EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL

22.10.26

En tiempo de elecciones

Notas sobre la encíclica Magnificat Humanitas

1. Introducción: motivo, actitud y preocupaciones de fondo

Motivo: «Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos».

    He organizado esta síntesis del documento con el deseo de que, si alguno, ante las próximas elecciones en España, quiere dedicar un tiempo a reflexionar sobre los desafíos presentes, no caigamos en la trampa de dejarnos manipular por las distracciones politiqueras que nos ofrecen los detentores del poder, ya sean hechos (acampadas, huelga, manifestaciones) o problemáticas (Maricarmen, vivienda, miedos, integrismos). 

Actitud:

•       La comprensión de la verdad como un don que hay que compartir y no como una posesión que hay que reclamar.

•       En muchas cuestiones específicas, la Iglesia no pretende ofrecer «una palabra definitiva», pero reconoce la importancia de prestar atención a la investigación científica y de fomentar un diálogo serio y leal entre los académicos, aceptando la diversidad de opiniones.

Pregunta que guía el texto: ¿Qué mundo estamos construyendo y qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA?

Resumen de los principios: a) la dignidad de la persona, b) el valor del trabajo, c) el destino universal de los bienes, d) la solidaridad y la subsidiariedad, e) el cuidado de la creación, f) la centralidad de la paz y la fraternidad.


2. Principios fundamentales de la doctrina social

Dignidad de la persona y derechos humanos

•       Cuando la persona se reduce a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, deja de ser reconocida como fin en sí misma. Jamás debe ser instrumentalizada.

•       El valor de la persona no depende de lo que realiza o produce, y existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas.

•       La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada.

•       Los derechos humanos son inviolables, porque son «inherentes a la persona humana y a su dignidad». Entre ellos, el derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural.

•       La dignidad se promueve con el reconocimiento de los derechos y deberes fundamentales, y se propone un orden de convivencia, también internacional, fundado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

•       La libertad religiosa es un derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona.

Destino universal de los bienes y propiedad

•       Los bienes de la tierra (el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales) han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras generaciones. Toda persona tiene un derecho originario al uso de dichos bienes.

•       El derecho a la propiedad privada tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes.

•       Hoy deben incluirse entre los bienes destinados universalmente las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas y datos.

•       Función social de la propiedad. La encíclica denuncia los totalitarismos que atropellan la dignidad de la persona y sofocan la vida social.

Subsidiariedad, solidaridad y justicia social

•       Principio de subsidiariedad, principio de solidaridad y principio de la justicia social.

•       Las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia.

•       Esto implica el deber de restituir dignidad y voz a quienes han sido ignorados, favorecer procesos de sanación de la memoria colectiva, combatir leyes y prácticas discriminatorias y sostener concretamente a quienes cargan aún con las consecuencias de agravios del pasado.

•       Tres principios son especialmente significativos hoy: que el derecho prevalezca sobre el interés, la conciencia de que las disparidades económicas son terreno fértil para las tensiones y la violencia, y el valor de un tejido asociativo capaz de mediar entre el individuo y el Estado.

•       Criterios para juzgar y discernir el nuevo escenario del poder del mundo digital: la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.

3. Desarrollo humano integral

•       El desarrollo es el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas, y es un proceso que atañe a «todos los hombres y a todo el hombre». Pablo VI afirma que así concebido es «el nuevo nombre de la paz».

•       Por «desarrollo humano integral» se entiende un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro también a las generaciones venideras.

•       No es verdadero progreso lo que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades más vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendrán después.

•       La encíclica reconoce el fracaso de muchos intentos por reducir el retraso económico de los pueblos pobres y acompañar su industrialización. Constata la persistencia, y a veces la ampliación, de la brecha entre el Norte y el Sur del mundo.

•       Propone la cultura del encuentro, una «mejor política» capaz de buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice «tierra, techo y trabajo para todos».

•       Un orden internacional basado en el reconocimiento de la dignidad humana, la justicia y la paz.

