EVANGELIZACIÓN, INICIACIÓN, CATEQUESIS, PASTORAL

9/24/2026

DESCONECTADOS


El texto plantea una crítica social y antropológica del ecosistema digital, especialmente de cómo el mercado convierte nuestra atención, nuestros datos, nuestro tiempo y hasta nuestras relaciones personales en mercancía.

Desconectados

Cada vez resulta más complicado sentarse a conversar con alguien sin la presencia inoportuna de un teléfono móvil sobre la mesa que, sin parar de vibrar, reclama tiránicamente una atención permanente. Consultar el WhatsApp.

Vivimos en un contexto digital caracterizado por el uso constante y masivo de tecnología, desplazando el sentimiento y sentido más profundo y significativo del encuentro personal. Esto es la última estrategia del capitalismo convertido hoy en tecnofeudalismo.

Es fundamental preservar la vida y la relación de la profanación del mercado. Disidencia improductiva frente a la sibilina mercantilización de nuestras existencias. Defender la sostenibilidad, libertad y dignidad

El scroll continuo erosiona nuestras capacidades de concentración y nuestra libertad de elección y banaliza nuestra personalidad única como si fuera un producto de mercado.

1. Mercado - vampiro

El problema no es la tecnología en sí misma, sino la lógica mercantil que puede esconderse detrás de ella.

En la llamada economía de la atención, dejamos de ser solamente consumidores para convertirnos también en productores de datos: nuestras búsquedas, fotografías, conversaciones, gustos, movimientos, opiniones y relaciones alimentan unos sistemas que permiten predecir e influir en nuestros comportamientos.

La alianza poder-mercado intenta absorber todos los recursos naturales, las fuerzas y el tiempo y, en definitiva, la vida misma. Esta alianza aspira a subsumir no solo nuestros productos y creaciones, la comunicación y la cultura, sino nuestra propia vida.

De este modo, nuestra atención se convierte en mercancía y nuestra intimidad, en fuente de beneficio. La tecnología puede llegar a ocupar espacios que antes pertenecían al encuentro, al descanso, a la conversación y a la vida compartida.

Y esto sucede envuelto en un atractivo que nos hace bajar la guardia y nos desnuda frente a la avaricia desmedida del mercado. Toda nuestra vida convertida en datos que cuatro empresas agregarán y venderán.

Convertir nuestra casa paterna en un apartamento turístico, convertir nuestros hogares en espacio de teletrabajo, nuestro tiempo libre en publicación compulsiva en redes.

Gamer, influencer, bloguero son algunos de los nombres que pueden ser referencia del nuevo esclavo de la nube. Son nuestros aportes, fotos, historias, videos, reseñas, likes, el verdadero stock de la nueve. Miles de millones de personas convertidas en siervos de la nube, dispuestos a trabajar gratis para reproducir el capital en la nube en beneficio de unos pocos propietarios.

Los teléfonos inteligentes (smartphone) que llevamos a todos lados y a todas horas actúan como herramienta que se activa, cuando, como obreros del clic, compartimos imágenes, reacciones, intereses, fechas en el universo digital.

Lo que preocupa no es la inmensa variedad de elementos tecno digitales disponibles, sino nuestra ceguera social ante las dinámicas extractivistas que amenazan nuestras vidas privadas y nuestra conciencia crítica frente al mordisco del mercado.


2. Ecosistema digital

También existe un coste medioambiental: los centros de datos, servidores y dispositivos necesitan enormes cantidades de energía y recursos naturales. Por eso, el desafío digital no es únicamente tecnológico, sino también social, ecológico y ético.

La gestión de datos consume cantidades ingentes de energía eléctrica y agua. Servidores, aparatos físicos con fuentes de alimentación, placas base, memorias RAM, discos duros y procesadores apiñados en granjas de servidores. Miles de ordenadores que necesitan refrigeración continua.

La ausencia de conciencia sobre el impacto medioambiental de nuestros usos digitales no deja de ser un problema ecosocial en un futuro no muy lejano.

3. Economía de la atención

Captar la atención de miles de potenciales consumidores distraídos entre miles de pantallas nos lleva a lo que se llama economía de la atención.

Los algoritmos del nuevo mercado digital buscan proporcionar una publicidad personalizada. De ser consumidores pasamos a ser consumidos. Prosumidores: consumidores al tiempo que productores no remunerados.

Predecir nuestros comportamientos, guiar nuestras preferencias, influir en nuestras decisiones, hacernos cambiar de opinión para, así, reducirnos a sus sirvientes ni remunerados; nuestro trabajo es proporcionar nuestra información, nuestra atención, nuestra identidad y, sobre todo, los patrones de comportamiento que entrenan a sus algoritmos.

¿Hasta dónde queda comprometida nuestra libertad de elección? ¿El comportamiento mercantilista de nuestra concentración? ¿Hasta qué punto nuestra capacidad de elección en ámbitos comerciales?

4. Conclusiones

Vender los propios órganos, alquilar el vientre para gestar un bebe ajeno, recibir dinero a cambio de prostituirse o prestarse a transportar droga.

Más sofisticadamente, ya existe dejarse escanear el iris de sus ojos por una pequeña remuneración económica (datos biométricos que nos identifican). Reconocimiento facial, la huella digital, pagos on line,  el smartwach facilita en tiempo real nuestra actividad física.

Solo una minoría de usuarios es consciente del grado de vigilancia al que estamos sometidos. No es necesario caer en un miedo paranoico, pero Alexa. Siri y Cortana están permanentemente a la escucha de nuestras instrucciones, de nuestras conversaciones, suspiros y jadeos.

La meta del mercado es el control de nuestras mentes y vidas, sin que la presencia de ese poder infiltrado llegue ni siquiera a inquietarnos.



Necesitamos recuperar una mirada crítica que nos permita preguntarnos: ¿hasta dónde somos realmente libres en nuestras decisiones? ¿Quién controla nuestra atención? ¿Qué estamos entregando a cambio de la comodidad digital?

Frente a la mercantilización de la existencia, estamos llamados a defender la libertad, la dignidad, la intimidad, las relaciones personales y el cuidado de la creación. La verdadera disidencia quizá consista en aprender nuevamente a desconectarnos para poder encontrarnos.

             Tomado de un artículo de José Laguna. CJ cuadernos 244.




 

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