. Lo que ofrece es caminar con nosotros y sostenernos
desde dentro.
Un recuerdo especial para el sufrido y magnífico bravo
pueblo de Venezuela. Hay esperanza pri que no falta la fe y confianza en Dios .
Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz no
depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo. El
descanso del alma es la experiencia de descansar en Dios, confiando en que nada
puede separarnos de su amor. Así, aun en medio de las tormentas de la vida, el
corazón encuentra una morada firme donde permanecer.
San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en
nosotros. La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir unas normas o
esforzarse más. Es ante todo una transformación interior.
Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con otros ojos. La ansiedad cede espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial. Así nace la verdadera paz.
En el Evangelio, Jesús bendice al Padre porque ha revelado
sus secretos a los pequeños. Los pequeños son aquellos que saben recibir. Son
capaces de dejarse enseñar, corregir y acompañar. No tienen todas las
respuestas, pero permanecen disponibles para escuchar. Y es precisamente en esa
actitud donde Dios encuentra espacio para actuar.
El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la vida. Lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él. Por eso su yugo es suave y su carga ligera. La invitación de Jesús es directa y profundamente personal. No dice: "Venid a una doctrina" o "venid a una ley". Dice: "Venid a mí".
Todos llevamos cargas: preocupaciones familiares,
incertidumbres, heridas, responsabilidades, errores del pasado o temores ante
el futuro. Jesús no niega la existencia de esas cargas. Tampoco promete una
vida sin dificultades. Lo que ofrece es caminar con nosotros y sostenernos
desde dentro.
Un recuerdo especial para el sufrido y magnífico bravo pueblo de Venezuela. Hay esperanza, pero que no falte la fe y confianza en Dios.
Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz ,
no depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo.
El descanso del alma es la experiencia de descansar en Dios, confiando en que nada puede separarnos de su amor.
Así, aun en medio de las tormentas de lavida, el corazón encuentra una morada firme donde permanecer.
Esto dice el Señor:
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, ¡Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».
Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 R/. Bendeciré tu nombre
por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,
9. 11-13
Hermanos:
Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de
Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo
no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en
vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida
a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así
pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne.
Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a
las obras del cuerpo, viviréis.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
EN aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el
Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad
mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y
encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi
carga ligera».




Un resumen de la historia reciente venezolana y lo que ha sido la actitud más o menos de los actores
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