Lucas nos recuerda que hemos visto, a través de los
Evangelios, a Jesús trabajar sin descanso para establecer el Reino de Dios y su
justicia, para desvelar el verdadero rostro del Dios del amor. Él, en sus
escritos, nos ha mostrado todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo
hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a
los apóstoles.
Hasta el último instante, los apóstoles no comprendieron
plenamente el mensaje de Jesús. Por eso, la última pregunta que le hicieron
fue: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?». No llegaron
a entender que Jesús les hablaba de:
- Un Dios de amor que espera al hombre entre los recovecos de la vida y las revueltas del camino, y busca sacarlo cuidadosamente de muchos enredos y limpiar sus heridas…, como hizo el samaritano…
- Un
Dios libertador que manda tirar la camilla y las muletas, vencer la
parálisis y los males para empezar una vida nueva y responsable, incluso
aunque sea en sábado, día de la ley, como hizo con tantos…
- Un
Dios acogedor y lleno de amor, que no reprocha nada al hijo pródigo, sino
que se alegra de acoger, perdonar y celebrar una fiesta… Y también de
acoger al hijo mayor…
- Un
Dios de misericordia que come con los pecadores y que va directamente al
corazón para encontrar allí los sentimientos capaces de renovarnos…
- Un
Dios, buen pastor, que busca a la oveja perdida y se alegra al
encontrarla…
- Un
Dios que advierte contra el peligro de juzgar y condenar a los demás…
- Un
Dios que llama dichosos, benditos y bienaventurados a los que trabajan
para que el sufrimiento y el dolor en la tierra sean menores; que cura
enfermos y resucita a los muertos; que busca la paz y el amor…
- Un
Dios que se preocupa de los niños y los jóvenes, de los huérfanos y de las
viudas…
- Un
Dios que no se manifiesta en el poder, sino en el misterio de una cruz…
- Un
Dios que resucita y se aparece a los suyos para animar su fe, aun cuando
duden, y que llama bienaventurados a los que creen sin haber visto…
- Un Dios que quiere ser conocido en el mundo por su mensaje de amor y nos manda ser sus testigos… y promete ¡no dejarnos solos!
La ASCENSIÓN no es el final; es
“como un capítulo” más de la vida de Jesús para seguir comprometiéndonos. Él
conoce muy bien a sus apóstoles, pero les dice: «Haced discípulos a todos los
pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». Y añade: «Sabed que
yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Esta tarea y esta promesa de
estar con nosotros todos los días son posibles gracias
al Espíritu de sabiduría y revelación que se nos ha dado, para conocerlo e
iluminar los ojos de nuestro corazón.
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