miércoles, junio 10, 2026

«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12)


    «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12)

«Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,). ««Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (Heb. 12,1). Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef1,4) 

            El papa ha encontrado una expresión actual para animarnos a ver la santidad como algo cercano el habla de los santos de la puerta de al lado. Una manera de ayudarnos para acercarnos a la santidad  de nuestros hermanos, bautizados que vivieron  plenamente su  condición de cristianos.

«Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente». Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado.

·       Hablar de santos  nos obliga a  reconocernos como pueblo, el santo no es un solitario, un individualista, él no es auto referente, él se ve como parte de un pueblo y se construye para servir mejor a sus hermanos.

            Por otra parte, hablar de santidad no es algo extraño y etéreo; escuchen lo que nos dice el Papa: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad».

Piensen de la santidad de esta manera: La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo».

·       Hablamos directamente de santidad, como  vida plena, de vida cristiana total.

El Señor llama

1.     La tarea de la santidad no es un proyecto propio, ni un logro que elegimos por propia iniciativa e interés. Siempre tenemos que tener claro que es el Señor el que llama, el que invita.  «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P 1,16 «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5).

 

Les recuerdo una historia. Domingo Savio, un adolescente de apenas 15 años, conoce a Don Bosco y experimenta una sensación de que él está en la misma onda que él; desde niño ha sentido esa misma necesidad de ser santo.

 En un momento de su encuentro con Don Bosco, donde le ha hablado de llevarle a Turín a estudiar, le pregunta si lo va a llevar y don Bosco dice: creo que tú eres buena tela. ¿Para qué podría servir esa tela? Pregunto Domingo Savio y Don Bosco le contestó: puede servir para hacer hermosos trajes y regalárselos a al Señor. Domingo captó el sentido y dijo: “Ya entiendo, de acuerdo, yo soy esa tela y Ud. es el sastre. Lléveme a Turín y usted haga de mi un hermoso traje para Dios.”


             «Cada uno por su camino»

2.      Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así . Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad

Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. «Hay inspiraciones que tienden solamente a una extraordinaria  perfección de los ejercicios ordinarios de la vida». «Aprovecho las ocasiones
que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria».

Es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte  su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: «Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. De esta manera, nuestras vidas demuestran su poder en acción,
incluso en medio de la debilidad humana»

3.      No le tengas miedo a tu debilidad, ni te quedes paralizado porque has experimentado muchas veces la fragilidad de tus propósitos y buenas intenciones.

 Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor». En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor la ha llenado de dones con la Palabra, los sacramentos, los santuarios, la vida de las comunidades, el testimonio de sus santos, y una múltiple belleza que procede del amor del Señor, «como novia que se adorna con sus joyas» (Is 61,10).

Tu misión en Cristo

            La santidad es una aventura de alto riesgo, es la suprema meta  a la que podemos aspira , la plenitud de vida. Dicho en un lenguaje de fe diremos que «La  santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya.

4.     ¿Por qué ser santo?  Esta es la respuesta que nos deja el Papa Francisco:” Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.

La actividad que santifica

 ¿De qué se trata? Cómo ser santo.  Ser santo no es cuestión de buenas intenciones y propósitos, no se trata de buen comportamiento y ser perfectos, eso no es santidad. Santidad tiene que ver con vida en el Espíritu, estar despierto y acción, dejándote llevar del Espíritu Santo  en el que van a ser confirmados.

Como no puedes entender a Cristo sin el Reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese Reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt6,33). Tu identificación con Cristo y sus deseos,
implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos.

            No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este
mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.

·       Pero cuidado,  no caigas en la trampa del  modelo mundano

5. A tener en cuenta. Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora. El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo. De ahí que suela hablarse, por ejemplo, de una espiritualidad del catequista, de una espiritualidad del clero diocesano, de una espiritualidad del trabajo. Por la misma razón, en Evangelii Gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con una espiritualidad  ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar.

            Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría  sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive.

·       Más vivos, más humanos

No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la
gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos»[32]

·       Se inteligente conoce al enemigo

Dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo:

¿Qué es el gnosticismo actual? parece una palabra extraña pero eso lo vivimos continuamente: El gnosticismo supone «una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y
conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»

Los «gnósticos» tienen una confusión en este punto, y juzgan a los demás según la capacidad que tengan de comprender la profundidad de determinadas doctrinas. Conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren «un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo».

Porque también es propio de los gnósticos creer que con sus explicaciones ellos pueden hacer perfectamente comprensible toda la fe y todo el Evangelio. Absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan. Una cosa es un sano y humilde uso de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del Evangelio; otra es pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo.

Porque el gnosticismo «por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio»[38], tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el misterio de la vida de los demás.

·       Atento. Fíjense en esta afirmación:

            Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales.
Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios.

Y lo más bello que hoy puedas escuchar, como nos dicen  en Facebook cuando no mandan un mensaje:      a un cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida. Si nos dejamos guiar por el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor en toda vida humana.

. Porque el poder que los gnósticos atribuían a la inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al esfuerzo personal. Así surgieron los pelagianos y los semipelagianos. Ya no era la inteligencia lo que ocupaba el lugar del misterio y de la gracia, sino la voluntad. Se olvidaba que «todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios» (Rm 9,16) y que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19) Pelagianismo

·       Es importante

56. Solamente a partir del don de Dios, libremente acogido y humildemente recibido, podemos cooperar con nuestros esfuerzos para dejarnos transformar más y más[62]. Lo primero es pertenecer a Dios. Se trata de ofrecernos a él que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros: «Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rm 12,1). Por otra parte, la Iglesia siempre enseñó que solo la caridad hace posible el crecimiento en la vida de la gracia, porque si no tengo caridad,
no soy nada (cf. 1 Co 13,2)

·       Lo definitivo

63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt5,3-12; Lc6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas [66]. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.


·      Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.                                    Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.                                              Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.                                                   Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.                    Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.                              Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.                                        Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.                    Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

 ·       El gran protocolo

Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36).

¡Te puede pasar esto ¡

Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia. Así se
convierte al cristianismo en una especie de ONG, quitándole esa mística luminosa que tan bien vivieron y manifestaron san Francisco de Asís, san Vicente de Paúl, santa Teresa de Calcuta y otros muchos. A estos grandes santos ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario

·       Algunas palabras que aclarar

Ser santos que tiene que ver con ser íntegros, honestos, castos, piadosos, auténticos, pacíficos , tolerantes .            También con Aguante, paciencia y mansedumbre, Alegría y sentido del humor , comunidad, grupo, parroquia.

140. Es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente
perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos.

·       Siempre

 COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO. Despiertos y confiados, perseverantes , constantes , fuerte ante la adversidad , no contaminados con afanes mundanos.

Cuidado con la corrupción espiritual

164. El camino de la santidad es una fuente de paz y de gozo que nos regala el Espíritu, pero al mismo tiempo requiere que estemos «con las lámparas encendidas» (Lc 12,35) y permanezcamos atentos: «Guardaos de toda clase de
mal» (1 Ts 5,22). «Estad en vela» (Mt 24,42; cf. Mc 13,35). «No nos entreguemos al sueño» (1 Ts 5,6). Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose.



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