Quiero ser catequista.
(Directorio para la Catequesis, nn. 110-113)
1. Raíz de la vocación (n. 110)
- En
el cuerpo de Cristo hay diversidad de miembros y funciones, pero un solo
Espíritu que distribuye sus dones para el bien de la Iglesia.
- Por
el bautismo y la confirmación, los cristianos participan en el oficio
sacerdotal, profético y real de Cristo y son testigos del Evangelio con la
palabra y el ejemplo.
- Algunos
son llamados a cooperar con el obispo y los presbíteros en el ministerio
de la Palabra.
- El
ministerio de la catequesis ocupa un lugar significativo e indispensable
para el crecimiento de la fe. Introduce en la fe y, junto con el
ministerio litúrgico, engendra a los hijos de Dios en el seno de la
Iglesia.
- La
vocación del catequista nace de la vocación común del Pueblo de Dios,
llamado a servir al plan salvífico de Dios.
2. Una responsabilidad comunitaria (n. 111)
- Toda
la comunidad cristiana es responsable de la catequesis, cada uno según su
condición: ministros ordenados, personas consagradas y fieles laicos.
- Si
faltase alguna de estas presencias, la catequesis perdería parte de su
riqueza y significado.
- El
catequista pertenece a una comunidad y es expresión de ella. Esa comunidad
es el primer sujeto de acompañamiento en la fe.
3. La llamada de Dios (n. 112)
- Es
una llamada particular, acogida en la fe, que capacita para transmitir la
fe e iniciar en la vida cristiana.
- Las
causas inmediatas son muy variadas, pero todas son mediaciones que Dios
usa a través de la Iglesia.
- El
catequista participa de la misión de Jesús, que conduce a sus discípulos a
una relación filial con el Padre.
- El
verdadero protagonista es el Espíritu Santo, que hace eficaces los
esfuerzos humanos gracias a la unión del catequista con Cristo.
- El
catequista es testigo de la Tradición viva y mediador que facilita la
inserción de los nuevos discípulos en el Cuerpo eclesial.
4. Tres rasgos del catequista (n. 113)
a. Testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios
- Experimenta
la bondad y la verdad del Evangelio en su encuentro con Jesús, y custodia
y da testimonio de la vida nueva que de él deriva.
- Custodiar
la memoria de Dios, despertarla en los demás y ponerla al servicio del
anuncio es su vocación específica.
- El
testimonio de vida es necesario para la credibilidad de la misión.
- Reconoce
su fragilidad ante la misericordia de Dios y es signo de esperanza.
b. Maestro y mistagogo
- Como
icono de Jesús Maestro, transmite el contenido de la fe y conduce al
misterio de la misma.
- Abre
a la verdad sobre el hombre y su vocación última, comunicando el
conocimiento de Cristo.
- Introduce
en las dimensiones de la vida cristiana, desvelando los misterios de la
salvación actualizados en la liturgia.
c. Acompañante y educador
- Es
experto en el arte del acompañamiento, tiene competencias educativas, sabe
escuchar y guiar.
- Es
compañero de viaje, con paciencia y sentido de la gradualidad.
- Es experto en humanidad: conoce los gozos, esperanzas, tristezas y angustias del hombre y sabe relacionarlos con el Evangelio.
1. El obispo, primer catequista (n. 114)
- Es
el primer predicador del Evangelio, con la palabra y con el testimonio de
vida.
- Como
primer responsable de la catequesis en la diócesis, su función principal
es promover la catequesis y preparar las formas necesarias para los
fieles, según las normas de la Sede Apostólica.
2. El párroco y el presbítero (n. 116)
El párroco es el primer catequista de la comunidad
parroquial. Sus tareas son:
- Dedicarse
con competencia y generosidad a la catequesis, aprovechando las
oportunidades de la vida parroquial y del entorno.
- Cuidar
el vínculo entre catequesis, liturgia y caridad, dando importancia al
domingo.
- Suscitar
en la comunidad el sentido de responsabilidad, discernir las vocaciones y
animar y agradecer a los catequistas.
- Organizar
la catequesis dentro del proyecto pastoral, implicando a los catequistas
en el análisis, la planificación, la elección de instrumentos, la
aplicación y la evaluación.
- Asegurar
el vínculo con el programa pastoral diocesano, evitando cualquier
subjetivismo.
- Ser
catequista de los catequistas: ocuparse de su formación, acompañar su
maduración en la fe y valorar el grupo de catequistas como lugar de
comunión y corresponsabilidad, necesario para una auténtica formación.
3. El diácono (nn. 117-118)
- Ejerce
la diaconía de la Palabra, junto con la liturgia y la caridad, haciendo
presente a Cristo siervo.
- Además
de la predicación homilética, atiende la catequesis de los fieles en las
distintas etapas de la vida cristiana: conocer la fe, reforzarla con los
sacramentos y expresarla en la vida personal, familiar, profesional y
social.