 Migrantes y refugiados

• Debe prestarse atención especial a los migrantes, los refugiados y cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales.

• También hay que promover el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las injusticias económicas y la crisis climática.

4. Trabajo, familia y orden económico

El trabajo

•       Primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera, con atención a las personas y familias más expuestas a la explotación. Existe un vínculo indisoluble entre el anuncio evangélico y la búsqueda de un orden social más justo.

•       El trabajo no es solo un problema que gestionar o un medio para obtener ingresos. Es un bien fundamental para la persona, principio de la actividad económica y clave de toda la cuestión social.

•       Es también un espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad.

•       La automatización, la robótica y la IA están transformando rápidamente la estructura misma del trabajo, pero los «nuevos modos» de trabajar no son necesariamente mejores.

•       En la era de la IA y de la robótica ya no basta confiar en la «mano invisible» del mercado. La política debe orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación.

•       Para los jóvenes, la precariedad laboral es especialmente grave.

•       Adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas triturando los materiales de los que se obtienen las tierras raras.

•       La familia es un bien social primario.

Poder económico

•       Los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, con recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. Hay que preguntarse con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta.

•       Se critica la concentración del poder económico en pocas manos. Se critica tanto la competencia sin límites como los proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas.


5. Inteligencia artificial y paradigma tecnocrático

Desafíos actuales

•       La tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas.

•       El peligro de que la humanidad sea víctima de sus propias conquistas, ya percibido con lucidez por san Pablo VI.

•       La tentación de equiparar esta «inteligencia artificial» a la humana, por la facilidad para lograr el resultado, la impresión de objetividad y la simulación de la comunicación humana.

•       La palabra simulada no construye una relación, sino una apariencia.

•       Confiar a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión. El descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar.

•       El control social que hacen posible la recopilación masiva de datos y el uso de sistemas algorítmicos: un riesgo menos visible, pero no menos grave.

•       El riesgo no es solo el mal uso de algunas tecnologías. El paradigma tecnocrático, potenciado por la revolución digital y la IA, puede hacer parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo.

•       Cuando el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos.

•       Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro.

Propuestas y criterios

•       Un orden social justo en la era digital garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los más pequeños y frágiles, se opone al odio y a la desinformación y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías. El criterio no es solo el beneficio, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos.

•       La propiedad de los datos no puede confiarse sólo al sector privado, sino que debe reglamentarse. Son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos o confiados a unos pocos.

•       Transformar el conocimiento compartido en bien común, no en herramienta de dominio. Devolver a los pueblos no sólo los datos que los describen, sino también la posibilidad de decidir cómo se utilizarán, quién los utilizará y para quién.

•       «Desarmar» significa romper la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. No es renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano.

•       No se trata de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana.

•       No basta con que la IA nos haga más eficientes o conectados. Debe servir para edificar la familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital sea una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco.


6. Verdad, desinformación y democracia

•       La desinformación no surge con la IA, pero encuentra en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas.

•       Sólo la búsqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien común, puede sentar las bases de una comunicación justa.

•       La búsqueda de la verdad es esencial para la democracia, que es en sí misma un instrumento de participación en el bien común. Cuando la pregunta sobre lo verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo útil o eficaz, la vida democrática se debilita.

•       Los medios deben gestionarse a partir de un punto fijo: la verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad.

•       La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo de buscar la verdad.


7. Educación y juventud

•       Hace falta una nueva conciencia educativa y formación en el uso correcto y crítico de las herramientas digitales, la IA y las plataformas de compra e inversión.

•       La literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, la atención, la regulación emocional y las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas.

•       Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y usarlo sin control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones, y expone a los jóvenes al aislamiento, el acoso y el ciberacoso, y a la presión de compartir imágenes íntimas o datos sensibles.

•       «¡Invirtamos en la educación que empieza por nosotros mismos!»


8. Paz, cultura del poder y diálogo

La paz

•       La paz no se reduce a la ausencia de guerra, sino que se concreta en el camino hacia un desarrollo humano integral.

