Lectura del libro de Isaías 1, 10-17
«¿Qué me importa la abundancia de vuestros sacrificios? -
dice el Señor -.
Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de
cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada.
No me traigáis más inútiles ofrendas, son para mí como
incienso execrable.
Novilunios, sábados y reuniones sagradas: no soporto
iniquidad y solemne asamblea.
Cuando extendéis las manos, me cubro los ojos; aunque
multipliquéis las plegarias, no os escucharé.
Vuestras manos están llenas de sangre.
Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas
acciones.
Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien.
Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el
derecho del huérfano, defended a la viuda».
Que nadie nos confunda, esto es lo que quiere el Señor.
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