- Se
implica en los programas catequísticos diocesanos y parroquiales,
especialmente en el primer anuncio.
- Anuncia
la Palabra en su ámbito profesional, con palabras o con su presencia
activa donde se forma la opinión pública o se aplican normas éticas.
- Su
catequesis es especialmente valiosa en la familia y la caridad: presos,
enfermos, ancianos, jóvenes con problemas, inmigrantes, etc.
4. Los consagrados (n. 119)
- La
catequesis es un campo privilegiado para su apostolado, y su aportación no
puede ser sustituida por presbíteros o laicos.
- Su
primer objetivo es hacer visibles las maravillas de Dios en la fragilidad
humana, con el lenguaje de una existencia transfigurada.
- Su
propia vida, vivida en radicalidad evangélica, es la primera catequesis.
5. Los laicos catequistas (n. 121)
- Prestan
un servicio muy valioso a la evangelización por su inserción en el mundo.
- La
evangelización adquiere en ellos una eficacia singular, porque se lleva a
cabo en las condiciones comunes del mundo.
- Dan
testimonio en distintos contextos: interpretan los acontecimientos de
forma cristiana, hablan de Cristo y dan razones de sus decisiones.
- Esta catequesis espontánea y ocasional es muy importante por su relación con el testimonio de vida.
6. La familia y otros acompañantes
- Los
padres, sujetos activos (n. 124): Su misión educativa tiene una fuente
nueva y específica en el sacramento del matrimonio, que los consagra a la
educación cristiana de los hijos.
- Padrinos
y madrinas (n. 125): Apoyan el compromiso educativo de los padres.
Muestran al catecúmeno el uso del Evangelio en la vida, le ayudan en dudas
y ansiedades, dan testimonio y velan por su vida bautismal.
- Los
abuelos (n. 126): juegan un papel especial en la transmisión de la fe,
como lo muestra la Escritura (2 Tim 1, 5).
- Las mujeres (n. 127): ofrecen una valiosa aportación como esposas, madres, catequistas y profesionales, con María como ejemplo de amor maternal. Jesús las quiso como discípulas y confió a María Magdalena y otras mujeres el anuncio de la resurrección, y la comunidad primitiva acogió su presencia en la evangelización.
1. Las cuatro dimensiones de la formación
|
Dimensión |
Contenido |
|
El ser |
Madurar como persona, creyente y apóstol: profundamente
humano, acogedor, con amabilidad sin límites. Con momentos de escrutinio
(discernimiento), recupera la dimensión mistagógica e ilumina la experiencia
humana con la revelación. |
|
El saber |
Contenidos esenciales para ser fiel al mensaje y a la
persona: ciencias humanas, formación bíblico-teológica, cristología,
eclesiología, exigencias éticas y doctrina social de la Iglesia. |
|
El saber hacer |
Lenguaje y pedagogía propios del comunicador. Superar la
improvisación y la simple buena voluntad, siguiendo la pedagogía de Jesús:
signos, palabras, ritos, narraciones. Comunicación y ternura son claves. |
|
El saber convivir |
Inserción en la comunidad eclesial: relaciones humanas,
convivencia, fraternidad, Palabra, compartir y celebrar la vida, oración,
orientación ética. |
- Bíblico-teológica:
saber leer las Escrituras y hacer una lectura creyente de la vida. Dar
razones de la esperanza y explicar el Credo, con interés por la vida
diaria de las personas («¿de qué hablaban por el camino?», «¿entiendes
lo que lees?»).
- Pedagógica:
Llevar un proceso con metodología de acompañamiento, al estilo de Jesús de
Nazaret. Es facilitador y propone experiencias de oración, fraternidad,
celebración y compromiso, desde una pedagogía iniciática.
- Comunicativa:
conocer y transmitir el mensaje de modo amigable, con un lenguaje que
toque el corazón. Comunica lo trascendente de los sacramentos, la liturgia
y la vida, y se ejercita en el arte de escuchar.
- Espiritual:
Orienta la actividad catequética con espíritu evangélico. Cultiva escuchar
al otro, respetar la libertad, confiar en la persona, servir y ayudar
recíprocamente.
- Acompañamiento: prudencia, capacidad de comprender, arte de esperar, docilidad al Espíritu e infundirlo en el otro. Va más allá de elaborar itinerarios catecumenales: acompaña los procesos de fe en las distintas situaciones de la vida.
Optar por un catequista testigo, comunicador, acompañante
y mistagogo, miembro de la Iglesia, testigo de la fe y enviado por ella.
Se propone que:
- Desarrolle
actitudes fundamentales: familiaridad con Jesús, salida de sí al encuentro
del otro, paciencia y cordialidad que nunca condena.
- Sea
testimonio vivo, compañero de camino, comunicador del Evangelio y
mistagogo.
- Tenga
conciencia de pertenecer a la comunidad eclesial, que lo envía y lo
acompaña.
