Adicción a los teléfonos inteligentes y al internet.
Nuestro mundo está lleno de información, ofertas y ruido, pero sigue teniendo hambre de sentido.Vivimos en una sociedad marcada por la incertidumbre, el cansancio y la superficialidad. En una sociedad donde todo parece tener un precio y donde las personas son valoradas por su rendimiento, su imagen o su utilidad. Hay muchas personas cansadas, heridas y desorientadas. Frente a esta realidad. ¿Somos individuos libres, o masa de anónimos consumidores a merced de los algoritmos de alguna corporación?
Podemos caer en el vicio actual; es el celular o cualquier pantalla conectada a internet. No me mata, pero tampoco me deja vivir.
Son muchos los cambios en la sociedad y la cultura y ahora podemos decir que vivimos en la economía de la atención; es el recurso más valioso, pero solo cuentas con una reserva de veinticuatro horas y algunas de ellas las has de ocupar en dormir y vivir tu vida. Los grandes competidores por atraer tu atención lo saben; ellos, nuestros competidores más grandes, son Facebook, YouTube y el sueño; ya ves por dónde van los tiros.
Que no cunda el pánico, pero no renuncies a conocer entre quién te encuentras. Las mentes más brillantes en programación, tecnología, neurología, psicología social, etc., han sido compradas para alcanzar una sola misión: captar tu atención, hacerte adicto; conocer las debilidades de tu mente para mantenerte atrapado a la pantalla por todo el tiempo posible.
Se habla de economía de la información; el hombre administra sus recursos escasos para que lleguen para el bien de todos. Bueno, eso es en teoría, pero ahora vamos a entrar en eso. Lo que nos interesa entender en este punto es cuál es el objetivo de todo esfuerzo humano.
Pero parece que la información no es
escasa ni valiosa, producimos tanta
información como basura. Pero hay que reconocer que algo valioso se esconde en
esta baraúnda informativa: captar la atención de la gente. Cada dos días se
genera más información que el resto de la producida por toda la larga historia de
la humanidad.
Tenemos algo seguro: el cliente no eres tú, sino los anunciantes que pagan para captar tu atención. Buscar información y responder a nuestro instinto de socializar son los instintos primarios que hacen posible pasar más de dos horas pendientes de pendejadas y memes estúpidos y juegos adictivos. No digas: "Pero yo tengo libre albedrío, pues, cuando quiero, puedo dejar de mirar la pantalla, pero no es tan fácil". Los logaritmos utilizados por las compañías dispensadoras de información conocen mucho de ti, de tus gustos, lo que capta tu atención, interés… y hasta necesidades. Puede mantenerte pegado a la pantalla consumiendo anuncios por tiempo indefinido.
Y hay algo muy grave que está en riesgo, que nos despojen de nuestra capacidad de empatía, que te hace ponerte en el lugar del otro; eres capaz de compartir sentimientos, no por instinto de conservación, por hábitos aprendidos, no se trata de búsqueda de recompensa y sensaciones, de seguridad y placer. Estamos hablando de esos sentimientos humanos forjados en el conocimiento, la libertad y la voluntad, arropados por la capacidad de elegir y tomar decisiones, y no solo para tu provecho, sino para la felicidad del otro.
La ansiedad es la enfermedad más extendida; tu salud está en juego. La felicidad es relativa, pero solo ves la vida de los otros y solo ves el mundo catastrófico, enemigos, tragedias; los otros siempre son el problema… para que vivas una silenciosa resignación.
No te hagas ilusiones, no vamos a utilizar logaritmos que nos permitan manejar la estupidez humana; a eso no va a renunciar, porque si no, otros ocuparían ese lugar en captar la atención. Por lo tanto, eres tú quien tiene que romper y actuar.
Comineza con esta pequeña pregunta: ¿
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