domingo, julio 12, 2026

RECONSTRUIR UN PAIS

Reconstruir el país desde la esperanza cristiana

Vivimos tiempos marcados por la incertidumbre. Muchos contemplan la realidad de nuestro país con preocupación: la violencia, la pobreza, la división, la pérdida de confianza en las instituciones y el desencanto de tantas personas hacen surgir una pregunta que escuchamos con frecuencia: ¿cómo reconstruir nuestro país?

La respuesta no puede reducirse únicamente a soluciones políticas o económicas. Sin restar importancia a esos aspectos, la Sagrada Escritura nos enseña que toda reconstrucción verdadera comienza por el corazón del ser humano. Allí es donde Dios inicia siempre su obra.

I. Un patrón constante en la historia de la salvación

Al leer los libros de los profetas y los salmos, descubrimos un hecho sorprendente. La historia de Israel parece repetirse constantemente. El pueblo atraviesa tiempos muy difíciles: guerras, hambre, injusticias, destierro, persecuciones y sufrimientos. Sin embargo, junto a esos anuncios de desgracia aparece siempre una promesa de esperanza. Dios nunca deja la última palabra al mal. Siempre anuncia un futuro de reconciliación, de paz y de alegría.

Los profetas explican esta dinámica con gran claridad. El sufrimiento del pueblo no es simplemente fruto del destino o de la mala suerte. Con frecuencia es consecuencia de haber olvidado a Dios, de la idolatría, de la injusticia y del abandono de la alianza.

Pero inmediatamente aparece también la misericordia divina. Dios nunca abandona definitivamente a su pueblo. Lo invita a reconocer su pecado, a convertirse y a volver a Él. Entonces promete restaurarlo y devolverle la vida. Este esquema aparece una y otra vez a lo largo de toda la Biblia.

Y precisamente porque se repite tantas veces, comprendemos que no es solamente una explicación histórica. Es una enseñanza permanente para todos los pueblos y para todas las generaciones.

II. También nuestra historia necesita ser iluminada por la Palabra.


s experimentado violencia, corrupción, pobreza, migraciones, pérdida de oportunidades y profundas heridas sociales. Muchas familias viven con incertidumbre y numerosos jóvenes contemplan el futuro con pesimismo.

Ante estas situaciones solemos reaccionar de dos maneras. La primera consiste en buscar siempre culpables. Pensamos que todos nuestros males son responsabilidad exclusiva de otros: los gobernantes, los partidos políticos, los empresarios, los extranjeros, los poderosos o cualquier grupo distinto del nuestro.

La segunda reacción consiste en resignarnos. Pensamos que nada tiene solución y que todo es fruto de la mala suerte o de circunstancias inevitables. Ninguna de estas dos actitudes coincide con la mirada de la Palabra de Dios.

La Biblia nunca niega las injusticias que otros puedan cometer. Tampoco ignora las estructuras de pecado que dañan a los pueblos. Pero siempre invita a cada persona a preguntarse primero por su propia responsabilidad.

Por eso Jesús afirma: "Saca primero la viga de tu propio ojo." La conversión comienza cuando dejamos de mirar únicamente los errores ajenos y nos preguntamos sinceramente:

¿Qué parte de responsabilidad tengo yo?

III. La primera reconstrucción comienza en el corazón.

Este paso requiere mucha humildad. Es más fácil justificarse que reconocer los propios errores. Es más cómodo culpar siempre a otros que aceptar que también nuestras decisiones, nuestras omisiones, nuestros egoísmos o nuestra indiferencia han contribuido al deterioro de la sociedad.

La Escritura nos recuerda continuamente que Dios no puede transformar un corazón que se considera perfecto. Solo quien reconoce su necesidad puede abrirse a la gracia. Por eso el primer paso para reconstruir una nación es reconstruir la conciencia.

Necesitamos personas capaces de decir: 
"He fallado."
"Debo reconciliarme con Dios y con los demás."
"Necesito cambiar."

Mientras cada uno espere únicamente que cambien los otros, nada cambiará realmente.