- Reciba
formación para el nuevo paradigma (modelo catecumenal):
- Practicar
la lectura orante de la Palabra, vivir la liturgia y profundizar la
doctrina evangélica.
- Tener
una pedagogía apropiada para adultos, jóvenes y niños con experiencia
sacramental.
- Ser
formador con capacidad de formación bíblica.
- Estar
bien alimentado de ciencias humanas, especialmente sociales, además de
las religiosas.
- Conocer
los contenidos del RICA.
- Dialogar
con la sociedad.
- Promover
la presencia de formadores catequistas.
- Suscitar
coloquios, diálogos y encuentros con quienes reflexionan sobre el ser y
quehacer de la catequesis.
1. Contexto
El Directorio para la Catequesis presenta la catequesis de
adultos como la forma principal de catequesis, y el modelo catecumenal (RICA)
inspira muchos itinerarios.
2. Necesidades del catequista novel
- Seguridad:
miedo a «no saber lo suficiente» o a recibir preguntas difíciles.
- Cambio
de mentalidad: con adultos no se «da clase», se acompaña a personas
con experiencia, dudas e historias, a veces heridas, con la Iglesia.
- Herramientas
prácticas: estructurar una sesión, dinamizar un diálogo, manejar un
grupo heterogéneo.
- Pertenencia:
no sentirse solo en la tarea.
3. Un catequista novel con adultos necesita:
Seguridad: miedo a “no saber lo suficiente” o a que
le hagan preguntas difíciles. Cambio de mentalidad: con adultos no se
“da clase”. Se acompaña a personas con experiencia, dudas e historias con la
Iglesia, a veces heridas. Herramientas prácticas: cómo estructurar una
sesión, dinamizar un diálogo, manejar un grupo heterogéneo. Pertenencia:
no sentirse solo en la tarea.
El Directorio para la Catequesis (2020) presenta la
catequesis de adultos como la forma principal de catequesis, y el modelo
catecumenal (RICA) inspira muchos itinerarios
4. Una propuesta de itinerario digital
a) Un recorrido de 6 a 8 módulos cortos:
- Quién
es el adulto que viene a catequesis: motivaciones, heridas,
expectativas.
- Acompañar
antes que enseñar: el catequista como testigo y guía.
- Cómo
se aprende en la adultez: partir de la experiencia, de problemas
reales, con diálogo.
- Estructura
de una sesión: acogida, oración, anuncio, diálogo, compromiso.
- Preguntas
difíciles: cómo responder con honestidad (“no lo sé, lo buscamos”) y
sin evadir.
- Grupos
diversos: alejados, practicantes, convertidos, escépticos.
- Oración
y celebración en el grupo.
- Evaluar
y seguir acompañando: cómo saber si el proceso está dando fruto.
9. Encuentro en vivo mensual (convivencia)
Resolver dudad , compartir experiencias
b) Propuesta de itinerario digital (6 a 8 módulos cortos)
1. Quién
es el adulto que viene a catequesis: motivaciones, heridas, expectativas.
2. Acompañar
antes que enseñar: el catequista como testigo y guía.
3. Cómo se
aprende en la adultez: desde la experiencia y problemas reales, con diálogo.
4. Estructura
de una sesión: acogida, oración, anuncio, diálogo, compromiso.
5. Preguntas
difíciles: responder con honestidad («no lo sé, lo buscamos») y sin evadir.
6. Grupos
diversos: alejados, practicantes, convertidos, escépticos.
7. Oración
y celebración en el grupo.
8. Evaluar
y seguir acompañando: cómo saber si el proceso da fruto.
9. Ajustar
con lo aprendido y ampliar.
Optar por un catequista testigo, comunicador, acompañante
y mistagogo. Miembro de la Iglesia, testigo de la fe y enviado por ella para
anunciar el mensaje del Evangelio.
Proponemos que:
1. Fundamental que el catequista desarrolle las
siguientes actitudes: familiaridad con Jesús,, salida de sí para ir al
encuentro del otro, con paciencia, cordialidad que nunca condena.
2. Testimonio vivo, compañero de camino, comunicador del
Evangelio. Mistagogo.
3. Con conciencia de pertenencia a la comunidad eclesial,
ella lo envía, lo acompaña.
4.La formación para el nuevo paradigma:
ü modelo
catecumenal
ü Practica
la lectura orante de la Palabra, vive la liturgia, profundiza la doctrina
evangélica.
ü Con
pedagogía apropiada, para adultos, para jóvenes , para niños de experiencia
sacramental
ü formador
con capacidad de formación bíblica
ü Además
de la ciencias religiosas estar bien alimentado de las ciencias humanas,
especialmente de las sociales.
ü Conocedor
de los contenidos del RICA
ü En
dialogo con la sociedad.
ü Promover
la presencia de formadores catequistas.
ü Suscitar
coloquio, diálogos, encuentros con todos los que reflexionan sobre el ser y
quehacer de la catequesis.






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