sábado, junio 06, 2026

Cuerpo de Cristo

Este domingo la Iglesia celebra el Corpus Christi. Tenemos la oportunidad de acercarnos a este misterio de comunión y unión desde un contexto de estar en camino. La lectura del Deuteronomio nos «recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto», para probarte y conocer tu fidelidad. El que te sacó de Egipto, de la casa de la esclavitud, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre.

Así, la experiencia del maná en el desierto se convierte en una escuela de confianza y memoria providente, que se refleja en la liturgia y en el significado profundo de la Eucaristía.

San Pablo, comprometido en construir auténticas comunidades unidas a Cristo, porque formamos un solo Cuerpo» les recuerda a los primeros convertidos de Colosas: El cáliz de bendición y el pan partido son signos de la participación en el cuerpo y sangre de Cristo y, a través de ellos, la Iglesia se edifica, crece y vive. La Eucaristía es así el sacramento de la unidad, la reconciliación y la vida compartida, en la que cada persona encuentra alimento espiritual y se fortalece la comunidad de creyentes.

El evangelio afirma hoy que Cristo es el verdadero alimento que Dios nos da para que tengamos vida. Así como en el Antiguo Testamento Dios alimenta a su pueblo dándole de comer y de beber para que no muera.

Según el Concilio Vaticano II, la Eucaristía constituye la culminación de toda la vida cristiana y el fundamento sobre el que la Iglesia se construye y progresa.


Que nuestra celebración de hoy del Cuerpo de Cristo sea para nosotros como una oportunidad para reflexionar sobre el misterio de la presencia de Cristo, hacer memoria agradecida de la acción divina y renovar el compromiso de fe, confianza y comunión.

Cuando recibimos el cuerpo y sangre de Cristo nos convertimos en aquello que comemos. Además, y como consecuencia, “todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de ese único pan”.

El evangelio afirma hoy que Cristo es el verdadero alimento que Dios nos da para que tengamos vida. Así como en el Antiguo Testamento Dios alimenta a su pueblo dándole de comer y de beber para que no muera, el concilio nos dice:  la Eucaristía constituye la culminación de toda la vida cristiana y el fundamento sobre el que la Iglesia se construye y progresa.

Que nuestra celebración de hoy del Cuerpo de Cristo sea para nosotros como una oportunidad para reflexionar sobre el misterio de la presencia de Cristo, hacer memoria agradecida de la acción divina y renovar el compromiso de fe, confianza y comunión.

Cuando recibimos el cuerpo y sangre de Cristo nos convertimos en aquello que comemos. Además, y como consecuencia, “todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de ese único pan”.

El doble fruto de la Eucaristía, unión y comunión nos impulsa a la misión: al celebrar el Corpus, renovamos nuestra fe, nuestra creencia en que Cristo está presente realmente por la acción del Espíritu Santo y por las palabras de la consagración y nuestro compromiso de acércanos al hermano, especialmente el que más nos necesita.


¿A qué me compromete la fiesta que celebramos hoy? ¿Cómo superar la rutina de las celebraciones eucarísticas, diarias o dominicales?

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