sábado, mayo 16, 2026

La ASCENSIÓN

 Lucas nos recuerda que hemos visto, a través de los Evangelios, a Jesús trabajar sin descanso para establecer el Reino de Dios y su justicia, para desvelar el verdadero rostro del Dios del amor. Él, en sus escritos, nos ha mostrado todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles.

Hasta el último instante, los apóstoles no comprendieron plenamente el mensaje de Jesús. Por eso, la última pregunta que le hicieron fue: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?». No llegaron a entender que Jesús les hablaba de:

  • Un Dios de amor que espera al hombre entre los recovecos de la vida y las revueltas del camino, y busca sacarlo cuidadosamente de muchos enredos y limpiar sus heridas…, como hizo el samaritano…
  • Un Dios libertador que manda tirar la camilla y las muletas, vencer la parálisis y los males para empezar una vida nueva y responsable, incluso aunque sea en sábado, día de la ley, como hizo con tantos…
  • Un Dios acogedor y lleno de amor, que no reprocha nada al hijo pródigo, sino que se alegra de acoger, perdonar y celebrar una fiesta… Y también de acoger al hijo mayor…
  • Un Dios de misericordia que come con los pecadores y que va directamente al corazón para encontrar allí los sentimientos capaces de renovarnos…
  • Un Dios, buen pastor, que busca a la oveja perdida y se alegra al encontrarla…
  • Un Dios que advierte contra el peligro de juzgar y condenar a los demás…
  • Un Dios que llama dichosos, benditos y bienaventurados a los que trabajan para que el sufrimiento y el dolor en la tierra sean menores; que cura enfermos y resucita a los muertos; que busca la paz y el amor…
  • Un Dios que se preocupa de los niños y los jóvenes, de los huérfanos y de las viudas…
  • Un Dios que no se manifiesta en el poder, sino en el misterio de una cruz…
  • Un Dios que resucita y se aparece a los suyos para animar su fe, aun cuando duden, y que llama bienaventurados a los que creen sin haber visto…
  • Un Dios que quiere ser conocido en el mundo por su mensaje de amor y nos manda ser sus testigos… y promete ¡no dejarnos solos!

La ASCENSIÓN no es el final; es “como un capítulo” más de la vida de Jesús para seguir comprometiéndonos. Él conoce muy bien a sus apóstoles, pero les dice: «Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». Y añade: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Esta tarea y esta promesa de estar con nosotros todos los días son posibles gracias al Espíritu de sabiduría y revelación que se nos ha dado, para conocerlo e iluminar los ojos de nuestro corazón.



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