IV. La responsabilidad no destruye la esperanza.

         

Reconocer nuestras faltas no significa vivir paralizados por la culpa.
Todo lo contrario.
La Biblia une siempre el reconocimiento del pecado con el anuncio del perdón.
El Dios de los profetas no humilla para destruir.
Corrige para sanar.
Llama a la conversión porque desea devolver la vida.
Aquí encontramos uno de los grandes mensajes del Evangelio.
En Jesucristo Dios ha mostrado definitivamente que su misericordia es más fuerte que nuestro pecado.
Cristo no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo.
Su cruz manifiesta que ninguna historia está perdida cuando se abre a la gracia.
Por eso el cristiano nunca puede ser pesimista.
Puede sufrir.
Puede llorar.
Puede experimentar derrotas.
Pero nunca pierde la esperanza.

V. Redescubrir que somos un pueblo

Otro aspecto muy importante de la Escritura consiste en que Dios nunca salva únicamente a individuos aislados. Siempre forma un pueblo.

Vivimos en una cultura profundamente individualista. Pensamos casi exclusivamente en nuestros problemas, nuestros intereses y nuestra familia. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que nadie se salva solo. Todos influimos en la vida de los demás. El bien que hago fortalece a toda la sociedad. El mal que realizo también afecta a muchos. Por eso reconstruir un país exige reconstruir también el tejido social.

Necesitamos recuperar la confianza. Volver a creer que existen personas honestas. Buscar colaboradores. Crear espacios de diálogo. Fortalecer las familias. Apoyar a las comunidades. Educar en la solidaridad.

Servir sin esperar recompensas. Cuando muchas personas comienzan a vivir de esta manera, la transformación social deja de ser un sueño para convertirse en una posibilidad real.

VI. El estilo de Jesús

Si preguntáramos: ¿Cuál es el modelo de ciudadano que propone el Evangelio?

La respuesta sería sencilla. Jesús. Él nunca buscó el poder para dominar. Nunca respondió al odio con odio. Nunca utilizó la mentira para alcanzar objetivos nobles. Nunca dejó de servir. Toda su vida fue entrega. Lavó los pies de sus discípulos. Perdonó a quienes lo crucificaban. Acogió a los pobres. Escuchó a los excluidos.Defendió la verdad.Vivió para los demás.Este es el estilo que puede renovar una nación.

No basta exigir gobernantes honestos. También debemos formar ciudadanos honestos. No basta pedir justicia. Debemos vivir justamente. No basta denunciar la corrupción.  Debemos rechazar cualquier forma de corrupción en nuestra propia vida cotidiana.

VII. ¿Qué puedo hacer yo?

Al llegar aquí surge una pregunta inevitable. ¿Qué puedo hacer concretamente?

La respuesta comienza por lo pequeño. Puedo reconciliarme con Dios. Puedo recuperar la vida de oración. Puedo educar mejor a mis hijos. Puedo trabajar con honestidad. Puedo cumplir mi palabra.Puedo respetar las leyes justas. Puedo dejar de difundir odio. Puedo escuchar antes de juzgar.

Puedo ayudar a quien lo necesita. Puedo participar en mi comunidad.Puedo colaborar en iniciativas de servicio.Puedo construir puentes en lugar de levantar muros.

Quizá estas acciones parezcan pequeñas. Pero la historia demuestra que las grandes transformaciones nacen siempre de personas que decidieron vivir de manera diferente.

CONCLUSIÓN

La reconstrucción de un país no comienza en los parlamentos ni en los grandes discursos.

Comienza cuando una persona permite que Dios transforme su corazón. Comienza cuando recuperamos la responsabilidad, la esperanza y la confianza.

Comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué hacen los demás y empezamos a preguntarnos qué espera Dios de nosotros.

Los profetas anuncian siempre que después de la noche llega la aurora. Cristo ha confirmado definitivamente esa promesa con su muerte y su resurrección.

Por eso los cristianos somos hombres y mujeres de esperanza. Sabemos que el mal no tiene la última palabra. Sabemos que Dios continúa actuando en la historia. Y sabemos también que Él quiere hacerlo contando con nuestra libertad.

Que el Espíritu Santo nos conceda la humildad para reconocer nuestros errores, la valentía para asumir nuestras responsabilidades y la perseverancia para trabajar, unidos, por una sociedad más justa, más fraterna y más humana.

Solo así podremos contribuir, desde la fe y el compromiso, a la verdadera reconstrucción de nuestro país.

sábado, julio 11, 2026

Vida plena


Cuando la Palabra madura en el corazón, nace una fe firme, capaz de sostener una vida espiritual auténtica y un compromiso concreto con el Evangelio.