•       No es una esperanza ingenua: es fruto, siempre posible, de la justicia y la caridad.

La cultura del poder

•       Se está consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión. El bien común de la humanidad queda en segundo plano, y el drama concreto de los pueblos en guerra se reduce a una variable secundaria frente a los intereses estratégicos.

•       Surge también de la crisis del sistema multilateral. La globalización no ha generado automáticamente unidad y paz, sino reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas.

•       La cooperación para el desarrollo, el desarme, la prevención de conflictos y el fomento de la confianza mutua quedan relegados en nombre de lógicas de poder.

•       El ciberespacio es también terreno de enfrentamiento. Los ataques informáticos, la manipulación de datos y las campañas de influencia orquestadas con IA pueden desestabilizar países enteros, incluso antes de un enfrentamiento armado abierto.

Responsabilidad y realismo

•       Un peligro es pensar que los problemas son demasiado grandes y nosotros demasiado pequeños, y que nuestras decisiones no cambian nada. Nadie está exento de responsabilidad, y todos, a cualquier nivel, podemos contribuir al fundamento de la paz, que es la justicia.

•       Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales, y no basta pensar en «no ser cómplices». Los bombardeos contra civiles, los ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales y los abusos que afectan a los niños son escándalos que hieren a la humanidad misma.

•       Hace falta un sano realismo que evite tanto el idealismo político como el cinismo: ni manipulación que falsea los hechos, ni conformismo que se resigna. El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo.

El diálogo

•       Para construir la civilización del amor hay que ejercitar el diálogo, principal instrumento de la convivencia entre personas y pueblos y alternativa al conflicto abierto.

•       A nivel político es urgente pasar de la «cultura del poder» a una auténtica «cultura de la negociación», en la que el diálogo y las relaciones diplomáticas sean la vía habitual para afrontar los conflictos.

•       En las relaciones internacionales, el diálogo es el instrumento insustituible de la diplomacia para prevenir los conflictos y restablecer los lazos de confianza.

•       La civilización del amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente.

9. Fundamento antropológico y cristiano


En el centro está el misterio de la Encarnación: el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros. La carne del Hijo, pobre y vulnerable, evoca la de tantos hermanos y hermanas despojados de su dignidad y reducidos al silencio.

•     A través de esta cercanía, el don de la paz entra en el mundo de modo paradójico: como el poder de llegar a ser hijos de Dios. Se aviva cuando nos dejamos conmover por el llanto de los pequeños, la fragilidad de los ancianos, el silencio de las víctimas y el esfuerzo de quienes luchan contra el mal que no querrían hacer.

•       Las ideologías antiguas y nuevas empujan al hombre a la superación técnica del límite y a elevarse sobre los demás para afianzar un dominio.

•      En Cristo, el hombre está llamado a ser colaborador en la obra de la creación, y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad.

•       La finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro.

•       La tradición cristiana afirma desde hace siglos que el ser humano no está encerrado en los límites de su naturaleza, sino llamado a trascenderse, no para huir de la realidad o despreciar el límite, sino para realizarse en el amor. La fe conoce un «más allá».

•       «Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero» (Papa Francisco).

•       Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega ni una conciencia capaz de discernir el bien. Aunque las máquinas sobresalgan en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que exige ser contemplado.

•       La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado. Hay que abandonar una visión individualista y técnica del hombre, como si la realidad fuera solamente materia para modelar según intereses egoístas, individuales o de grupo.

•       En una época que tiende a acelerar y fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones, pero el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad.


10. Conclusion: Esperanza y llamado

•       «Mientras el ruido de la confusión nos rodea, el bien crece silenciosamente desde la tierra». Con las palabras del profeta: «Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,19).

•       «Que cada cual se fije bien de qué manera construye» (1 Co 3,10): palabras de san Pablo, que exhorta a los cristianos de Corinto a custodiar la unidad.

•       La encíclica se escribe con el compromiso de motivar a preguntarnos qué mundo estamos construyendo y qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA.

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