Acudió a Jesús tanta gente que tuvo que subir a una barca para enseñarles. Aquel pueblo sencillo buscaba una palabra que le devolviera la esperanza, porque no lograba descubrir el rostro misericordioso de Dios en la enseñanza de los escribas y fariseos. En cambio, Jesús siempre encontraba tiempo para los enfermos, los pobres, los pecadores y todos aquellos a quienes el sistema religioso mantenía al margen del corazón de Dios.

San Pablo nos revela cuál es la misión de Jesús, el Enviado del Padre: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios... con la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios». Cristo viene a restaurar la creación y a devolver al ser humano la dignidad de hijo de Dios.

Sin embargo, aunque muchos buscan a Jesús, no todos lo hacen con las mismas motivaciones. Algunos esperan encontrar un camino más fácil frente a las exigencias de la ley, olvidando que Jesús no vino a abolirla, sino a llevarla a su plenitud en el mandamiento del amor y de la misericordia. Otros lo consideran simplemente un profeta o un sabio, admirados por la autoridad con la que habla. Pero hay quienes descubren en Él un verdadero espacio de gracia, de perdón y de sanación, donde comienza una vida nueva.

Jesús enseña mediante parábolas porque respeta profundamente la libertad y el proceso interior de cada persona. No impone la verdad; la propone con humildad, confiando en que toda persona de buena voluntad puede acoger la Palabra, comprenderla y dejar que transforme su vida.


El Señor apuesta por el crecimiento interior. La semilla necesita tiempo para echar raíces y dar fruto. Cuando la Palabra madura en el corazón, nace una fe firme, capaz de sostener una vida espiritual auténtica y un compromiso concreto con el Evangelio.

Por eso explica las parábolas a sus discípulos. Ellos también deben dejar que la Palabra arraigue profundamente en su corazón antes de anunciar el Reino a los demás. Solo quien ha sido transformado por la Palabra puede sembrarla con esperanza.







    No pidamos a Dios signos espectaculares o manifestaciones extraordinarias. Lo que necesitamos es un corazón disponible para acoger su Palabra, sea cual sea nuestra situación: el borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos o la tierra buena.

La semilla siempre es la misma: la Palabra de Dios. Lo que cambia es la disposición del corazón. Como explica Jesús, unos la escuchan y el Maligno la arrebata porque no la comprenden; otros la reciben con alegría, pero, al no tener raíces, sucumben ante las dificultades; otros permiten que los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahoguen. Pero también están quienes escuchan la Palabra, la comprenden, la conservan y la ponen en práctica. Esos son los que dan fruto: unos ciento, otros sesenta y otros treinta por uno.

Pidamos al Señor la gracia de ser tierra buena, capaz de acoger su Palabra con fe, perseverar en ella y dar abundantes frutos de amor, justicia y misericordia para la gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.

martes, julio 07, 2026

Profetas hoy



Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: «Esto dice el Señor. Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.» (Ezequiel 2,3-5)

Y a pesar de nuestras cegueras y rebeldía, Dios no nos abandona y siempre enviará profetas en medio de su pueblo. 

Definitivamente, Dios nos respeta y no juega con nosotros. Dios no nos salva a pesar de nosotros. 

Alguien puede decir: "Dios es injusto", ¿por qué no nos salva?, si es tanto el mal que podemos hacernos a nosotros mismos. Pero Dios no es injusto, ¿no son injustas nuestra obstinación y orgullo?

¿Cómo conocer a los verdaderos profetas entre nosotros? 

De la primera carta de Pedro 

Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo. 14Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia. 15Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, 16porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo. 1 P 1,13-16

Así, pues, apartaos de toda maldad, de toda falsedad, hipocresía y envidia y de toda maledicencia. 2Como niños recién nacidos, ansiad la leche espiritual, no adulterada, para que con ella vayáis progresando en la salvación, 3ya que habéis gustado qué bueno es el Señor. 4Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, 5también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. 1 P 2 1-5

Como personas libres, es decir, no usando la libertad como tapadera para el mal, sino como siervos de Dios, 17mostrad estima hacia todos, amad a la comunidad fraternal, temed a Dios, mostrad estima hacia el rey. 18Que los criados estén, con todo temor, a disposición de los amos, no solo de los buenos y comprensivos, sino también de los retorcidos. 1P 2,16-18

Y por último, tened todos el mismo sentir, sed solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos, tened un corazón compasivo y sed humildes. 9No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto, sino al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados, para heredar una bendición. 10Pues quien desee amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios de pronunciar falsedad; 11apártese del mal y haga el bien, busque la paz y corra tras ella. 1 P 3, 8-11 

Más bien, glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, 16pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. 1P 3,15-16

Sed sensatos y sobrios para la oración. 8Ante todo, mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados. 9Sed hospitalarios unos con otros sin protestar. 10Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido. 11Si uno habla, que sean sus palabras como palabras de Dios; si uno presta servicio, que lo haga con la fuerza que Dios le concede, para que Dios sea glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. 1 P 4, 8- 11

Pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; 3no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. 1 P 5, 2-3

sábado, julio 04, 2026

Alcanzar la Paz


Los pequeños 

Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un camino diferente, porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio.

«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.

San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en nosotros. La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir unas normas o esforzarse más. Es ante todo una transformación interior.

Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con otros ojos. La ansiedad cede espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial. Así nace la verdadera paz.

En el Evangelio, Jesús bendice al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. Los pequeños son aquellos que saben recibir. Son capaces de dejarse enseñar, corregir y acompañar. No tienen todas las respuestas, pero permanecen disponibles para escuchar. Y es precisamente en esa actitud donde Dios encuentra espacio para actuar.

El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la vida. Lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él. Por eso su yugo es suave y su carga ligera. La invitación de Jesús es directa y profundamente personal. Nos dice: "Venid a una doctrina" o "venid a una ley". Dice: "Venid a mí".

Todos llevamos cargas: preocupaciones familiares, incertidumbres, heridas, responsabilidades, errores del pasado o temores ante el futuro. Jesús no niega la existencia de esas cargas. Tampoco promete una vida sin dificultades. Lo que ofrece es caminar con nosotros y sostenernos desde dentro.

Un recuerdo especial para el sufrido y magnífico bravo pueblo de Venezuela. Hay esperanza; lo primero que no falte la fe y confianza en Dios.

Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz no depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo. El descanso del alma es la experiencia de reposar en Dios, confiando en que nada puede separarnos de su amor. Así, aun en medio de las tormentas de la vida, el corazón encuentra una morada firme donde permanecer.

Lecturas del Domingo XIV del Tiempo Ordinario 

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Esto dice el Señor:

«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, ¡Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

EN aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

viernes, julio 03, 2026

VENEZUELA VIVE

 

Venezuela vive. 

I. La historia de Venezuela, como la de todos los países, ha tenido momentos muy duros, hazañas extraordinarias y fracasos grandes.

Pero quiero detenerme para comprender qué está pasando en este siglo XXI en este país. Veintisiete años en que Venezuela comenzó a sentirse gobernada con el descaro y la prepotencia de quien está dispuesto a tratar a su pueblo como una mala peste que hay que erradicar, y eliminar todo vestigio del tiempo pasado. 

II. No juzgo las intenciones, ni me parece necesario juzgar la calidad ética y social de todos los que se propusieron esta tarea miserable.

Muchas razones y hechos nos mostraban que Venezuela se estaba destruyendo a sí misma con su régimen rentista e incompetente. Por supuesto, no solo era la situación dentro del país, sino los intereses bastardos de quienes se acercaban a Venezuela no para intercambiar un trato justo y progresista, sino un abuso de poder y avaricia.

III. No supimos, en general, asumir las responsabilidades propias de ciudadanos libres y formados en democracia y beneficiarios de las inmensas riquezas de nuestra tierra. Dejamos en manos de unos políticos de oficio hacer lo que querían y no tuvimos el valor de enfrentar sus desmanes.

Se nos dijo repetidamente que la gran riqueza de un pueblo no está solo en sus riquezas materiales, sino en la capacidad de sus hijos de reconocer sus errores y fajarse en eliminarlos buscando el bien común. Teníamos la formación y capacidad suficiente, pero años de manipulación nos convirtieron en un pueblo sumiso y pasivo.

IV. Nos dejamos manipular por un lenguaje mesiánico y revolucionario donde las palabras grandilocuentes y los hechos populacheros y abusivos nos paralizaron y lograron eliminar cualquier reacción inteligente y sana.

Una gran capacidad de parte de los que detectaban el poder de comprar jueces, gobernantes y funcionarios, y de convertir las instituciones en caricatura de sí mismas, completaron el fracaso como país moderno.


V. La desviación de recursos del país que debían ser utilizados en la promoción de estructuras, salud, educación y en capacidad de trabajo y de gobernabilidad a manos de unos pocos y en dádivas, bonos y limosnas para un pueblo necesitado y despojado de su dignidad.

La expropiación, el venderse descaradamente a la protección abusiva de otros países, el robo de cualquier empresa que tuviera viabilidad para especular con ella, hizo que Venezuela en pocos años se convirtiera en un país fallido, que obligó a más de ocho millones de sus hijos a irse a buscar mejores condiciones de vida y de trabajo y a huir de los secuestros y maltratos de funcionarios y gobernantes.

VI. Una red impresionante de técnicas modernas de publicidad, el asesoramiento permanente de partidos ideológicamente corruptos como el Podemos español, el poder mediático de China, Rusia y los movimientos sociales, logran sostener y decorar el rostro de un gobierno cruel, destructivo y criminal.

 Reprimido el pueblo, disminuida la fuerza joven, la lucha por la supervivencia, las limosnas, los bonos de miseria para los pobres y las prebendas de miles de dólares para los enchufados hicieron posible que Venezuela se convirtiera en una tierra sometida, despojada de su dignidad y de su fuerza.




VII. Robaron el último grito de libertad, robaron las elecciones y realizaron un fraude descarado y humillante, apoyado por las ideologías socialista y comunista.


VIII. Estados Unidos, a través de su presidente Trump, se decide a intervenir en busca de sus propios intereses y con una fuerza prepotente y avasalladora secuestra y encarcela al corruptor, dictador y ladrón de elecciones, el usurpador Maduro. Pero llega a un trato con el régimen y, en razón de evitar el vandalismo y el levantamiento civil, permite el gobierno de los cómplices de este desastre.

Trump no busca favorecer la dignidad y el respeto al Pueblo Venezolano, con la disculpa de recuperar la producción y la riqueza de Venezuela, establece un gobierno de “conchupancia”, como dice el venezolano, que permita a EU alcanzar sus intereses económicos y explotadores a cambio de un control socio, político y económico del gobierno corrupto y fraudulento de Venezuela. Y deja para más tarde el apoyo, el retorno a la libertad, la democracia y la prosperidad.

X. La INCAPACIDAD DE LA OPOSICIÓN y su imagen indigna dejan a los venezolanos sin alternativas. A la hora de dar pasos hacia la normalidad democrática, la organización social y política y la gobernabilidad, Venezuela está muy mal.


X. El terremoto que ha asolado al país refleja en imágenes, hechos y abusos esta realidad de estado fallido que hemos descrito.

Una magnífica y solidaria respuesta de muchos países a esta tragedia queda contrastada con la actitud vandálica, controladora y abusiva de fuerzas militares y de la gente desalmada que no respeta el dolor de sus hermanos, sino la búsqueda de una miseria para mantener su incapacidad de actuar en beneficio de todos. Obstaculizando la labor de familiares, con saqueos, robo de pertenencias por parte de los funcionarios, ausencia total de los militares para ayudar y trabajar con su pueblo. Incapacidad de organizarse para atender a los socorristas, no facilitar la gasolina para el trabajo de las excavadoras…

Y en medio de este desastre, un pueblo que no desespera, vive la esperanza, se solidariza con los que sufren, se levanta de su desgracia y celebra cada sonrisa, cada vida que se rescate y llora con amor cada muerte de un hermano.


La pregunta es: No basta resistir, no es suficiente la espera y la promesa.

¿Qué hacer para que seamos capaces de descubrir a los venezolanos honestos, trabajadores y nobles, con capacidad de gerencia, de gobierno y de fortaleza para cambiar las cosas?

La prioridad no es solo económica y social; hay una necesidad apremiante de una acción política impregnada de vocación de servicio y capaz de lucha y sacrificio.

Que Dios nunca nos falte. Fuerte, bravo pueblo venezolano, son el orgullo de todos los que han compartido su solidaridad y acogida. Dios los bendiga.


Por favor, ¿puedes compartir alguna sugerencia o comentario sobre este artículo? Gracias. 

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